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Deciding Whether to Sign a Learning Agreement

Regina en Bogotá. La gente se comprometió con el padrecito y el miércoles 15 de octubre ocurrió la ―invasión avícola‖, como la denominó Indalecio Rodríguez: ―el miércoles célebre, poco después de las dos de la madrugada, alguien golpeó a la puerta de la casa cural. Era un campesino que le llevaba al ‗padrecito‘, como llamaban al coadjutor Salcedo, la gallinita que había pedido. Cuando la persona que abrió la puerta apenas si acababa de recogerse nuevamente en su lecho, se oyeron nuevos golpes en la puerta. Era otro campesino con su pollo para el ‗padrecito‘. Y siguieron golpeando durante toda la madrugada. Pronto el cuarto de la parte trasera de la casa donde fueron colocados los primeros, se llenó de animales, y los que llegaron después empezaron a ser dejados en el patio y también éste pronto estuvo lleno. A media mañana el desfile interminable seguía y las donaciones se habían convertido en un problema sanitario en la casa cural. Una vez más se vio que la excesiva generosidad puede a veces ocasionar serias complicaciones involuntarias. La invasión avícola culminó con una medida de emergencia: 1.400 pollos y gallinas […]‖11.

Luis Alejandro recuerda el trabajo que representó ese inicio: ―Para la construcción del teatro, Salcedo hizo el primer horno del pueblo. Mi tía, la maestra y primera profesora locutora de la escuelas radiofónicas del mundo, María del Rosario Lezaca, tenía un chircal y también un colegio en Bogotá, el Liceo Femenino de Ciencias y Letras de María del Rosario Lezaca. Salcedo aprendió a hacer ladrillo con ella y empezó el horno donde ahora es el campo de basquetbol del Instituto. El tipo, para que rindiera más la preparación del ladrillo, hizo un hueco en el piso, porque él necesitaba eso antes de un mes. Muchos de los campesinos intervinieron en los desfiles de ladrillo, cargándolos desde allá arriba hasta donde estaba la construcción. También mi tío ingeniero, hermano de María del Rosario, Guillermo Lezaca, ayudó en la obra. Él fue el que hizo los planos del teatro y con su empresa, ‗Tejeiro y Lezaca‘, le consiguieron cemento para la obra. Recuerdo que tuve que hacer un viaje y echar pata desde Chocontá hasta un corregimiento cerca, Santa Rosita, para conseguir carbón y echarlo al horno, todo por la construcción de la Obra. Pero para eso se necesitaban recursos, y se empezaron a organizar bazares en distintas veredas, que las rifas, que los tamales, que las arepas‖.

16 de noviembre de 1947: Música de cuerda.Primera transmisión cultural, salió al aire el primer programa cultural. ―Este tipo, te estaba contando, vio que el radio le funcionaba para llamar a la

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gente y para mandarle razones y organizar los bazares, y entonces se consiguió tres radios de pila, es decir de batería grande, eso no existía en ese entonces. Y realizó las primeras transmisiones a la vereda de Irzón. El conjunto musical de los hermanos Castillo hizo la transmisión a Cartago de ese programa cultural al señor Gabriel Hoyos Pinto, con quien nos comunicamos hasta las 11 y media de la noche. Nosotros tuvimos comunicaciones con toda la gente. Yo me acuerdo que yo hice una comunicación con Johannesburgo y con Cape Town, la ciudad más al sur de Sudáfrica‖.

22 de diciembre de 1947: Lunes: Montones de diligencias. A las 3 de la tarde tomamos el bus El Guatecano y vamos a Guateque. Cama a las 11. Se cae la casa a la 1 y 30 de la mañana. ―Recuerdo que esa noche Salcedo me despertó a patadas, ―ola, levántese que esto se está cayendo‖. Me desperté y, sí, me estaba cayendo tierra en los ojos. Me levanté, todo traqueaba, y empezamos a sacar las cosas fundamentales: la máquina de cine, el transmisor, todo lo importante. Y la casa se cayó. La casa cural sencillamente se escurrió. Pero donde vivía el cura Pinto no pasó nada, solo fue en la pieza de Salcedo, el comedor, la despensa y una parte de la cocina. En frente había una piecita donde guardábamos el cemento y ahí amanecimos. Al día siguiente muy amablemente nos llevaron a la casa de Eliseo Bernal, donde nos instalamos y montamos el transmisor. Ahí pasamos el 24 de diciembre. Pero a Salcedo alguien le había dicho que Bernal tenía el mal de San Lázaro, que era frecuente en la región, y que debíamos trasladarnos. Así que el 25 de diciembre nos fuimos a la casa de Ramón Bulla y doña Ema Quintana de Bulla. Ahí volvimos a montar el transmisor y desde entonces se denominó la ―Primera casa‖ de las escuelas radiofónicas‖.

Estas fueron la acciones fundacionales de los campesinos, pero solo después de 2 años se dieron las bases jurídicas de la Institución, y ―el objetivo específico se estableció en el artículo 3° de los Estatutos aprobados por Resolución No. 260 del 18 de Octubre de 1949, del Ministerio de Justicia en la siguiente forma: Acción Cultural Popular tiene por fin la educación integral cristiana del pueblo, especialmente de los campesinos adultos, mediante las Escuelas Radiofónicas […]”12. Así se obtuvo la personería jurídica civil. ―[…] en el Acta No. 2, suscrita el 18 de enero de 1950, se anotó lo siguiente: Para cumplir el artículo 4º de los Estatutos, el P. Salcedo presentó la lista de los socios fundadores, que fue aprobada, y se convino en que se le daría un diploma que hiciera constar este carácter a todos aquellos cuyo aporte hubiera sido superior a $10.oo. Este diploma se les entregará en la reunión que se haga con todos en Sutatenza para informarlos de las labores de la

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corporación y para que elijan su representante de nuevo o confirmen el nombramiento del Dr. Fernández de Soto‖13, quien era el abogado asesor para la elaboración de los estatutos.

Hoy, en algunas de las casas de Sutatenza se cuelga este diploma, como en la de Jerónimo Carranza, que lo acredita socio fundador, el 13 de julio de 1950, y lo firma el presidente de la Junta Directiva, Crisanto Luque, Obispo de Tunja. Él había sido uno de los tantos campesinos que había ayudado a Salcedo con terreno, dinero y trabajo. También su esposa, Elvinia Alfonso de Carranza, había ayudado en la organización de bazares y estaba en el comité de comida. José Marcelino Salcedo, había donado dinero, y su trabajo había sido arriar bueyes. Rosa Solano de Candela había cargado ladrillos. Muchos campesinos más trabajaron, pero en el acta no quedaron registradas sus cédulas. Poco después, por Decreto Episcopal se le otorgó un carácter canónico y así se obtuvo la personería jurídica eclesiástica en 1951 por disposición del entonces obispo de Tunja, Ángel María Ocampo.

Y la semilla ha dado sus frutos

La voz que salía de aquel aparato desconocido para los campesinos empezó a ser familiar, se convirtió en la voz amiga. Era la de aquel curita que había amarrado en los palos del naranjo sábanas para proyectar cine, el que hablaba sencillo y miraba a los ojos. La persona que les daba la mano y los abrazaba. Era quien les había levantado la dignidad y explicado que vivieran bien, como buenos cristianos. Que si querían votar que se capacitaran y aprendieran a decidir por sí mismos. ―El subdesarrollo está en la mente del hombre‖ era una de las consignas, porque él es inteligente, es capaz. Sólo en sus manos está el vencer las barreras que le impiden desarrollarse.

Salcedo creyó en los campesinos y los invitó a que creyeran en ellos mismos. Por eso vio en cada hombre y mujer un puente de comunicación entre el ―profesor del aire‖ y los radioescuchas. Y lo llamó Auxiliar Inmediato, le entregó unas tizas, barniz para el tablero, unas láminas, después unas cartillas, libros, discos, un riel como campana para avisar el inicio de las clases; pero, sobre todo, le dio la confianza y una misión por la que aprendió a ser más responsable, porque se vio como un agente que podía transformar a su propia comunidad.