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3.6 Design of steel framed building with composite steel deck floor

3.6.4 Fire design using the Slab Panel Method

Veamos ahora cómo se relacionan entre sí la especificación moral proce- dente del objeto, del fin y de las circunstancias, sobre todo cuando son o parecen ser de signo contrario.

La solución puede ser sintetizada de la siguiente manera: para que una ac- tuación compleja sea buena, han de ser buenos todos sus componentes. Se dice por eso que bonum ex integra causa, malum ex qualunque defectu: si algunos de los componentes (intención o elección) es incompatible con una virtud o con una norma ética, la actuación en su conjunto es moralmente mala, y no puede ser querida sin que la voluntad pierda su orientación al bien e incurra en culpa moral. Ni una buena intención justifica una acción finalizada incompatible con

la virtud, ni una acción finalizada buena convierte en buena la intención mala ni el conjunto de la actuación compleja.

En la práctica, salvo casos de error invencible, las personas moralmente bien formadas concluyen con una buena elección lo que comenzó con una bue- na intención. Cuando ello no sucede es porque la formación moral es incomple- ta o está descompensada, de forma que existe una adecuada o incluso vivísima sensibilidad hacia unas virtudes, y ninguna hacia otras, por lo que se piensa que la realización de un determinado valor compensa o incluso justifica moralmente la lesión de otros. Un caso extremo de deformación moral es pensar que las vir- tudes pueden ser objeto de cálculo y compensación, de forma semejante a como uno puede disponer libremente, compensándolas de diversas maneras, las cosas costosas y las placenteras: unos prefieren dedicar todos los días seis horas a pre- parar un examen y dos horas a pasear, y otros pueden preferir dedicar ocho ho- ras diarias al estudio y al final de la semana dedicar enteramente un día o dos al descanso. Pero este tipo de cálculo no puede aplicarse a los valores morales, a las virtudes, porque por su relación con el bien de la persona poseen —cada una de ellas— un valor absoluto, que no puede instrumentalizarse sin culpa moral. Las acciones que lesionan esencialmente una virtud son incompatibles y des- tructivas del bien de la persona, y muchas veces también de la vida social, aun- que fuesen precedidas o seguidas de otras acciones buenas; es decir, son accio-

nes intrínsecamente malas19.

Lo mismo puede decirse de otro modo. A través de sus intenciones, la per- sona pone en relación diversas acciones finalizadas con diversos fines y motivos, pero de ello no se sigue que el significado moral de las acciones finalizadas pue- da siempre reducirse al que la persona les quiere dar al ordenarlas a un fin. Las acciones que, en virtud del propósito voluntario que las constituye, lesionan una exigencia esencial de una virtud, tienen una negatividad moral intrínseca que ningún proyecto subjetivo puede hacer desaparecer. Entre la intención y la elec- ción existe de suyo una coherencia, que la persona advierte. Es contradictorio

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19. Acciones intrínsecamente malas son aquellas acciones morales cuya elección deliberada constituye siempre una culpa moral. Sobre este tipo de acciones, cfr. PINCKAERS, S., Ce qu’on ne

peut jamais faire (La question des actes intrinsèquement mauvais. Histoire et discussion), Éditions

Universitaires, Freiburg (Suiza)-Éditions du Cerf, Paris 1986; FINNIS, J., Los absolutos morales (tra-

dición, nuevos planteamientos y su verdad), Ediciones Internacionales Universitarias, Barcelona

querer promover la justicia (recta intención) mediante acciones injustas (elección equivocada), o querer promover la honestidad por medio de acciones deshones- tas. Como hemos dicho más arriba, intención y elección forman una conducta unitaria, de forma que la voluntad de realizar a través de acciones injustas un fin que sólo obtenido de otro modo sería justo, no es una voluntad realmente dirigi- da a la justicia, es decir, una voluntad que toma la justicia como norma de com- portamiento. El fin materialmente justo es querido no en cuanto justo, sino por alguna otra razón, porque de lo contrario no resulta comprensible que la justicia intentada sea lesionada y negada con las obras que deberían realizarla.

Tampoco las circunstancias pueden hacer objetivamente justa una acción intrínsecamente opuesta a las virtudes. Pueden, sin embargo, aumentar o dismi-

nuir la bondad o malicia de un acto, así como pueden hacer malo un acto que sin esa circunstancia no lo sería.

En la especificación moral de las acciones voluntarias deben considerarse también las consecuencias del obrar que han sido previstas y queridas. Si se tra-

ta de consecuencias previstas, pero no queridas ni aprobadas, sino simplemente toleradas o sufridas en cuanto inevitables, estamos ante objetos indirectos de la voluntad, de los que hablaremos en el siguiente apartado. Si se trata de conse- cuencias negativas no previstas, pero que razonable y fácilmente debieron y pu- dieron ser previstas (son ignoradas venciblemente) hay que aplicar los mismos criterios que a este tipo de ignorancia: no suprime la responsabilidad, aunque en algunos casos puede atenuarla20. Si las consecuencias no podían en absoluto ser

previstas, o al menos no podían ser previstas en aquel momento (ignorancia in- vencible), desde el punto de vista moral son involuntarias, y el sujeto no es res- ponsable de ellas. Desde el punto de vista jurídico penal, en cambio, muchas ve- ces se hace al sujeto responsable de ellas (culpa jurídica), sobre todo cuando existen daños económicos o personales que es preciso resarcir.

Se conoce con el nombre de proporcionalismo una teoría moral que niega el principio fundamental de que las acciones voluntarias reciben su especificación moral fundamental según su objeto y, por consiguiente, afirman que no existen ac- ciones intrínsecamente malas, es decir, acciones cuya deliberada elección consti- tuye siempre y sin excepciones una culpa moral. Para la teoría proporcionalista, las acciones que generalmente son consideradas como negativas, no lo serían si en alguna ocasión fuesen realizadas por un motivo proporcionado. A veces se dice que el proporcionalismo no admite que el fin no justifica los medios, acusación que en realidad no es exacta. El proporcionalismo no es una concepción acerca de la relación entre los medios y el fin, sino una teoría sobre la constitución del obje- to de la acción moral. Veámoslo más despacio.

Un autor proporcionalista escribe: «... no se puede decir que matar, en cuan- to realización de un acto humano, sea moralmente bueno o malo, porque matar,

en sí, no expresa todavía la intención y el fin del sujeto moral y, por tanto, en sí, no puede ser una acción humana»21. Sin esta intención, añade este autor, no se podría distinguir el matar por interés de la legítima defensa. Se debe considerar —añade— «que una acción en su materialidad (homicidio, causar heridas, ir a la Luna) no puede ser valorada desde el punto de vista moral sin tener en cuenta el motivo por el que el sujeto obra. Sin este motivo, en efecto, no hay todavía una acción humana y sólo una acción humana puede ser valorada como buena o mala en sentido moral. El mal pre-moral realizado mediante una acción humana no puede ser querido en cuanto tal y debe ser justificado en la totalidad de la acción por razones proporcionadas»22. De aquí se pasa a concluir que como no es posi- ble que las normas morales puedan considerar la variedad de intenciones y cir- cunstancias, difícilmente una norma moral que prohíbe una acción negativa pue- de tener un valor absoluto y sin excepciones. Al final, hay que juzgar siempre caso por caso.

Como han señalado diversos autores23, en el proporcionalismo hay un error en la concepción de la acción voluntaria. El error consiste en que, cuando hablan de acciones, piensan en acciones físicamente descritas (el «matar en sí», de que hablábamos hace un momento), privadas de lo que en este capítulo hemos llama- do voluntariedad: el propósito concebido y valorado por la razón que mira hacia un fin. Una acción, si se la describe como privada de la voluntariedad, no es una acción humana, y no puede ser valorada moralmente; en esto tienen razón los pro- porcionalistas. Pero en vez de tematizar la voluntariedad (y la consiguiente mora- lidad) intrínseca de toda acción voluntaria, que ha sido eliminada por ellos a fin de poder considerar cualquier acción como una realidad inicialmente pre-moral, quie- ren introducir el elemento voluntario (y moral) tomándolo de la intención del fin, de las circunstancias o de las consecuencias (proporción entre consecuencias posi- tivas y negativas). Justamente se ha escrito que, para los proporcionalistas, la ac- ción humana, como realidad voluntaria y moral, es la suma de una acción mera- mente física o físicamente descrita (el «matar en sí») más la intención del fin de la intención o más ciertas circunstancias o consecuencias; el verdadero problema del proporcionalismo está, ya en el nivel básico de la teoría de la acción, en que una acción física más una intención del fin no da como resultado una acción volunta- ria, sino una realidad bien diversa24.

El método propuesto por el proporcionalismo para la valoración moral de las acciones tiene dos momentos. En primer lugar, un modo fisicista de describir la

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21. FUCHS, J., Responsabilità morale e norma morale, EDB, Bologna 1978, p. 110. 22. Ibíd., p. 111.

23. Cfr. MAY, W., Los actos intrínsecamente malos y la enseñanza de la encíclica «Veritatis

splendor», «Scripta Theologica» 26/1 (1994) 199-219; RHONHEIMER, M., «Intrinsically Evil Acts»

and the Moral Viewpoint: Clarifying a Central Teaching of «Veritatis splendor», «The Thomist»

58/1 (1994) 1-39; ÍD., Intentional Actions and the Meaning of Object: A reply to R. McCormick, «The Thomist» 59/2 (1995) 279-311; RODRÍGUEZLUÑO, Á., «Veritatis splendor» un anno dopo. Ap-

punti per un bilancio (II), «Acta Philosophica» 5 (1996) 47-75; ÍD., El acto moral y la existencia de

una moralidad intrínseca absoluta, en DELPOZOABEJÓN, G. (ed.), Comentarios a la «Veritatis

splendor», BAC, Madrid 1994, pp. 693-714.

acción voluntaria que la hace moralmente neutra. Después, la acción voluntaria «neutralizada» es re-definida sobre la base de la intención subjetiva o de las con- secuencias. No acepta que, en algunas acciones voluntarias, el propósito delibera- do que las constituye pueda poseer en sí mismo una contrariedad a la recta razón (a las virtudes) que las hace incompatibles con una voluntad orientada hacia el bien humano.

IV. LA MORALIDAD DE LAS ACCIONES CON EFECTOS INDIRECTOS