4.1 DESCRIPTIVE ANALYSIS
4.1.2 DESCRIPTIVE ANALYSIS ON SECONDARY DATA
1. De buenas a primeras, sobreviene el cambio de tuteo por usteo.
2. Se establece una suerte de código secreto que no es advertido por los demás. Por ejemplo, secretos intrascendentes, apodos a terceros, etc., sólo compartidos entre esas dos personas.
3. Los testigos del vínculo manifestarán que “algo pasa”. Ambos miembros del moonlightineo negarán a muerte dicha situación.
4. Casi todo en el vínculo se desarrolla a la vista de todo el mundo y cuanta más gente lo atestigua, mejor. Los moonlightineadores, orgullosos de su vínculo, lo exponen.
5. Se estira lo más que se puede el pasaje a algo físico. Para ser moonlightineador, se estiman de 8 a 12 meses de situaciones moonlightinísticas.
6. El contacto físico será absolutamente medido y sólo se permitirán demostraciones de violencia más gráficas pero de tono infantil (como en la primaria y el jardín, golpes a modo de juego). Se puede hacer upa, abrazar, dar/recibir masajes, etc.
7. Se moonlightinea exclusivamente con una sola persona.
“Sin embargo, me dirán algunos—, no estoy seguro de estar
moonlightineando u otra cosa.” Pues bien, entonces usted puede ser presa de un histeriqueo barato. Por eso, acá dejo las siguientes
aclaraciones:
Usted no moonlightinea cuando:
1. Hay trato de vos y/o se apela a apodos. 2. No hay exclusividad alguna.
3. Existe contacto físico sin control ni límites.
4. Confiesa a terceros la existencia de interés sexual.
5. Resuelve pasar a lo físico lo antes posible y luego se convierte en rutina.
6. No hay celos.
Retomando la historia, a partir de semejante cambio, mi vínculo con Luli se sostenía con cada uno de los momentos en los que el moonlightineo se hacía presente. Que en realidad eran casi todos los momentos. A saber: nos saludábamos a la mañana y ya había una
frase, una mirada, risa o chiste que empezaba a establecer un tono que se mantenía durante todo el día. Nos buscábamos tanto como nos evitábamos. Testeábamos permanentemente cómo funcionaba eso en medio de nuestra comunicación con cada uno de los terceros que se nos cruzaban, ese código que sólo nosotros sabíamos que existía. Nuestro club de secretos. Claro, a nuestros ojos éramos los mejores espías del mundo, pero desde ya existe la posibilidad de que aquello fuera totalmente despojado de sutileza, cuando en realidad se trataba de dos pavos brindando un espectáculo lamentable para los demás. Ojo, no éramos cursis, no representábamos los pegotes insoportables que empalagan con sólo verlos. Lo nuestro era como en Los
vengadores: dos sofisticados agentes salvando al mundo con estilo. Por supuesto, en un colegio, las posibilidades son limitadas. El
moonlightineo se ve cercado, y la edad y la circunstancia lo hacen más inocente, con menos futuro y capacidad de crecer. En cambio, en la oficina...
Guía oficial para moonlightinear en la oficina
1. Elija a su víctima
El don de detectar rápidamente quién es apto y está listo para aceptar, en un futuro próximo, nuestro desafío quizá sea la parte más importante de todo esto. Usted debe prestar mucha atención a las primeras impresiones. Debe mirar bien sin ser mirado, escuchar el tono de voz, sentir la energía y hasta poder decir: “Esta es la persona. Con ella este año viviré la aventura moonlightinística”. Palabra clave: reciprocidad.
2. Marque terreno
Hágalo sin ser un sacado pero con la claridad suficiente para que nadie arruine el pastel. Por ejemplo, viajando en ascensor deliberadamente, armando un almuerzo, café o cigarrillo compartido para los fumadores. Logre que quede claro que ella/él es suya/o, o que de alguna manera, en un universo paralelo, ustedes están mutuamente asignados.
3. Sorprenda, no aburra
Lo peor que puede pasar es que de entrada uno se aburguese y se ubique en una posición cómoda, que este vínculo —nacido y sostenido para esquivar la rutina como si fuera una bala mortal— se vuelva rutinario, parte de un paisaje previsible y totalmente aburrido. Es preferible equivocarse y cambiar antes que hacer lo que el otro espera de uno. Niéguese sin sentido a la coincidencia, al viaje en ascensor, a la invitación al lunch, desaparezca...
4. Saque lo mejor de sí, pero en cuotas
¿Usted toca la guitarra? ¿Sabe imitar a alguien? ¿Estudió salsa? Lo que fuere, no tire toda la carne al asador de una. Hay que saber jugar el talento oculto en el momento preciso. Acá no vale decir “no tengo ninguno”. Algo, aunque sea una torta Exquisita, todos sabemos hacer. Cuando llegue la oportunidad indicada, juéguelo y pegue doble.
5. El perfume, un amigo y un tirano
Su fragancia es su fragancia. Debe ser única, personal y sutil. La limpieza y la pulcritud son un halago. Usted se viste para el/la otro/a. Se perfuma y ¡atención!: si nuestro par da en el clavo, esa fragancia de puede volver irresistible para nosotros y convertirnos en esclavos. En el moonlightineo es clave que se mantenga el misterio de (a) ¿Quién está más involucrado/a? y (b) ¿Quién inicia cada día un nuevo match y quién lo termina?
6. No sea obvio
No elija siempre al otro en, por ejemplo, un juego grupal o un trabajo colectivo. No se siente siempre a su lado. No le dé siempre la razón. Vamos, usted puede. Esquive la lógica a veces. Tampoco se zarpe.
7. Un Sancho Panza es lo mejor
Viene bien tener un amigo que, a modo de confidente, nos dé una visión externa. Ojo, tiene que ser elegido casi con tanto tacto como la elección del/de la moonlightineado/a. Ese Sancho Panza puede guiarnos, criticar y asesorar en este arduo camino.
8. Un acto heroico cada tres meses
Tan efectivo como esquivar es ir de cabeza al acto romántico. Poner la cara por el otro, hacer un mimo flagrante, dar un regalo, expresar nuestra opinión positiva frente a terceros... Eso sí, tiene que ser con
mucha distancia temporal con otro acto similar y casi una rareza para lo que el vínculo plantea.
9. Actividad extracurricular
Cuando se proponga, por ejemplo, un día de campo, una fiesta en una casa o un asado o cualquier situación donde se juega a la pelota y se nada en una pileta, es una excelente posibilidad de mostrar otros looks, otras actitudes y más. Todo eso suma.
10. Falte, no esté siempre
Evite la omnipresencia y dar la sensación de estar siempre a mano. Hágase desear. Genere necesidad.
11. Retirarse de la fiesta en lo mejor
Tenga la clase, estilo y personalidad para no quedarse nunca hasta el final de nada. Una retirada a tiempo vale por mil velas sostenidas eternamente.
12. Espere hasta llegar a la crema
Hay tiempo. El tiempo es su amigo. No corra. No anhele el beso rápido, deje que adquiera estatus mítico. Un beso anticipado no tendrá el sabor del casi robado al final de la última fiesta cuando en tiempo de descuento todo parecía sentenciado a la platonicidad.
Moonlighting
(aka Luz de Luna, 1985 a 1989)
“No puedo creer que mañana cuando llegue a la oficina ya no vas a estar acá.”
(David Addison, Willis, a Maddie Hayes, Shepherd, al finalizar la serie).