Chapter 3 Conditional Market Beta and the Cross-Section of Stock Returns
3.2. Empirical framework
3.2.2 The conditional CAPM and models of time-varying beta
3.2.2.4 The DCC-GARCH model
Los cambios sociales que se dieron en las comunidades del Altiplano en los años 50-60, nos trajeron de la mano de la Acción Católica, AC, no sólo catequistas sino también promotores de salud y como parte de una de las partes, nacieron en choque con los zahoríes, curanderos... al igual que los catequistas con los cofrades, los jóvenes con los ancianos, los cooperativistas con los finqueros, las ligas campesinas contra los patrones y gobiernos... Todos compitieron por la hegemonía en unas comunidades que “despertaban” y participaban en los cambios sociales, económicos, políticos, religiosos e ideológicos. Los nuevos promotores de salud y los históricos curanderos y zahoríes (se utiliza aquí sin ningún sentido despectivo), fueron sujetos activos de una revolución que transformó las comunidades del Altiplano y su relación con el mundo de fuera de la comunidad, la Iglesia, las ONG y los varios ministerios del Estado.
El dios del padrecito sí puede y el del zahorí no, fue una de las reflexiones en voz alta que por aquellos años hicieron algunos campesinos indígenas. Y es que la eficacia de la penicilina y del botiquín que llevaban las Hermanas, “invisibilizadas” ante el poder del Padre, curaba muchas de las enfermedades que el shaman, zahorí, no lo hacía o al menos no con tanta eficacia. (González, 2002)
Los zahoríes y promotores compitieron de los años 50 a los 70, por la hegemonía de la eficacia curativa y del poder simbólico entre las antiguas y nuevas ideas. Cada actor social era parte de una comunidad real, el zahorín de la comunidad de los cofrades y familias “tradicionalistas” y los promotores de la nueva comunidad de la Acción Católica y familias “modernizantes”. En estos cambios, las fuerzas de los ancianos y de los cofrades fueron siendo sustituidas por las nuevas fuerzas emergentes con los jóvenes y comerciantes a la cabeza. Las nuevas organizaciones comunitarias, catequistas, comités, cooperativas... requerían competencias como el conocimiento de la castilla, de la lecto-escritura, y abrir oportunidades para dar cumplimiento a las expectativas de mejora en las condiciones de vida. Para todo ello, los ancianos ya no tenían las competencias ni las respuestas para conducir a las nuevas comunidades. El liderazgo comunitario estaba pasando a los jóvenes y a los letrados.
Las comadronas tuvieron menos dificultades en su función y estatus como “gremio” pues su trabajo con las mujeres difícilmente podía ser sustituido por promotores hombres, que se abocaron más al trabajo preventivo y curativo de las enfermedades comunes y ni antes ni ahora, ninguna institución ha sido capaz de crear una nueva figura con la accesibilidad geográfica, cultural, económica y de género que ellas.
Tras el terremoto de febrero de 1976, los recursos disponibles de las ONG, Iglesias estuvieron en desarrollar el proyecto de la salud comunitaria que tenía como figura clave a los promotores de salud. La hegemonía de la curación, la eficacia, fue pasando de los curanderos a los promotores. Los terapeutas históricos fueron siendo sustituidos por los promotores, poco a poco, pues en 1980 en el estudio de Sheldon Annis (1980) para la AID y el MSPAS se reconoce que: “Todavía hay más curanderos, espiritistas, chimanes/brujos (que manipulan el destino humano a nivel sobrenatural), sobadores e inyeccionistas que promotores de salud del MSPAS y de otras instituciones”.
en San Martín Jilotepeque, los catequistas eran también promotores y algunos eran curanderos. El sacerdote católico les decía, hay un curso de promotor de salud, vayan al curso, así algunos curanderos se adaptaron a ser promotores”.
Una buena parte de los curanderos, “hierberos”, por medio de la medicina natural y plantas medicinales se está reciclando como médicos naturistas, pues a través de los principios activos encuentran la legitimidad “científica” que no le concede la medicina biomédica a otras prácticas médicas más en la perspectiva energética y espiritual.
Especialmente desde 1992, con el “Movimiento de Resistencia de los 500 años” que se reivindica públicamente y a través del movimiento maya en su sentido más amplio, la espiritualidad maya y el modelo de salud histórico maya, iniciándose procesos organizativos entre los Ajkunanelab´ Mayab´. Todavía incipientes y lentos, con dificultades, pues la pobreza no ayuda a la organización, y los apoyos son escasos.
En los últimos años muchos promotores y promotoras se reconocen con el “don” y son también ilonel, ajq´ij, es decir, son promotores y guías espirituales. La nueva legitimidad de las reivindicaciones del movimiento maya en salud, evidencia el prestigio que empieza a ser público hacia el ajq´ij.
Los abuelos fueron cofrades, los hijos catequistas y
los nietos integran sin conflicto el ser promotores de salud y ajq´ijab´
Por haber vivido esta experiencia, transcribo del “Don Juan Coc, Príncipe Q´eqchi´ (1945- 1995)” de Pilar Yodli el siguiente texto:
Juan Coc: Mirá Alfonso, yo quiero que ustedes le pidan favor a José Luis, el doctor, para que me busque un mi curandero en las aldeas vecinas que me cure el problema que tengo, porque he sido brujeado. Yo digo que una cosa es mi dolor de huesos y otra la leucemia. Esto sólo los médicos pueden curarlo con medicina, pero el dolor de las piernas es provocado por un señor colono de Xamán que a mí me embrujó. Eso sólo puede remediarlo otro curandero que se enfrente a él para que me quite el mal de ojo que me echó”.
Curandero: este señor ya muy difícil se va curar, ya tiene muy poca vida, y hay enfermedades que tenía del cuerpo y también tiene mal espíritu. Lo han puesto mal, por su trabajo, y hay mucha gente ahí con ustedes y la comunidad que están contra él, pero si ustedes están de acuerdo, vamos a luchar por él. Hay que comprar seis clases de medicina, son 125 quetzales.
Familiar: ¿Y cuánto vas a cobrar?
Curandero: 500 quetzales si ustedes están de acuerdo pagar. Y mi tiempo –dijo– son 75, 700 por todo, y más materiales.
...compró todo lo necesario para la consulta: 81 candelas negras, 5 veladoras de diferentes colores, 9 cigarros puros y una gallina para la comida. Con todo y el curandero, pusieron rumbo a Aurora. Cuando ya casi llegaban al desvío de la carretera de Chiquibul sube a la finca, César, el chofer, detuvo el pick-up para apartar a una persona que estaba tirada en medio del camino. Era Don Margarito Cifuentes, el brujo, completamente borracho. La figura de Maximón presidió la ceremonia. El curandero colocó su santo en la cabecera de la cama donde reposaba Don Juan. Durante una hora, el enfermo, serio y concentrado, vio al curandero rociarle el cuerpo de agua bendita con un hisopo de zacates, pasarle la Biblia varias veces de la cabeza a los pies y trazarle tres cruces, una sobre la cara, otra en “La mediación simbólica es importante en la relación interpersonal... en la intersubjetividad.
Un gesto simbólico tiene efectos físicos, así en los sacramentos como en el de la confesión, yo te perdono o en la consagración, éste es mi cuerpo y ésta es mi sangre... En los sacramentos se producen dos efectos, ex ópere operato y ex ópere operantis. Si como sacerdote celebro misa y no creo en ello, aún sin fe ni voluntad en el hecho, por la obra operada se produce un efecto físico, independiente de creer o no, es el ex ópere operato y se produce el mismo efecto que si lo hago creyendo, el ex ópere operantis. Si algo similar lo hace un ajq´ij, un comunitario o alguien de otra religión es considerado por el pueblo cristiano como brujería, magia, etc. Para el pueblo maya, los gestos simbólicos son parte de una cosmovisión y una cultura que lleva siglos buscando y dando respuestas a la vida”. (Suazo, 2005)
En palabras de Felipe Gómez, ajq´ ij de la organización de Ministerios mayas Oxlajuj Ajpop: “la enfermedad (yab´l) tiene dueño y cuando una persona nos consulta observamos su estado espiritual, k´o rajaw, si es positivo o negativo, pues si es negativo la persona se enferma seguido. Si es un problema de la ‘misión’, q´ij alxik, necesitan el apoyo de los ancianos, de las plantas, una ceremonia y atención espiritual; también observamos su energía, su fuerza; su condición sicológica, si hay tristeza-lágrima, b´is - oq´ej; si es una enfermedad física, tzij yabilal; si hay transgresión de alguna norma en lo que debe o no debe hacer, awas. Y tras diagnosticar la enfermedad cuento con recursos terapéuticos como animales, minerales, plantas y espirituales. Las plantas tienen principios y energías, pero su uso no es mecánico, al igual que su energía cambia en el día o con los ciclos lunares, tampoco sirven igual a la diversidad de personas”.
Por ello: “el mayor reto está en saber cuándo mis capacidades son suficientes o no para curar, en qué momento y a quién debe remitir al enfermo. El desafío está en qué puedo y en qué no puedo ayudar. Mi primera pregunta en la consulta es ¿puedo curar esto? ¿puedo curarlo en nuestro sistema? ¿yo u otra persona? ¿ni yo ni otras?, las semillas de tzité me permiten ver el diagnóstico y a uno mismo. La humildad es importante, nadie crece solo y uno solo se equivoca más fácilmente. Para tener mucha capacidad hay que tener un vínculo espiritual bastante estrecho, hay que ser humilde, agradecer, dar... La envidia, xuyal, es mala y entre los curanderos existe pero no puedo robar sus conocimientos, puedo conocer pero no robar”. (Felipe Gómez, 2005)
Para José Cupertino Perén Bal, kaqchikel de Comalapa, promotor y ajq´ij: “primero fui promotor de salud, pero ya tenía avisos, enfermedades, no encontraba medicamentos... y un amigo me dijo eso es por un trabajo. Me hicieron ceremonia y... me resultó excelente. Luego tuve manifestaciones de sueño y descubrí el mundo de la espiritualidad. Cuando estoy dando la consulta, en algún momento le pido (al enfermo) que se encomiende a Dios, que es el dueño. Para que resulten los medicamentos debes tener fe, que se encomiende a Dios y crea en los medicamentos. Fe y medicamento. Si no tiene fe, va de un lado a otro, no se cura. Cuando la gente viene decepcionada porque no se cura, ahí le entramos a la espiritualidad. La gente me dice, esto ya no es enfermedad, esto es otra cosa. Entonces yo le trabajo psicológicamente, y por la espiritualidad. Lo espiritual, lo diagnostico más por la forma en que se expresa, el planteamiento que hace la persona”.
“Con los curas tuve problemas, pues colaboraba como promotor y como ajq´ij, y se quejaron algunos de que me dedicaba más a lo segundo que a lo primero. Su preocupación era si representaba a la iglesia como ajq´ij´ y yo les dije que no, todo lo hago como servicio y colaboro con Uds. Para que no hubiera problemas me retiré después de 12 años de colaboración. Lo que es salud no tiene iglesia, la enfermedad no tiene iglesia”. (Perén Bal, 2005)
Para Delfino Chalí, promotor de salud y médico naturista, “los católicos ya no ven tan mal a los ajq´ijab y curanderos, pero en los años 60 los trataron de brujos y los llamaban zahoríes. Ya ahora con los católicos hay un poco de diferencia y es que los curanderos son católicos, es difícil que sean evangélicos. Ahorita son los evangélicos los que los ven como brujos. En los años 60,
se integra al hospital sino que refiere a las embarazadas en riesgo. Algo importante es lograr “una capacitación en la que no se durmieran las comadronas”. La otra propuesta fue conocida como la línea de Xela (1990), fue elaborada por el INDAPS y prioriza el enfoque de riesgo e incluye la pretensión de “ablandar al hospital” permitiendo que la comadrona entre en la sala de parto y se facilite su formación práctica en las instalaciones hospitalarias.
En Sololá, se ha trabajado en el hospital departamental para hacer de él, un “hospital amigo de las comadronas” (Yadira Villaseñor, 2003), permitiendo la permanencia rotativa de comadronas acompañando a las mujeres en la atención del parto y con reconocimiento económico a su labor. Algunas limitaciones están en que las comadronas desarrollan un rol pasivo y no se ha logrado estar permanentemente en la maternidad. Las resistencias médicas son notables y falta mucho, pero es un primer paso.
Para la clasificación de las prácticas de las comadronas y otros terapeutas comunitarios, a algunas instituciones les resulta apropiada la tabla de Jelliffe, que las ordena en: beneficiosas, inocuas, nocivas y dudosas. La pregunta obligada es ¿quién determina la inclusión de una práctica en cuál casilla? ¿el médico, la comadrona, las mujeres o la evidencia empírica?
“Se han visto determinadas ONG y del MSPAS que están más atentas a los errores que a las acciones correctas acciones que son la mayoría; consideran que es error todo lo que hacen diferente a uno. En Guate, las comadronas han sido muy regañadas. Para trabajar en profundidad con las comadronas tradicionales hacen falta como premisas, la confianza y el idioma. No me gusta catalogar sus prácticas en acciones beneficiosas, inocuas, peligrosas o inciertas. Por ejemplo, realizan la versión externa, las sobadas, con gran cuidado y desenredan las vueltas del cordón. A una señora que ha atendido 500 partos no puedo decirle que no lo haga, es delicado. He visto que ellas lo hacen con un cuidado y con cariño. No son cosas que se hayan establecido definitivamente que sean malas. De las cosas que hago más énfasis es la higiene en el parto, pero existen límites, porque estén las casas como están, no hay agua, tiene su límite también la higiene durante el
parto”. (Ester de Quirós, 2002) Las capacitaciones y encuentros de comadronas
Antes, las comadronas eran también curanderas, pero para el MSPAS, el promotor sólo es preventivo y las comadronas sólo para atender embarazadas y partos.
En ASECSA, “las preparamos para trabajar en Materno Infantil y Salud Reproductiva. A partir de su legitimidad como partera se le amplía su trabajo a promotora de salud de mujeres y buscamos cambios en las actitudes y prácticas para disminuir riesgos. También que las antiguas y nuevas compartan experiencias, compartir las experiencias de ellas con las facilitadoras de los cursos. Es un reto adecuarlos a comadronas que vienen de diferentes lugares y tienen diferentes perfiles de trabajo. Priorizamos la atención del parto con los riesgos de la mujer y del recién nacido. Entre nuestras debilidades es la falta de monitoreo, el insuficiente acompañamiento a las comadronas”. (Rosario Tiú, 2002, facilitadora de comadronas)
Para PIES de Occidente (2000), su “visión de futuro” es que las comadronas se desarrollen integralmente para mejorar sus condiciones de vida y fortalecer el trabajo. Entre nuestros objetivos
Comadrona de las CPR del Ixcán.
las partes y otra en los pies, mientras rezaba jaculatorias y fumaba puros. Rezó sobre todos los presentes y preparó un altar con las candelas rodeando los puros. Quemó pom invocando la protección de Maximón y, sudando y exhausto dio por terminada la cura. Familiar: “Decía que a las 24 horas se va a ver el resultado de la medicina, pero no hay resultado, se fue”.
Para la mayoría de la población, no hay incompatibilidades entre unos y otros terapeutas e incluso algunos trabajadores de salud la han utilizado, así la Dra. Beth Curruchiche relata que “no sé lo que pasó con mi hijo, pero yo no le curaba y mi vecina dijo es “ojo” y me lo curó. Pensé si no le va hacer mal, que le hagan”.
Las comadronas
Las comadronas por el hecho de ser mujeres trabajando con mujeres las convierte en especialistas de mujeres y no sólo de embarazadas y parturientas. Este rol difícilmente pudo ser cubierto por las y los promotores de salud, mayoritariamente hombres, que dirigieron sus esfuerzos a abordar las enfermedades comunes y al relacionamiento con las autoridades locales.
Una de las razones del “mal necesario”, término con el que algunos médicos calificaron a las comadronas, ha estado en que las instituciones no han sido capaces de tener quién con igual accesibilidad que ellas para lograr las coberturas. ¿Cuándo el modelo biomédico y sus instituciones van a ser capaces en Guatemala de dar atención domiciliaria? ¿Qué pasaría en centros de salud y hospitales si a partir de mañana todos los partos fueran en sus servicios? El colapso sería total. Gracias a las comadronas estamos como estamos, sino sería peor.
Igual que el curandero y el ajq´ij´, para la elección de la comadrona son importantes el nawal, el “don”, los sueños... El nacer en un día señalado o cubierta de membranas pueden ser las señas de futura comadrona, los sueños de flores también. En la actualidad, la elección de ser comadrona está bastante abierta en las comunidades a las mujeres que quieran serlo por decisión propia.
La bibliografía consultada refiere que a las ONG-Iglesias-MSPAS les ha sido más fácil la relación con las comadronas que con otros terapeutas comunitarios históricos, por la subalternidad asumida como mujeres y que el sentido para ellas del relacionamiento con estas instituciones es para las “tradicionales” acceder a recursos, mientras que para las nuevas comadronas tanto el acceso a los cursos para adquirir los conocimientos como a los recursos.
La relación puede asumir formas de coordinación, coexistencia, asimilación, subordinación, modificación y exclusión. No necesariamente las parteras más reconocidas son las que tienen relación con los doctores, sino las que reconocen ventajas en ello.
En la terminología y tipologías de comadronas se identifican las comadronas tradicionales con “don”, las parteras empíricas que por necesidad y sin “don” han aprendido en la práctica y las comadronas capacitadas por las diferentes instituciones de salud, algunas con “don” y otras sin “don”.
En Rabinal, Gloria González (trabajadora de ASECSA) refiere que “muchas promotoras mujeres son también comadronas y curanderas. Lo que más pesa es la transferencia de la mística familiar. La mitad de las comadronas son por el don y continúan reproducción el rol y conocimientos familiares y la otra mitad han sido elegidas por la comunidad y no tienen don”.
Ester de Quirós (2002), médica con muchos años de trabajo con comadronas en la ONG Ceiba, reconoce dos enfoques mayoritarios en el trabajo institucional con las comadronas, una conocida como la línea de UNICEF (1986), que fue propuesta al MSPAS en los años 1988-89 y en el que se refuerza el parto en casa y donde las comadronas deben conocer los riesgos. La comadrona no
los riesgos de la madre y el niño. Para Freyermuth (2002) “todo parto es riesgoso y además de que las comadronas conozcan las señas de los riesgos quiere que la población esté sensibilizada a la mortalidad materna y esté organizada para evitarla”.
Para Ester de Quirós, “las casas maternas deben abordar partos con riesgo, estar cerca de la gente y que los centros de salud tengan la infraestructura para la intervención médica y quirúrgica que ahora solo tienen los hospitales. La comadrona debe seguir haciendo sus visitas domiciliarias, viendo cómo es la casa, el ambiente donde vive, cuantos patojos tiene, cómo es el marido, su situación económica, dando una atención integral a la embarazada y su familia”. Hoy por hoy, “las mujeres embarazadas le temen al hospital, más bien creo es a la cirugía porque una vez operadas, cesárea, no van a poder hacer los oficios de la casa”, además “los servicios de salud son discriminadores y maltratadores, por lo que esto es otro obstáculo”.
En PIES “tenemos una Casa materna en Concepción Chiquirichapa, donde las comadronas rotan en los servicios de labor y partos. Se atiende partos que valoran sin riesgo pues de lo contrario