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Part 2: Analysis by Member State

5. Denmark

El programa de estudios de la Residencia en Psicoterapia Infantil proporciona un amplio e importante panorama sobre los diferentes enfoques teóricos y sus aplicaciones prácticas. Cada enfoque es valioso en sí mismo, pero el considerar varios puntos de vista permite ampliar, complementar y respetar la forma de ser y de trabajar de las personas a quienes se atiende. Es una forma de respetar la individualidad y necesidades de cada quién. Por mis características personales y profesionales decidí integrar los conocimientos teóricos y prácticos para aplicarlos al tratamiento de los niños aquí descritos.

Desde mis estudios de licenciatura, mi orientación es principalmente humanista, básicamente creo en la capacidad de las personas para resolver sus propios conflictos. Por otra parte, el enfoque centrado en el niño de Virginia Axline (1988) me acercó y adentró en el trabajo de psicoterapia infantil. Sin embargo, como mencioné antes, el conocer otros enfoques enriqueció mi forma de trabajar y me permitió echar mano de otras estrategias y recursos disponibles, que hasta entonces yo no conocía. La generación a la que pertenezco siempre tuvo muy presente (y estuvo en varias de nuestras discusiones) la riqueza profesional que implicaba encontrarse con distintos modelos y además poderlos ver aplicados en nuestro trabajo, a través de las presentaciones, sesiones clínicas, cámara de Gesell y en las discusiones

diarias de las clases. La mayoría coincidimos, en que el poder tomar y retomar de distintos modelos aspectos útiles para el trabajo era algo necesario, por lo cual aquí expondré la utilidad que en mi trabajo tuvo el considerar distintos puntos de vista, como un modelo integrativo.

Para dicho fin, explicare brevemente los principios que he considerado relevantes para mi trabajo, a partir de las siguientes orientaciones.

ORIENTACIONES ASPECTOS Recursos Atención principal Trabajo familiar Retomo concepto Çentrado en el niño Humanista Orientada hacia un proceso En el niño no en los problemas La inadaptación resulta de una incongruencia entre la experiencia y el concepto de sí mismo. Terapia Gestalt Orientada hacia un proceso Sentido de sí mismo Hace un trabajo simultaneo con padres Funcionamiento saludable del organismo total Sentidos, cuerpo, emociones, intelecto Autorregulación Perspectiva psicoanalìtica

Juego como actividad simbólica Elaboración de experiencias traumáticas Libertad para elegir juego Narrativa Externalización del problema Acontecimientos extraordinarios, pasados, actuales y futuros Involucra a la familia Revisión de la relación y de la responsabilidad de las personas con los problemas

En todos los modelos la relación (niño-terapeuta) es muy importante, ya que es a partir de ella como se crea el ambiente necesario de confianza, en el cual el niño se sienta capaz de ser él mismo y a partir de ahí poder expresar sus emociones, angustias y temores.

Particularmente comparto los siguientes puntos de vista:

El modelo Gestalt trabaja en cómo el niño se percibe a sí mismo, es una modalidad humanística orientada hacia un proceso, con interés en el

funcionamiento saludable del organismo, de forma integral, sentidos, cuerpo, mente y emociones. Tiene la creencia de que las personas tienen la capacidad de regular sus emociones en forma constructiva.

Algo que sostiene Loreta Cornejo (1997), con lo que coincido y aplico en mi modelo de trabajo es que el niño, independientemente de su edad, “debe ser tratado con el respeto y cariño que todos merecemos, y como vamos a hablar de él y sobre él, tiene todo el derecho a saberlo”. Es decir desde la primer sesión es importante que el niño sepa por qué y para qué lo llevan a consulta.

En este modelo se tiene un acercamiento al paciente de tipo holístico, integrador y fenomenológico, esto quiere decir que trata a las personas desde una visión de cercanía y de contacto, muchas veces activo con el paciente, nos mostramos, interactuamos con él en el “Aquí y Ahora”, tanto con un lenguaje de tipo verbal, como simbólico y no verbal.

“En terapia Gestalt, los padres del niño que atendemos, son tan importantes como él mismo. Primero, porque es parte importante de su mundo y luego, porque si existe una buena alianza entre ellos y nosotros, la mitad de la terapia casi está hecha” (Cornejo, 1997 pp. 32). Estoy de acuerdo con esta afirmación ya que los padres que llegan a terapia con demandas y expectativas, merecen ser atendidos y recibir explicaciones respecto a lo que va a pasar durante el tratamiento, solo así se asegura su comprensión y participación en el mismo.

Por otra parte el enfoque centrado en el niño, como su nombre lo dice, realiza el trabajo con el niño, no con los problemas. El terapeuta cree en la capacidad del niño para actuar de manera responsable y resolver problemas, lo cual coincide con el modelo Gestalt ya que ambos parten de orientaciones humanistas.

Este modelo trabaja con necesidades internas de autorrealización y necesidad de sentirse valorado, requisitos básicos para fortalecer el autoconcepto y desarrollar una autoestima adecuada. Permite al niño ser él mismo en la relación, y responde a su necesidad de sentirse querido, aceptado y pertenecer. Este enfoque sigue el ritmo del niño, por lo tanto, no apresura el proceso terapéutico y establece sólo los límites que ayuden a la aceptación personal y la responsabilidad (Axline 1988).

Del modelo de la terapia no-directiva se retoma la idea de que cada individuo lleva dentro de sí mismo, no sólo la habilidad para resolver sus propios problemas de una manera efectiva, sino también el impulso de crecimiento que hace que la conducta madura llegue a ser más satisfactoria que la conducta inmadura.

Este tipo de terapia comienza en la etapa en que el individuo se encuentra y basa el proceso en la configuración presente, permitiendo que los cambios ocurran, incluso de un minuto a otro, durante el contacto terapéutico. El que los cambios ocurran depende de la reorganización de las experiencias que el individuo haya acumulado, así como de sus actitudes, pensamientos y

sentimientos que hacen posible llegar a la introspección: requisito indispensable para que la terapia tenga éxito. Esta terapia “permite” al niño ser él mismo, acepta completamente su YO, sin evaluación ni presión para que cambie; reconoce y clarifica las actitudes emocionales expresadas, reflejándolas (Axline, 1988).

La perspectiva Psicoanalítica considera el juego como una oportunidad para elaborar las experiencias traumáticas. El juego es visto como actividad simbólica, a través de la cual el niño repite lo que ha vivido en la realidad (Freud, 1920-1922). Mediante el juego los niños expresan fantasías, deseos y experiencias, pueden elaborar su ansiedad, organizar el conocimiento de la realidad, e incluso hacer hipótesis sobre el futuro.

En la terapia narrativa se proponen de manera directa diferentes estrategias para abordar los problemas. Se escuchan diferentes voces y a todas se les da la misma importancia. Trabaja a través de la externalización del problema y analiza su influencia sobre la persona y viceversa, es decir se revisa la responsabilidad. Retoma acontecimientos extraordinarios, pasados, actuales y futuros. Considera el contexto cultural y todo este trabajo se realiza con el niño y la familia (White y Epston, 1993).

En los casos de Alejandro y Nancy, la resiliencia también juega un papel importante. Además en el trabajo con ambos fue necesario reconocer y reflejarles este aspecto y revisar sus historias personales. Como dice Cyrulnik (2003), la narración permite volver a coser los trozos de un yo desgarrado. Este autor considera que para iniciar un trabajo de resiliencia, se debe iluminar de

nuevo el mundo y volver a conferirle coherencia. La herramienta que permite realizar este trabajo se llama “narración”. No se puede contar una historia partiendo de la nada. Es preciso que existan fragmentos de la realidad, que se hayan guardado en el recuerdo, y que se asocien mediante encadenamientos temporales lógicos.

No hay más que una solución para sanar una situación traumática y apaciguar nuestro entorno: comprender. Inmediatamente después de un accidente, una simple presencia o el acto de hablar pueden resultar suficientes para proporcionar seguridad. Sólo más tarde, el trabajo del relato dará coherencia al acontecimiento. “Los niños que han logrado convertirse en adultos resilientes son aquellos a los que se ha brindado ayuda para dar sentido a sus heridas. El trabajo de resiliencia consiste en recordar los golpes para hacer con ellos una representación de imágenes, de acciones y de palabras con el fin de interpretar el desgarro” (Cyrulnik, 2003, pp. 68), y yo agregaría: “continuar creciendo”.