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Las entrevistas realizadas a la directora, la trabajadora social y los educadores del programa, permitieron mostrar un panorama más conciso acerca de los objetivos del programa, una amplitud en las actividades que se realizan frente a la vinculación de menores en el conflicto armado, sus herramientas de evaluación, y su evolución. Por otra parte, proporcionaron un punto de vista más integral acerca del fenómeno del asistencialismo, de la pobreza como un asunto mental, y de la importancia del trabajo conjunto con otras organizaciones en beneficio de la comunidad en este sector.

Se acordó que el fin último del programa era prevenir que niños, niñas y jóvenes abandonen su hogar y permanezcan en las calles. En este sentido, se realizan con ellos diversas actividades que fomentan su desarrollo integral, aprovechando su tiempo libre y previniendo que estén expuestos a diferentes tipos de riesgos sociales tales como la vinculación al conflicto armado. Las actividades que se realizan se basan en un modelo pedagógico que cuenta con 4 fases. La primera es la fase de conciencia donde el menor se involucra con un ambiente de reglas en el programa y que posteriormente, va replicando en su contexto, bien sea su hogar o su colegio. La segunda es la de responsabilidad, aquí se trabaja historia de vida, proyecto de vida, formación en valores e identificación de habilidades. La siguiente, es el desarrollo de habilidades donde éstas se potencian por medio de los talleres y finalmente la de autonomía, en donde se les brindan herramientas más concretas a los menores, para que se proyecten como líderes en sus comunidades y en su vida en general. Aun cuando el proceso está diseñado para un año, existen casos de menores en los cuales continúan en el proceso porque es muy difícil generar procesos de autonomía y liderazgo en un periodo tan corto, además porque los menores van evolucionando de manera diferente.

De manera positiva se percibe que con las familias se trabajen pautas de crianza y resolución pacífica de conflictos, que conozcan sus derechos, para que el proceso en niños, niñas y jóvenes, se desarrolle de manera integral; es decir, teniendo en

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cuenta su núcleo familiar, el colegio y la comunidad. No vale de nada trabajar con la infancia proyecto de vida, cuando en sus casas sus padres los maltratan físicamente, en su colegio verbalmente y en su comunidad solo ven violencia. Entre otras cosas, el programa ofrece un refrigerio que contiene todos los elementos de una dieta balanceada y un suplemento vitamínico para los que padecen de desnutrición crónica. Si bien es cierto, que en algunas ocasiones este alimento constituye la única comida diaria de algunos, también se ve que a veces ellos rechazan este alimento. De aquí se puede inferir que pueden estar recibiendo un alimento en otra organización, o que en su misma condición de desnutrición crónica, no les apetece un alimento.

Uno de los problemas más destacados es el conformismo de la comunidad. El programa ofrece capacitaciones en diversos oficios, pero estas generalmente no son aceptadas por la comunidad, aún cuando existen asesorías y apoyos económicos para la conformación de microempresas. No obstante, se intenta mostrarles a las familias que existen otras condiciones y estilos de vida; se les inculca que tienen habilidades que deben aprovechar y desarrollar. En este sentido, se ve que los subsidios que les ofrece el gobierno en su condición de desplazados y que se han visto como beneficios, en la realidad no lo son, por que han aportado al empobrecimiento mental de estas comunidades y no les permiten progresar en el desarrollo de sus habilidades. Además de la pobreza como una cuestión mental y no material, se pone de presente que una mejor relación dentro de las familias en cuanto al diálogo, o el fin al maltrato infantil, también configuran como dinámicas que ayudan a superar la pobreza.

Es claro que el contexto de violencia afecta la convivencia en la familia, el colegio, la comunidad y afecta también la participación de niños, niñas y jóvenes en el programa. Existe un temor generalizado por las amenazas y las prácticas de limpieza social en el sector. No obstante, es muy interesante que se perciba que la participación de menores en el programa está ligada a la escaza cultura de participación ciudadana a nivel nacional y que en muchas ocasiones, la violencia

si afecta los procesos, pero también la falta de conciencia de participación, es lo que obstaculiza la asistencia a programas como este.

Entre las organizaciones más destacadas que trabajan en la zona se encuentran Fundación San Antonio Redes, Visión Mundial, Batuta, el trabajo de la universidad de Santo Tomás y los comedores comunitarios. Se vio con aprobación, la importancia de la coordinación, el trabajo conjunto y la existencia de convenios y coaliciones entre organizaciones. Se entiende que el trabajo individual quebranta el proceso en la comunidad ya que ésta sabe perfectamente que organización le da la comida, cual de la el mercado, cual le da la ropa, cual le da las tejas para su casa, en fin. Por esto, se ha insistido en que la realización de labores conjuntas pueden evitar todos estos procesos asistencialistas, se puede lograr una mayor conciencia en la comunidad y que esta empiece a cambiar su forma de pensar. Las organizaciones deberían tener la responsabilidad de ver cómo podrían mejorar sus procesos y como trabajar en red para ofrecer mejores servicios a la comunidad.