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Esta maravillosa historia que a continuación vamos a relatar pertenece a uno de los libros más antiguos y espirituales de la humanidad. rata la historia de una lucha entre el elefante Ga-  jendra y un cocodrilo. Algunos toman esta narración como un

hecho real, mientras otros lo consideran solo una bella analogía. Sea cual sea el caso, nos deja muy valiosas enseñanzas que sin duda nos van a enriquecer. Se habla de una lucha sostenida entre ellos por mil años. Esto se puede tomar como la larga lucha de la vida, que nos parece interminable.

 A veces decimos que hemos pasado por miles de adversida- des y problemas, por eso, se pueden interpretar de este modo los mil años de lucha que mantuvieron los dos. Que el elefante no se encuentre en su medio, sino en el agua, puede interpretarse como que el alma es tan poderosa como un gran elefante, pero, si cae en las aguas de maya o la ilusión, no podrá salir de ellas a menos que cuente con la gracia del Señor. De esta manera, no debemos confiarnos de nuestro propio poder.

ambién podemos apreciar que los logros espirituales de una vida no se pierden, sino que continúan desarrollándose en la vida siguiente. Para dejarnos éstas y otras valiosas instrucciones, esta antigua narración dice en esencia así:

En el valle del monte rikuta, hay un jardín llamado Ritu- mat que pertenece a Varuna, el dios del agua, y sirve de lugar de esparcimiento para las damiselas celestiales. Gran variedad de frutas y flores se dan allí durante todas las estaciones. Es común escuchar el zumbido de intoxicadas abejas y el muy melodio- so canto de los pájaros. En el jardín hay un gran lago donde abundan hermosas flores de loto doradas,cisnes, garzas y otras aves acuáticas. Debido a que sus aguas son agitadas por el mo- vimiento de los peces y las tortugas, su superficie está decorada con el polen que cae de las flores de loto. La ribera del lago está frondosamente adornada con toda variedad de árboles florales y, así, con la elevada montaña de fondo, el escenario en conjunto se ve muy hermoso.

Una vez, Gajendra, el líder de los elefantes, quien vivíaen el bosque cercano al lago, caminaba en direccióna sus aguas junto

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a sus hembras y un grupo de jóvenes elefantes. Al avanzar, aplas- tó muchas plantas, matorrales y árboles, sin preocuparse por sus punzantes espinas. Por el solo hecho de percibir su aroma,los demás animales feroces, tales como los leones, tigres, yararás y otras grandes serpientes, huían de miedo. Gracias a la benevo- lencia del elefante, los animales más pequeños podían rondar por las inmediaciones sin ansiedad.

Con sus pasos, Gajendra hacía temblar la tierra alrededor del monte rikuta. Sudaba mucho, de su boca goteaba licor y su vi- sión estaba nublada por causa de la intoxicación. Afligido por la sed, entró en el lago y se bañó, aliviando su fatiga. Por beber las nectáreas, frescas y cristalinas aguas mezcladas con el polen de las flores de loto, se sintió del todo satisfecho. Gajendra estaba cerca de sus esposas y en tanto se bañaban y bebían, atento les rociaba agua con su trompa.

De pronto, por arreglo de la providencia, un poderoso coco- drilo lo atacó iracundo mordiendo una de sus piernas. Aunque era muy fuerte e hizo lo mejor que pudo por liberarse de la em- bestida, fue incapaz de salvarse de las fauces del cocodrilo. Cuan- do sus esposas elefantas lo vieron en tal condición de peligro, comenzaron a llorar angustiadas. Los demás elefantes trataron de librarlo tomándolo por detrás, mas debido a la gran fuerza del agresor, no pudieron hacer nada. Ambos contendores con- tinuaron la pelea por mil años, lanzándose uno contra el otro, dentro y fuera del agua. Los semidioses espectadores, estaban muy asombrados al ver la refriega.

ranscurrida la lucha por tan largo espacio, la fuerza física y mental de Gajendra comenzó a debilitarse, mientras la del co- codrilo, por ser una criatura acuática, se incrementó en poder y entusiasmo. Al estar fuera de su hábitat natural, el elefante no podía conseguir ningún alimento, mientras que el cocodrilo no tenía tal dificultad, con lo que ganaba fuerza. Al verse, por arre- glo del destino, en condición tan desesperada, Gajendra enten- dió que no podía salvarse por sí mismo, y sintió mucho temor por su muerte inminente.

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a la siguiente conclusión: “Mis parientes y amigos nada pueden hacer para rescatarme de este peligro. Debido a que he sido ata- cado por voluntad divina, debo buscar refugio en la Suprema Personalidad de Dios, quien es el sostén de todos, incluso de los más exaltados. Aunque la serpiente del tiempo nos persigue sin tregua, pronta a devorarnos, si uno, por temor, se refugia en el Supremo, éste, sin duda le dará protección, porque a Él incluso la muerte misma le rehúye y teme.

Una vez tomada esta decisión, fijó la mente en su corazón y recitó la siguiente oración, que había aprendido en su vida previa, cuando había sido el rey Indradyumna, y que recordaba por la gracia del Señor Krishna.

Gajendra oró diciendo: “Ofrezco mis respetuosas reverencias a la Suprema Persona, quien es la raíz causal de toda existencia. El Señor Supremo es la plataforma final, sobre la cual, todo re- posa. Él es el ingrediente original de donde todo se ha manifes- tado y, aun así, es autosuficiente. Que esa Suprema Persona me proteja, ahora que a Sus pies tomo refugio”.

“Como un artista en el escenario que vestido con diferentes trajes y bailando de modos diversos no puede ser reconocido por la audiencia, en forma similar, las actividades y características de este Artista Supremo no pueden ser entendidas, incluso, por grandes sabios y semidioses.”

“Mi Señor, solo ú sabes a qué conducen las actividades sensuales y, sin u dirección, la entidad viviente no es capaz de dar un paso adelante. El alma condicionada desea disfrutar de felicidad material, pero, a menos que ú le des instrucciones, no puede hacer ningún avance en la búsqueda de su sombrío objetivo. Así como el resultado o efecto de una cosa da una idea de su causa, uno acepta este mundo material como real, porque es la sombra de u existencia”.

“Debido a que un animal como yo se ha rendido a i, por cierto vas a liberarme de esta condición tan penosa. De hecho, como eres en extremo misericordioso, situado como el Alma Suprema en mi corazón, sin cesar tratas de liberarme. Que este Señor, de ilimitada gracia, me bendiga y libere de este peligro, como así también de la vida mundana”.

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“Yo sé que los devotos puros nunca claman por tales bendi- ciones. Ellos están satisfechos con escuchar y cantar us glorias. Más, como estoy en tal adversidad, pido al Señor que me libere. En realidad, no quisiera seguir viviendo, aun si fuese rescatado de este infortunio. ¿De qué puede servir este cuerpo de elefante sumido en la ignorancia? Deseo liberarme de esta cobertura de ilusión y, con ese fin, ofrezco mis respetos al Señor Supremo, quien perdura en gozosa trascendencia”.

Cuando así oraba, Gajendra no se refirió a ninguna persona específica, aunque sí lo hizo al Supremo Controlador y Auto- ridad del universo. Debido a que no invocó a ninguno de los semidioses, ninguno de ellos se hizo presente para ayudarlo. Siendo la Omnipresente Alma Suprema, el Señor comprendió la difícil situación en que se encontraba, y arribó allí, montado en el lomo de Garuda, Su ave transportadora y rodeado por los semidioses. Estos también podrían haberlo rescatado, pero, de- bido a que oró específicamente al Señor Supremo, se sintieron ellos un tanto ofendidos. Esto en sí mismo fue una afrenta de parte de ellos, por lo que, cuando el Señor apareció, fueron a pedirle disculpas para ser excusados de su equivocado sentir.

Gajendra sentía un intenso dolor, pero al ver al Señor Nara- yana llegando desde el cielo, con Su disco en mano, de inmedia- to tomó con su trompa una flor de loto y, sosteniéndola en alto como una ofrenda, dijo: “¡Oh mi SeñorNarayana! ¡Maestro del universo! ¡Oh, Suprema Personalidad de Dios! e ofrezco mis respetuosas reverencias”.

Con Su disco Sudarshana, el Supremo Señor, cortó presu- roso la cabeza del cocodrilo y salvó así la vida del rey de los ele- fantes. Los semidioses glorificaron el magnánimo acto del Señor lloviendo flores sobre Él y Gajendra. ambores resonaron en el cielo y los cantores celestiales, alegremente, cantaron y bailaron, mientras otros ofrecían oraciones.

El rey de los cantantes celestiales, llamado Huhu, al ser maldecido por el sabio Devala, se había transformado en ese cocodrilo. Ahora, ya liberado por el Señor, asumió su original posición celestial.

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otorgado, el rey Huhu ofreció sus respetos al Señor y recitó be- llas oraciones glorificándolo. Luego lo circunvaló y regresó a los planetas celestiales, libre de toda reacción pecaminosa.

Gajendra había sido un rey santo llamado Indradyumna, quien, después de retirarse de la vida familiar fue a las monta- ñas Malayas, donde vivió en una pequeña cabaña practicando austeridades.

Una vez, mientras observaba un voto de silencio y adoraba al Señor en trance extático, el gran sabio Agastya llegó a su refugio rodeado por sus discípulos. Cuando vio que Indradyumna per- manecía en silencio, como evitando la etiqueta de bien recibirlo, se enfureció y lo maldijo diciendo: “Este Indradyumna carece de toda educación. Ha osado insultar a un brahmana. Por lo que deberá entrar a una vida de oscuridad y recibir el cuerpo de un elefante.”

Después de maldecir al rey Indradyumna, el sabio Agastya partió junto con sus discípulos. Como el rey Indradyumna era un gran devoto, consideró la maldición como la misericordia de la Suprema Personalidad de Dios, por lo que le dio la bien- venida. Aunque recibió el cuerpo de un elefante, debido a sus prácticas espirituales previas, el rey Indradyumna fue capaz de recordar su adoración y oraciones de la vida anterior.

Debido a que Gajendra fue tocado por el Señor Supremo, de inmediato se liberó de todo cautiverio e ignorancia material y recibió la liberación sarupya, es decir, una forma similar a la del Señor en el mundo espiritual.

Luego el Señor, montado en Garuda, se dirigió con placer a Gajendra, en presencia de los demás. El Señor dijo: “Mi querido devoto, a quienes se levantan temprano en la mañana y Me ofre- cen las oraciones que acabas de recitar, Yo les daré, al final de sus vidas, eterna residencia en el mundo espiritual.”

Después de decir esto, el Señor sonó Su caracola y partió a Su morada trascendental, llevando a Gajendra consigo.

1. Persona dedicada a la elevación espiritual

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Capítulo 4:

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