CHAPTER 4 MITIGATION TECHNIQUES
4.2 Defense Techniques
intergeneracional de la pobreza
Los esfuerzos y las inversiones destinados a incrementar los logros educativos mediante la reducción de las tasas de deserción y repetición tienen diversos efectos positivos en términos de reducir la pobreza y la desigualdad. Primero, porque dado que la repetición y deserción escolares más agudas se dan en los grupos más vulnerables (pobres y, sobre todo, pobres de las áreas rurales), el apoyo a la continuidad beneficia a estos grupos y tiene, por ende, un sesgo de redistribución progresiva.
Segundo, porque los mayores logros educativos tienen apreciables retornos intergeneracionales, dada la alta incidencia del nivel educacional de los padres y, sobre todo, de las madres, en el rendimiento educativo de los hijos. Mejorar por esta vía el clima educacional de los hogares cuyos jefes futuros serán los actuales educandos, produce un efecto favorable en el desempeño educacional de los niños y jóvenes de la próxima generación, reduce los niveles de deserción y repetición, y aumenta el número de años de estudio completados, junto con permitir que se cursen en forma más oportuna.
Tercero, existe una evidente correlación entre el aumento de la educación de las mujeres pobres y las mejores condiciones de salud de sus familias en el futuro, pues la escolaridad de las mujeres es un factor determinante de la reducción de la mortalidad y morbilidad infantiles, el mejoramiento de la salud y nutrición familiares, y la disminución de las tasas de fecundidad.
Lo anterior pone en evidencia el papel crucial de la educación en la superación de la reproducción intergeneracional de la pobreza. El efecto de la educación en este ámbito es triple: mejora el ambiente educacional de los hogares futuros y, con ello, el rendimiento educativo de las próximas generaciones; incide positivamente en la salud reproductiva e infantil y,
por último, permite una mayor movilidad socio- ocupacional ascendente de quienes egresan del sistema educativo. A mayor nivel de educación formal, menor es la probabilidad de ser pobre o caer en la pobreza. Por otra parte, la educación es el principal expediente para superar tanto la pobreza como las causas estructurales que la reproducen: baja productividad en el trabajo, escaso acceso a las herramientas de la vida moderna, marginalidad sociocultural, mayor vulnerabilidad de las familias en el plano de la salud, y discontinuidad y bajos logros en la educación de los hijos.
Al examinar el número promedio de años de estudio tanto de los jefes como del conjunto de los miembros del hogar ocupados, se advierte un alto grado de correspondencia entre la distribución del ingreso y la distribución de la educación: a mayor nivel de educación, mayor nivel de ingresos percibidos. Lamentablemente, el 80% de los jóvenes urbanos proviene de hogares cuyos padres cuentan con un capital educativo insuficiente (menos de 10 años de estudio), y entre un 60% y un 80% de ellos no alcanza el umbral educativo básico para acceder al bienestar que actualmente exige, dependiendo de los países, alrededor de 12 años de estudio (CEPAL, 1997b, p. 59).
Esto significa que aproximadamente entre un 48% y un 64% de los jóvenes latinoamericanos de zonas urbanas ven restringidas sus oportunidades futuras ya en su hogar de origen, y la situación de los jóvenes que viven en áreas rurales es aún más crítica. Esta elevada proporción de jóvenes que heredan una educación insuficiente, se traducirá a lo largo de su vida en empleos mal remunerados, lo que prefigura desde ya limitaciones a sus oportunidades de bienestar propias y de los hogares que formen (CEPAL, 1997b, p. 143). Así, dependiendo del país, entre un 72% y un 96% de la familias en situación de pobreza o indigencia tienen padres con menos de nueve años de instrucción, en promedio. Por lo
Gráfico 4.1
12 AÑOS DE ESTUDIO: UN CAPITAL EDUCATIVO MÍNIMO PARA ACCEDER AL BIENESTAR
(Áreas urbanas)
Ingreso promedio en valores
de la línea de pobreza (LP) Porcentajes de no pobres
10 8 6 4 2 0 0 a 2 3 a 4 5 a 6 7 a 8 9 a 11 12 a 13 14 y más
Número de años de estudio
Brasil, Colombia, Honduras, Paraguay, Venezuela
100 80 60 40 20 0
Ingreso promedio en valores
de la línea de pobreza (LP) Porcentajes de no pobres
10 8 6 4 2 0 0 a 2 3 a 4 5 a 6 7 a 8 9 a 11 12 a 13 14 y más
Número de años de estudio
Chile, Costa Rica, Panamá, Uruguay
100 80 60 40 20 0 Países Ingreso promedio en LP Porcentaje no pobres
Fuente:CEPAL, sobre la base de tabulaciones especiales de las encuestas de hogares de los países.
Gráfico 4.2
LAS DESIGUALDADES EDUCACIONALES SE TRANSMITEN DE PADRES A HIJOS: JÓVENES DE 20 A 24 AÑOS DE EDAD QUE COMPLETARON AL MENOS 9, AL MENOS 12 Y AL MENOS 14 AÑOS DE ESTUDIO,
SEGÚN NIVEL EDUCACIONAL DE SUS PADRES (Áreas urbanas, 1980-1994) Porcentaje 100 80 60 40 20 0 0 a 5 6 a 9 10 a 12 13 y más
Promedio de años de estudio de los padres Brasil, Colombia, Honduras,
Paraguay, Venezuela
Al menos 14 años Al menos 12 años Al menos 9 años
Año inicial Año final
Promedio Porcentaje 100 80 60 40 20 0 0 a 5 6 a 9 10 a 12 13 y más
Promedio de años de estudio de los padres
Chile, Costa Rica, Panamá, Uruguay
Al menos 14 años Al menos 12 años Al menos 9 años
Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulaciones especiales de las encuestas de hogares de los países.
tanto, las personas que provienen de hogares con escasos recursos suelen cursar ocho o menos años de estudio y, en general, no superan la condición de obrero u operario, con un ingreso mensual promedio cercano a 2.5 líneas de pobreza, lo que es insuficiente para asegurar el bienestar familiar. Por el contrario, quienes crecen en hogares con más recursos por lo general cursan 12 o más años de estudio, lo que les permite desempeñarse como profesionales, técnicos o en cargos directivos, o bien en ocupaciones de categoría no inferior a empleado administrativo o vendedor, con un ingreso promedio mensual superior a 4 líneas de pobreza (CEPAL, 1997b, p. 74) (véase el gráfico 4.1).
La persistente desigualdad en el acceso a la educación, asociada al estrato social de origen, indica que en gran medida las oportunidades quedan determinadas por el patrón de desigualdades prevaleciente en la generación anterior. En efecto, pese a la importante expansión educacional registrada en la región, en los últimos 15 años se mantuvieron las acentuadas desigualdades entre las posibilidades de los jóvenes de diferentes estratos sociales de completar el ciclo secundario. Actualmente, sólo alrededor de 20% de los jóvenes cuyos padres no completaron la educación primaria logran terminar dicho ciclo; en cambio, ese porcentaje supera el 60% entre los hijos de padres que
cursaron al menos 10 años de estudio (véase el gráfico 4.2). Esto se traduce en un alto grado de rigidez de la estructura social, debido a que el escaso nivel de educación alcanzado por muchos jóvenes bloquea su principal canal de movilidad. Más aún, esta desigualdad limita seriamente las posibilidades de mejorar la distribución del ingreso en el mediano plazo, debido a que el capital educacional (número de años de estudio y calidad de la educación) constituye para la mayoría de la población el principal recurso para su inserción laboral y movilidad social futuras (CEPAL, 1997c, p. 65). Dado que esta relación no mejora a lo largo del tiempo, se convierte en un mecanismo reproductor tanto de la pobreza como de la inequidad.
Además, el incremento del promedio de años de escolaridad de los jóvenes durante las recientes décadas, en comparación con el de sus padres, ha sido insuficiente para mejorar las oportunidades relativas de los jóvenes de estratos sociales pobres. Más aún, los jóvenes que provienen de familias de ingresos bajos perciben ingresos que son inferiores en un 30% a 40% a los de los jóvenes del mismo nivel educativo, pero provenientes de hogares cuyos padres tienen ingresos mayores. En consecuencia, el aumento del nivel educativo es una condición necesaria, pero no suficiente, de la mayor igualdad de oportunidades.