6. The technological specializations of Hermia and Kennispark
6.2 Determining the origin of the technological specializations of Hermia
En la década de los años 40s del siglo XX, la composición social de los flujos migratorios que llegaban a la selva lacandona, era además de indígenas, misioneros evangélicos y chicleros (Leyva, 2002). El descubrimiento de los murales de Bonampak provocó el incremento de la población en la zona (Baer y Merrifield, 1972). Para evitar el deterioro de las ruinas, el gobierno federal cerró definitivamente las madereras que explotaban los recursos naturales cerca de Bonampak (De Vos, 1998).
En este contexto, el gobierno mexicano ofreció prebendas económicas para que los mayas-lacandones se concentraran en ciertos lugares. Así surgen Metzabok, Nahá, Monte Líbano, Arena y Lacanjá-Chansayab (De Vos, 2002). Paralelamente llegaron a la comunidad misioneros de Wycliffe Bible Translators, quiénes construyeron una pista de aterrizaje, proporcionando medicamentos y otros bienes a fin de que los pobladores se convirtieran a su iglesia (Vargas, 1998). Hasta los años sesentas no hubieron cambios importantes en la comunidad; fue hasta la década siguiente que empezaron a construirse los servicios de infraestructura que permitieron con mayor frecuencia la llegada de diversas instituciones gubernamentales y organizaciones civiles que introdujeron nuevas tecnologías (refrigerador, televisión, motosierras y otras), así como una serie de productos de consumo que los mayas-lacandones adoptaron dentro de su vida cotidiana. Durante la década de los cuarenta la distribución de la población lacandona era en pequeños conjuntos de casas dispersadas en grandes extensiones por la selva, cada uno de éstos grupos tenía un líder, que por lo regular era la persona que tenía más años, esta forma de organización cambiaría con el tiempo, sobre todo con la política de concentración en comunidades por parte del gobierno (De Vos, 1991).
Durante el periodo comprendido entre 1950 a 1963 la actividad de los mayas- lacandones se centraba en continuar sus formas de vida, aprovechando los recursos naturales de la zona, paralelamente se manifestaban dos procesos: el crecimiento continuo de grupos de colonizadores tseltales y choles que llegaron a ocupar el área que hoy pertenece a la Comunidad Zona Lacandona, asentándose en los valles de los ríos Lacanjá, Tulija y Santo Domingo (Marion, 1991), dichas migraciones se intensifican en los años sesenta debido a conflictos socioagrarios y económicos en sus lugares de
origen que se provocaron por escasez de tierra, suelos poco fértiles, desplazamiento de mano de obra y dependencia de un trabajo asalariado temporal (Lobato, 1979)
Frente a tales invasiones y por el temor de ser desplazados, los cuatro asentamientos mayas lacandones, inician en 1971 un proceso de tramitación de dotación ejidal ante el Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización (DAAC) (Vásquez, et al, 1992). En este contexto, el gobierno mexicano impulsa la concentración de los mayas-lacandones en comunidades rurales (Figura 3). “En los años sesentas y setentas los diversos grupos de Hach Winik fueron concentrados por el gobierno mexicano. Actualmente se encuentran asentados en cinco asentamientos principales: ‘Nahá’ y ‘Metsabäk’ al norte y ‘Crucero San Javier’, ‘Bethel’ y ‘Lacanjá-Chansayab’ al sur” (March, 1998:7).
Durante la década de los años setentas del siglo XX, los mayas lacandones tenían una organización social basada en clanes. Estos clanes se localizaban geográficamente de la siguiente forma: en el suroeste habitaban los miembros del clan Cohuo, en el sur los del clan Taas, al este los del clan Puk y al norte, noroeste y centro los del clan Karsiha
(Marion, 1998). Los habitantes de Nahá son en su mayoría descendientes del clan García. Estos clanes se fragmentaban en linajes de tipo patrilineal, dichos linajes recibían el nombre de animales y en maya lacandón eran denominados como onen. El
onen es una figura que sólo se encuentra entre los lacandones y según afirma Bruce (1972) posee ciertas similitudes tanto con el tótem, como con el nagual o la tona, aunque tienen características particulares propias. La posible manifestación de estos linajes en un sistema totémico es una hipótesis que introdujo Soustelle en 1934, de la cual existen dos posiciones, la primera en sentido de no estar suficientemente analizada para darla por sentada (Marion, 1991), y la segunda sostiene que existen suficientes evidencias para afirmar la presencia de dos onens, ma’ax y k’ek’en -mono y pecarí respectivamente- con los lacandones del norte y tres para los lacandones del sur (Mcgee, 1990:32).
Actualmente, en Nahá se encuentra la permanencia del onen Ma’ax (mono araña), cuyo nombre ha sido adoptado como apellido por algunas familias de la comunidad. Algunos cuantos miembros de la comunidad se reconocen a sí mismos como miembros del onen Keken (pecari), aunque no usan dicho vocablo en sus nombres o apellidos.
Este sistema de organización no se usa desde la concentración de la gente en poblados. Así, la antigua pertenencia a linajes y clanes ha ido dando lugar a la adopción de nuevos
apellidos castellanizados, que en algunas ocasiones obedecen a vocablos lacandones modificados.
Una práctica común entre los lacandones era la poliginia (Marion, 1998). Actualmente y sobre todo debido a la introducción de religiones cristianas que condenan dicha práctica, es cada vez menos frecuente. Sin embargo, en Nahá se ha observado que esta práctica no es mal vista y aún se lleva a cabo, siempre y cuando exista el consentimiento de las esposas y que el hombre tenga la capacidad de proveer de alimentación y vivienda a sus respectivas familias.
De acuerdo a Marion (1991) la residencia tradicionalmente fue y sigue siendo de tipo uxorilocal excepto en el caso de que la esposa sea de fuera de la comunidad. La residencia uxorilocal es aquella en la cual la nueva pareja, establece su residencia cerca de la casa del padre de la esposa, así cuando las familias crecen, el suegro del esposo, es reconocido como el patriarca o jefe de la familia extensa.
Cuando una mujer lacandona contrae nupcias con un hombre foráneo, entonces él no podrá vivir en la comunidad, por lo cual tendrán que irse a vivir a otro lado.
Para Eroza (2006) el patrón de residencia postmarital es patrilocal, pues las mujeres lacandonas del norte son quienes al casarse se trasladan al caserío en donde residen los padres del esposo, información contradictoria pues la evidencia encontrada en campo, mostró que el hombre se va a vivir durante un tiempo a la casa del suegro, lapso de tiempo en el que el padre de la novia prueba y en su caso corrige las habilidades del yerno en prácticas como la caza, pesca, recolección y hacedor de milpa entre otras cosas, después de este periodo la pareja puede construir su propia casa. Este cambio en los patrones de organización familiar, puede reflejar que sea un mecanismo que permita, por un lado asegurarse que el nuevo jefe de familia tenga el suficiente conocimiento del manejo y uso de la selva y por el otro lado fortalece la Unidad Familiar del suegro pues contará con otra persona que le ayude a todas las actividades cotidianas definidas para su género en la comunidad.
Figura 3. Asentamientos de mayas lacandones antes y después de su concentración. Tomado de Jan de Vos (2002: mapa # 18).