Indoor Clouds – Demonstration Procedures
1. The day before the experiment for class, separate the contents (they should be room
El ejercicio de proponer una definición de partida del concepto de comunicación en el año 2013 exige necesariamente contemplar la constante y compleja influencia de las nuevas tecnologías en las formas, tiempos y formatos de la comunicación.
Los avances tecnológicos y de la sociedad de la información no impiden que el concepto de comunicación mantenga en su esencia fundamental la mayor parte de características y peculiaridades que ya hemos destacado en las anteriores líneas de este apartado. No obstante, las formas en las que circula, se representa, se produce y se percibe la comunicación están influidas por las nuevas tecnologías, Internet y el vertiginoso auge de las redes sociales, que evolucionan con mutaciones casi constantes y en ocasiones impredecibles.
Para dar una referencia de la dimensión del fenómeno con datos tangibles, sólo cabría recordar que la sociedad y la era de la información definida por autores como Castells (1997) –y revisada posteriormente por el propio Castells (Castells, 2008; 2010)-, está marcada por un volumen de tráfico de datos que crece a razón de 800 nuevos megabytes de información por persona y año. Internet incorpora 70 horas de vídeo subidas a Youtube por minuto, 24 petabytes de información son procesados por Google cada día, se registran 50 millones de tweets diarios, la población mundial emplea cada mes 700 billones de minutos en Facebook y en el planeta ya hay más de 2.100 millones de usuarios, con un crecimiento del 18% anual.2
El número de sitios web, que ha pasado de poco más de 600 en todo el mundo a finales de 1993, a los cerca de 250 millones que calculaba Zakon en su «Hobbes’ Internet Timeline» a finales de 2009.
El fenómeno de los blogs también ha multiplicado el número de productores de información que, con mayores o menores conocimientos de comunicación, quieren difundir su mensaje en la red. El último Informe del Estado de la Blogosfera3 indica que en 2011 ya se alojaban en la red 164 millones de blogs frente a los 133 millones en 2008. Un 55% de estos blogs actualiza entre 4 y 12 veces al mes, y el 20% entre 30 y 60 veces, lo cual supera con
creces el 5,5% que actualizaba contenidos al menos 1 vez cada 3 meses en septiembre de 2008.
El 64% de los usuarios considera el blog como un hobby, frente al 27% que le dedica una parte más sustancial de su tiempo (sólo el 2% son blogs corporativos). EE UU se mantiene al frente de la blogosfera con una cuota del 44%, seguido de Europa con el 29%. Las cifras también indican que la producción de comunicación que posibilitan las nuevas redes sociales y el fenómeno de los blogs en absoluto se distribuyen de forma igualitaria en el planeta. Los datos evidencian un mayor acceso y participación en los países ricos y un menor acceso y participación en los denominados países empobrecidos.
De uno u otro modo, a la hora de definir el concepto de comunicación con el que vamos a trabajar resulta necesario tener en cuenta que las nuevas tecnologías están marcando las formas de entender y vivir el fenómeno de la comunicación, partiendo desde el concepto de la Sociedad Red que propone Castells (Castells, 2010; Castells, 2012).
Castells define la Sociedad Red como el concepto que define la estructura que caracteriza la sociedad del siglo XXI, una sociedad que a su modo de ver está construida alrededor (pero no determinada por) las redes digitales de comunicación. En este contexto, las nuevas tecnologías hacen posible lo que Castells denomina auto-comunicación masiva (mass self-communication), lo cual incrementa la autonomía de comunicar temas interactuando cara a cara con corporaciones comunicativas; y los usuarios se convierten en emisores y receptores de mensajes. Estas nuevas posibilidades afectan a las relaciones entre comunicación y poder. Poder es más que comunicación, y comunicación más que poder, pero el poder necesita el control de la comunicación, lo cual hace que el poder de la comunicación esté en el corazón de la estructura y de la sociedad (Castells, 2010).
Según el planteamiento de la Sociedad Red, el poder no se emplaza sólo en una esfera o institución, sino que se distribuye a través de las acciones humanas. Sin embargo, existen expresiones concentradas de las relaciones de poder en un marco en el que poder tendría un carácter relacional y la dominación un carácter institucional. Desde esta perspectiva, entenderíamos poder como «la capacidad relacional que permite a un actor social influenciar de forma asimétrica en las decisiones de otros actores sociales de formas que favorecen el empoderamiento de los deseos, intereses y valores del actor» (Castells, 2010).
Este concepto de Castells también concede especial importancia a la dimensión de la violencia/coerción y discurso/persuasión como dos mecanismos clave de poder en los que existen fuertes elementos comunicativos. Según este planteamiento, los «discursos disciplinarios» pueden ser respaldados por el uso potencial de violencia y la violencia de
estado es racionalizada, internalizada y finalmente legitimada por los discursos que enmarcan y esculpen las acciones humanas (Castells, 2010).
En opinión del autor, las redes se habrían convertido en la más eficiente forma organizacional como resultado de las tres características de las redes que a su vez se benefician del nuevo entorno tecnológico: flexibilidad, potencial de expansión y de supervivencia. Teniendo en cuenta estos factores, el poder de la Sociedad Red Global reside en dos elementos clave: (1) definir los programas y códigos de las redes (los actores relevantes serían los programadores) y (2) conectar puntos y asegurar la cooperación entre los distintas redes (algo que correspondería a los activadores o «switchers») (2010).
En este contexto, Castells sugiere que el concepto de la autocomunicación masiva suscita una nueva cultura de autonomía, aunque esta autonomía estaría determinada por cómo la mente humana procesa los mensajes comunicados por las redes, dado que para Castells la más fundamental forma de poder radica en la habilidad de modelar o perfilar la mente humana; y es por ello que para entender el poder se necesita entender cómo la mente humana procesa los mencionados mensajes, y cómo esto se traduce en la realidad de la acción política y social (2010). A este respecto, Castells expone que los grupos de poder pueden intentar ejercer el control de la comunicación de muy diferentes formas, incluida la promoción de la guerra. Como ejemplo cita la desinformación y a comunicación promovida por el Gobierno de EE UU con respecto a la invasión de Irak, la difusión de la guerra contra el terror y la inducción de inducción de la cultura del miedo en nuestras vidas –un concepto que luego veremos se vincula a los planteamientos del cultivo y la creación de violencia cultural que manejamos como una de las bases teóricas de nuestra tesis (Castells, 2010).
Pese a ello, Castells concluye también que a mayor autonomía de los usuarios de las tecnologías de la comunicación mayores son las opciones de generar nuevos valores y alternativas para cambio social, ya que las relaciones de las redes sociales, y sus procesos y valores, ahora predominan sobre aquellos del viejo modelo de capitalismo y de organización corporativa y las relaciones basadas en poder, propiedad e intereses. Cada vez más, las jerarquías dentro de las redes son más difíciles de definir. Además, a su modo de ver, estas posibilidades de cambio a partir de las redes sociales son transfronterizas y pueden aplicarse en muy diferentes contextos y países tanto occidentales como del sur o empobrecidos (Castells, 2010).
de que los programadores (los profesionales o los actores emisores de la comunicación) puedan ganar la partida a los activadores (propietarios de grupos de poder y de comunicación). Esta perspectiva saca a la luz constantes contradicciones en el funcionamiento y potenciales de dichas redes donde cada vez más el poder se decide en un espacio de comunicación multimodal (Castells, 2010). A este respecto, Castells insiste en sus últimas investigaciones en que las redes sociales plantean escenarios de esperanza para los nuevos movimientos de cambio social vinculados a derechos humanos y construcción de paz (Castells, 2012).