Los centros educativos en el periodo colonial, iniciaron en forma privada y predominaban las instituciones educativas de carácter religioso; al finalizar el siglo XVIII, el gobierno español tenía un mayor control en la educación y comenzaron a surgir instituciones doctrineras, encomendadas a enseñar a los indígenas temas relacionados con la religión y el lenguaje español
La economía de la época colonial se basaba en la minería y la agricultura, además las relaciones sociales se regían por las normas establecidas según la diferenciación étnica, es por esto que una gran parte de la sociedad no participaba de eventos políticos y sociales. La participación de la mujer en el contexto de la colonia, cumplía funciones netamente domésticas, como ser una buena madre y esposa ejemplar, con limitaciones como salir a la calle u observar por las ventanas de sus casas, existía un dominio hacia la mujer que afectaba hasta la forma de vestirse y de comportarse (Herrera, 1995)
La historia de las mujeres en Colombia para el siglo XIX se enmarcaba desde los principios cristianos, que se caracterizaban por ofrecer una educación hogareña, sus maestras fieles religiosas o mujeres educadas en el extranjero (Herrera, 1995) se dedicaban a prepararlas para ejercer su vida doméstica, se instruía a las niñas bajo las normas morales y familiares, ya que su objetivo de vida era convertirse en buenas esposas y madres.
Los colegios femeninos en su gran mayoría eran habitados por las llamadas “niñas ricas”, estas eran las hijas de familias adineradas, por esto tenían acceso a la educación en esta época. (Muñoz & Pachón, 1995) .
Durante el siglo XIX, la Constitución Política de 1821, estableció nuevos ejes jurídicos e ideológicos para que hubiera un respectivo orden social, entre estos, estaba la extensión de la instrucción pública y aumentar la educación para las damas (Herrera, 1995). Sin embargo, la participación de la mujer seguía siendo “metafórica”, ya que aún no se contemplaban dentro de la ciudadanía Colombiana,
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exceptuando a la llamada en la época de la Nueva Granada, Provincia de Vélez, la cual en 1853 por primera vez en el país y exclusivamente para las habitantes de esta región, otorgaban el derecho al voto a las mujeres. (Velásquez, 1995 a) La formación educativa de las mujeres empezó a través de los grupos religiosos, debido a que en la época se presentaba una deficiencia de recursos económicos para crear instituciones educativas, sin embargo, una nueva Ley de la época establecía en su norma la creación de escuelas y estructuras religiosas para la educación de las mujeres, pero por la falta de recursos el gobierno no llevó a cabo el cumplimento de esta Ley, lo que conllevó a un estancamiento y atraso de la educación femenina de estratos socioeconómicos bajos.
En transcurso del siglo XIX, las tertulias que realizaban en esta época, permitieron a las mujeres con más dinero conocer temas en relación a la cultura y obtener educación en las ciencias, la literatura y las humanidades, de igual manera las instituciones religiosas cuidaban de las hijas de la alta sociedad, con el propósito de enseñarles buenos hábitos de comportamiento y conocimientos en cultura general, ya que se buscaba que aprovecharan el tiempo libre en buenas acciones y no dedicarse al ocio.
En el año 1828, se crea por la señora Matilde Ramos, la primera institución de educación especialmente para damas jóvenes en Santafé, ya en el año 1932, se fundó por el Estado, el colegio la Merced, primera institución oficial de educación secundaria para señoritas (Herrera, 1995).
Así mismo, hacia la segunda década del Siglo XIX se destaca la creación en Bogotá del que se consideró uno de los mejores planteles del país, el colegio Femenino Santa Eufrasia que adicionó además de la cátedra cristiana e instrucción para el hogar, algunos cursos de manualidades, idiomas, artes, escritura y Contabilidad, dictados por docentes extranjeras (Muñoz & Pachón, 1995) .
En el año 1834, Colombia ya tenía 530 instituciones de primaria, informe que se dio a conocer por el señor Francisco de Paula Santander, estas instituciones brindaban
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educación a 17.010 estudiantes, de los cuales el 11% reflejaba una participación de mujeres. Durante este tiempo, algunas personas formaron en Santafé la Sociedad de Educación Primaria, mientras las mujeres luchaban por acceder a la educación. En este mismo año, en la ciudad de Medellín, se formó una junta de damas que eran reconocidas por promover la cultura femenina.
De igual manera, en el año 1838, se empiezan a crear instituciones educativas en Popayán, dirigidas por las señoras Nicola Cox y Villar, asimismo se promovió por la señora Braulia Vega, la educación femenina en Antioquia, con la construcción de un plantel educativo en la población de Sansón. Ya en el año 1840, se crea por el Estado de Bolívar La Institución Educativa Nuestra Señora del Carmen.
En el año 1850, en Rionegro y Antioquia, ya se habían creado casas de formación para mujeres, al igual que en la ciudad de Medellín el colegio Santa Teresa refugiaba a varias niñas con el propósito de enseñarles actividades de la casa. En el año 1853, se realizaron algunas reformas, las cuales determinaron la libertad de educación, ya en el año 1863, con la nueva Constitución, se derogaron los requisitos de los títulos académicos para realizar una profesión.
Durante el año 1870, llega a Colombia la primera Misión Pedagógica Alemana, la cual tenía entre sus planes, la fundación de escuelas normales en la nación, además de tener presente la creación de escuelas para mujeres. La educación primaria que se impartía a las mujeres, no incluía materias como algebra y geometría, lo que limitaba a las damas a ejercer trabajos relacionados con el comercio y puestos públicos.
Durante el año 1880, algunas mujeres participantes de la iglesia, como las Hermanas de la Presentación, crearon una institución educativa privada, especialmente para las hijas de la elite, este colegio fue creciendo y se constituyó como una institución de gran influencia en la enseñanza femenina en Colombia (Herrera, 1995).
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La mujer hizo parte de importantes batallas desde la lucha por la independencia de este país, aunque las condiciones socio económicas fuesen similares, nunca una mujer podría aspirar o tener las mismas condiciones que el género masculino (Velásquez, 1995 a).
2.1.2. Lucha por el reconocimiento y la ciudadanía de las mujeres en