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REASONING ABOUT NATURE STUDENT MODULE – DENSITY

WHAT IS SCIENCE?

3. What is meant by density? Give a definition in a complete sentence and be sure to mention the units density is most commonly expressed in.

El análisis que hemos propuesto sobre las principales hipótesis y críticas a la Espiral del Silencio nos lleva a plantearnos una serie de reflexiones de cara a los propósitos de investigación de esta tesis doctoral. Una de las primeras preguntas o reflexiones es si (1) resulta posible conciliar las ideas de Noelle-Neumann y Habermas para explorar si la Espiral del Silencio tiene un impacto real, pero que no es irreversible y que puede transformarse gracias al empoderamiento de la población receptora de los mensajes de los medios de comunicación y de sus grupos de referencia y contextos más cercanos (los cuales ejercen determinada presión social). Otra de las reflexiones o preguntas es si (2) el empoderamiento y la pedagogía crítica de la ciudadanía están relacionados con el proceso de ruptura de espirales de silencio. De hecho, una de las lagunas de la teoría de Noelle-Neumann es que no se entra a explicar cómo y por qué en cierto momento se rompe la Espiral del Silencio y comienza una nueva que da apoyo a otra corriente de opinión mayoritaria. En tercer lugar, (3) resulta interesante preguntarse si dicha espiral de silencio juega un papel relevante en la construcción de violencia cultural y la promoción o legitimación de actitudes violentas (por ejemplo, la propaganda de guerra). Partiendo de esta pregunta, también surge la siguiente cuestión: (4) ¿Es posible que la Espiral del Silencio que actúa en la construcción de violencia cultural pueda generar también una presión social positiva (o un impulso social) para la construcción de actitudes de paz, reconciliación, entendimiento intercultural y disfrute de la diversidad como un valor positivo en sí mismo?

3.3 Conectando la comunicación con una aproximación a los

Estudios de Paz y La Imaginación Moral de Lederach

3.3.1 Principales controversias en los enfoques de construcción de paz

y transformación de conflictos: evolución hacia el giro epistemológico

y las paces «transracionales»

Los estudios de paz y transformación de conflictos se han revitalizado en las últimas décadas como un campo relativamente nuevo, aunque lo cierto es que es una cuestión que ha preocupado a la humanidad y al mundo intelectual –cuando no fascinado- desde la antigüedad (Martínez Guzmán, 2001; Dietrich y otros, 2011). Este largo recorrido, acelerado

en el siglo XX tras los efectos devastadores de la I y la II Guerra Mundial y la proliferación de conflictos armados en el mapa mundial, ha llevado a la gestación progresiva de una serie de corrientes teóricas que interpretan y proponen diferentes formas de construir paz.

Tal como propone Vicent Martínez Guzmán (2001), pueden distinguirse al menos tres etapas de los estudios de paz (centrándonos en la nueva disciplina específica surgida en el siglo XX y siendo conscientes de que existe un legado anterior) en función de la forma en que se ha concebido el concepto de paz en sí mismo. En una primera etapa (1930-1959), los estudios se centran en la concepción de una paz negativa (ausencia de guerra) y un estudio científico de la guerra, que científicamente «se entenderá según la manera moderna, occidental, blanca y masculina de concebir la ciencia basada en las posibilidades de cuantificación y experimentación» (Martínez Guzmán, 2009: 62). Una segunda etapa surge a partir de los años 60 cuando Johan Galtung incorpora el concepto de paz positiva y de violencia estructural, lo cual permitió profundizar en el análisis de la violencia e iniciar el camino hacia una concepción de paz que incluye los conceptos de justicia y desarrollo (Martínez Guzmán, 2009: 64). Por último, a partir de la década de los 80 y los 90, surge una tercera etapa en la cual el concepto de paz madura identificando otras formas de violencia y haciendo hincapié en una esfera de responsabilidad para buscar alternativas a la amenaza de guerra nuclear, las intervenciones militares, las causas de la guerra, la educación para la paz y la potenciación de capacidades y oportunidades. Además, organismos internacionales como Naciones Unidas (especialmente la UNESCO) comienzan a impulsar la Cultura de Paz bajo el impulso de su entonces director Federico Mayor Zaragozà (Martínez Guzmán, 2009: 68). Dicha Cultura de Paz podría definirse como «la creación de nuevas formas de cultivar las relaciones entre los seres humanos mismos y entre éstos y la naturaleza para incrementar las posibilidades humanas de vivir en paz» (Martínez Guzmán, 2009).

Retornando a la definición de paz más allá de la ausencia de guerra, lo cual nos lleva a la paz positiva, destacaríamos la definición que propone Martínez Guzmán al revisar el concepto de Galtung (Martínez Guzmán, 2001: 70). En una breve definición, partiendo del concepto de Galtung, se podría considerar paz como la situación propicia para el desarrollo humano y la justicia social en la que las necesidades humanas básicas están cubiertas. Sin embargo, Martínez Guzmán profundiza más en este concepto de paz para completarlo con una serie de apreciaciones y matices de gran calado: (1) considerar las necesidades básicas no materiales como la identidad y la libertad; (2) incluir dos concepciones de justicia: la primera

excluidos, marginados, explotados, etc. y (3) que supere la visión androcéntrica masculino- patriarcal para reconocer el papel de la mujer desde una perspectiva de género y que supere la visión exclusivamente antropocéntrica para tener en cuenta como necesidad el equilibrio ecológico.

De este modo, las necesidades básicas a satisfacer en una situación de paz según Galtung y Martínez Guzmán serían cinco: seguridad y supervivencia contra la violencia y la muerte, bienestar contra la miseria, identidad contra alienación, ser desocializado de la propia cultura o resocializado en otra y libertad contra la represión y equilibrio ecológico. A esta concepción de paz consideramos importante añadir un factor de armonía con el entorno y con uno mismo (paz interior) y el sentimiento de amor hacia el entorno y de sentirse amado; que en cierta manera es uno de los modos más elevados de reconocimiento social. De lo contrario, estaríamos hablando de cubrir necesidades básicas desde una perspectiva excesivamente funcionalista y mecanicista, la cual contrasta con planteamientos como las tradiciones indigenistas. No en vano, dicha armonía y el mencionado concepto de amor son dos elementos claves para las tradiciones de no-violencia emanadas de referentes como Gandhi o Martin Luther King Jr. (King Jr., 1961; Bondurant, 1969; Gandhi, 2001; Ackerman y Duval; 2000). También resulta clave vencer el miedo; dado que el miedo dificulta a los seres humanos vivir en paz consigo mismos y con su entorno (King Jr., 1961).

La paz positiva que intenta superar la paz negativa relegada a una simple ausencia de guerra y se erige como una alternativa realista a planteamientos como el Choque de Civilizaciones de Samuel Huntington (1993; 1997), que defiende que el orden mundial está condenado a equilibrarse a través de un constante e inevitable choque de civilizaciones que legitimaría el mantenimiento de la escalada armamentística y la imposición por la fuerza de las grandes potencias occidentales. A este respecto, Huntington apuesta por la imposición, aislamiento y supuesta protección de una «única y preciosa civilización» (1997: 361).

Frente a este planteamiento fatalista (desde un maniqueísmo que casi se eleva al grado de religión en ciertos discursos) y legitimador de las intervenciones armadas y determinados intereses geoestratégicos (Chomsky, 2004; Martínez Guzmán, 2009: 260), en 2004 surgió al amparo de Naciones Unidas la propuesta de la Alianza de Civilizaciones, la cual finalmente se ha convertido en una agencia con entidad propia enmarcada dentro del Secretariado General de Naciones Unidas (United Nations Alliance of Civilizations). La propuesta de UNAOC no es otra que responder al supuesto choque de civilizaciones con diálogo y entendimiento intercultural e interreligioso; y el autor del primer informe fundador fue precisamente Federico Mayor Zaragoza, ex director de la UNESCO que impulsó en esta

organización la necesidad de rescatar como objetivo fundacional la promoción de la Cultura de Paz11.

De este modo, la transformación pacífica de conflictos y el entendimiento intercultural forman parte de los objetivos de la Alianza de Civilizaciones de Naciones Unidas, que trabaja en torno a un término que ya ha traspasado el plano de lo político y que comienza a ser recogido en distintos trabajos académicos como un concepto que no solamente surge como alternativa a la teoría de Choque de Civilizaciones de Samuel Huntington (Huntington, 1997), sino también como un concepto con valor académico en sí mismo (Colomer, 2008). De hecho, la esencia de la idea de Alianza de Civilizaciones vinculada a la construcción de paz y a un mejor entendimiento humano –a ese reconocimiento del «otro», de los otros y las otras- ha sido planteada a lo largo de la historia por autores como Bartolomé de las Casas, Habermas, Kant, Husserl, Blumler, Rawls, Martínez Guzmán o Cortina (Colomer, 2008). De hecho, esta propuesta que ahora respalda Naciones Unidas (junto con cerca de un centenar de países e instituciones académicas) ya se esbozaba en 2001 de la mano de estudiosos de la Filosofía para la Paz como Martínez Guzmán, que defendían desde argumentos científicos la urgente necesidad de subvertir los petrificados postulados del Choque de Civilizaciones. Los principios que proponía Martínez Guzmán y los que ahora propone UNAOC conferencia mundial tras conferencia mundial son ciertamente similares y coincidentes (Martínez Guzmán, 2001: 260).

La paz positiva es así pues una base epistemológica fundamental para conceptos como el de la Alianza de Civilizaciones y el entendimiento intercultural que lleva implícito. No obstante, resulta necesario no perder de vista que esta concepción de la paz positiva ha sido matizada por nuevas perspectivas como la de «paz imperfecta» propuesta por Francisco Muñoz (2001), la cual intenta superar los sueños «utópicos» de maneras demasiado perfectas de entender la paz que sean tal vez imposibles de alcanzar. Al mismo tiempo, reconoce la imperfección de la naturaleza humana y resalta la existencia de más momentos de paz que de violencia a lo largo de la historia y del presente, aunque dicha paz pueda ser imperfecta y se encuentre en un proceso inacabado que se construye día a día. Esa paz imperfecta se vería representada incluso en contextos de violencia estructural o directa a través de múltiples expresiones de paz como la dulzura, amor, altruismo, solidaridad, negociaciones o planes de paz. De igual modo, la «paz imperfecta» pretende superar el dualismo antagónico entre lo

pacífico y lo violento abriendo la puerta a la aceptación de situaciones intermedias (Muñoz, 1998; Muñoz, 2001).

Martínez Guzmán, uno de los referentes de los estudios de paz en España, respalda dicha noción de paz imperfecta y considera obvio que existen más momentos de paz que de violencia porque entendemos la violencia como la anulación de lo que ocurre «naturalmente» en las relaciones humanas. Uno de los supuestos de esta anulación ocurre cuando los seres humanos son privados de la posibilidad de realizar sus potencialidades (Martínez Guzmán, 2009). De este modo, la paz se convierte al mismo tiempo en condición intrínseca a las relaciones humanas y horizonte a conseguir en continuo proceso, dado que nunca estaremos en paz del todo. Según Martínez Guzmán, una de las ventajas de la paz imperfecta es que podemos aprovechar cualquier momento o elemento de paz aislado y utilizarlo para ese proceso de interminable reconstrucción (2009: 226).