2.2 Data and descriptive statistics
2.2.2 Descriptive Statistics
A continuación expondremos las ideas de los autores que trabajaron en torno al juego, por consiguiente se anunciará la definición de juego desde el planteamiento de Huizinga, J (1968) en su principal libro Homo Ludens y Winnicott , D (1972) quien considera el juego como una actividad central, lo cual enriquece el concepto de juego usado como estrategia y fortaleciendo a la vez nuestra investigación.
Adicionalmente, se retoma la teoría de Ausubel,D (1983) ya que es una de las teorías que sustenta la base de los juegos, pues este autor plantea que el aprendizaje de los estudiantes dependen de la estructura cognitiva previa ( pre saberes) y que se relacionan con nuevas informaciones; y por último se mencionara a Vigotsky, L (1966) debido a sus aportes en la definición del juego como una realidad en el niño, también su abordaje en el contexto educativo y así verlo como medio para generar aprendizajes de formas diferentes y llamativas en los niños y las niñas.
En este orden de ideas reconocemos que dentro de nuestra investigación uno de los pilares es el juego, pues fue el que posibilitó que los niños y las niñas se acercaran a la lectura y la escritura y más importante aún que le encontraran gusto a la realización de estos procesos, por ende, para hablar del juego retomamos a Huizinga (1968) quien expone una postura clara y que para nosotras se relaciona con la temática investigada, parafraseando al autor, se menciona que el juego es de suma importancia en la vida del individuo pues este
33 es el núcleo primario en la actividad humana, el autor no expone al juego como una función vital sino como un complemento de la misma.
También, tomamos la idea primordial que constituye el juego para Huizinga (1968), quien expone el juego como una actividad libre ejecutada con un sentido, situada dentro de un contexto, un momento histórico y con unos intereses específicos; además, con el fin de disfrazar el mundo habitual en el que el sujeto se desarrolla cotidianamente; en efecto, al respecto Huizinga plantea lo siguiente en su libro, Homo Ludens (1968):
“Todo juego, es, antes que nada, una actividad libre. El juego por mandato no es juego, todo lo demás es una réplica, por encargo, de un juego. Ya este carácter de libertad destaca el juego del cauce de los procesos naturales… tienen que jugar porque se lo ordena su instinto y porque el juego sirve para el desarrollo de sus capacidades corporales y selectivas” (p 20). Entonces reconocemos un alto grado de libertad en el juego, por ende retomamos en la investigación los intereses particulares de los niños y niña del grado 201, llegando a un preferencia notable por el juego en los estudiantes, en relación a esto, posibilitamos una ejecución de los juegos de manera autónoma en donde cada equipo de trabajo definió cuál iba a ser el juego, como se practicaría y con qué elementos contaría el mismo.
Así mismo, Huizinga (1968) menciona en su definición del juego que:
“el juego es una acción o una actividad voluntaria, realizada en ciertos límites fijos de tiempo y lugar, según una regla libremente consentida pero absolutamente imperiosa, provista de un fin en sí, acompañada de una sensación de tensión y de júbilo, y de la conciencia de ser de otro modo que en la vida real” (p. 15)
Partiendo de esto, el autor plantea las características esenciales del juego, la trascendencia cultural del juego en el desarrollo de los pueblos, relaciones entre el mito y el juego, como también los paradigmas en investigación frente al tema de juego. Por lo tanto retomamos este planteamiento, conduciendo y propiciando el juego en los niños y niñas dentro de nuestra investigación, sabiendo que éste permitió canalizar y delimitar un fin, para este caso el aprendizaje, gusto y práctica de la lectura y la escritura de manera autónoma, crítica y reflexiva.
Por otro lado, retomamos también a Winnicott (1972), quien agrega que:
“el niño juega en una región que no es posible abandonar con facilidad y en la que no siempre se admiten intrusiones. Los niños reúnen objetos o fenómenos de la realidad exterior y los usan al servicio de una muestra derivada de la realidad interna o personal. Sin necesidad
34 de alucinaciones, emite una muestra de capacidad potencial para soñar y vive con ella en un marco elegido de fragmentos de la realidad exterior” (p. 53)
Lo anterior, se relaciona en gran medida con nuestra intención en tomar el juego como mediador en el aprendizaje que los niños y niñas construyen, pues al tomar aspectos de la cotidianidad de los estudiantes y relacionarlos con el juego, obtuvimos una forma diferente en que los niños y niñas se acercaban y practicaban el leer y el escribir. Del mismo modo, lo anteriormente planteado por Winnicott (1972) se relaciona con el postulado de Huizinga (1968), pues los autores exponen el juego como un medio que los niños/as tienen para construir una nueva realidad, tomando así cosas de su cotidianidad e intereses particulares. Entonces, concebimos que el juego fue un recurso valioso para la asociación de lo
aprendido con la realidad del estudiante, por supuesto partiendo de los conocimientos que ya obtenían previamente los niños y las niñas acerca del tema. El juego le permite al niño aprender de manera práctica algunos conceptos que pueden relacionar los aprendizajes significativos adquiridos al estar en contacto de manera directa con el material de estudio, para tal caso la lectura y la escritura. Partiendo del planteamiento de Ausubel (1983) quien menciona que:
“Un aprendizaje es significativo cuando los contenidos: Son relacionados de modo no
arbitrario y sustancial (no al pie de la letra) con lo que el alumno ya sabe. Por relación sustancial y no arbitraria se debe entender que las ideas se relacionan con algún aspecto existente específicamente relevante de la estructura cognoscitiva del alumno, como una imagen, un símbolo ya significativo, un concepto o una proposición” (p.18).
Es decir, es importante como maestros tener en cuenta los conocimientos de los estudiantes acerca de un tema o contenido a abordar en el aula; en este caso específico tuvimos en cuenta los diferentes juegos que les interesaban y conocían los niños y las niñas. De manera que esto permitió una relación de lo que les atraía con lo que se quería trabajar y reforzar (lectura y escritura). Lo que destaca este aprendizaje es la producción de la
interacción de los conocimientos que llevaban consigo los estudiantes previamente y la nueva información que obtuvieron en el proceso; por ende, estos aprendizajes nuevos adquirieron un significado claro, de forma libre y placentera para los niños y niñas.
35 6.2.1.1. Juego en el ámbito escolar
Por otro lado, retomamos los postulados de Vygotsky (1966) quien planteó que el juego surge como respuesta a la tensión que generan algunas situaciones irreales, pues el juego es ese espacio imaginario donde el niño o la niña encuentran para resolver esa tensión en una serie de acciones que lo vinculen. En sus propias palabras “El juego es una realidad cambiante y sobre todo impulsora del desarrollo mental del niño” (p.149). Así, hacemos referencia al uso del juego dentro del ambiente escolar que debe asumirse de manera consciente, por lo cual se convierte en divertido y en un proceso desarrollado sin ninguna dificultad; pues es a través de este es que el niño logra comprender y construir su propia realidad social y cultural, la cual surge de la exploración y representación del mundo. Entonces, al posicionar al juego dentro de la adquisición de aprendizaje en el entorno escolar, se reconoce que es una herramienta óptima y adaptable al quehacer docente pues vincula intereses y gusto de los estudiantes con temas específicos que son necesarios trabajarlos en el entorno educativo, en este orden de ideas se reconoce el utilizar otras herramientas en el accionar docente posibilitando y fortaleciendo la participación de los estudiantes, así pues se favorece la interacción social entre docentes, estudiantes y pares. Remitiéndonos a un artículo de Montañez et al. (s.f) en el cual se menciona a Vygotsky (1932) y su teoría sobre el juego donde expone que:
“El juego tiene, entre otras, una clara función educativa, en cuanto a que ayuda al niño a desarrollar sus capacidades motoras, mentales, sociales, afectivas y emocionales; además de estimular su interés y su espíritu de observación y exploración para conocer lo que le rodea, y de agudizar la atención, la memoria y el ingenio.” (p. 243)
Por consiguiente decimos que el juego aparte de posibilitar un aprendizaje más ameno ayuda a la interacción de diversos agentes, permitiendo así que el desarrollo social se enriquezca y que gracias a este se genere un contacto mucho más cercano con los demás, en el caso del niño con sus pares y docentes, sin embargo no siempre se ejecutan juegos en colectiva, también se desarrollan juegos individuales que permiten un ejercicio de autoconocimiento, en palabras de Vygotsky (1932), citado en Montañez et al. (s.f) se plantea que:
“el juego se convierte en un proceso de descubrimiento de la realidad exterior a través del cual el niño va formando y reestructurando progresivamente sus concepciones sobre el
36 mundo. Además le ayuda a descubrirse a sí mismo, a conocerse y formar su personalidad” (p. 241).
De igual forma, reconocemos que la enseñanza, es un proceso de construcción social, en la cual no solo interviene el docente y los estudiantes sino lo que está en medio de estos, los conocimientos previos, intereses y estrategias pedagógicas, por consiguiente identificamos que nuestro accionar fue acorde a lo anteriormente mencionado y posibilitó una
aprendizaje muchos más integral en los niños y las niñas, porque se tomaron aspectos dentro y fuera de la escuela que trascendieron su accionar en la cotidianidad.
Finalmente reconocemos que la escuela es el ámbito ideal para tener la oportunidad de jugar, ya que el juego no es sólo un pasatiempo, y se debe aprovechar todo el potencial de educar a través de este como hace alusión Montañez et al. (s.f) citando a Vygotsky (1932) “el juego se convierte así en la situación ideas para aprender, en la pieza clave del
desarrollo intelectual” (p. 241).