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4.2 ECONOMETRIC ANALYSIS

4.2.3 MULTIPLE REGRESSION ANALYSIS

algún modo, somos

predecibles”

Cuando salimos con alguien, nos sometemos a una prueba que nos hace el otro o la otra. Del mismo modo, nosotros también exploramos al otro/a. Intentamos conocer sobre su persona, sus gustos, su

ideología. Pero también, secretamente, buscamos llegar a lo más oculto, lo que suele estar oculto, que por eso es considerado muchas veces negativo, aunque no siempre resulta así a la vista de todos. Por ejemplo, alguien una vez me ocultó su preferencia por desayunar pizza fría, algo que me conmovió y me acercó a esa persona, aunque ya era tarde: habíamos dejado de salir, justamente, por incompatibilidades. Cada uno/una va probando al otro/a en distintas circunstancias, tal vez a partir de temores, de traumas pasados, de necesidades. Una querida amiga, a quien llamaremos Nancy (me reservo su verdadera identidad), cuando se acostaba con un hombre por primera vez, tenía la costumbre de introducirle un dedo en esa zona para —la cito— “saber si le gustaba”, lo cual —de nuevo la cito, ya que no lo comparto — sería un indicativo de “una posible homosexualidad”. Esa práctica es conocida, en mi grupo de amigos, como La Prueba Rectal de Nancy.

Hace pocos días, otra amiga me contó algo vinculado con este tema de las pruebas. Parece que una compañera de trabajo de ella ha

desarrollado una suerte de cuestionario, bastante extenso, que suele entregar luego de la tercera o cuarta cita con un mismo caballero. Esta mujer, llamada Selena, con los años había llegado a elaborar un listado de preguntas (algunas se responden con multiple choice y otras

requieren explayarse en la respuesta) cuya finalidad era conocer más al candidato para evaluar la continuidad o no de la relación. La leyenda dice que se basó en algunos de esos tests que publica la revista

podemos conjeturar que Selena es una chica Cosmo. Selena llevó un original de ese cuestionario a una imprenta (esto es verdad, por si alguien tiene dudas) y encargó mil (1.000) copias doble faz anilladas. Como ya mencioné, era bastante extenso. La prueba estaba dividida por temas: Gastronomía (dieta), Sexualidad, Hobbies, Vacaciones, Economía, Ocio, Vestimenta, Top Five de Cine de Hollywood, Top Five de Canciones Románticas (en español), Lecturas (revistas), Deportes, Emisora FM preferida, Electrodomésticos, Inmuebles, Tarjetas de Crédito y un largo etcétera muy difícil de reproducir de memoria. Algunas de las preguntas que recuerdo (porque me impactaron):

Astrología

Signo zodiacal: . . . . Signo del horóscopo chino: . . . .

Gastronomía

Comida favorita: . . . . Sabe cocinar: sí . . . . no . . . .

¿Cocina de autor o delivery? . . . . ¿Bebe alcohol?: sí . . . . no . . . .

Sexo

¿Con luz o sin luz? . . . .

¿Tradicional o estilo Kamasutra? . . . . .. . . . . . . .

(Si elegís la segunda opción, podés desarrollar tus posiciones preferidas)

Transporte

¿Coche propio o taxi? . . . . ¿Avión, ómnibus o tren? . . . .

Vacaciones

¿Solo o acompañado? . . . . ¿Playa o montaña? . . . . ¿Carpa u hotel? . . . .

Música

canciones preferís?

• “No hay nada más difícil que vivir sin ti”, Marco Antonio Solís.

• “Dime si él”, Ricardo Arjona.

• “Déjame llorar”, Ricardo Montaner. • “Dejaría todo”, Chayanne.

• “Ámame como yo soy”, Valeria Lynch y Patricia Sosa

Películas

Para un momento romántico, ¿cuál de estas películas preferís?

• Mujer bonita . . . .

• Nueve semanas y media . . . . • El paciente inglés . . . .

• Titanic . . . .

• Shakespeare enamorado . . . .

Inmuebles

¿Departamento propio o rentado? . . . Cantidad de ambientes: . . . . Lectura • Maxim . . . . • Playboy . . . . • Hombre . . . . • Paparazzi . . . . • Caras . . . . Hobbies • Mirar tele . . . . • Ir de shopping . . . . • Lavar el auto . . . . • Ir a bailar . . . .

Cuando Selena abría uno de los cajones de su escritorio y sacaba una copia de su cuestionario —al que muchos solían llamar

Cuestionario de la Inquisición—, todo el mundo ya sabía qué se venía: después del fin de semana, Selena volvía a la carga encarando a

cuando tipo cruzara por la recepción que atendía y preguntaba a sus compañeros y compañeras de trabajo, por enésima vez, si podían presentarle a alguien. Claro, el (ex) candidato no había pasado la prueba. (¿O se habría asustado al recibir el fajo de hojas anillado?).

No creo que el caso de Selena sea paradigmático. Supongo que es uno entre muchos. Pero sí creo, como dije, que todos hacemos pruebas en las citas. Evaluamos al otro. Y aunque no comparto métodos como el citado, una vez tuve que apelar a una estrategia similar, por

supuesto que más sutil y menos invasiva.

Soy un hombre que tiene amigas. Amigas mujeres. Me gusta decirlo, me gusta tenerlas. Creo que, en más de una ocasión, esas amigas (que tampoco son tantas: Barbi, Mei, Malen y Clarisa) me han ayudado a resolver o a superar problemas del corazón. Me aconsejaron bien, supieron “leer” qué era lo mejor para mí, fueron como mis

ángeles guardianes. Por eso, cuando en el verano del 95 algunas de ellas se encontraban inmersas en una terrible angustia por no dar con el chico indicado, y todo se resumía a una enorme pérdida de tiempo con una cita tras otra, con mi hermano nos propusimos crear un

sistema definitivo que acortara el trámite con el caballero no indicado y que, en caso contrario, diera luz verde a que aquel que pudiese

pasarla exitosamente para seguir el sendero del amor. Estábamos hartos de verlas llorar y sufrir. Se continuaban, una tras otra, historias de gente que mentía, de hombres que era muy torpes en la cama y seres que, a medida que se iban sucediendo las citas, demostraban ser lo que en realidad eran: (a) un plomazo, (b) un mal tipo, (c) un

machista, (d) un facho, (e) un narcisista, (f) ... (complete a gusto).

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