r a l e s de la Universidad medieval, lo que se llamaba el Quadrivium. 2: me recuerda la oposición entre el Quadrivium y el Trivium, así como la dualidad k) 88
de las ciencias naturales y las ciencias humanas. 6: es el número de cursos que imparto en la Universidad de Lovaina. 7: es el número de cursos que imparto en total. Doy 1 curso en las Facultades Universitarias Saint-Louis (Bruselas). 1 es también el número de cursos que quisiera dar además de los que ya imparto: 8 me parece en efecto un máximo. 426718: sí salen las cuentas.
283. Segunda variante, más orientada ésta en un sentido freudiano. 42: evoca el número del inmueble en el que estuve viviendo antes de tener mi propia casa. Se trataba de un piso cuyos propietarios eran mis padres. 67: es la edad de mi padre. 18: la edad que tenía cuando empecé a ir a la Universidad y dejé de vivir con mis padres. La ausencia del 3 y del 5 (recuérdese la observación de Freud: «le llamo la atención sobre el hecho de que el número de seis cifras que eligió contiene todas las primeras cifras excepto el 3 y el 5») se explica con facilidad: el tranvía n.° 35 era el que conducía a los cuarteles de Etterbeek, recuerdo de mi servicio militar, la época en que mi libertad estuvo muy obstaculizada. Así queda rizado el rizo, y el vínculo entre todos esos elementos es «evi- dente»: mi padre que envejece, la edad a la cual abandoné la casa de mis padres para ir a Ja Universidad, el piso alquilado a mis padres, el servicio militar... Debe tratarse del problema de mi acceso a la autonomía, o en pocas palabras, los complejos de Edipo y de Castración.
284. Se puede encontrar sin grandes dificultades una infinidad de encadenamientos asociativos tan «plausibles» como el que presentó el paciente de Freud.
285. El lector observará que mis dos cadenas de asociaciones aparecen como coherentes. ¿Es eso resultado de la alquimia inconsciente? Podemos decir con toda simplicidad que las primeras
ideas inducieron las siguientes.
En la primera variante empecé e v o c a n d o l a U n i v e r s i d a d , y l a s a s o c i a c i o n e s q u e s i g u i e r o n s e f u e r o n o r g a n i z a n d o a lr
ededor de este tema. En la segunda pensé en el piso de mis padres y lo siguiente se derivó de ahí. Las asociaciones no se hacen a! azar, pero es inútil postular un complejo subyacente previo para explicar su sucesión. 286. 2.° Si queremos comprender aún mejor el carácter arbitrario del vínculo postulado por Freud entre el «significante» y el «significado» podemos emprender también ^la operación inversa de la precedente, es decir, partiendo de unos contenidos manifiestos diferentes, desembocar sin la más mínima dificultad a un contenido latente dado. Para hacerlo voy a tomar aquí los primeros números que me pasen por la cabeza: los números de teléfono de mis tres lugares de trabajo: el lugar de Louvain-la-Neuve (418181), la Facultad de Medicina de Louvain- en-Wolu-we (7623400), y las Facultades Saint-Louis en Bruselas (2177653).
287. ¿Qué podrá asociar, _a partir del primer número, un buen alumno del profesor Freud? (Voy a reproducir en itálicas las frases que tomo literalmente del caso de Freud.) 4 + 1 = 5; 4 — 1 = 3 . «Somos 7
hermanos, yo soy el menor. El 5 corresponde al número de orden de mi hermano L., el 3 a
288.
I
289. 290. LA INTERPRETACIÓN PSICOANALÍTICA 89 291. m i h e r m a n a A ., e t c . » A l g ú n l e c t o r p o d rí a o b j e t a r q u e e st a s u m a y q u e e st a r e st a s o n a rt if i c i ales. Pero el paciente de Freud multiplica (42 = 6 x 7) y suma (7 + 1 = 8) y Lacan afirma que todas las operaciones de la aritmética producen números que simbolizan la historia del sujeto (1966:269).
292. Durante la pausa que sigue, el analista llama su
atención sobre el hecho de que el número de seis cifras que ha sido elegido contiene todas las primeras cifras excepto 2, 3, 5, 6 y 7. A partir de ahí el paciente encuentra sin tardanza la continuación de la interpretación: (...) *mi hermana A. y mi hermano L. eran mis 2 enemigos ( . . . ) 3 y 5, el hermano malvado y la hermana detestada han sido omitidos».
293. «El 6 y el 7 recuerdan un chiste: cuando se cuida médicamente un resfriado, éste dura 42 días... en otro caso 6 semanas... 6 x 7 = 42.*
294. El analista
interviene de nuevo: «SÍ el
número representa la serie de sus hermanas y hermanos, iqué ha de representar el 81.81 que se encuentra al final? Ustedes no eran más que 7». Respuesta:
«Sí hubiese habido 1 niño más
hubiésemos sido 8, etc.».
Podemos pues concluir:
«Hablando propiamente, el conjunto del número correspondía a la realización de los dos deseos infantiles en relación con su circulo familiar,
etc.». La repetición del 81, relativa a la muerte del padre, se explica fácilmente: se trata de la «compulsión de repetición» que caracteriza a la «pulsión de muerte»...
295. Segunda variante: el
número de teléfono de Louvain-en- Woluwe, 7623400. 296. 76: *¿Cuáles son las
ideas que se me ocurren al respecto? En primer lugar
297. un chiste que oí: "Cuando se cura médicamente un resfriado, éste dura 42
298. días; cuando no se lo cuida, 6 semanas". Esto corresponde a las primeras
299. c i f r a s d e l n ú m
e r o 7 x 6 — 4 2 » . 300. 2: En el círculo familiar, tenía 2 enemigos: mi
hermana A. y mi hermano L. Cuando era niño le rezaba a Dios cada noche, etc. 3: corresponde al número de orden de mi hermana A. 4: el
paciente no dice nada. ¡Signo de resistencia! Para
desbloquear la situación el analista llama su atención
sobre el hecho de que el número ele-gido contiene todas las primeras cifras excepto 1, 5 y 8. A partir de ahí encuentra sin tardanza la continuación de la
interpretación. «Somos 7 hermanos, yo soy el menor. El 3 corresponde al número de orden de mi hermana A., y el 5
a m i h e r m a n o L . , e t c . » E l 1 y e l 8 : H e p e n
sado a menudo que si mi padre hubiese vivido más tiempo, etc.
301. 00: las últimas cifras confirman la interpretación. El padre murió (=0), el 8.° hijo no fue procreado (=0). Ese doble cero significa pues el problema de la muerte y el de la impotencia sexual del padre.
302. Me parece inútil detallar las asociaciones a partir del 3." número de teléfono (2177653). Los 2 enemigos han sido arrojados (...al final del número): 5 y 3. Los grupos l - f 7 y 7 x 6 n o ofrecen dificultad ninguna de interpre- tación... Las ilustraciones pueden por lo demás encontrarse ad infinitum.
303. En conclusión, Freud cree asistir a una deriva
regresiva, simétrica al trabajo
del inconsciente. El psicólogo en cambio estima que sólo se trata ahí de una deriva
progresiva en el curso de la
cual los recuerdos vienen con
posterioridad a «adherirse» a
los elementos supuestamente significativos. No cabe la menor duda de que Freud, su paciente y sus discípulos son víctimas de una ilusión
retrospectiva. 304.90 305.L 306. L 307.9 1 308. 309.c) Las interpretaciones del analista 310. El analista tiene como misión la de explicar las palabras del analizado, y de arrojar tanta luz como pueda sobre el porqué de las asociaciones y por lo tanto sobre las causas del contenido sintomático. El analista no se limita a emitir unos enunciados descriptivos, que repitan en otras palabras las asociaciones del analizado, sino que formula unos enunciados interpretativos o explicativos que se supone que han de revelar la verdad que no es aparente.
311. Si volvemos al ejemplo que hemos
analizado, podremos
localizar las operaciones efectuadas con vistas a la interpretación final.
1. El analista selecciona, es el arbitro de la situación.
No es éste
el único caso en el que Freud «para simplificar ha suprimido algunas
otras asociaciones
intermedias del paciente» (IV 277, nota). Ya sea para
interpretar o para publicar el caso, el analista elige lo que juzga que será
revelador; el resto es considerado como
«superficial», es la corteza, algo
fútil.
2. El analista transforma los elementos. £1 escucha la «palabra ver
dadera» bajo sus disfraces y restablece la verdad última. Así, en el caso
que estamos examinando, el paciente dice en broma que no se puede cui
dar médicamente un
resfriado («einen Schnupfen arztlich behandeln»)
y expresa por otra parte la pena que le produce la muerte de su padre. Freud deduce de ello el
desprecio para con los médicos («HO/IM gegen die
Árzte»).
3. El analista introduce ciertas relaciones. El paciente del que habla
mos evoca por una parte el anhelo de que mueran uno de sus hermanos
y una de sus hermanas y por otra parte la pena de la muerte del padre.
En el enunciado de Freud esos dos elementos son combinados para for
mar uno nuevo: «que ambos estén muertos en lugar del padre».
312.Hay un malentendido que tenemos que disipar. También el psicólogo científico hace de igual modo una selección de aquello que cree importante, explícita unos elementos y establece unas relaciones. No obstante en varios puntos esenciales se distingue claramente del psicoanalista. El psicólogo científico sabe que «construye», mientras que Freud cree en este caso estar resucitando un pasado reprimido. Para aquél, las construcciones son hipótesis de trabajo, mientras que el psicoanálisis no tiene sino muy pocas dudas, o ninguna, acerca de lo justo de su interpretación. En la exposición de este caso Freud escribe: «Hablando propiamente (eigentlich) el conjunto del número correspondía a...» y no: «el conjunto del número, en -función de la técnica utilizada, podría significar que...». ¿Son sólo matices?
313.De una manera
general, los psicoanalistas creen que sus interpreta- ciones revelan el trasmundo verdadero, que tal o cual cosa es eso o aquello y no otra cosa. Los psicólogos en principio son más modestos,
y piensan que sus
enunciados clínicos
siempre son relativos a un punto de vista, que esos enunciados son función de una formalización entre
314. otras y que deben escribirse en modo potencial. Pero hay aún otras oposiciones, que se irán indicando en lo que sigue de este libro.
315. ú) La cuestión de la sugestión
316. M introducir su análisis del número, Freud escribe: «No conozco ejemplos mejores de análisis en los cua'es la participación del médico (la sugestión) que se le puede atribuir injustamente pueda ser excluida con tanta certeza» (IV 275).
317. Pues bien,
según el psicólogo, Freud, aquí como en otras partes,
organiza hábiles
condicionamientos.
318. 1. Freud
hace sugerencias con sus interpretaciones. Se adivina que
su paciente quedará convencido en lo sucesivo de que uno de sus deseos fundamentales será el de que «el hermano y la hermana mueran en lugar del amado padre»...
319. 2. Freud
interviene directamente en el proceso asociativo. Vamos a leer de nuevo el tercer párrafo del texto: «Durante la pausa que sigue a
este primer esclarecimiento llamo su atención sobre el hecho de que el
número de seis cifras que ha elegido contiene todas las primeras cifras
excepto el 3 y el 5». Como buen alumno que es, el paciente comprende por ese «excepto» que alguna cosa ha sido
eliminada. De acuerdo con la teoría eso sólo puede ser un elemento reprimido o contrario a las buenas costumbres, y no ha de resultar pues muy sorprendente que eso que supuestamente ha sido pasado por alto o, como se dice en alemán, tot-
geschwiegen (literalmente: matado por el silencio), vaya a estar relacio
nado con la eliminación de dos importunos.
320.Releamos ahora el quinto párrafo. Freud le dice al paciente: «Si el número representa la serie
de sus hermanos y hermanas, ¿qué deberá significar el 18 que se encuentra al final? Ustedes no eran más que 7». La idea de que el conjunto de las cifras representa la serie de los hermanos y de las hermanas es una sugerencia de Freud. Lo que ha dicho el paciente es tan sólo que el 3 y el 5 le hacen evocar al hermano n.° 3 y a la hermana n.° 5. Estas dos cifras fueron pronunciadas en primer lugar por Freud con el sentido que acabamos de recordar. La respuesta del paciente a esas dos indicaciones de Freud no tiene nada de inesperado: luego, de
haber eliminado
verbalmente a dos hijos de la familia añade otro, igualmente bajo la forma
de un anhelo del sujeto. Razona en suma siguiendo la lógica que ha sido inducida al comienzo del curso de las asociaciones.
321.
Si Freud hubiese querido convencernos sobre la ausencia de suges- j tión, hubiese debido abstenerse de hacer esas intervenciones explícitas. ¡ No obstante, incluso en ese caso podríamos decir que el
paciente habría ,
sido víctima de varios
condicionamientos. En
efecto: I
322. 3. Freud
condiciona con su teoría. Un paciente que está en análisis se deja convencer de que todo tiene un sentido e incluso un sentido oculto, y contrario al que se enuncia públicamente. Si se niega a aceptar 323.92 324.L 325.L 326.93 327. 328. esta premisa fundamental, entonces abandona la cura o consigue que lo echen.
329.En el caso presente el paciente lo que espera es encontrar una explicación. A partir de ahí, y con la ayuda de Freud, encuentra en las asociaciones que pululan, un sentido que ilustra bellamente la teoría. Más bien lo que habría que decir sería: invenía un sentido, pues sus asociaciones son un artefacto producido por el método freudiano. Sucede lo mismo que en el caso de las personas que creen en presagios y que los descubren en los astros o en el poso del café.
330.Algunos
psicoanalistas, pero no todos, y eso es lo que cuenta, habrá que admitan, aunque no sin esfuerzo por su parte, que Freud no explica verdaderamente el enunciado del número, pero que las asociaciones que siguen no por ello son menos reveladoras.
331.Al respecto de esta maniobra de retirada podemos hacer algunas observaciones. La primera es que Freud jamás volvió a poner en cuestión el presupuesto de acuerdo con
el cual las asociaciones y las interpretaciones
sugsiguientes siguen el camino inverso al de las antiguas represiones. Es
que abandonar esta
premisa equivale a volver a cuestionar toda la teoría que se ha construido sobre ella. Luego habría que examinar de manera objetiva las relaciones que existen entre lo que se dice en el diván y lo que se vive en otros lugares, como por ejemplo en el trabajo o durante las vacaciones... Y finalmente, last but not least, habría que ver de qué, o más bien de quién
son verdaderamente
reveladoras las
asociaciones. ¿Del
paciente? ¿Del analista? ¿De ambos a la vez?
332.4, Freud
condiciona con su propia problemática. En efecto: ¿cuáles son las cuestiones existenciales que Freud considera como las más im- portantes? En primer lugar la sexualidad, pero a continuación la muerte. En la época de la publicación del ejemplo que estamos analizando (1912), Freud no había formulado todavía la célebre dualidad de las
Pulsiones de Muerte (1920), pero no por ello su pensamiento está menos orientado hacia el tema de la muerte y del deseo de muerte. En su biografía de Freud, Jones escribe: «Tan lejos como podemos re- montarnos en su vida, lo encontramos habitado por ideas de muerte (...) Tenía también unos ataques repetidos de lo que él
llamaba Todesangst,
angustia de muerte (...). A medida que iba pasando el tiempo, la idea de la muerte se hacía cada vez más y más insistente. Una vez declaró que pensaba en ella todos los días, lo cual resulta ciertamente inhabitual» (III 319). Por otra parte, el médico de cabecera de Freud, Max Schur, pudo escribir un libro de casi 700 páginas sobre ese tema precisamente: La muerte en la vida de Freud.
333.Resulta altamente probable que, asociando a partir de cualquier otro número, o incluso de un sueño, de una palabra, de una fobia, de una obsesión... el paciente hubiera de llegar tarde o temprano allí donde Freud le estaba esperando, es decir, a los temas de la sexualidad y de la muerte, y al esquema de estructura familiar. Las otras pistas sencillamente no eran tomadas en cuenta.
334.Quiero que mis lectores me entiendan bien. No pretendo ahora decir que la muerte y la sexualidad no sean cuestiones importantes... tanto
335. como lo son por otra parte la búsqueda de seguridad, el interrogante religioso, el deseo de dominar a los que nos rodean y de adquirir un estatuto social, etc. Todos estos problemas son casi universales. De modo que podremos hallarlos, cuando lo deseemos, en cada hombre y en todo ejercicio de asociación libre. La ubicuidad de la sexualidad y de la muerte no es un argumento suficiente para sostener la pretensión de que el paciente de Freud enunció el número 426718 con preferencia a cualquier otro, así como tampoco para afirmar que todas las fobias,
depresiones y otras
dificultades nos remiten siempre a la sexualidad y a las pulsiones de muerte... El vínculo que pueda existir entre lo que dice el paciente
en el diván del
psicoanalista y los
factores realmente
determinantes de sus
trastornos es cuanto menos problemático. Tal y como lo iremos viendo, la psicología moderna tiene sobre esta cuestión unas hipótesis mucho mejor sostenidas empíricamente.
336.Los otros ejemplos que Freud presenta son exactamente de la misma índole. Por numerosos que sean, siempre constituyen ilustraciones de los mismos errores metodológicos. No obstante le voy a recomendar al lector que lea en La psicopatología de la vida cotidiana el ejemplo que Freud extrae de E. Jones, y en el que uno de sus amigos, partiendo del error consistente en haber colocado mal una coma (986 en lugar de 98,6) llega, después de una serie de asociaciones y de algunos empujoncit'os
interpretativos, a
reconocer un pene en la chimenea de una fábrica (IV 278s). El lector podrá así apreciar mucho mejor las declaraciones de Lacan según las cuales «Jones es uno de los escasos discípulos que haya intentado articular algo que se sostenga a propósito del simbolismo»,
esencialmente a la elaboración de la fase fálica» (1966-469; 715)...
337. El mismo E. Jones relata que un día le preguntó a Freud cómo habría explicado Fliess una
enfermedad que
sobreviniese en una fecha no prevista por su teoría. Freud le respondió «eso no hubiese embarazado de- masiado a Fliess, experto en matemáticas como era. Multiplicando 23 y 28 por su diferencia, añadiendo o sustrayendo los resultados o mediante un cálculo aún más complicado, hubiese obtenido de cualquier modo que fuese la cifra deseada» (Jones I 321). Por lo que a este punto se refiere, y a otros muchos, Freud permaneció, sin que siempre se diese cuenta de ello, como un discípulo del
(sexo)rinólogo berlinés...
338.El padre del psicoanálisis introducía su análisis de número escribiendo: «No conozco
otras observaciones
aisladas que puedan demostrar de una manera tan sorprendente la existencia de unos procesos de pensamiento altamente elaborados, enteramente ignorados por la conscien- cia». En realidad, el hilo de las asociaciones se ordena en función del que escucha: conduce allí donde el paciente es esperado y escuchado. Los «procesos inconscientes» que Freud cree sacar a la luz del día no son sino unas construcciones
subsiguientes obtenidas por un hábil condi-cionador que ignora su propio poder dé sugestión. 339. IV 340. ALGUNOS CASOS EJEMPLARES 341. 1. SK;NORELLI... BOTTICELLI, BOLTRAFFIO 342. No rallarán
psicoanalistas que digan que el ejemplo precedente no se inscribía en el corazón de la materia analítica, esto es, en el lenguaje. Sin embargo, Freud escribía que «hay que despojarse de la impresión de que el problema de los números habría de ser diferente del de las palabras que se nos ocurren» (IV 280, edición de 1920). Pero vamos a admitir aquí la réplica
primera y nos
dispondremos a examinar un ejemplo en el que los significantes propios del lenguaje están en acción.
343.Más aún, no vamos a dudar en requerir aún otras exigencias a la hora
de elegir este nuevo ejemplo. Él deberá ilustrar la concepción «dinámica» del psicoanálisis, con sus nociones de censura, conflictos, resistencia, represión, desplazamiento, condensación, retorno de lo reprimido; además no ha de pertenecer al dominio de la patología mental, pues el lector que no sea entendido en psiquiatría debe poder emitir su juicio al respecto. Y como última y más importante condición, la ilustración elegida ha de ser reconocida por los mismos