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Develop collaborative problem-solving processes to improve farm-hospital

In document Vol 6 No 1 (2015): Open Call Papers (Page 163-168)

Strategies to address THEME 1: Limited Buying Commitment

THEME 2: Economy of Scale for Farm-to Hospital Partnerships

B. Develop collaborative problem-solving processes to improve farm-hospital

Uno de los elementos más importantes de este estudio tiene que ver con las estrategias de poder que utilizaron cada uno de los actores. Para ello hice una revisión sobre este fenómeno para posteriormente intentar interpretar las conductas sobre esta base. No pretende ser un estudio exhaustivo del poder sino una forma más de contextualización de

qué sucedió en estos eventos. Más adelante recupero algunos de estos elementos para hacer una interpretación de la construcción del enemigo político a través del lenguaje.

El poder tiene múltiples interpretaciones. Thomas Hobbes considera que el poder son los “medios presentes para obtener algún futuro y aparente bien. La cantidad de recursos disponibles a los cuales uno puede recurrir para alcanzar un objetivo supuestamente deseable”34. Un clásico del estudio del poder es Max Weber, pensador alemán quien estableció una fuerte relación entre el poder y la legitimidad. Institucionalista que luego fue seguido por otros estudiosos como Hannah Arendt y más adelante por March y Olsen (1989) y Guy Peters (1999), considera que el ejercicio de este recurso conlleva la necesaria aceptación del resto del grupo de la autoridad de quien lo asume. Las instituciones en este sentido tienen su fundamento en la búsqueda de consensos entre los actores participantes en una sociedad. Funcionan a manera de vaciados que serán llenados por las aspiraciones y objetivos de una sociedad. En su obra clásica Economía y Sociedad (1977) Weber define el poder como “la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aún contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad”, encontrando elementos importantes del poder como la voluntad y la resistencia.

Hannah Arendt (1995) profundiza un poco más, diferenciando al poder de la violencia. El poder “corresponde a la capacidad humana, no simplemente para actuar, sino para actuar concertadamente”. La violencia descansa en los instrumentos, por lo que es un medio no un fin en sí mismo. Estos instrumentos son concebidos y empleados para multiplicar la potencia natural. Interesante aportación de Arendt es que el poder “nunca es propiedad de un individuo; pertenece a un grupo y sigue existiendo mientras que el grupo se mantenga unido”. La violencia es “el último recurso para mantener intacta la estructura del poder frente a los retos individuales”. En cambio el poder “no necesita justificación, siendo como es inherente a la verdadera existencia de las comunidades políticas. Necesita legitimidad”; la violencia “puede ser justificable pero nunca será legítima”. El poder, infiere la politóloga alemana, surge de la legitimidad que la violencia carece. Finalmente

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Oscar Fernández. Poder. Portal del Instituto Interamericano de Derechos Humanos. Disponible en

la diferencia más importante es que “El dominio por la pura violencia entra en juego allí donde se está perdiendo el poder”35. Una ecuación que refleja más que ser dos términos complementarios, parecen tener condiciones opuestas. Allí donde el poder ha perdido terreno (el poder como legitimidad), es que se necesita la violencia. La violencia, menciona Arendt, “puede destruir al poder, pero es absolutamente incapaz de crearlo”. Para hacerlo se necesita nuevamente un consenso sobre el que vuelva a sustentarse el poder. En la introducción a uno de los clásicos de la misma autora, Los Orígenes del Totalitarismo (2002), Arendt hace una nueva aportación al tema del poder que es valiosa para esta investigación. “Lo que hace que los hombres obedezcan o toleren, por una parte, el auténtico poder y que, por otra, odien a quienes tienen riqueza sin el poder, es el instinto racional de que el poder tiene una cierta función y es de utilidad general (…). Riqueza sin poder se consideran parasitarios, inútiles, despreciables. Tales condiciones cortan todos los hilos que mantienen unidos a los hombres”. Ella lo utiliza para intentar justificar las razones por las cuales la comunidad judía ha sido perseguida a lo largo y ancho de la historia reciente, pero se puede utilizar para entender quizás una razón lógica de la relación entre el poder y el dinero que necesitaré para más adelante establecer las pautas de su comportamiento y muchas de sus estrategias. Recordar algunas de las posturas de Javier Corral o Pablo Gómez en las entrevistas, especialmente cuando se les preguntaba sobre el papel de los grupos de interés económico en la definición de la agenda política en México, puede darnos algunas pistas. La idea del uso de la violencia como recurso, la presión para asegurar la conducta del legislador, pero también la posición de Hernández Labastida en torno a que los grupos económicos buscan plantear sus puntos de vista al utilizar el cabildeo como búsqueda de consenso, uno de los elementos de poder de Hannah Arendt. Dependiendo la perspectiva que asumamos, los grupos de poder económico podrían estar ejerciendo poder o violencia.

Para efectos de de este trabajo, se puede utilizar esta concepción para revalorar la concepción de legitimidad que otros pensadores como Norberto Bobbio o Jurgen Habermas desarrollan en sus respectivos trabajos. Habermas (2002a) hace una distinción basándose en el trabajo de Jean Piaget respecto a las acciones del ser humano. Una es la

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acción instrumental que se utiliza entre los sujetos y los objetos, y la otra la acción comunicativa. Para la construcción de la segunda es necesaria la construcción de un espacio mínimo de entendimiento que él describe como “mundo de la vida” (lebenswelt). La propuesta de Habermas para la construcción de una resistencia frente al poder económico y el poder ideológico es el ejercicio de una democracia deliberativa sustentada en la argumentación racional de los individuos. Parte de la suposición de que existen espacios donde puedan realizarse este tipo de deliberaciones, ágoras modernas que podrían ser imaginarias o reales. El consenso, por su parte, descansa en un reconocimiento intersubjetivo de pretensiones de validez susceptible de crítica entre sujetos capaces de criticarse recíprocamente. La validez del argumento de una persona consiste en la racionalidad del mismo, pero también con la capacidad que tenga el emisor de defender sus posturas frente a las críticas. Habermas continúa la creencia de que el capitalismo cosifica la vida externa y la vida interior, las relaciones sociales, la forma de pensar y de existir de los sujetos. “El mundo de la vida se cosifica porque la producción descansa sobre el trabajo asalariado, que exige que una función del hombre devenga mercancía” (Habermas, 2002a). Los grupos económicos muestran su capacidad de control e influencia de manera tal que la sociedad pareciera quedar indefensa. Pero una consecuencia de esta acción necesariamente fue la reacción de la sociedad de manera que ya había descrito previamente. La concientización del hecho, pero sobre todo del grado de deterioro de las instituciones. Para Habermas entonces, la injerencia de los grupos económicos en la vida política provoca un proceso de cosificación. El uso del recurso económico por encima de la argumentación es un peligro para los espacios de deliberación. Aprovechar la coyuntura política por parte de las televisoras provocó que la discusión entre los actores políticos se mercantilizara. Se entró en un proceso de subasta de la voluntad política y la representatividad de los legisladores quedó en duda.

Podemos quedarnos de este primer análisis con que el poder no puede existir sin legitimidad, y si la segunda se pierde, el poder tiene que ser compensado a través de la violencia, un instrumento de quien ejerce el poder. Idea importante para posteriormente contrastarla con otras visiones de este término. Asimismo el hecho de que Max Weber

relaciona al poder con el término autoridad nos refiere al consentimiento que se necesita para ejercerlo, a pesar de que pueda existir resistencia potencial.

Algunos aspectos podemos retomar de este primer vistazo teórico. El primero podría ser útil para un diagnóstico. El poder para su ejercicio necesita la legitimidad, es decir el reconocimiento, de la sociedad. Sociedad es un término muy amplio y generalizado por lo que es necesario aterrizarlo. Para efectos del caso analizado podríamos limitarlo a los actores participantes y que ya he descrito anteriormente. Cada uno de estos actores representa una porción de la sociedad activa involucrada en las reformas, ya sea como promotores o detractores de los respectivos proyectos. La primera pregunta pertinente a nuestro caso desde la perspectiva institucionalista es ¿qué tanta legitimidad tuvieron los promotores de las reformas en radiodifusión y telecomunicaciones? La totalidad de los actores entrevistados se mostraron sorprendidos pues declararon no haber conocido con anterioridad el contenido de las reformas. Esto habla de la escasa preparación que le dieron al tema los promotores para permearlo al resto de los legisladores, al menos en el caso de la aprobación en la Cámara de Diputados. La estrategia de Tejado Dondé y Bernardo Gómez evidentemente fue acordar con los coordinadores parlamentarios la negociación de los paquetes publicitarios para las campañas presidenciales con las reformas que Televisa buscaba. Utilizando la terminología de Hannah Arendt, los promotores de las reformas en telecomunicaciones y radiodifusión utilizaron la violencia pero no el poder. Al carecer del reconocimiento y respaldo de la mayoría de la sociedad, sus estrategias se vieron debilitadas rápidamente. Reynaldo Villarreal en entrevista indicó algo importante para este estudio en el sentido de que aquél que hubiera acuñado el término “Ley Televisa” fue un genio, pues supo nombrar al enemigo de manera tal que fuera posible aglutinar voces en contra del dictamen rápidamente. Televisa y los grupos cercanos perdieron la campaña mediática aunque fueran capaces institucionalmente de hacer los cambios. Fueron capaces por medio de la coerción y la violencia de someter a los actores políticos, pero no por ello fueron capaces de legitimar sus acciones. Retomando a Hobbes, los grupos de poder económico tuvieron los recursos para lograr sus objetivos sin lugar a dudas. Fueron capaces de doblegar la voluntad de los actores políticos hasta que no tuvieran más opción que elegir apoyar el dictamen o perder un

aliado estratégico en la lucha electoral por la presidencia. Sin embargo, considerando ahora la respuesta en la reforma electoral, estos actores políticos se sintieron tan vulnerables ante la presión de las televisoras que fueron capaces de poner a un lado sus diferencias y unirse contra un adversario en común. Una vez que los actores políticos lograron aliarse, sus recursos fueron mucho más amplios que aquéllos de los grupos económicos. Aún a pesar de que los grupos económicos fueran capaces de mutilar la imagen de los grupos políticos a través de un constante hostigamiento mediático que los definía como grupos corruptos, egoístas y que buscaban consolidar su poder a través de las reformas constitucionales en materia electoral, personajes que intentaban doblegar la libertad de expresión del individuo. El grupo político, sin embargo, decidió asumir ese costo a cambio de tener un poco de mayor margen de maniobra en próximas elecciones y no seguir fortaleciendo a las televisoras.

La relación poder-resistencia la retoma Michel Foucault en sus obras Vigilar y Castigar (2002), y la Historia de la Sexualidad (2005), donde afirma que no puede concebirse al poder sin la existencia de una resistencia, argumento que podría remitirnos a las visiones dialécticas del poder que, entre otros, desarrollaron Karl Marx y Antonio Gramsci. Para Marx, el Estado existe en función del poder que ejerce una elite gobernante sobre el resto de su población. Sin poder no hay Estado, pero contrario a Weber, no pretende que esta estructura surja de un acuerdo previo sino únicamente por medio de la violencia y el sometimiento. El poder, pues, es producto de la mayor capacidad de imposición y también de la posesión de los instrumentos del poder, lo que este autor llamó los medios de producción. Quien detenta los medios detenta el poder. Néstor Kohan (2001) hace una importante aportación al estudio del marxismo, alejándolo de la percepción “economicista” de su teoría. Critica el autor argentino la separación artificial que han hecho los estudiosos del marxismo respecto a la concepción económica del capitalismo y del poder. Gramsci intenta también alejarse del “determinismo tecnicista” para buscar una visión orgánica de la sociedad y de sus relaciones de poder. Además de la explotación económica que hace la clase burguesa, necesita necesariamente otro tipo de factores de dominación, como las redes de dominación y los hilos de la hegemonía. Sin ellos, el control económico no se sustentaría (Kohan, 2001).

El factor poder-resistencia es un elemento presente a lo largo de los dos eventos como un continuo. A la acción de las televisoras vino primero una aceptación pasiva de parte de los grupos parlamentarios en la Cámara de Diputados. Sin embargo, haya sido por desconocimiento o por no haber medido suficientemente la reacción de la sociedad en torno a estas reformas, los partidos políticos inmediatamente tomaron postura, ya sea algunos dividiéndose como el PRI o el PAN, o aquéllos que decidieron detractarse públicamente, reconocer un error y sumarse a la resistencia a la aprobación en el Senado36. La presión de parte de las televisoras contra los políticos y contra otros miembros de la CIRT surtió efecto, sin embargo provocó la generación de energía potencial contraria a los intereses de las televisoras que se vería reflejado en dos partes. Primera, en la acción de inconstitucionalidad que logró la suma de una tercera parte del Senado contra la decisión que recién acababan de tomar. Segunda, en la reacción política a través de la reforma electoral. A la acción de la reforma electoral vino una reacción de parte de las televisoras, utilizando todos sus recursos mediáticos para señalar la “injusticia” de la decisión de los políticos, al grado de enlazar durante cuatro horas la audiencia en donde la CIRT expondría sus argumentos en contra de la reforma. Existen también algunos escenarios más pequeños donde fue posible observar la acción/resistencia. Uno de ellos se dio entre los candidatos presidenciales quienes primero aceptaron someterse a las reformas, pero luego hubo un cambio de estrategia. Uno de ellos, López Obrador, se dio cuenta de que las televisoras no serían sus aliadas por lo que emprendió una ofensiva en su contra, acusándolas de manipular la información y ser el medio a través del cual se estaba dando la campaña de linchamiento y desprestigio. Otro, Felipe Calderón, a pesar de haber sido el mayor beneficiario de la ofensiva de los empresarios a través de las televisoras, no quedó conforme con la relación desigual que había entre la Presidencia y el Grupo Televisa. Inmediatamente puso distancia de por medio para señalar su inconformidad con lo que había venido sucediendo. Otro pequeño contexto de acción/resistencia puede observarse al interior de los partidos políticos, especialmente el PRI y el PAN. Un síntoma de este hecho fue la

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Asunto que no ayuda mucho en sí mismo, considerando que la decisión de estos actores ya había sido tomada sin capacidad para enmendarla.

división entre diferentes legisladores de un mismo partido, pero también podemos leer la decisión del PRD el 1 de diciembre de 2005 para no asistir a la votación de ese día como una forma de resistencia.

La concepción del poder marxista me permite asumir algunas posiciones sobre cómo las elites buscan asumirlo. La clase detentadora del poder puede ejercerlo porque lo posee, es parte de sí. Para Marx el Estado es un reflejo de un estado de dominación de clases y el instrumento que utiliza para garantizar y perpetuar los privilegios de la clase dominante, ya sea a través de la ideología o a través de la cosificación del trabajo humano (Bobbio, 2007). Otras concepciones del poder niegan esta posibilidad. Especialmente los post- estructuralistas tienen un concepto que se aleja diametralmente de esta posibilidad. El poder, sostienen ellos, no puede poseerse porque no es algo tangible. El poder no lo tiene una clase para dominar a otra sino que el poder surge precisamente de estos estados de dominación. El individuo se construye a partir del contexto y es este hecho lo que permite que se hable del poder como elemento y estrategia de los sujetos, no como objeto o posesión. Esta interpretación es útil para responder a varios cuestionamientos relativos al poder ¿Es en la realidad actual el Estado detentor del poder? Estirando un poco las concepciones foucaultianas del poder puedo considerar que el poder disperso es una realidad en la arena política del siglo veintiuno37. El desgaste de la capacidad del Estado para imponerse sobre los intereses particulares debe ser un elemento esencial de este análisis, pero lo haré con mayor detalle en la sección respecto al nuevo institucionalismo. Basta recuperar que desde una concepción marxista, los factores de poder que han utilizado normalmente los grupos económicos se encuentran atrofiados por decir lo menos. Han sido incapaces de someter a otros grupos, por lo que éstos han tenido que buscar nuevas estrategias para cumplir sus objetivos de dominación. Uno de los factores más importantes de la teoría de Marx tiene que ver con la posesión de los medios de producción desde una concepción económica, mismos que a su vez se trasladan a medios de producción y multiplicación de poder. Ante el escenario actual donde el Estado es incapaz de garantizar los mínimos de convivencia y seguridad, muchos de estos grupos

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Ver Hardt y Negri (2000 y 2003), en su concepción del “Imperio” y la “Multitud” como resistencia a este fenómeno mundial donde el poder ya no puede seguir siendo concebido como un centro sino como una serie de nodos.

han tenido que elevar su esfuerzo para preservar sus privilegios que anteriormente la clase política les garantizaba. Ante el aumento de la presión de grupos sociales y organizaciones internacionales, los grupos económicos se ven forzados a volverse ellos mismos no solo nodos de contacto entre distintos actores sino actores políticos en sí mismos. La inversión hacia los grupos políticos que actualmente debe hacer un grupo de poder económico para preservarse e impedir que otros grupos económicos socaven su capacidad de influencia es muy elevada, generando una mayor propensión hacia el uso de la violencia como medio de preservación del estado actual.

Otra visión del Estado moderno y su relación con el poder la ofrece Steven Lukes en su obra Poder: una visión radical (1986). Ofrece, a diferencia de pluralistas y críticos como él mismo los llama, una forma tridimensional del poder. No se trata únicamente del poder de un individuo sobre otro, o de las consecuencias de la no-acción que pueden repercutir en los resultados de ese mismo individuo (A) sobre otro (B). Lukes desarrolla un concepto donde contempla otros factores, tales como la dominación por parte del sistema de los individuos. Llega el poder a tal grado que no le es posible al sujeto sometido percatarse de que sus intereses están siendo contrariados, por lo tanto no existiría el conflicto que los pluralistas establecen como requisito para que se dé el poder. Lukes

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