Phillip Speiser (2004), inspirándose en la definición que hace Shaun McNiff (1998: 13), uno de los principales teóricos y defensores de la investigación basada en las artes (Arts
Based Research –ABR– en inglés), la
describe como “un método de indagación que utiliza elementos de la experiencia de las artes creativas, incluyendo el hacer arte por parte del investigador/a, como formas de comprender el significado de lo que hacemos dentro de nuestra práctica y enseñanza.”
McNiff (1998: 85) señala que en el pasado siglo XX se han realizado
muchos tipos distintos de
investigación sobre arteterapia, que han incluido: estudios de casos, narraciones históricas, propuestas para comprender los mensajes del arte, clasificaciones de distintos tipos de expresión artística, esfuerzos por correlacionar tipos particulares de expresión artística con diferentes condiciones psicológicas, propuestas para establecer eficacia terapéutica y también para descubrir conexiones entre los usos contemporáneos y los antiguos de las artes en la curación. Estamos de acuerdo con este autor en
que, en algunos casos, puesto que las metodologías de investigación se han derivado naturalmente del trabajo realizado y no han seguido los
criterios de la ciencia positivista2, ha
habido una tendencia a asumir que no se está realizando investigación dentro de la profesión, lo cual no es cierto.
Ricardo Marín Viadel (2005: 234) considera que la investigación basada en las artes va a proponer que la ciencia no es el único ni exclusivo
modelo para la actividad
investigadora, sino que hay muchos modos de conocimiento que junto al
estrictamente científico pueden
contribuir a iluminar los problemas humanos y sociales: uno de estos ámbitos de conocimiento son las artes.
Convenimos con McNiff (1998: 87) en que
Muchos de nosotros dentro de la
disciplina del arteterapia sentimos que el hacer artístico y las fuerzas que
2 El punto de vista positivista sostiene que hay una realidad verdadera que podemos percibir y medir (López, 2009: 17).
Encua dre de la inve st igac ión 2
constituyen el proceso creativo son los elementos fundamentales de un uso terapéutico de las artes. Si la práctica terapéutica se dirige por estos principios basados en las artes, entonces las actividades de investigación deberían corresponderse con los procesos y fenómenos estéticos que se estudian. Me aventuro a decir que la mayoría de los rasgos esenciales de la experiencia artística son inseparables de la práctica. Sin embargo, hay poco material de mayor significación que pueda ser estudiado en profundidad por una persona que no esté profundamente comprometida en algún tipo de práctica. Las sofisticadas revelaciones en la naturaleza de la experiencia requieren una
correspondiente sensibilidad en la parte del investigador.
La investigación basada en las artes puede ahondar en el estudio sobre el proceso creador más allá de lo cognitivo y de los modos lineales del pensamiento. Puede centrarse, por
ejemplo, en los elementos
terapéuticos implicados en el proceso de crear arte (Carolan citada por López 2009: 20).
Esta línea de investigación, pues, no se limita al uso propiamente dicho del
arte por el investigador o
investigadora para estudiar el
proceso arteterapéutico. La
investigación basada en las artes incluye el uso del proceso creativo como un modo de entender la experiencia, y es definida por su cercana relación con la práctica artística. Además de las expresiones creativas, la investigación basada en las artes puede incluir descripciones
de la práctica arteterapéutica,
reflexiones sobre objetos creativos con el fin de entender su significado estético y psicológico, investigaciones de la relación de una persona con el proceso de hacer arte, estudios del entorno del arteterapia, etc. En todos estos proyectos de investigación el arte se abraza como un modo fundamental de entendimiento y de transformación terapéutica (McNiff 1998: 88). McNiff señala también que
los y las arteterapeutas nos
caracterizamos por un deseo de presentar experiencias. Coincidimos con él en que el mostrar y contemplar lo que se ha hecho y experimentado puede ser considerado como un
elemento fundamental en la
investigación basada en las artes. (1998: 92).
2.3 El construccionismo
Nuestra concepción del conocimiento del mundo y del yo tienen su origen en las relaciones humanas. Aquello que
consideramos como verdadero y no falso, como objetivo y no subjetivo, como científico y no como perteneciente al mito, como racional y no irracional, como moral y no inmoral, ha nacido de grupos de individuos que tiene una situación concreta en la historia y la cultura. (Gergen 2006: 48)
Hernández (2006: 26-27), siguiendo a Guba y Lincon (1994), afirma que en el paradigma construccionista
Se asume que las realidades son aprehendidas en forma de múltiples construcciones mentales intangibles, que están fundamentadas social y
experiencialmente, que son locales y específicas en su naturaleza y
dependiente en su forma y contenido de las personas individuales o los grupos que mantienen las construcciones. (…)
Encua dre de la inve st igac ión 2
Las construcciones son alterables, así como lo son las realidades a las que están asociadas”. El investigador/a y el objeto de investigación “se asumen vinculados en un proceso de interacción, dado que los ‘resultados’ son ‘literalmente creados’ en el proceso de investigación”. Además, “las construcciones individuales pueden obtenerse y redefinirse sólo mediante la interacción entre el investigador y ‘los respondientes’. (…) El objetivo final de la investigación es destilar una
construcción consensuada, que sea más informada y compleja que las
construcciones anteriores.
Así pues, lo que estamos habituados a llamar realidad es una construcción que se produce mediante las relaciones que mantenemos unas personas con otras. Esto tendrá consecuencias también en la relación entre el o la arteterapeuta y el o la cliente/paciente.
2.3.1 Donna Haraway
Incluimos en este apartado a Donna Haraway, no porque se trate de una autora enmarcada en esta línea de pensamiento, sino por su concepto de “conocimiento situado”, el cual encontramos que tiene una gran conexión con el construccionismo. Haraway (1995) sostiene que el
conocimiento se crea y desde diferentes posiciones de sujeto se viven diferentes realidades. Tal conocimiento debe reconocer sus “posiciones de sujeto”, debe poder dar cuenta de ellas, reconocerse en ellas, asumirlas como propias o no y, a partir de ese lugar particular, generar
conocimiento. Los sujetos
productores de conocimiento no tienen en su posición un punto neutral del cual partir. Así, el investigador o investigadora puede sólo producir cierta versión de la realidad, ya que él o ella es un producto de procesos materiales y simbólicos. Cualquier ‘lectura’ de la realidad no puede ser entendida fuera de los puntos de vista desde los cuales se produce (Haraway, 1995; Pujol & Montenegro, citados por Montenegro, 2003). Más específicamente, Haraway afirmará que la objetividad de los oprimidos es privilegiada sobre aquellas interpretaciones dominantes de la sociedad y el mundo, puesto que
ofrecen un punto de vista
emancipatorio sobre la sociedad, mientras que aquellos que ocupan posiciones de poder en la jerarquía social son incapaces de comprender la naturaleza real de estas relaciones.