• No results found

50

 Aunque el rey Ambarisha había alcanzado el gobierno de la tierra entera, que consistía en siete islas; y por lo tanto, po- seía una opulencia casi ilimitada, no le importaba en absoluto esa exaltada posición. Sabía muy bien que las cosas materiales, como aquellas que son imaginadas en un sueño, en última ins- tancia, serían destruidas. En efecto, debido a su inquebrantable devoción por la Suprema Personalidad de Dios y Sus devotos, el rey Ambarisha consideraba que el universo entero no era más significativo que una piedra.

El rey Ambarisha siempre ocupaba su mente en meditar en el Señor y empleaba sus palabras en describir Sus glorias. Usaba sus manos en limpiar el templo del Señor, sus oídos en escuchar de Él y sus ojos en ver Su deidad. El rey utilizaba su sentido del tacto en abrazar a los devotos del Señor, su nariz en oler las flores ofrecidas a Él y su lengua en saborear los alimentos ofrecidos al Señor. Empleaba sus piernas en caminar al templo y a otros lugares sagrados y todos sus deseos se disponían en función de servir al Señor, veinticuatro horas al día.

En verdad, el rey Ambarisha se ocupó tanto en el servicio con devoción, que se volvió muy apegado al Señor, desapegán- dose de toda complacencia de los sentidos personales. Mien- tras ejecutaba sus deberes como rey, Ambarisha ofrecía todos los resultados de sus actividades al Señor, quien es el supremo disfrutador.

 Aunque, para beneficio de su reino, Ambarisha ejecutaba elaboradas ceremonias sagradas bajo la supervisión de grandes personalidades, internamente siempre estaba ocupado en el ser- vicio con devoción al Señor. Incluso, los ciudadanos del reino del rey Ambarisha estaban acostumbrados a escuchar y a hablar de temas espirituales; por eso, no aspiraban nada material, ni siquiera a ser elevados a los planetas celestiales.

En efecto, aquellos que están saturados de la felicidad tras- cendental que se deriva de rendir servicio al Señor Supremo, se vuelven desinteresados, incluso, de obtener grandes poderes místicos. Esto es porque tales cosas no se comparan con la dicha que sienten aquellos devotos que siempre piensan en Él en lo

51

más profundo de sus corazones.

Una vez, el rey Ambarisha observaba el voto de comer ali- mentos sin granos por un año, junto a su igualmente calificada esposa. Cuando el voto se cumplió, el rey ayunó por tres días y luego se bañó en el río Yamuna. Después de eso, dio a los sabios una gran cantidad de vacas con cuernos enchapados en oro y cascos de plata en caridad y complació a todos los huéspedes que habían llegado a su casa. Seguidamente, alimentó suntuosamen- te a los sabios. Cuando vio que todos estaban completamente satisfechos, se preparó para romper su ayuno con el permiso de ellos. Justo, en ese momento, el poderoso místico, Durvasa Muni, apareció en la escena como un invitado inesperado.

Después de ponerse de pie para recibir al gran sabio, el rey  Ambarisha le ofreció un cómodo asiento y toda clase de para- fernalia para honrarlo. A continuación, después de sentarse a los pies de Durvasa Muni, el rey Ambarisha humildemente le pidió que comiera. Durvasa Muni aceptó con alegría la invitación, pero primero, para cumplir con sus deberes rituales, fue al río  Yamuna. Después de su inmersión en el agua, comenzó a me- ditar en el aspecto impersonal del Señor y como permaneció en trance, no regresó por un largo tiempo.

Mientras tanto, debido a que sólo un corto momento resta- ba para completar el voto apropiadamente, era imperativo rom- per el ayuno de forma inmediata. En esa peligrosa situación, el rey Ambarisha consultó a los expertos sabios y luego dijo: “Es ciertamente una gran ofensa transgredir las reglas del comporta- miento respetuoso hacia un sabio si como algún alimento antes de su llegada. Pero, por otro lado, si no rompo mi ayuno dentro del tiempo asignado, habrá un defecto en la observación de mi voto. Por lo tanto, si ustedes piensan que es apropiado, debo romper el ayuno bebiendo algo de agua.”

Después de consultar a los eruditos, estos consideraron que beber agua podía aceptarse de la misma manera que comer o no comer. Después de beber algo de agua, el rey Ambarisha se absorbió a si mismo en meditación en el Señor Supremo en su corazón mientras esperaba el regreso de Durvasa Muni.

52

Cuando sus deberes del mediodía concluyeron, Durva- sa Muni regresó del río Yamuna y, entonces, el rey Ambarisha lo recibió con todo respeto. Sin embargo, por la fuerza de sus poderes místicos, Durvasa Muni pudo comprender que el rey  Ambarisha había bebido algo de agua sin su permiso. El sabio

tenía mucha hambre, y debido a sentirse desatendido, se puso tan furioso que todo su cuerpo comenzó a temblar y su rostro se contorsionó con las cejas fruncidas.

En tanto, el rey Ambarisha permanecía frente a él con las manos juntas. Pero, Durvasa Muni airadamente exclamó: “¡Oh, sólo vean el comportamiento de este cruel hombre! No puede ser un devoto del Señor. Está tan orgulloso de su opulencia y de su posición material que se considera a sí mismo como Dios.  Ambarisha, me has invitado a comer como un huésped, pero, en lugar de alimentarme a mí, has comido primero. Debido a tu mal comportamiento, ahora debo hacer algo para castigarte.” Con el rostro rojo por la rabia, Durvasa Muni se arrancó un puñado de cabellos de la cabeza y, con ellos, creó un gran demonio que parecía el fuego ardiente en el momento de la de- vastación del universo. Con un tridente en la mano, la llameante criatura hacía temblar la superficie de la tierra con cada paso que daba mientras se dirigía hacia el rey Ambarisha. Sin embargo, el rey, quien dependía completamente de la Suprema Personalidad de Dios, no se movió ni una pulgada de su posición. Ni siquie- ra se sintió perturbado al ver al temible demonio. De repente, debido a la orden previa del Señor, el disco Sudarshana llegó al lugar para proteger al rey Ambarisha y quemó al demonio hasta volverlo cenizas.

Cuando Durvasa Muni vio cómo su intento de represalia había fallado y cómo el disco Sudarshana se aproximaba a él, se sintió extremadamente temeroso. Aunque Durvasa Muni huyó con rapidez por todas las direcciones para salvar su vida, el disco del Señor Supremo, prácticamente tocaba su espalda mientras lo perseguía, como el fuego de un bosque ardiente persigue a una serpiente.

53

dos lados: a través del cielo, sobre la superficie de la tierra, en las cuevas, dentro del océano y a lo largo de los sistemas planetarios de los tres mundos. Pero, donde quiera que fuera, Durvasa veía el insoportable resplandor del disco Sudarshana que lo perseguía de cerca. Finalmente, cuando no pudo encontrar ningún otro refugio, se acercó temeroso al señor Brahma y le imploró: “Oh mi señor, por favor, protégeme del ardiente disco Sudarshana que ha sido enviado por la Suprema Personalidad de Dios.”

El señor Brahma respondió: “Al final de los tiempos, por la indicación de Sus cejas, el Señor aniquila el universo entero. Incluso el señor Shiva, los grandes sabios y yo nos inclinamos ante el Señor y llevamos a cabo Sus órdenes, para el beneficio de todas las entidades vivientes.”

Después de serle negado el refugio por el señor Brahma, Durvasa Muni, quien estaba enormemente afligido por el disco Sudarshana, se aproximó al señor Shiva en Kailash.

Sin embargo, el señor Shiva respondió a las desesperadas súplicas de Durvasa con estas palabras: “Mi querido hijo, ni si- quiera el señor Brahma, ni yo mismo, ni ningún otro, puede exhibir algún poder que compita con el del Supremo Señor, bajo cuya dirección innumerables universos y sus habitantes llegan a existir y luego son nuevamente aniquilados. Por lo tanto, debes acercarte al Señor para obtener alivio. Ese disco Sudarshana es intolerable incluso para mí. Estoy seguro que el Señor tendrá la amabilidad de otorgarte toda buena fortuna.”

Después de eso, Durvasa Muni fue a la morada espiritual, donde el Señor Narayana reside eternamente con Su consorte, la diosa de la fortuna, Lakshmi. Con el cuerpo tembloroso y quemado por el calor abrasador del disco Sudarshana, Durvasa Muni cayó a los pies del Señor Narayana y le suplicó: “Oh infa- lible e ilimitado Señor Supremo, que eres el sostén del universo entero y el único objetivo para los devotos; soy ciertamente un gran ofensor, por favor, dame protección. Siendo ignorante de u ilimitado poder, me he atrevido a ofender a ú más querido devoto.”

54

cluso si una persona es candidata a un castigo infernal, ú pue- des liberarla simplemente despertando u Santo Nombre dentro de su corazón. Por lo tanto, sé bondadoso y sálvame de la reac- ción de mi ofensa.”

El Señor Supremo respondió: “Oh sabio, debes saber que es- toy por completo bajo el control de Mis devotos y, por lo tanto, no soy en absoluto independiente. Que decir de Mis devotos, incluso aquellos que son devotos de Mis devotos son muy que- ridos para Mí. Sin tales devotos puros, para quienes Yo soy el único destino, no deseo disfrutar Mi opulencia suprema ni mi dicha trascendental. ales devotos abandonan sus hogares, sus esposas, sus hijos, sus riquezas e incluso sus vidas para servirme, sin ningún deseo de remuneración material, en esta vida o en la siguiente. ¿Cómo puedo abandonarlos en algún momento?”

“Así como las castas mujeres ponen a sus gentiles maridos bajo su control por su servicio, los devotos puros,que están com- pletamente apegados a Mí en lo profundo de sus corazones, Me llevan bajo su completo control. ales devotos no están siquiera interesados en los cuatro tipos de liberación en el mundo espi- ritual, ni en la perecedera felicidad que se obtiene por la eleva- ción a los planetas celestiales superiores. Los devotos puros están siempre en el centro de Mi corazón, del mismo modo en que Yo estoy siempre dentro del corazón de Mis devotos puros. Ellos no conocen nada distinto de Mí, y Yo tampoco conozco a nadie distinto de ellos.”

“Oh sabio, te deseo toda la buena fortuna, por lo tanto, dé-  jame aconsejarte para tu propia protección. Debes ir inmediata- mente donde el rey Ambarisha. Si logras complacerlo a él, habrá alguna vez paz para tí. Cuando alguien emplea su así llamado poder en contra de un devoto, éste simplemente reacciona da- ñando al agresor. Por esto, aunque el conocimiento y las austeri- dades son meritorios, cuando son adquiridos por alguien que no es gentil, pueden volverse muy peligrosos.”

Después de recibir el consejo de la Suprema Personalidad de Dios, Durvasa Muni inmediatamente fue donde el rey Ambaris- ha. Al llegar, cayó a tierra y palmeó los pies del monarca. El rey

55

 Ambarisha se sintió muy avergonzado que un sabio tocara sus pies. Cuando vio que Durvasa estaba por ofrecerle sus oraciones, se sintió aún más apenado.

Para aliviarlo de su desesperada condición, el misericordioso rey se dirigió al disco Sudarshana y le dijo: “Oh gran arma de la Suprema Personalidad de Dios, teniendo miles de rayos, eres la visión original del Señor Supremo, por lo tanto, te ofrezco mis respetuosas reverencias. Esta manifestación material completa ha sido creada por tus actividades y, con tu refulgencia, llena de principios religiosos, la oscuridad de este universo es disipada.”

“Oh protector del universo, eres ocupado por el Señor Su- premo como Su toda poderosa arma para matar a los demonios envidiosos. Ahora, por el beneficio de nuestra dinastía entera, por favor, sé misericordioso con este pobre sabio. Si nuestra fa- milia alguna vez ha dado caridad, ejecutado alguna actividad sagrada o si hemos cumplido apropiadamente con nuestro deber ocupacional, deseo que, a cambio de los méritos que hayan sido obtenidos, este sabio pueda verse liberado de tu ardiente calor.”

Después de escuchar las oraciones del rey Ambarisha, el dis- co Sudarshana se apaciguó y se abstuvo de quemar nuevamente a Durvasa Muni. El sabio se sintió en extremo complacido al ser liberado de todo peligro. Entonces, alabó al rey Ambarisha: “Mi querido rey, hoy he experimentado la grandeza de los devotos de la Suprema Personalidad de Dios. Aunque te había ofendido, has orado por mi buena fortuna. Para aquellos que están absor- tos en su relación personal con el Señor Supremo, ¿qué no se puede hacer y que es imposible dejar?”

“Oh rey, como has pasado por alto mi ofensa y has salvado mi vida, te estoy muy agradecido.”

El rey Ambarisha había permanecido parado en el mismo si- tio y había renunciado a toda clase de comida y bebida, excepto agua, por todo un año, mientras esperaba el regreso de Durvasa Muni.

Luego, el rey Ambarisha complació aún más a Durva- sa Muni haciéndolo comer suntuosamente una innumerable

56

variedad de sabrosos alimentos. Finalmente, con gran afecto, el sabio le pidió al rey Ambarisha: “Mi querido rey, por favor, come tu comida. Al principio, pensé que eras un ser humano ordinario, pero ahora puedo entender que eres el más exaltado devoto del Señor. Por lo tanto, simplemente por verte a ti, por tocarte y por conversar contigo, me he vuelto muy afortunado. Por tu exaltado comportamiento, las personas de este mundo hablarán eternamente de tus glorias y las damiselas del cielo can- tarán acerca de tu inmaculado carácter.”

Después de esto, sintiéndose satisfecho en todos los aspec- tos, Durvasa Muni le pidió permiso al rey Ambarisha y partió. Mientras viajaba por el universo, continuamente glorificó al rey. Luego de ver cómo Durvasa Muni fue liberado del peligro de ser quemado, el rey Ambarisha pudo comprender lo poderoso que se había vuelto por la gracia del Señor Supremo. Aún así, no se adjudicó ningún crédito, ya que sabía muy bien que todo había sido hecho por la Suprema Personalidad de Dios.

Después de cierto tiempo, el rey Ambarisha decidió reti- rarse de la vida activa. Por esta razón, dividió su propiedad entre sus hijos, quienes eran tan calificados como él. Más tarde, se fue a vivir al bosque, para así poder concentrar por completo su mente en el Señor.

57

Related documents