2.2 Relevant Literature
2.3.4 Descriptive Statistics
La alimentación de las personas adultas depende en gran parte, de la información sobre la cantidad y calidad de alimentos y de los hábitos alimentarios, que posea cada persona y de sus culturas. Una buena alimentación puede aminorar o hasta prevenir muchas de las enfermedades comunes de la edad, como el sobrepeso, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la osteoporosis, la insuficiencia renal, la hipertensión entre muchas otras.
El conocimiento de las necesidades nutricionales constituye la base teórica indispensable para determinar la alimentación ideal de un individuo en cualquier período de la vida y en diferentes condiciones ambientales. Se entiende por nutrición al conjunto de procesos mediante los cuales el organismo recibe, transforma y utiliza elementos químicos contenidos en los alimentos. Estas sustancias constituyen los materiales necesarios y consciente que consiste en proporcionar al cuerpo esa serie de productos nutritivos contenidos en los alimentos (Astiasarán y Martínez, 2003; Figueroa, 2005).
De ahí la importancia sobre el nivel de conocimiento que posee una persona sobre alimentación que le permite examinar la información base, seleccionar datos importantes y llevar a cabo la toma de
decisiones de una forma consciente y responsable. Ellos adquiere conocimientos científicos técnicos y prácticos; el saber científico, está referido a los conocimientos técnicos adquiridos por medio de los profesionales de salud, medios televisivos y de comunicación social; y el saber práctico, aquel que el paciente adquiere por medio del sentido común o de sus experiencias de vida como hija o como madre (Martínez,2003; Papalia, 2005).
Sobre Nivel de Conocimientos en Alimentación en los pacientes con Enfermedad Renal Crónica en el Hospital Lazarte de Trujillo, revelan que el mayor porcentaje (68 por ciento) de los pacientes con enfermedad renal crónica presenta un regular nivel de conocimientos sobre alimentación, también existe un porcentaje notable (29 por ciento) con un buen nivel de conocimientos sobre alimentación y el menor porcentaje (3 por ciento) tienen un nivel bajo de conocimientos sobre alimentación (Tabla 01).
Estos resultados se aproximan a los obtenidos por López y Cuadrado (2008), en la investigación sobre “Conocimientos de alimentación del Enfermo Renal en Hemodiálisis” realizada en Barcelona; encontraron que el 52.72 por ciento de los pacientes tienen un buen nivel de conocimientos, el 25.45 por ciento de pacientes tienen
un regular nivel de conocimientos y el 21.81 por ciento de pacientes tienen un bajo nivel de conocimientos.
De la misma manera, son similares a los encontrados por Villavicencio y Sáenz (2009), en la investigación “Nivel de conocimiento de la Enfermedad Renal Crónica Terminal de los pacientes que reciben hemodiálisis y el reingreso por el servicio de emergencia” en el Hospital Central Militar, se encontró el 55 por ciento de los participantes resultaron con un nivel de conocimiento alto, el 40 por ciento que obtuvieron un nivel de conocimiento mediano y el 5 por ciento resultó con un nivel de conocimiento bajo.
Sung (2000), define a la alimentación como aquella que aporta todos los nutrientes esenciales y la energía que cada persona necesita para mantenerse sana. Además debe contener una amplia variedad de alimentos ricos en nutrientes seleccionados de los 5 grupos básicos: carbohidratos, verduras y frutas, proteínas, lácteos y sustancias grasas y debe ser: de buena calidad, consistencia y frecuente.
En el caso de los adultos que participaron en el presente estudio y tienen un nivel de conocimiento bueno; probablemente se deba a que los adultos asisten y realizan la práctica de lo enseñado en los programas de capacitación y consejería sobre temas relacionados
con su enfermedad que se brindan en Salud Renal, así mismo al seguimiento, continuidad y apoyo familiar. En cambio aquellos adultos que tienen un nivel regular de conocimientos probablemente no tengan una regular asistencia a los programas de capacitación, consejería, además no muestren interés en el desarrollo de los mismos.
Siendo la educación en salud una de las estrategias prioritarias en la promoción de la salud y prevención de la enfermedad, desempeñando en ello, la enfermera, un rol importante como una profesional que trabaja en la atención primaria de salud; induciendo a las personas por medio de la educación a que modifiquen sus formas de comportamiento con miras a prevenir enfermedades y mantener la salud, actuando como maestra y consejera, enseñando, guiando y apoyando al individuo para que logre ser más responsable de sus propios cuidados de salud (Marriner y Tomey, 2007).
Es importante considerar a la información como uno de los elementos fundamentales del proceso de conocimiento y comunicación, comprendiendo el conjunto de datos organizados y significativos que describen determinados procesos o entidades; constituyendo también la acción y efecto de informar. El procesamiento de la información incluye dos etapas: el primero de asimilación y el segundo referido al registro de los datos (documentales, informes, otros) (Choque, 2005).
Un requerimiento nutricional es la cantidad mínima de un nutriente que debe ser consumido para mantener el equilibrio metabólico de un individuo. Un nutriente es la unidad funcional mínima que la célula utiliza en el metabolismo intermedio, y que es provista a través de la alimentación, conformados en seis clases de nutrientes: proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas, minerales y agua (Fanta, Paris y Puga, 1997).
Para conseguir una correcta alimentación en la Enfermedad Renal, es muy importante aprender a manejar los alimentos y obtener de ellos los nutrientes necesarios, en la cantidad y proporción adecuada a cada situación. El organismo obtiene de los alimentos la energía y los nutrientes para desarrollarlas actividades diarias. Los alimentos una vez ingeridos, son transformados y se generan unas sustancias de desecho que son eliminadas, principalmente, por el riñón y por el tubo digestivo. Además, el riñón actúa regulando la concentración de otras sustancias como son el sodio, potasio, fósforo, agua, etc. Si el riñón no funciona de manera adecuada, todos estos productos se acumulan y trastornan los niveles internos (García, 2010).
En la tabla N°2 Estado Nutricional de los pacientes con Enfermedad Renal Crónica en el Hospital Lazarte de Trujillo, se aprecia que el 45 por ciento de los pacientes con enfermedad renal crónica
tienen un estado nutricional normal, el 39 por ciento tienen sobrepeso, el 16 por ciento son obesos y ninguno presenta obesidad mórbida.
Estos resultados en parte son similares a los obtenidos por Castillo y Gallegos (2011), en la investigación sobre “Evolución del estado nutricional en pacientes con ERC, durante 4 años” realizada en España; encontraron que el 47,70 por ciento de los pacientes presentan estado nutricional normal; 39,70 por ciento de los pacientes presenta sobrepeso; el 7,90 por ciento presentan obesidad y el 4,50 por ciento presenta obesidad mórbida.
Los resultados difieren a los obtenidos por Palomares y Quezada (2012), en la investigación sobre “Estudios longitudinal del índice de masa corporal (IMC) en pacientes con Enfermedad Renal” realizada en Cuba; encontraron el 3,2 por ciento de las pacientes mostraban bajo peso; el 83,97 por ciento un IMC normal y el 12,16 por ciento sobrepeso.
Así mismo, difieren a los referidos por Montalvo y Gómez (2011), en la investigación sobre “Valoración Nutricional de pacientes con Enfermedad Renal Crónica”, realizada en el Hospital Nacional Edgardo Rebagliati Martins, Perú, encontraron el 45 por ciento tiene
bajo peso, el 21,7 por ciento presentan estado nutricional normal y 33,3 por ciento tiene sobrepeso.
En el caso de los adultos que participaron en el presente estudio y tienen un estado nutricional normal probablemente se deba a que los adultos realicen las recomendaciones y orientaciones nutricionales, dietéticas entregadas por la enfermera y la nutricionista del servicio, así mismo por la monitorización, evaluación de su estado nutricional que se realiza en la consulta de enfermería y de nutrición. En cambio aquellos adultos que tienen sobrepeso probablemente no cumplan las recomendaciones, orientaciones sobre su nutrición y dieta. Los adultos que presentaron obesidad podría deberse a la no asistencia y rechazo a las recomendaciones y orientaciones, así mismo la falta de apoyo familiar para la realización de dichas recomendaciones.
Las personas que padecen Enfermedad Renal, especialmente si se trata de la forma crónica e irreversible de la enfermedad, necesitan introducir una serie de cambios en su dieta que les permita mantener un buen estado nutricional y, al mismo tiempo, evitar en lo posible la acumulación de sustancias tóxicas que el riñón no es capaz de eliminar. Modificar la alimentación, no sólo es una recomendación saludable, sino que junto con los medicamentos y la diálisis, es parte fundamental del tratamiento.
En la tabla N°3 Estado Nutricional según Nivel de Conocimiento sobre Alimentación de los Pacientes con Enfermedad Renal Crónica en el Hospital Lazarte de Trujillo, se observa que del total de pacientes; el 68,4 por ciento con un nivel de conocimientos regular sobre alimentación; el 28,9 por ciento tienen un estado nutricional sobrepeso; el 23,7 por ciento tienen normal, y 15,8 por ciento son obesos; el 28.9 por ciento con un nivel de conocimientos bueno, el 19,7 por ciento tienen un estado nutricional normal y el 9,2 por ciento tienen sobrepeso; sin embargo el 2,6 por ciento con un nivel de conocimientos bajo sobre alimentación; el 1,3 por ciento tienen un estado nutricional normal y sobrepeso.
Al someter los resultados a la prueba estadística chi cuadrado de independencia de criterios (p= 0.042), se encuentran evidencias suficientes para enunciar una relación estadística significativa (p<0.05), entre el Estado Nutricional y el Nivel de Conocimiento sobre Alimentación de los Pacientes con Enfermedad Renal Crónica.
Los resultados obtenidos difieren de los encontrados por Aurazo (2013), en la investigación “Conocimiento sobre alimentación y el estado nutricional de los pacientes sometidos a hemodiálisis, del Centro Nefrológico Integral Renal Care de Huánuco, se obtuvo el estado nutricional muestra una prevalencia en un 41,9 por ciento de
los pacientes presentan desnutrición moderada, seguido de un 32,6 por ciento normal y un 25,6 por ciento desnutrición severa. Respecto al nivel de conocimiento de estos pacientes se obtuvo, un 30,2 por ciento de estos pacientes tenía un alto nivel de conocimientos, 51,2 por ciento nivel medio de conocimientos y 18,6 por ciento un bajo nivel de conocimientos.
El paciente de ERC, en cuanto es diagnosticado, debe aprender lo más rápidamente posible lo que son las proteínas, el potasio, el fósforo, el sodio, etc.; elementos y componentes de los alimentos que resultan totalmente desconocidos para muchas personas, pero que son potencialmente nocivos para un paciente renal si se ingieren sin control. Por ello, una de las primeras tareas que un paciente de ERC pone en práctica en el tratamiento de su enfermedad, es controlar la ingesta de ciertos componentes de la alimentación o eliminarlos de la dieta; eso sí, muchas veces no saben qué son y para qué sirven, es decir, cuál es su función en nuestro cuerpo, en nuestro organismo y para qué es tan importante su restricción (Ospina, 2010).
Una de las exigencias más complicadas de respetar en los pacientes que sufren Enfermedad Renal Crónica (ERC) es la de seguir, como parte fundamental de su tratamiento, una dieta extremadamente estricta que, además, debe proporcionar los nutrientes mínimos
necesarios para que su salud no se vea más dañada. Porque uno de los riesgos más importantes en estos pacientes es la desnutrición, que se ve potenciada no sólo por la cantidad de alimentos que no pueden tomar, sino porque en su preparación se pierden gran cantidad de nutrientes. Ello sin contar que la preparación de cada alimento y lo reiterativo de los platos convierten la dieta en monótona y aburrida; y un paciente con ERC, tanto si está en pre-diálisis como si ya está en diálisis debe estar alimentado de forma adecuada, sin déficit de ningún tipo (Ordoñez, 2007).