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4.2. Data Collection and Selection of Participants

4.2.1 Data Sources

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7.-

HISTORIA GEOLOGICA

El acontecimiento geológico más antiguo registrado en la hoja de Santa Elena es la sedimentación en un cono submarino profundo de las alternancias pizarroso grauvá- quicas del conjunto inferior precámbrico. Durante el depósito de esta serie se produjeron movimientos bruscos de fallas que provocaron zonas deprimidas limitadas por escarpes, los cuales colapsaron y dieron lugar a brechas intraformacionales de la misma composición que las alternancias. Esto debió ocurrir durante el Rifeense Superior y el Vendiense (Precámbrico Superior).

Seguramente durante el Vendiense, y en un corto período de tiempo, se produjo la deformación de la serie turbidítica, que consistió esencialmente en una verticalización generalizada de la estratificación. Esta etapa orogénica no dio lugar a esquistosidad y, siguiendo las ideas de RIBERO (1974), es muy probable que estuviera producida por rejuegos verticales del zócalo rígido infrayacente, ocasionando un plegamiento en cofre en la cobertera sedimentaria. La treyectoria de estas estructuras se situarían probablemente según un rumbo NO-SE.

Después de un corto período de emersión y consecuente erosión, se produce la sedi- mentación del conjunto superior precámbrico durante el Vendiense-Cambrico inferior. El medio de sedimentación fue el de un medio de plataforma con variaciones del medio de unas a otras zonas.

Posteriormente se produce una importante tectónica de bloques, compartimentando la región en unidades individualizadas por grandes fallas NO-SE, la zona permaneció emergida durante parte del Cámbrico.

Con el comienzo del Ordovícico se inicia una importante transgresión que culmina en el Llandeiliense. Esta transgresión origina una gran sedimentación en una plataforma siliciclástica, la cual va adquiriendo progresivamente mayor profundidad hasta el

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Llandeiliense Inferior. En el Llanvirniense y durante la profundización del medio se produce un episodio volcánico de composición intermedia.

En el Llandeiliense Medio comienza la consecuente regresión con depósitos de llanura mareal. Esta regresión alcanza su cenit en el Asghilliense Inferior. En ese momento se produce una colmatación de la cuenca que según HAFENRICHTER (1980) estuvo ocasionada por una disminución del nivel del mar a causa de un período glaciar. En ese momento se produce un nuevo episodio volcánico. Como consecuencia de todo ello se produce una laguna estratigráfica durante el Asghilliense Medio.

En el límite Asghilliense-Llandoveriense, se produce una repentina transgresión que en poco tiempo pasa a un período regresivo en el Llandoveriense Inferior. Posterior- mente, se produce un nuevo momento transgresivo que va acompañado por una im- portante actividad volcánica sin-sedimentaria. Con estas condiciones se debe alcanzar el Devónico, produciendose una nueva somerización de la cuenca.

Después de un importante lapso estratigráfico, que comprende todo el Devónico Medio y Superior, tiene lugar la sedimentación del "Culm" durante el Viseense-Na- muriense Inferior. El depósito de esta serie se produce en una plataforma profunda, en una cuenca con fuerte subsidencia y con gran cantidad de aportes.

El siguiente registro geológico en la hoja de Santa Elena es la deformación hercínica, cuya primera fase tuvo lugar en el período de tiempo comprendido entre el Namuriense Medio y el Westfaliense Superior. Esta fase tectónica fue producida por una compresión N-S que dio lugar a las principales macroestructuras de la hoja y que, a grandes rasgos, definen la estructuración geológica actual.

En el Estefaniense B tiene lugar una compresión E-O que supone la 2ª fase de defor- mación hercínica. En el área esta etapa deformativa genera suaves figuras de interfe- rencia de plegamiento por efecto de una tectónica de ejes cruzados. También se pro-

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duce la reactivación de los antiguos accidentes NO-SE como estructuras transcurrentes senestras.

Tras estas fases de deformación, a partir del Westfaliense inferior suceden una serie de etapas de movimientos fundamentalmente transtensionales, que quedaron registradas con el emplazamiento del granitoide de Sta. Elena y la formación del campo filoniano de Linares-La Carolina-Sta. Elena.

Los materiales sedimentarios posthercínicos más antiguos en la Hoja de estudio corresponden a la “raña” plio-cuaternaria, sin que se halle registro de depósitos mesozóicos o cenozoicos.

A finales del Mioceno superior (ANCOCHEA, 1982; BONADONNA y VILLA, 1986), se inicia el volcanismo de Campos de Calatrava que comenzó con la extrusión de leucititas olivínicas, a las que siguió tras un lapso de cerca de 1,7 Ma., una etapa de volcanismo basáltico alcalino que se prolonga hasta el Cuaternario. La emisión de los

materiales volcánicos estuvo controlada por un accidente distensivo de dirección NO-SE a favor del cual ascendieron los magmas. Este accidente se generó como una zona de extensión/transtensión local en el antepaís del orógeno bético.

Con relación a la Cuenca del Guadalquivir (al sur de la Hoja), se ha interpretado (SANZ DE GALDEANO y VERA, 1992) que esta se comenzó a formar como una cuenca de antepaís durante el Mioceno medio (Serravaliense), aunque es a partir del Tortoniense cuando se individualiza como área subsidente en un régimen transcurrente caracterizado por una compresión N-S a NNO-SSE. Ese régimen transcurrente evolucionó a partir del Plioceno inferior a un régimen de extensión radial. En el borde norte de la Cuenca del Guadalquivir, esta extensión se manifiesta fundamentalmente por movimientos directos de fallas NE-SO donde, frecuentemente, el bloque hundido se sitúa al E (p.e. Falla del Moro en la depresión de Bailén, MARÍN SEÑAN, 1988). Como consecuencia, la zona de Sierra Morena quedó elevada con respecto a la depresión, desarrollándose a partir de ese momento

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una plataforma de piedemonte, generandose los depósitos de rañas cartografiados tanto al Sur como al Norte de la Hoja. También durante esa época se acentúa también la generación de las morfologías en resalte de los niveles cuarcíticos más resistentes, proceso que continúa hasta la actualidad.

Con posterioridad se producen reajustes parciales en la topografía del área, que pro- vocan el depósito de los niveles de glacis reconocidos en la zona, y a partir de los cuales, el proceso morfogenético dominante es el encajamiento de la red fluvial de forma discontinua. Es la incisión lineal de los cursos fluviales, junto con la moviliza- ción en ladera, los procesos que contribuyen a la creación del paisaje actualmente observable.

La evolución cuaternaria, por lo tanto compleja, se continua en la incisión y vaciado erosivo como principales pautas morfogenéticas, lo que ha favorecido la ampliación del valle principal del Guadalquivir por medio de capturas de pequeñas cuencas en Sierra Morena.

El desplazamiento de las sucesivas terrazas escalonadas del río Guadalquivir se efec- túa hacia el NO, llegandose a contar hasta 17 niveles. A su vez, todo el conjunto se encaja hacia el Sur, como consecuencia del paulatino descenso del nivel del mar, tal vez acompañado por un hundimiento en el centro de la cuenca.

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