• No results found

PSICOANÁLISIS

28. «Encontramos

siempre (en esos sueños) algún rasgo extraño que requiere un análisis y que puede muy bien significar una tendencia a manipular el recuerdo traumático en el sentido de un cumplimiento de deseo»

(III 307). De este modo, el

artilugio de lo

manifiesto/latente le per- mite al psicoanalista tener, de una manera inevitable, siempre la razón. Le basta con ir a buscar en el Inconsciente. 29. En este mismo orden de ideas, señalaremos que K. Gordon constata, al

término de una encuesta realizada con todo cuidado, que cuando se les pide a unos sujetos que recuerden sistemáticamente todos los episodios de su más primera infancia, los

recuerdos de

acontecimientos

desagradables son más numerosos que los demás. El freudiano por su parte no se pondrá por ello a dudar del principio según el cual las experiencias

penosas son con

preferencia objeto de la represión. Lo que dirá sin duda es que esas evocaciones no son sino «recuerdos encubridores», o sea Deckerinnerungen (Freud, I 531), que encubren acontecimientos de índole sexual o fantasmas reprimidos. Bastará con asociar e interpretar... y todo volverá al orden.

30. Pero volvamos al sueño. Fiel a su tesis de la Wunscherfülíung, Freud afirma que aquel que sueña con la muerte de una persona querida y siente pena por ello, desea

inconscientemente la

muerte de esa persona (II 254). Y añade: creo que todos los lectores que han tenido sueños de esa clase se horripilarán (a veces Freud parece adivinar efectivamente las cosas...). Será en nombre de esa lógica, que quiere que el Inconsciente no produzca sino deseos, como Freud interpretará, por ejemplo en su paciente H. Doolittle (1974:63), tanto el temor de verlo morir como el anhelo

de su muerte, y eso a pesar del hecho objetivo de que Freud tenía 77 años y que estaba afectado por un cáncer. Cuando la poetisa americana «se horripiló», Freud le hizo la precisión de que su temor escondía de hecho el deseo de evitar la cura analítica. Pero observemos que en el momento en que Freud le daba esa explicación, Doolittle estaba en análisis ¡desde hacía sólo una

semana! Pero la

interpretación se le imponía a la mente de Freud; y es que estas cosas son

«típicas»... Pero si

queremos ser exhaustivos en este tema, hemos de añadir que Freud afirma que los sueños de muerte en el curso de los cuales el sujeto no experimenta pena alguna no traducen el deseo

de muerte, sino que

esconden otro deseo, generalmente de orden sexual (II 254). Y esta tesis la justifica diciendo que el relato dicho por el soñante es generalmente mentiroso, y que sólo sus efectos son siempre verdaderos. Po- demos notar de pasada que esta tesis entra en contradicción con lo que Freud afirma en otro lugar, a saber, que un afecto puede ser enteramente suprimido (unterdrückt) «de suerte que ya no encontramos nada más de él» (X 255-6), o que «no le corresponde (en el sistema inconsciente) más que un rudimento que no ha podido alcanzar su desarrollo» (X 277).31. 32. L A INTERPRE TACIÓN PSICOANA LÍTICA b) El ejemplo *más nítido» ab) 123

33. Freud, que presenta gustosamente

ejemplos de sus propios sueños, declara que

recuerda solamente una

pesadilla (...lo cual no habría de sorprendernos

tratándose de un autor

que pretende que todos los sueños traducen

deseos). Pero antes de

exponer esa pesadilla, Freud (II 588) nos

recuerda que toda angustia neurótica tiene

un origen sexual. (Más

abajo hemos de volver sobre esta generalización

absolutamente abusiva).

34.El contenido de ese sueño penoso, que ocurrió cuando él tenía 7 años, es el siguiente: su querida madre, dormida, es llevada por personajes con pico de pájaro, y luego es tendida en una cama. Freud añade que se despertó de este sueño llorando y gritando. Treinta años más tarde, armado ya de su teoría, procedió a su análisis. Y éstas son las asociaciones que dio, y que nos conducen por tanto al

contenido oculto: Los

personajes fueron sacados de la ilustración de un

bajorrelieve funerario

que aparece en la Biblia llamada de Philippson;

este nombre le hace

pensar en Phiíipp, un chaval mal educado que le

había enseñado a Freud

la designación vulgar del coito: vogetn, palabra que

proviene de Vogeí, pájaro.

Y se da el caso de que los

personajes del sueño tienen la cabeza de

gavilán. Y sigue la idea de que «la expresión del rostro de la madre en el sueño era la del abuelo, a quien había visto pocos

días antes de morir, en

un estado comatoso, y roncando».

35. La primera

conclusión que saca Freud de ello es que el sentido del sueño debe ser la muerte de la

madre. La angustia es una prueba de ello. Pero

esa angustia, añade, no era una consecuencia del sueño (¿y por qué no?), sino que era efecto de la represión sexual. En definitiva, afirma Freud, el contenido del sueño no

podía tener otra naturaleza que la sexual.

Se trata, ya lo entendemos, de un deseo incestuoso.

36. De modo pues que Freud es una excepción a la ley general enunciada en el mismo libro 335 páginas antes, pues su sueño de la

muerte de su madre no

expresa el deseo de su muerte sino efectivamente

las ganas de satisfacer un

deseo sexual. Freud ni siquiera toma en conside- ración la posibilidad de aplicarse a sí mismo el principio según el cual «los sueños que representan la muerte de un pariente

amado significan lo que

ese contenido indica, a saber, el anhelo de ver

morir a la persona en

cuestión» (II 254), ¿Hemos de considerar esto como un hermoso ejemplo de «self excepting fallacy»? ¿O de ilustración poco hábil? S.

Le-claire, uno de los

príncipes del psicoanálisis parisino, no duda en co- mentar lo siguiente: «Aquí no hay ninguna duda: el

niño que es Freud sueña

que es la causa, no ya tan sólo de la muerte, sino de

la beatitud de su madre;

del mismo modo exactamente como él

había sido colmado por

ella, él sueña ahí que la ha

colmado (...) En ningún

sueño como en esta

pesadilla se nos presenta tan nítidamente el enigma

del cumplimiento del deseo,

término último del objetivo

que se propone el

psicoanálisis» (1968:50s; el subrayado es mío). No, no se trata de un mal ejemplo: Leclaire nos asegura que ni siquiera hay otro que sea

más nítido que éste. Merece

pues que lo examinemos

más de cerca.

37. LAS ILUSIONES DEL

PSICOANÁLISIS re

ud señala que su análisis se efectuó después de un plazo

de

30 años. La hipótesis que está

ahí implícita y que nosotros debemos

formular claramente es la de que el contenido latente se ha conserva

do perfectamente a través del tiempo y a pesar de haber permanecido en la ignorancia. Ese contenido se habría

conservado tan fielmente que le bastaron a Freud algunas asociaciones para hacer que apareciese.

Nos preguntamos ahora: si de acuerdo con las premisas freudianas, una

problemática inconsciente, vivida y estable, había de encontrar en el

sueño un cxutorío regular, ¿por qué entonces no tuvo sino una sola pe

sadilla? ¿Quedó resucito su complejo de Edipo en un abrir y cerrar de

ojos? ¿Y no habría provocado ya nunca más angustia? Hay algo que no

marcha bien en esa teoría del sueño...

2. Nos podemos preguntar también por qué Freud detiene tan rá

pidamente las asociaciones (alrededor de una página). ¿No nos había

enseñado el ejemplo de la

Inyección de Irma a enunciar

unas intermi

nables series de ideas? A decir verdad, Freud llegó esta vez muy deprisa

ahí donde quería llegar: a «la Muerte y la Sexualidad», como en el ejem

plo de Signoreüi, como en el ejemplo del número 426718, como prácti

camente en todos sus demás ejemplos. Y más exactamente en ese caso

partió de la idea de que la angustia tiene un origen sexual. De modo

que las asociaciones se

organizaron alrededor de ese tema. Constatamos

en esta ocasión que la

ausencia de criterios justificados de suspensión de las asociaciones no impide que el analista se detenga en el momento en que ha obtenido lo que quiere.

38. Por otra parte nos damos cuenta de que el

intérprete elige, en el flujo de las asociaciones, aquello que constituye una prueba de

s u h i p ó t e s i s , m i e n t r a s q u e d e j a d e l a d o a q u e l l o q u e a p a r e c e c o m o u n e s t

orbo. Así, en la interpretación final, Freud no tiene en absoluto

en cuenta la atmósfera mortuoria, que no obstante resulta evidente en las asociaciones, o incluso en el contenido manifiesto.

39. 3. Freud extrajo de la obra de sus predecesores dos claves que per

mitirían acceder al misterio de los sueños: los juegos de palabras y el

desciframiento de los símbolos. 40. Vamos a recordar por ejemplo que Maury, un pionero del estudio experimental de los sueños, había soñado con una banda de chauffeurs [ladrones que torturaban a sus víctimas con un hierro candente] cuando su colaborador le acercó al rostro un hierro caliente (citado por Freud, II 26). ¿Son frecuentes esas ambigüedades verbales? Tiene su interés recordar aquí que algunos ejemplos bonitos no prueban que todos los sueños hayan de interpretarse como simples juegos de palabras. La precaución recomendada por Voltaire y referida al valor premonitorio de los sueños vale para esta cuestión tanto como para muchas otras. Dice así: «Los sueños han sido siempre un gran objeto de superstición; no había nada más natural que eso. Un hombre que está afectado vivamente por la enfermedad de su amante sueña que le ve morir; entonces ella se muere al día siguiente: fueron por consiguiente los dioses los que le predijeron su muerte. Un general del ejército gana una batalla; y la gana efectivamente: los dioses le habían advertido de que sería el vencedor. Sólo se tienen en cuenta los sueños que se cumplieron; todos los demás son olvidados» {1769, p. 393).

41. \ 42.

43. LA INTERPRETACIÓN

Related documents