La educación como proyecto implica trascender, ir en busca de los ideales, lo que concuerda con el sentido utópico de la educación que siempre coloca sus metas en el futuro; sin embargo ésta tiene la misión de ubicar al ser humano en el presente favoreciendo la capacidad de comprensión del mundo
actual y la construcción de uno mejor, sin olvidar que hubo un hecho que antecedió lo que hoy forma parte de su realidad.
La educación conlleva un carácter dinámico y por lo tanto continuo, de ahí surge la necesidad de conocer y valorar las situaciones que se van presentando en los espacios escolares, con la finalidad de atender a las necesidades de los procesos educativos y los actores que participan en éste.
Para iniciar con esta investigación, es necesario conocer de primera instancia si existen documentos que refieran el tema en cuestión, dentro del
Catálogo de Bibliotecas Tec, se encuentra una tesis que hace alusión al tema
de Proyecto Escolar bajo el título de Condiciones generales que favorecen la
elaboración del Proyecto Escolar: El caso de la escuela primaria Miguel
Hidalgo, del municipio de Atlacomulco, Estado de México (Gonzaga, 2002). Su enfoque como lo dice su título, se centra en un estudio de caso, dirigido hacia el análisis cualitativo de la estructura de una institución escolar así como de su organización interna, de forma tal que permita conocer las condiciones generales necesarias para favorecer la elaboración de la planeación institucional a partir de modelos teóricos asociados a la organización y a la planeación; la investigación realizada arroja como resultado la gran necesidad de implementar un Proyecto Escolar que facilite la organización y planeación de acciones directrices que van a conducir al centro escolar a un estado
congruente con la realidad y necesidad, beneficiando con ello a los actores del hecho educativo de manera racional y adecuada.
Un segundo documento titulado Implantación de una cultura de
investigación educativa basada en Equipos de Trabajo (Aguilar, 2004), permite apreciar desde un enfoque exploratorio los beneficios educativos que trae consigo la implantación de una cultura de investigación. Su contenido muestra las bondades que se traducen en índices de calidad al incorporar el docente la investigación como una actividad sistemática en su trabajo habitual del aula, entendiendo la investigación como una actividad que permite generar o construir nuevos conocimientos hasta ser partícipe de la modalidad
colaborativa, la cual incide de sobremanera en la consolidación de equipos de trabajo efectivos, los cuales son necesarios para general una nueva cultura escolar.
Como es posible apreciar, dentro del contexto educativo cada vez se incrementa la necesidad por indagar y reflexionar en torno a las posibilidades de construcción de un discurso coherente y correspondiente con la acción; éste desafío convoca a que desde diversos contextos del mundo, los interesados en la educación centren el interés y la discusión en las demandas que emanan de los entornos escolares, de forma tal que centren su reflexión en las estrategias que han de servir de paso al trabajo colaborativo que genere paulatinamente y a través de un compromiso real, no simulado, un cambio de paradigmas educativos que incidan favorablemente en el ejercicio de una asertiva gestión escolar.
Actualmente, agencias de cooperación internacional están apoyando la investigación-acción; por ejemplo, el Consejo de Investigación Internacional del Desarrollo (International Development Research Council, IDRC), ha financiado varios proyectos dentro del contexto educativo entre los cuales se encuentra en Chile, un programa de educación no formal para la primera infancia, donde los padres de los niños jugaron un papel clave en la determinación del contenido del programa, en su implementación y por último, en su evaluación (Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo, s.f.).
En Brasil, se generó un caso de educación rural integrada en el cual los padres de familia y administradores determinaron las necesidades educativas básicas, seleccionaron currículos adecuados y establecieron mecanismos para evaluar la implementación del programa. Los informes sobre estas
experiencias, indican el éxito logrado puesto que las comunidades involucradas no sólo aumentan sus conocimientos acerca de su entorno inmediato sino, además, logran un progreso en la identificación de sus problemas.
Derivado de lo anterior, y en los últimos 10 años, Stronquist (2004),
considera que se ha difundido paulatinamente un nuevo estilo de investigación, planteado como alternativa de las ciencias sociales y conocido con el nombre de investigación-acción o, algunas veces, “investigación participativa”. El nuevo enfoque busca rebatir algunos aspectos negativos de la investigación
sociológica tradicional; no es una coincidencia que la “investigación-acción” tuviera sus orígenes en una región del mundo (Sudamérica) donde la sociología
clásica es bien conocida y tampoco es sorprendente que sea particularmente popular en India, un país con numerosas escuelas de sociología y con muchos problemas sociales aún no resueltos.
Estas experiencias, aplicadas con base en el Proyecto Escolar, ha generado diversas experiencias como la aplicada en el contexto peruano, tal como lo señalan Espinosa y Caro (2002), al mencionar que derivado de la necesidad de reconstruir el currículum en sus niveles: normativo y operativo, se
propone el Proyecto Escolarcomo una forma que responda a la cultura común
de la sociedad educativa y que garantice igualdad de oportunidades en su interior (nivel normativo) y por otro, que permita responder a las características y demandas que plantea la diversidad socio-cultural de cada grupo de alumnos (nivel operativo).
En este contexto, Espínola (2002), señala que con el paso del tiempo, las escuelas no han cambiado en cuanto al número de funciones y ámbitos que están bajo su responsabilidad; por lo que se hace necesario un avance en los procesos de descentralización y dar un paso más, otorgando a las escuelas más autonomía que la que han tenido en sistemas tradicionalmente
centralizados.
Precisa la experiencia de Brasil, donde se impulsó la política de dar autonomía a las escuelas en medio de procesos políticos que buscaban la descentralización hacia los estados, con mayor participación de la ciudadanía. Había conciencia de que uno de los principales problemas del sistema
educativo en Brasil, la repetición, estaba fuertemente ligado a la gestión de las escuelas y por lo tanto, mejorar la calidad de la educación requería dar a los docentes una responsabilidad más directa sobre los resultados educativos (Espínola, 2002). Los instrumentos usados son: las estructuras de gestión colegiadas con capacidad jurídica para administrar fondos, la elección de directores y el plan de desarrollo escolar como herramienta directriz. El plan de desarrollo escolar cubre un periodo de 5 años y es elaborado por una comisión nombrada por el director, la cual es validada por el Consejo Escolar (formado por integrantes de la comunidad educativa); define la situación en que la
escuela desea estar al final de los 5 años en cuanto a la gestión de los aspectos pedagógicos, de recursos humanos y la infraestructura.
En el caso de Chile, señala la experiencia del Proyecto Educativo Institucional como herramienta del mejoramiento educativo, de acuerdo con Lavin, Solar y Padilla (1999), la propuesta surge al observar que el aparato organizacional del Estado Chileno estaba conformado por un centralismo, formalismo y la segmentación como modelo de organización y gestión. El sistema educativo se reconocía como un centro fuerte y poderoso construido sobre el supuesto de una capacidad de regulación de los comportamientos fundada en su poder, en las normas y reglamentaciones; los niveles intermedios eran cadenas de transmisión de una jerarquía piramidal y la escuela la base de la misma, sin capacidad de decisión, cerrada y ejecutora de acciones
El cambio de paradigma, de inicio consistió en proyectar las diferentes teorías de organización empresarial, implicó una revisión profunda del modelo de gestión a los distintos niveles. Entre estos cambios, el rol docente también requería que fuera modificado, alejarlo de la imagen de funcionario a la de profesional de la educación era una tarea que se antojaba complicada, debido a la multiplicidad de exigencias que les confieren los distintos ámbitos de la
sociedad.
Estos cambios, plantean un profundo desafió al sistema educativo chileno, en cuanto a desarrollar la capacidad de las unidades educativas, de procurar una educación útil, relevante y pertinente para mejorar las condiciones de vida de la comunidad en las que están insertas (Lavin, Solar y Padilla, 1999).
Es de esta forma que surge el Proyecto Educativo Institucional, como “instrumento orientador de la gestión institucional que contiene, de forma
explícita, principio y objetivos de orden filosófico, político y técnico que permiten programar la acción educativa otorgándole carácter, dirección, sentido e
integración”, de acuerdo Lavin, Solar y Padilla (1999, p. 19). Indudablemente representa una apropiación autónoma e integradora de las actividades que realiza la escuela, así como una articulación de los diferentes ámbitos de la gestión escolar al posibilitar la acción coordinada del conjunto de personas que componen la comunidad educativa.
En el caso de Venezuela, Cáceres y Virla (1999), exponen la forma en que se desarrolla el Proyecto Educativo (el equivalente a Proyecto Escolar),
considerando que no se pretende sustituir la planificación institucional, pero puede constituirse en una herramienta para el desarrollo de:
• Actividades innovadoras a partir de la iniciativa y potencialidad de la comunidad educativa.
• Nexos más operativos entre personal de la institución, autoridades y las
acciones a ejecutar.
• La administración por proyectos permite una flexibilidad para su
adaptación.
• Sentimiento de realidad que obliga al análisis permanente de recursos,
intereses y prioridades.
• Proyectos específicos donde se haga manifiesta la convergencia de las
diferentes fuerzas de participación de la comunidad.
• Participación directa y cohesión necesaria para aumentar la calidad de los
logros, aún a costa de mayores riesgos ocasionales en las primeras etapas.
Un proyecto según Cáceres y Virla (1999), puede ser clasificado como de:
innovación, si apunta a incorporar elementos técnicos que permitan definir necesidades de formación, estudiar posibilidades de satisfacer estas
necesidades, diseñar áreas trabajo, abordar los problemas en forma creativa y participativa y, elaborar materiales de apoyo para los participantes del proyecto;
de los integrantes de la Institución, de modo que a través de cursos, talleres y otras actividades, se propenda a la motivación para abordar la solución de los
problemas que se presenten; creación y organización del trabajo en instancias
de participación que motiven la producción en los diferentes componentes del sistema; transición, si aborda los problemas inmediatos y mediatos que las circunstancias impongan.
En concordancia, dentro del contexto argentino, Berges (2001), considera que el proyecto educativo, supone un compromiso, en el cual se hacen
explícitos los acuerdos de los diferentes miembros de la institución, que en forma coordinada y consensada, asumen una tarea con intencionalidad pedagógica. Es por ello que:
• Requiere permanentes consultas con la realidad y apunta a construir
contenidos socialmente significativos.
• Permite desarrollar acciones pedagógicas, científicas, culturales, sociales y artísticas.
• Atiende las interacciones que se establecen en el interior de la escuela y las que se establecen entre ésta y la comunidad
• Su elaboración requiere procesos complejos e integrales, cuyo objetivo es
lograr la transformación de la institución educativa y sus propuestas.
• Adquiere un significado que solo se construye, con la participación de la
En el marco del proyecto educativo, se desarrollan distintas acciones que corresponden a distintas áreas de la institución educativa; es aquí donde la escuela debe favorecer las condiciones del aprendizaje a partir del
reconocimiento e identificación de los diversos procesos que se llevan a cabo en la institución. Debido al permanente intercambio e interacción que la escuela realiza con el medio y con los individuos, se establece un vínculo pedagógico que articula esta relación, siempre apegado al mismo objetivo: lograr la eficiencia en la institución educativa (Berges, 2001).
Como se ha visto, elaborar un proyecto implica asumir compromisos de acción, los cuales se explicitan a modo de contrato inicial y deben ser discutidos por los distintos actores participantes; la respuesta a los siguientes
interrogantes permitirá reconocer los distintos compromisos de participación, del mismo modo que permite tomar decisiones.
A partir de estos señalamientos Carandino (2000), destaca las características que distinguen a un proyecto educativo son:
• herramienta asumida colectivamente
• claro
• necesario
• dinámico
• abierto, flexible
• basado en la investigación-acción
• consensado
Estas características al momento de la realización de proyectos no debe traducirse en acumular acciones, se trata en todo caso de identificar que es lo prioritario y quienes son las personas que por sus intereses, formación y/o experiencia deberían realizar esa tarea.
Como es posible apreciar, varios países de Latinoamérica han definido nuevos modelos para gestionar la institución educativa, si bien los puntos más sobresalientes se refieren a las críticas del modelo tradicional, se aprecian avances en la construcción del nuevo modelo. En todos los casos, estas
construcciones se sustentan en la necesidad de transformar el campo educativo a partir de la acción de sus propios actores.
En el nuevo paradigma, la gestión en las organizaciones escolares, se orienta al mejoramiento continuo de sus resultados, articulando los procesos de toma de decisiones, y se dirige, fundamentalmente, a enriquecer las prácticas pedagógicas al integrar las distintas dimensiones de la institución.
Este modelo de gestión en la escuela rebasa sus propios muros, replantea la dinámica tradicional y se amplía hacia la comunidad, en busca de espacios más democráticos y participativos, en donde sea posible disentir y, sobre todo, concertar.
La aplicación en España del Proyecto Educativo de Centro, de acuerdo
el diálogo y el acuerdo de la Comunidad Educativa, cuyo último fin es ofrecer al alumnado la mejor educación. A su vez, es el marco de referencia de la
actividad curricular y extracurricular del centro” (¶ 1).
Surge en los últimos años de la década de los ochenta, ante la necesidad de educar para la vida, a través de un modelo educativo de igualdad y
solidaridad, donde se atienda la necesidad particular de cada alumno, docente e institución educativa.
En su realización precisan la necesidad de conocer el contexto donde se inserta la institución educativa, así como la incidencia de los procesos de enseñanza aprendizaje, una definición de ofertas a partir de las relaciones que se establecen entre los actores del hecho educativo, así como la regulación de los procedimientos de trabajo y la distribución de responsabilidades, sin olvidar la evaluación interna que a partir de éstos se realice.
Indudablemente las propuesta presentadas en torno al Proyecto Escolar,
concentran esfuerzos en el desarrollo y operación de un currículo que atienda tanto a las habilidades básicas de la educación escolar como a su amplitud para el desarrollo personal global.