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Delta Hedging

In document Local volatility modelling (Page 74-87)

8.4 Royal Dutch/Shell

8.4.4 Delta Hedging

El pasado, presente y futuro establecen una interdependencia

permanente, se puede entender el presente si se conoce el pasado, el pasado permanece en la memoria y se convierte en narración que analizada en el presente permite construir el futuro.

En la actualidad nos encontramos en el nacimiento de una sociedad

mundial, en el que la educación de acuerdo con Delors (1997), debe afrontar las nuevas demandas, en el núcleo del desarrollo de la persona y las comunidades. La educación tiene la misión de permitir a todos sin excepción hacer fructificar todos sus talentos y todas sus capacidades de creación, lo que implica que cada uno pueda responsabilizarse de sí mismo y realizar su proyecto personal.

Al iniciar un nuevo siglo, las políticas educativas deben asumirse como un proceso permanente de enriquecimiento, de impulso a la capacidad técnica, pero también a la estructuración privilegiada de la persona, entendiendo que

dentro de la diversidad de relaciones, grupos, naciones y necesidades, se encuentre la opción adecuada que permita la promoción dentro del género humano, no su discriminación (Delors, 1997).

Es un hecho que el crecimiento económico que se espera con la inserción a un mercado globalizado, no representa el camino más fácil hacia la

conciliación del progreso material y la equidad, el respeto de la condición humana y del capital natural que se debe heredar a las generaciones futuras. Sin duda, el ser habitante de la aldea global conlleva a una tensión entre lo mundial y lo local, ya que si no es manejado adecuadamente puede originar la pérdida de las raíces que sustentan su identidad como ciudadano local.

Por tanto Delors (1997), considera como necesario retornar y actualizar el concepto de educación durante toda la vida, de forma tal que “se concilie la competencia que estimula, la cooperación que fortalece y la solidaridad de une” (p. 13). Es por ello que la educación durante toda la vida es expuesta como una forma de responder al reto de un mundo que cambia rápidamente.

Se destaca la necesidad de volver a la escuela para poder afrontar las novedades que surgen en la vida privada y profesional, la única forma de

satisfacerla es que todos aprendamos a aprender.

A la vez se precisa como necesario el comprender mejor al otro, al mundo; derivado de las exigencias de entendimiento mutuo, de diálogo pacífico y de armonía, las cuales representan situaciones de las que se carece en la vida en sociedad y que se representa en el aprender a vivir juntos.

También es relevante aprender a conocer, considerando los avances de la ciencia y las nuevas formas de actividad económica y social, constituyendo de esta forma una educación permanente que conlleve a una amplia cultura general (Delors, 1997). Esta situación no es limitante, por lo que aprender a hacer se confiere como la adquisición de una competencia que permita hacer frente a situaciones que en ocasiones son imprevisibles y cuyo logro facilitan la consolidación de equipos de trabajo.

Es preciso señalar que a la par debe existir un fortalecimiento de la responsabilidad personal, por lo que aprender a ser, constituye la forma de explorar en los talentos que cada persona posee y que son exhaustivos, tales como: la memoria, el raciocinio, la imaginación, las aptitudes físicas, el sentido de la estética, la facilidad de comunicarse con los demás y hasta el carisma necesario para constituirse como un dirigente. Esto confirma la necesidad de comprenderse mejor uno mismo (Delors, 1997).

La educación durante toda la vida permite sin duda, el transitar hacia una serie de trayectoria diversificadas que aminoren el fracaso escolar y la

exclusión; Delors (1997), precisa que durante la Conferencia de Jomtien celebrada en 1990 y con respecto a la educación básica, se establecen las necesidades básicas de aprendizaje:

Estas necesidades abarcan tanto las herramientas esenciales para el aprendizaje (como la lectura y la escritura, la expresión oral, el cálculo, la solución de problemas) como los contenidos básicos del aprendizaje (conocimientos teóricos y prácticos, valores y actitudes) necesarios para que los seres humanos puedan sobrevivir, desarrollar plenamente sus capacidades, vivir y trabajar con dignidad, participar plenamente en el

desarrollo, mejorar la calidad de su vida, tomar decisiones fundamentadas y continuar aprendiendo (p. 18).

Estos contenidos deben ser considerados en combinación con un enfoque extraescolar, lo cual permitirá que el niño acceda a las tres dimensiones de la educación: la ética y cultural, la científica y tecnológica, así como a la

económica y social.

En todo caso, ninguna reforma dará resultados positivos sin la participación del cuerpo docente, por lo cual se debe prestar atención a la situación social, cultural y material que rodean su práctica antes de exigirle que sea el redentor que colme las carencias que la sociedad le demanda.

En torno a la educación del siglo XXI, Sacristán (1999), menciona líneas esenciales para el, porque abordan aspectos de la historia del desarrollo del conocimiento humano, el contexto actual y los ideales futuros, por ejemplo: la lectura y escritura, constructoras y reconstructoras de la cultura, como

herramientas de acceso a la cultura de todos los tiempos, rescatando el acervo cultural acumulado para avanzar y ver más allá posándose en los hombros de los gigantes de la civilización, situando al hombre en el presente y ante lo que lo rodea como misión de la educación para llegar a una comprensión de la

realidad y que posibilite enmendar lo recibido y acrecentarlo, sino para qué sirve la educación; su deber implica la transformación de los contextos presentes y con ello el impacto en el futuro y la educación como derecho universal dado que se le reconoce como bien universal que libera y da condición real de hombre.

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