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DEGLVL* PROGNAME INST 13

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DEGLVL* PROGNAME INST 13

La antinomia explicación-comprensión es bastante conocida y les ha interesado mucho a quienes necesitaron justificar el status epistemológico de las ciencias económicas, de la sociología, de la historia y aun de la teoría y crítica literarias1. Comesaña (1996: 31-32; 2001: entrada de “Explicación”) relata el origen de este par tan comentado. En el siglo XIX los estudios humanísticos y sociales con pretensiones de cientificidad hacen que surja la pregunta de cuál es vínculo que estos estudios mantienen con las ciencias naturales, las que ya habían alcanzado un notable éxito explicativo y predictivo (cfr. VII, n.3, para el caso de la física). Con Auguste Comte como fundador, el positivismo del siglo XIX y sus continuadores en el siglo XX sostienen que la investigación social, para ser científica, tiene que tomar como modelo la que desarrollan las ciencias naturales. De esa manera podrá explicar los hechos “subsumiéndolos bajo leyes generales” (Comesaña 1996: 32).

La reacción antipositivista2 es bastante esperable. Si se sigue la argumentación de Comte, las investigaciones sociales están obligadas a aplicar los métodos de la biología, la física o la química. Por ello la reacción antipositivista propone lo siguiente: el objetivo de las ciencias naturales es la explicación de los hechos del mundo natural mientras que el objetivo de las ciencias sociales es la comprensión de los hechos del

mundo social. De este modo, las ciencias naturales explicarán, por ejemplo, por qué se caen los objetos pesados cuando los soltamos, por qué los cactus tienen espinas o cuáles son las características del oro en estado natural. Por su parte, las ciencias sociales podrían ayudarnos, por ejemplo, a comprender las modalidades y las razones que llevan al suicidio, las motivaciones de la oferta y la demanda o los factores que inciden en los movimientos migratorios. En este sentido, es conocida la expresión de Dilthey “ciencias del espíritu” para hacer referencia a las investigaciones en las cuales se usa el método de la comprensión. Los “comprensivistas” de hoy pretenden atenuar el sesgo psicológico y focalizan el concepto de intencionalidad, i.e., un concepto de naturaleza semántica antes que psicológica3.

La teoría positivista de la explicación sostiene que explicar un hecho es demostrar que se trata de un caso particular de una ley general, y explicar una ley es mostrar que se sigue de otras leyes o que se relaciona con ellas. Carl Hempel, que mantiene los lineamientos generales del positivismo, presenta un modelo de cobertura legal según el cual los hechos particulares se explican a partir de su inclusión en leyes generales (1965: 247-252; 1966: 76-93). Según Hempel, hay dos tipos de explicación: las explicaciones nomológico-deductivas (N-D) y las explicaciones probabilístico- inductivas.

La ciencia intenta dar explicaciones de hechos que ocurren en el mundo. Cada uno de esos hechos puede denominarse fenómeno explanandum y el enunciado que lo describe, enunciado explanandum. Las explicaciones nomológico-deductivas, como su nombre lo indica, son argumentaciones deductivas en cuyas premisas están los enunciados que expresan leyes. La conclusión es precisamente el enunciado

explanandum. Entre las premisas están, además de las leyes generales, los enunciados acerca de hechos concretos. El siguientes es un esquema de la explicación N-D:

L1, L2, ..., Lr

Enunciados explanantes

C1, C2, ..., Ck _________

Explanandum

La física muy frecuentemente provee este tipo de explicaciones. Un ejemplo relativamente sencillo es éste: ¿Por qué se cae una piedra si la suelto? Ese es el hecho

explanandum, expresado por medio del enunciado ‘La piedra se cayó cuando la solté’. La ley en la cual se puede incluir este hecho es la famosísima ley de la gravitación universal formulada por Newton: “Dos cuerpos se atraen mutuamente con una fuerza directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de sus distancias”. Como la masa de la piedra es inmensamente más pequeña que la de la tierra y está muy cerca de su superficie, la piedra, al igual que otras objetos, se ve atraída por la tierra. Las explicaciones N-D satisfacen el requisito de relevancia explicativa porque la información que proporcionan implica deductivamente el enunciado explanandum.

• Premisa 1, enunciado explanante 1 (ley): Dos cuerpos se atraen mutuamente con una fuerza directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de sus distancias.

• Premisa 2, Enunciado explanante 2 (hecho concreto): Solté una piedra (i.e., un cuerpo).

• Conclusión, explanandum: La piedra se cayó (Se deduce de las dos premisas).

Por otra parte, las explicaciones N-D también cumplen el requisito de contrastabilidad, porque el explanans implica que en las condiciones especificadas se producirá el fenómeno explanandum.

Ahora bien, la ciencia a veces no dispone de explicaciones N-D, universales, sino de explicaciones “probabilísticas”. Muchas leyes de las ciencias naturales tienen forma probabilística. Por ejemplo, la desintegración radiactiva del polonio218 se da en un tiempo medio de 3.05 minutos. Lo que puede afirmarse es que un átomo de polonio tardará generalmente muy poco más de tres minutos en desintegrarse. A los enunciados generales de este tipo se los llama leyes probabilísticas. Aquí, estamos ante una explicación probabilística: el explanans implica el explanadum no con certeza deductiva sino sólo con cuasi-certeza o con un alto grado de probabilidad. Por eso se trata de una explicación de naturaleza inductiva. Un ejemplo de explicación probabilista es el que aparece a continuación:

• Premisa 1, enunciado explanante 1 (ley probabilística): La vida media del polonio218 es de 3.05 minutos.

• Reformulación de la premisa 1, del enunciado explanante 1 (ley probabilística): La probabilidad de que un átomo de polonio218 se desintegre radiactivamente en

3.05 minutos es de 0.5.

• Premisa 2, enunciado explanante 2 (hecho concreto): Se le aplicó radiación al átomo de polonio218.

Conclusión, explanandum: El átomo de polonio polonio218 se desintegró en muy poco más de tres minutos; digamos 3.05 minutos.

La diferencia entre los dos tipos de explicación es de naturaleza lógica. La explicación N-D es, precisamente, deductiva. Muestra que sobre la base de la información contenida en el explanans, se puede esperar el explanandum con certeza deductiva. Una explicación probabilista es de naturaleza inductiva (Hempel 1966: 92- 93): “se / limita a mostrar que, sobre la base de la información contenida en el explanans, el explanandum era de esperar con un grado de probabilidad, y quizá con certeza práctica”4.

El problema de la inducción no deja de estar presente cuando se habla de las diferentes explicaciones. Puede parecer que todas las leyes son probabilísticas porque el testimonio empírico en el cual se sustentan es, siempre, un conjunto de datos finito y lógicamente no concluyente, “que sólo puede conferirles un grado más o menos alto de probabilidad” (Hempel 1966: 102). Esto es cierto, pero no debe perderse de vista que la diferencia entre los dos tipos de explicación es de naturaleza lógica y no se refiere a la fuerza del apoyo empírico (cfr. nota 4).