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3.1 INTRODUCTION AND CONTEXT FOR THE STUDY

3.3.4 Data Verification

1 . E L D I Á L O G O D E L A V I D A

A. Vivir d i a l o g a n d o y d i a l o g a r viviendo

Con frecuencia se asocia el diálogo con conversaciones formales mantenidas entre dos grupos de expertos sobre temas especializados, olvidando que hay una forma más originaria de diálogo: lo que se ha denominado el 'diálogo de la vida', aquel que tiene lugar cuando las personas comparten una vida común, viviendo y trabajando juntas, porque el diálogo es, antes que nada, una actitud vital.

El Consejo Ecuménico de Iglesias se ha referido, desde una perspectiva religiosa, a este 'diálogo de la vida' como la forma más originaria de diálogo, aquel que tiene lugar cuando cristianos de diferentes tradiciones religiosas se encuentran en la vida cotidiana. Mediante ese 'diálogo de la vida', creyentes que viven en culturas diferentes y pertenecen a diversas confesiones cristianas, experimentan que es mucho lo que comparten en común, a la vez que establecen las bases para un nuevo avance.

Como recuerdan diversos expertos, la dimensión interpersonal constituye un elemento fundamental también del diálogo teológico, que no puede ser suprimida. J.-C. Basset afirma: "El diálogo es un encuentro de personas y no una comparación de ideas o una confrontación de sistemas. Lo propio del diálogo es tener en cuenta a los individuos, su historia y su deve- nir (...) El encuentro personal salva el diálogo de la comparación de sistemas religiosos e intro- duce el espacio de libertad inherente a todo encuentro abierto, a la novedad que caracteriza el acontecimiento con respecto a la institución". S. Samartha ha puesto igualmente de mani- fiesto que "el diálogo es algo que concierne a las personas, y no a las religiones o ideologías en cuanto sistemas".

B. La a m i s t a d , un c a m i n o de diálogo e c u m é n i c o

Uno de los grandes pioneros del movimiento ecuménico, el P. Portal, pronunció en 1925 una conferencia titulada "El papel de la amistad en la unión de las Iglesias", destacando el importante papel que los encuentros y las relaciones interpersonales habían jugado en los ini- cios del movimiento ecuménico. El propio Congar afirma en una ocasión: "Mi comprensión y mi amor hacia la Iglesia Ortodoxa deben mucho a amistades personales".

Casi todos aquellos cristianos que están comprometidos en el movimiento ecuménico, han llegado a él, no tanto a través de libros cuanto impulsados por encuentros personales con cristianos de otras confesiones.

2. EL D I Á L O G O DE LA A C C I Ó N

A. No c a b e e c u m e n i s m o sin a c c i ó n en c o m ú n

Desde sus inicios, el movimiento ecuménico ha mantenido la convicción de que la acción común de cristianos de diferentes Iglesias constituye un camino válido de diálogo y acerca- miento entre cristianos de diferentes denominaciones. Como ya hemos visto en la ficha 19, esa fue la convicción que animó la aparición del movimiento Vida y Acción, guiado por la idea de que la acción común constituía una adecuada vía de diálogo que contribuiría a superar la separación entre las Iglesias.

Las cuestiones sociales han constituido una preocupación permanente del movimiento ecuménico. El problema de los refugiados y desplazados por las guerras, la lucha en favor de la paz, el racismo, la preocupación por los más necesitados, la búsqueda de igualdad entre hombres y mujeres en la Iglesia y la sociedad, o el problema del sida, han sido temas clave en la agenda ecuménica. La diakonía y el servicio han sido dimensiones constantes en la bús- queda'de unidad.

En el trasfondo de esta inquietud social anida la convicción de que la unidad de la Iglesia no puede buscarse al margen del mundo, que existe una unión indisoluble entre la unidad de la Iglesia y la unidad de la humanidad. Que ambas están relacionadas porque "la Iglesia está en el mundo y el mundo está en la Iglesia; porque la palabra de Dios para la Iglesia es palabra de Dios para el mundo; no hay dos palabras de Dios, una para la Iglesia y otra para el mundo". La visión escatológica del reino de Dios, no como algo pospuesto a la otra vida, sino como una anticipación de la promesa del reino de Dios prometido, constituye una fuente de inspi- ración para la tarea ecuménica.

B. Cuando la a c c i ó n se c o n v i e r t e en motivo de división

"La doctrina divide, la acción une", fue un lema defendido por muchos en los inicios del movimiento ecuménico. Las agrias disputas sobre cuestiones doctrinales que durante siglos habían acompañado la vida de las Iglesias, parecían orientar hacia la acción común como el mejor camino para avanzar en el diálogo.

Tras casi un siglo de diálogo ecuménico, la situación parece ahora bien distinta: algunas cuestiones sociales y éticas se han convertido en nuevas causas de división y conflicto entre las Iglesias. El Programa de Lucha contra el Racismo, la postura adoptada por el Consejo Ecuménico de Iglesias durante el período de la Guerra Fría en el pasado, o la polémica en torno a la orientación sexual, son algunas de las cuestiones que han suscitado un debate más controvertido.

Frente a los que piensan que el movimiento ecuménico ha adoptado una excesiva orien- tación social que debería abandonar para concentrarse en cuestiones teológicas, Aram I afir- maba en la VIII Asamblea del Consejo Ecuménico de Iglesias: "Cuando Cristo nos llama a ser uno, está también invitándonos a un compromiso común con las cuestiones éticas sociales y económicas de hoy (...) Toda dicotomía entre la fe cristiana y la participación en la política, entre la unidad de la Iglesia y la lucha por la justicia es una herejía ecuménica. La 'vocación común' de las Iglesias no es sólo 'proclamar la unidad de la Iglesia'. La 'vocación común' de

las Iglesias consiste también en expresar la preocupación común de las Iglesias por el servicio

de las necesidades humanas, la supresión de las barreras entre las personas y la promoción de una sola familia humana en la justicia y la paz".

EL DIÁLOGO DE LA EXPERIENCIA CRISTIANA