2.5 Mental models
2.5.4 Determining mental models
Para continuar señalando lo que les motivó a las entrevistadas a movilizarse en bicicleta, subrayaremos que conectaron el exceso de pasajeros y el constante contacto en los buses con la inseguridad y la facilidad con la que puede ocurrir un robo.
“(…) tienes que ir parado, aplastado, te roban o sea creo que he usado unas tres veces el trole bus desde hace unos 4 años y estás tres veces ha sido un desastre, porque he visto a gente que roban, me han robado y es horrible y aparte los tiempos que tienes que esperar”. Entrevista a Belén Bike, Mayo 2014
“El exceso de pasajeros en los servicios públicos, es más eso, el hecho de que te toquen o te roben”. Entrevista a Gabriela Centeno, Mayo 2014
Sin embargo la inseguridad se percibe no solo en los buses, sino también al momento de utilizar taxis.
“Bueno lo de los taxis si es bastante complicado, y si intento evitar, porque hace un año le secuestraron a mi novio, entonces él, siendo hombre le secuestraron, entonces siendo mujer aún más miedo me da. Y si había una época en que a unos 6 conocidos eso les pasó. Entonces si intento evitarlo pero muchas veces es así, o voy en taxi llamando o intentado conseguir un taxi lo más seguro que pueda, porque a veces eso es mejor que regresar a las 10 de la noche sola en la bici, especialmente porque hay cuesta para llegar a mi casa, entonces es difícil, o sea muchas veces es como que no quiero salir de noche porque no tengo manera de llegar sintiéndome súper cómoda. Igual muchas veces eso es combinación de ser mujer y de ser extranjera, me hace sentir como muy obviamente diferente”. Entrevista a Sally Sharow, Mayo 2014.
Por consiguiente, la bicicleta se posiciona como un transporte independiente y más seguro en cuanto a nivel de exposición a robos.
También relacionaron el exceso de pasajeros con la posibilidad siempre latente de acoso, sea físico o verbal. Con acoso nos referimos a:
“Una forma de violencia de género no deseada que implica silbidos, comentarios sexuales, alusiones groseras al cuerpo de la mujer, tocaciones, masturbación pública, miradas extremadamente lascivas y exhibicionismo”. (http://www.veoverde.com, Marzo 2014)
El acoso es una forma de violencia hacia las mujeres, la cual permite al hombre mantener el control y la superioridad sobre la mujer y justificar sus comportamientos es decir perpetuar el orden jerárquico de los roles tradicionales establecidos a cada género. De tal manera, simbólicamente se establece una restricción de acceso espacial a las mujeres a ciertos lugares o formas de transportarse. Además el acoso se valida al muchas veces argumentar que la mujer fue víctima debido a su forma de vestir o actuar, lo cual únicamente logra legitimar esta práctica. (Harrison, 2012)
Como han señalado varias de las entrevistadas, dado que el acoso callejero se ha vuelto una práctica diaria.
“(…) estamos tan acostumbradas que al salir a la calle a media cuadra de tu casa ya alguien te silbe, entonces darte cuenta de que eso es un acoso, es una construcción (…)”. Entrevista a Patricia Vásquez, Mayo 2014.
El acoso en el transporte público, se considera como una de las formas más intrusivas de acoso. Por el hecho de que la víctima no puede escapar de la situación al estar temporalmente atrapada en el lugar donde está siendo víctima de la agresión, con pocas posibilidades de escape (Harrison, 2012). Por esta razón este tema se ha convertido en uno de los más importantes al tratar de buscar soluciones frente a la violencia contra la mujer. Hemos constatado que el acoso es un práctica naturalizada por parte de hombres y mujeres, por esta razón no se lo cataloga como violencia sino algunas veces se lo ve como piropo, invisibilizando así la importancia que tiene sobre la construcción de la percepción que la mujer tiene sobre la ciudad y sobre las prácticas que le permitirán insertarse en las dinámicas de la misma, moldeando así su habitus. De tal manera que la mujer va articulando un saber de ciudad que entre otros aspectos corresponde a la violencia a la cual se enfrenta constantemente, y tenderá a ocultarse, a cuidarse o en menor medida adoptará una conducta defensiva.
“(…) porque cuando reaccionas muchas veces la gente no te acolita, entonces prefiero evitar y me subo a la bici”. Entrevista a Gabriela Centeno, Mayo 2014.
“¡Ay! pues ya sabes, siempre los morbosos que no faltan y están ahí atrás de uno”. Entrevista a María Belén Almeida, Mayo 2014
“(…) se puede ver que hay horas pico en los que los buses van abarrotados de gente y la inconsciencia de los dueños de las unidades permite que se produzca la aglomeración en donde se genera la circunstancias apropiadas para que hombres inescrupulosos aprovechen la oportunidad para sobrepasarse con las mujeres sea con roces mal intencionados o más descaradamente con ademanes directos de topar sus cuerpos”. Entrevista a Indira Burgos, Junio 2014.
Actualmente en Quito se está debatiendo la posibilidad de crear un transporte que sirva únicamente a mujeres. Lo cual nos permite valorar la situación y afirmar la crisis en cuanto a niveles de acoso y violencia contra la mujer, en espacios cotidianos como el transporte público15.
Al realizar un análisis crítico sobre las experiencias del transporte exclusivo para mujeres en otros lugares del mundo, como en la India, se llegó a la conclusión de que si bien esta medida es un cambio sustancial para la cotidianidad de las mujeres lo óptimo sería realizar una red de apoyo que permita a las mujeres denunciar y ser escuchadas al momento que están siendo víctimas de acoso, y así empoderarnos para tomar el riesgo que supone actuar frente a este hecho. Lo cual implicaría el trabajo conjunto de varias instituciones (Harrison, 2012).
Es así que podemos darnos cuenta que la bicicleta se posiciona como una alternativa para que las mujeres eviten lugares de potencial acoso, como son buses sobretodo en horas pico cuando están con exceso de pasajeros o en las calles.
“La susceptibilidad de una mujer a ser acosada en la calle depende entre otros factores, del vehículo y de la distancia de su viaje. Una mujer que se transporta en automóvil, difícilmente sentirá el acoso como una amenaza en su trayecto. Su automóvil la separa de otros y la expone menos al contacto visual y físico con otras personas en la calle.” (http://www.carishinaenbici.blogspot.com)
El acoso sexual al que las mujeres están expuestas al usar el transporte público sobre todo en horas pico, es una forma de vivir la violencia simbólica a diario, dado que se impone un orden simbólico masculino como consenso en las prácticas comunes. Es masculino dado que el cuerpo de la mujer es mirado como objeto simbólico que debe ser percibido en tanto que se lo concibe como objeto, da lugar a que el acoso no sea visto como violencia explícita sino como forma natural de aproximarse al cuerpo de la mujer.