La guerra civil de 1859 – 1862 hizo que Tomás Cipriano de Mosquera se convirtiera en la figura política y militar más representativa después de la segunda mitad de siglo XIX. Este fue su momento cumbre en el poder, ya que su destreza militar era incuestionable y su poder político iba en aumento con cada paso estratégico que daba. Sin embargo, las drásticas disposiciones, que atacaron las bases de instituciones como la Iglesia Católica y los castigos ejemplarizantes que ejecutó, generaron miedo y desconfianza en sus aliados liberales lo cual minó las bases de su poder y de paso, del partido que lo había acompañado en la contienda. Estos hechos llevaron a la división de los liberales entre militaristas y civilistas, quienes se disputaban el control de las instituciones y recursos del Estado. Por el carácter personalista del general, sus ambiciones y la fuerza política que había alcanzado hasta ese momento, muchos liberales intentaron frenar su poder a través de una constituyente, los escrutinios y las leyes pero no lo consiguieron porque, después de la guerra, sus seguidores estuvieron dispuestos a continuar apoyándolo, denominándose “liberales de corazón”, para diferenciarse de los liberales que
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Carta remitida por Ramón Acevedo a Tomás Cipriano de Mosquera, Bogotá, Julio 20 de 1863, en: Archivo Central del Cauca, Correspondencia Mosquera, carpeta No. 1, sig. 43290.
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estaban haciendo fuerte oposición a Mosquera, tal como se observa en la siguiente misiva:
(…)Los hombres que verdaderamente aman a su patria, han presentado a usted como candidato para la presidencia de la nación en el primer periodo constitucional i su candidatura ha sido aceptada con entusiasmo en Bogotá i en los demás pueblos de los Estados de la Unión.
Ya sabrá U, que los enemigos de la República i que se llamaron liberales para celebrar el triunfo del 18 de julio de 1861; hoy porque no han sido llamados por usted a ocupar los altos destinos de la Nación en el Periódico "la Opinión", le hacen la oposición i adulan al señor Murillo, confiando que este les satisfará sus deseos.
Nosotros, animados del más puro patriotismo, i en nombre de la Nación i del gran Partido Liberal, le encarecemos al jeneral Mosquera, preciosa reliquia de la independencia, por ningún motivo renuncie a su candidatura, que la han aceptado los libres de corazón i dispuestos a hacerlas triunfar por las vías legales i con el sacrificio de la vida si necesario fuere. Puesto que es el jeneral Mosquera, el único que puede llevar adelante los principios de la triunfante revolución, i con su sabiduría, actividad i rectitud, hace dichosos a los colombianos i feliz a su patria493.
Este discurso refleja la polarización del partido liberal y evidencia la relación clientelista entre los seguidores del partido con los líderes del mismo, para ubicarse en puestos públicos y disfrutar de los recursos del erario. También corrobora que más que un partido político, lo que existía eran diferentes coaliciones de grupo que se organizaban alrededor de una figura representativa inscrita en el partido para poder obtener un cargo, u otro tipo de beneficios otorgados por los funcionarios del gobierno de turno. No en vano, Helen Delpar indicaba que en 1863, el término partido liberal:
(…) se había utilizado por una década, asociándolo con un conjunto de ideas y de líderes de quienes se presumía algún dominio sobre un grupo de seguidores más o menos leales. Cuando se convocaba a elecciones, con regularidad se presentaban candidatos identificados como liberales y se organizaban comités para luchar por su causa. Sin embargo, carecían de estructura permanente en los niveles nacional o regional que garantizara la continuidad de su organización. Las decisiones eran tomadas por grupos informales de liberales notables, principalmente miembros del Congreso y otros burócratas494.
Esta idea sobre el partido liberal se reafirma a través del pensamiento crítico de Manuel Ancízar, quien en 1862 observaba, en las sesiones de la Asamblea del
493 Carta remitida por Ramón Acevedo a Tomás Cipriano de Mosquera, Bogotá, Septiembre 1 de 1863, en: Archivo Central del Cauca, Correspondencia Mosquera, carpeta No. 1, sig. 43291. 494
Delpar, Helen, Rojos contra azules. El partido liberal en la política colombiana, 1863 – 1899, traducido por Álvaro Bonilla Aragón, Bogotá, Pro cultura, abril de 1994, p.xxxvii.
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Consejo de Cundinamarca desarrollada en Funza, que ya se estaban desarrollando los gérmenes de una futura división del partido liberal y consideraba que indudablemente éste no era un partido para gobernar, sino para generar oposición:
Por ahora el común peligro nos mantiene unidos, y nada más que el común peligro; vínculo pasajero que se romperá el día de la paz, y que cuatro años después nos presentará fraccionados y fáciles de vencer por los adversarios. No le hace, con tal que para entonces se haya consumado irrevocablemente la secularización del país, grande y única como que quedará de la revolución, pero suficiente para darle a Vd. imperecedera gloria. Por lo demás, los resultados generales de la Asamblea han sido buenos, y esto es lo que debemos ver, sin detenernos en los pasajeros relámpagos de una discusión sin trabas, como debía serlo495.
Como ya lo ha señalado la historiografía, después de la guerra de 1859 – 1862, los liberales se dividieron entre los seguidores del general Mosquera, en cuyas filas se encontraban militares, liberales gólgotas, algunos fundadores de periódicos miembros de logias masónicas496 y de las sociedades democráticas, entre quienes se destacaba Manuel María Victoria, quien se vinculó a la Sociedad Democrática de Cali desde 1848 y otras figuras representativas a nivel regional que iban en ascenso político como Julián Trujillo, Cesar Conto y Andrés Cerón, quienes hacían parte del grupo a quienes se les ha atribuido un carácter guerrerista o militarista. En oposición a ellos, se encontraban los liberales “radicales” o “civilistas” que pertenecían a la segunda generación de líderes del país, de clase media, que habían empezado su carrera política a mitad de siglo, entre quienes se destacaron Manuel Murillo Toro, Eustorgio Salgar, Santiago y Felipe Pérez, Aquileo Parra, Salvador Camacho Roldán, entre otros. Paradójicamente, a pesar de la denominación de “radicales”, con que tradicionalmente se ha reconocido a este último grupo, las medidas de sus gobernantes no fueron tan drásticas como las asumidas por Mosquera en relación a las disposiciones en contra de la Iglesia y de sus enemigos políticos, especialmente durante el año de 1861, al someter a sus prelados al régimen civil, expropiar las propiedades de manos muertas y expulsar del país a sus más fuertes oponentes como el Arzobispo Herrán y los jesuitas, entre otras disposiciones.
Con la nueva polarización del partido liberal, se inició un ciclo corto en la historia política colombiana, que iba desde 1862 hasta 1867, inserto en uno más largo relacionado con el establecimiento del federalismo en Colombia, que finalmente no logró consolidarse por el debilitamiento sufrido a partir de la guerra religiosa de 1876, con una coalición entre liberales independientes, mosqueristas y conservadores, que hicieron que el régimen federal terminara diez años después de dicha fecha. Coincidiendo con el corto ciclo en mención, Gilberto Loaiza indica que entre 1862 y 1867, “hubo una fase de transición con el consecuente forcejeo de
495 Al respecto puede consultarse la carta de M. Ancízar a Tomás Cipriano de Mosquera, Funza, agosto 27 de 1862, en Archivo Mosquera, transcrita del original por T.C.de Mosquera Wallis. 496Al respecto puede consultarse Loaiza Cano, Gilberto. Sociabilidad, religión y política en la definición de la Nación (Colombia, 1820 – 1886), Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2011, pp. 186 – 199.
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tendencias que se dirimió, finalmente con la caída de Mosquera y la entronización de la oligarquía radical por algo más de una década en el poder” 497
. Este corto periodo estuvo caracterizado por nuevas tensiones políticas producidas no solamente por la división del liberalismo, sino también por el ataque contundente que Mosquera le dio a la Iglesia Católica, además de la exclusión de los conservadores del poder; quienes a pesar de ello, rápidamente lograron organizar sus estrategias para hacer oposición al nuevo gobierno, como lo informaba Manuel Ancízar en una carta remitida a Mosquera:
Sé que urde una bien elaborada intriga conservadora para tratar de malquistarlo a Vd. sucesivamente con los generales Gutiérrez, Acosta y López, y aún con otras personas, haciéndolos aparecer como ¡rivales!, de Vd. y centros de no sé qué planes ingratos. Para ello tratarán de hacer vibrar la cuerda más sensible en el alma de Vd., cual es la que sus grandes servicios al país no son agradecidos, y que en vez de amigos hallará Vd. envidiosos en aquellos nobles corazones. Me consta que se empiezan a anudar los hilos de esa intriga jesuística; pero tengo la firme creencia de que irán a estrellarse contra una roca, y que ya descubrirá Vd. por el olor a los oficiosos agentes, “Aunque vayan disfrazados con un título militar” 498
.
Tal vez la estrategia de los conservadores dio resultado, porque al año siguiente de esa carta, algunos generales como López y Zaldúa apoyaron la candidatura de Santos Gutiérrez para la presidencia de la Unión, en oposición a una posible candidatura del general Mosquera quien buscaba ser reelecto como presidente para el periodo que iniciaría en 1864499, a pesar de los impedimentos constitucionales estipulados por la Constitución de Rionegro, que establecía un periodo de gobierno de dos años sin posibilidad de reelección para menguar precisamente los intereses del general. Con esas disposiciones, los liberales radicales habían intentado minimizar la fuerza política y los intereses que tenía Mosquera, por ser el caudillo más poderoso que sobrevivía desde las guerras de independencia, y era temido por sus posibles aspiraciones dictatoriales; aunque su biógrafo Diego Castrillón argumenta lo contrario, resaltando la intención del caudillo de ejercer un gobierno provisorio mientras se reunía una Convención que sería la encargada de determinar los destinos del país500.
El asunto de la Convención, al parecer no fue una idea propia del caudillo, ya que las presiones internacionales para legitimar el nuevo régimen político así lo demandaban y la intervención de varios de sus aliados políticos liberales, como Manuel Ancízar, fue clave para que el general le diera trámite a ese mecanismo que permitiría legalizar el gobierno provisorio dándole el carácter popular que no tenía. A través de varias cartas y en repetidas oportunidades, Ancízar insistió a Mosquera
497 Al respecto puede consultarse Loaiza Cano, Gilberto. Manuel Ancízar y su época. Biografía de
un político hispanoamericano del siglo XIX, óp. cit., p. 361.
498 Al respecto puede consultarse la carta de M. Ancízar a Tomás Cipriano de Mosquera, Bogotá, enero 5 de 1862, en Archivo Mosquera, transcrita del original por T.C.de Mosquera Wallis.
499 Carta remitida por Santos Acosta a Tomás Cipriano de Mosquera, Bogotá, julio 13 de 1863, en: Archivo Central del Cauca, Correspondencia Mosquera, carpeta No. 1, sig. 43295.
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que era fundamental que una Convención ratificara el pacto de Unión en nombre del pueblo, para que fuera reconocido nacional e internacionalmente. En una de sus misivas, Ancízar le decía al general que era preciso aceptar la verdad de las cosas, tal como eran y se presentaban, “ásperas a veces, pero real e irremisible”, y para calmar sus ánimos, le indicaba que:
Un hecho existe que debe ser para Vd. de gran satisfacción, porque demuestra con qué grado de respeto y confianza lo mira el país, y este: que nadie, sino Vd. habría sido unánimemente aceptado por los liberales para ejercer un poder unipersonal: ningún otro ciudadano habría obtenido esa ilimitada delegación de poderes hecha por un partido político que jamás habría consentido en personificarse así, ni le es fácil hacerlo. Ha sido Vd. el único y la historia lo mencionará como el único que ha logrado merecer y alcanzar tan incitada confianza. No es éste un raro y valiosísimo título de honor, tanto más valioso cuanto es único? El partido que gustosamente lo ha otorgado por primera y última vez, bien merece que se le disimulen algunos arranques que nacen de su índole altiva e independiente; y digo más: esa misma índole, esos mismos arranques realzan el mérito del hombre que ha obtenido la delegación ilimitada de poderes políticos, la cual hecha por un partido servil no significaría gran cosa501.
Al parecer las presiones ejercidas por el Secretario de Estado no le gustaron mucho al general, como lo indica Loaiza Cano502, pero gracias a la insistencia de este personaje, Mosquera aceptó convocar la Convención constituyente, de la cual se erigió la Constitución de 1863, que fue producto de la labor ejercida por los representantes de los Estados soberanos del Cauca, Cundinamarca, Antioquia, Bolívar, Boyacá, Magdalena, Panamá, Santander y el Estado del Tolima, creado durante el gobierno provisorio, en 1861. Sus delegados se confederaron en la población de Rionegro Antioquia, convocados por Mosquera para definir los destinos del país bajo el régimen federalista503, con una Constitución que ha sido catalogada por Uribe de Hincapié y López Lopera, como: “el nacimiento e institucionalización de un modelo de republicanismo y un Estado liberal moderno, en un país fragmentado, localista y pre moderno504. A partir de este organismo se ratificó la existencia de los Estados Unidos de Colombia, bajo un régimen federado, con una estructura político - administrativa conformada por un Estado central y nueve Soberanos; se decretó el nuevo reordenamiento territorial, las formas y los mecanismos de gobierno, el alcance de los Estados y los derechos de los ciudadanos que alojaba la nación505.
501 Al respecto puede consultarse la carta de M. Ancízar a Tomás Cipriano de Mosquera, Bogotá, septiembre 24 de 1862, en Archivo Mosquera, transcrita del original por T.C.de Mosquera Wallis. 502 Loaiza Cano, Gilberto. Manuel Ancízar y su época. Biografía de un político hispanoamericano
del siglo XIX, óp. cit., pp. 358.
503 Al respecto puede consultarse Loaiza Cano, Gilberto. Manuel Ancízar y su época. Biografía de
un político hispanoamericano del siglo XIX, óp. cit., pp. 356 – 359.
504 Uribe María Teresa, López Liliana María, La Guerra por las Soberanías, Óp. Cit. P. 87. 505
Sobre los alcances de la Constitución de 1863, puede consultarse: Delpar, Helen, Rojos contra azules. El partido liberal en la política colombiana, 1863 – 1899, óp., cit., pp. 26 – 32.
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Después de la promulgación de la Constitución de Rionegro, los liberales tuvieron que aceptar que Mosquera fuera el primer presidente de los Estados Unidos de Colombia, tal como lo habían pactado tres años atrás, cuando le dieron al general el liderazgo temporal y absoluto del partido para que ganara la guerra. Sin embargo, los radicales no estaban dispuestos a permitir que Mosquera se prolongara en el poder, lo cual incrementó la división del partido; pero para disgusto de muchos, Mosquera seguía teniendo la mayoría, con 37 votos a favor y 24 en contra, de los 61 votos dados por los delegados de la Convención. Con el apoyo con que el general contaba hasta el momento, organizó una poderosa coalición política compuesta por sus seguidores personales denominados “mosqueristas” que, con la ayuda de otros liberales aliados a su causa, continuaron trabajando tácticamente para que él continuara a cargo del poder central, porque muchos lo veían como la única persona capaz de sacar adelante los destinos de la nación, por eso, estuvieron interesados en que el general siguiera siendo el Presidente de la República.
Uno de los casos que ejemplifican este tipo de personajes fue el general Santos Acosta 506, a quien la historiografía ha identificado como uno de los liberales radicales opositores a Mosquera. Aun así, en el año de 1863, Acosta era “amigo de corazón”del general507 y, como tal, no escatimó esfuerzos a favor de su campaña presidencial que buscaba reelegirlo para el periodo que iniciaría en 1864508. A pesar de esas intenciones, la reelección era imposible, como le informaba Acosta a Mosquera en una misiva fechada el 22 de julio de 1863, donde le escribía que la situación política en Bogotá estaba “muerta”, y que aunque el candidato de moda era Gutiérrez, a los que no les gustaba este candidato, o Murillo, tampoco se decidían a trabajar por Mosquera que era un “candidato de corazón”, porque la prohibición constitucional era terminante y no permitía otra interpretación, así que los votos que se pudieran dar al respecto, serían declarados “malos” y el Congreso obligaría a hacer dicha declaración “suponiendo que se diera el caso” 509
.
En el transcurso del año de 1863, Santos Acosta siguió informando a través de la correspondencia a Mosquera, la situación política de Bogotá y los movimientos que hacían los seguidores de Gutiérrez, además de la idea que tenía la opinión pública sobre la posible candidatura del general y otros asuntos relacionados con la administración pública, cuyo objetivo era mantenerlo al tanto de todo lo que estaba ocurriendo para que no ignorara nada y supiera todos los inconvenientes que habían
506 Santos Acosta era un médico cirujano y liberal boyacense que había estudiado, entre otros sitios, en el Colegio Mayor Nuestra Señora del Rosario de Bogotá y en el Colegio Nacional de Bogotá, en donde se formaron gran parte de los liberales radicales del país; además, había ocupado varios puestos públicos en Boyacá y Bogotá y se destacó por su participación en la guerra contra Melo y en la guerra civil de 1859, lo que lo convirtió en un caudillo regional con proyección nacional, gracias a su desempeño en esas contiendas.
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Carta remitida por Santos Acosta a Tomás Cipriano de Mosquera, Bogotá, enero 1 de 1863, en: Archivo Central del Cauca, Correspondencia Mosquera, carpeta No. 1, sig. 43294.
508 Carta remitida por Santos Acosta a Tomás Cipriano de Mosquera, Bogotá, julio 13 de 1863, en: Archivo Central del Cauca, Correspondencia Mosquera, carpeta No. 1, sig. 43295.
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Carta remitida por Santos Acosta a Tomás Cipriano de Mosquera, Bogotá, julio 22 de 1863, en: Archivo Central del Cauca, Correspondencia Mosquera, carpeta No. 1, sig. 43296.
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.Esos inconvenientes hacían referencia a la forma como había sido asumido ante la opinión pública, un decreto expedido por Mosquera en su calidad de primer Presidente de los Estados Unidos de Colombia, sobre la organización de las Secretarías de Estado, en las cuales él nombró al Coronel Simón Arboleda en la Cartera del Interior o de Gobierno, el Dr. Manuel de Jesús Quijano, en la Secretaría de Relaciones Exteriores, al general González Carrazo, en Hacienda y Fomento, al general Aníbal Currea, en Guerra y a Vicente Gutiérrez de Piñerez, en la cartera de Tesoro y Crédito Nacional511.
Los inconvenientes también hacían referencia a las dificultades que tenía Mosquera para que el Dr. Uricochea asumiera el “ejercicio del Estado”, mientras él viajaba al Sur del país, para entrevistarse en sus fronteras con un delegado del presidente ecuatoriano García Moreno, con el propósito de firmar un tratado de mutuo acuerdo y acercamiento, promovido por la ley 11 de mayo, emanada de la Constitución de Rionegro, que proponía restablecer la idea bolivariana de la Gran Colombia512. Esa idea del mutuo acuerdo fue frustrada por Juan José Flórez, quien terminó atravesando la frontera colombiana en dirección al interior del país, generando una guerra internacional de corta duración que concluyó con el triunfo de Mosquera sobre su oponente, en un combate en el sitio de Cuaspud513. Este nuevo acontecimiento incrementó considerablemente la imagen positiva de Mosquera ante sus seguidores y el deseo de muchos para que él siguiera al mando del poder central en los Estados Unidos de Colombia. Pero sus oponentes también difundieron el