El auge de la Comunicación Corporativa llega a su fin. Su existencia tiene muchas razones
de ser, que espero hayan sido entendidas tras de su lectura. Pero hay una de esas razones que no he expuesto aún, ya que El auge de la Comunicación Corporativa es también un proyecto, con una puerta abierta al azar. Este ser o no ser, solo el tiempo será capaz de despejar. La vida profesional, como otros apartados de nuestra existencia, es también un proyecto. Por ello este autor se ha
tomado la licencia de reproducir aquí un artículo, titulado “Tres cosas requiere el trabajo”, que, en principio, no tiene nada que ver con el asunto que trata este libro.
Sin embargo, he considerado que podría ser un b roc he, un regalo final, como reza en el
epígrafe que me he atrevido a reproducir aquí, aunque resulte totalmente ajeno a lo desarrollado, El auge de la Comunicación Corporativa. Se trata de un artículo que, en su día, hacía una reflexión
sobre cuáles son los factores que influyen en el proceso de búsqueda de trabajo, tarea en la que, vez en cuando, estamos implicados los profesionales de la Comunicación.
Mi deseo es que, de alguna manera su lectura pueda ayudar a quien se encuentre (o pronto se vaya a encontrar) en este proceso de búsqueda. Finalmente, es una manera como otra cualquiera de comunicarnos, acción a la que El auge de la Comunicación Corporativa espera haber aportado algo.
Tres cosas requiere el trabajo
El horizonte del trabajo se presenta, como siempre, confuso. Es cierto que los modos y
maneras cambian pero, en lo esencial, hay puntos claves que no se modifican. Parecen eternos. La aplicación, por ejemplo, de las nuevas tecnologías, el uso del correo electrónico y el máximo
laboro.
Desde mi punto de vista, tres cosas hay en la vida laboral o profesional que merecen la pena ser tenidas en cuenta. Y no, no hablo de salud, dinero y amor. No. Estas otras tres claves son: la capacidad de trabajo, el don para relacionarse y el factor suerte. Cualquiera de estos tres factores es necesario, aunque lo deseable es conseguir una mezcla oportuna de todos ellos.
Existe, eso sí, una relación establecida entre estas tres fuerzas, un proceso en el que la
capacidad de trabajo es el eje básico, que demanda en segundo lugar del don de saber relacionarse y que deja en tercer puesto al factor más incontrolable de todos: la suerte. Este factor, a pesar de todo, tiene una cierta contingencia, como trataremos de explicar más abajo.
El ser trabajador es una condición importante. Es la primera. Puede ser cierto que una
persona, sin trabajar, alcance el éxito, pero es raro, o es un éxito que no se sostiene. Imponerse a la falta de ganas o de motivación es un requisito fundamental a la hora de querer progresar
profesionalmente.
Por el contrario, engan chars e al esfuerzo del trabajo, lo que los anglosajones llaman ser workalcoholic, no es recomendable. Como casi siempre, la justa tensión entre las fuerzas que
marcan la vida es el objetivo a alcanzar. Y finalmente tenemos la necesidad de ser felices que, inevitablemente, hay que hacer confluir con la obligación de trabajar, así que se impone eso de feliz trabajando.
La capacidad de relacionarse es el segundo escalón. No basta solo con trabajar. Se tiene
que saber que trabajamos. Para ello, es esencial eso del a utoma rketing. Y la venta de uno mismo debe ser realista. Uno hace lo que hace, y una consecuencia de la tarea realizada es la
comunicación a los demás de esta misma tarea. Ese ser realista en el desempeño no debe estar reñido con la simpatía y con la intención de convencer a aquellos que nos juzgan, nuestros jefes.
Y finalizamos con la suerte, factor que no controlamos en absoluto: la encontramos o no la encontramos. Es una fuerza ligada al destino, da igual si está escrito o no. Pero el tener suerte (o
contrario) depende de una variable que sí es controlable: estar o no estar. La suerte no va a venir a llamarnos a la puerta de casa si nos quedamos todo el día encerrados en ella. Así, podríamos
establecer un cierto cálculo: a más presencias en el entorno donde se cuece una opción profesional, más probabilidades de conseguir algo.
Siendo este escrito una simple estructuración de una serie de observaciones vitales, quiero aclarar que no pretendo sentar cátedra. Ni se me ocurre. Estoy seguro de que habrá más factores que influyan, pero —si quieren— venía bien eso del trabajo, la relación y la suerte que son tres, como los huecos vacíos que dejaban en este artículo la salud, el dinero y el amor que, esas sí, son las tres cosas que hay en la vida.
EL AUTOR
Benito Castro Galiana nació el 16 de octubre de 1961 en la localidad gaditana de San Roque (España). Periodista. Se licenció en Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid. Es maste Economía y Dirección de Empresas por el
últimos años viene ostentando el cargo de jefe de Prensa de
Instituto Internacional San Telmo de Sevilla (programa IESE) Radio Televisión de Andalucía (RTVA)
Es director de las Jornadas de Comunicación Corporativa en el Instituto El Monte, de la Caja de Ahorros de El
Monte de Sevilla desde hace ocho cursos. Participa también en otras actividades docentes en esta área,
entre otras, en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sevilla, donde ha alcanz además la suficiencia investigadora en sus estudios de Doctorado.
Ha colaborado con diversas publicaciones sobre temas de Comunicación en empresas y ha ejercido de periodista, con diferentes cargos de responsabilidad, en medios de comunicación como Antena 3 Radio, Agencia EFE, Diario Levante o Canal Sur Radio.
Es miembro fundador de la Asociación Evento Blog España, entidad responsable de la organización de
Blog España, la primera reunión de blogueros de alcance nacional de nuestro país.
Ha colaborado con diversas publicaciones sobre temas de Comunicación en empresas y ha ejercido de periodistas en diferentes medios de comunicación. Desde enero de 2006 publica Comucor
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