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Las dos palabras clave en este Salmo son confianza y enemigos. A pesar de la persecución por los enemigos el salmista confía en Dios. Algunos piensan que el Salmo puede ser del tiempo de la rebelión de Absalón.
La primera parte es un salmo de confianza (vv. 1–6); la segunda parte es una sú- plica o lamento individual en que el salmista pide socorro a Dios. Algunos piensan que son dos salmos diferentes por esta diferencia de forma y porque en la primera parte se habla de Dios en tercera persona, pero en la segunda se dirige directamente a Dios.
Sin embargo, la singularidad de tema y de estructura litúrgica indican la unidad del salmo. Los vocablos comunes a las dos partes confirman lo mismo: salvación (vv. 1 y 9); adversarios (vv. 2 y 12); corazón (vv. 3, 8, 14); levantar (vv. 3, 12); buscar (vv. 4 y 8); vida (vv. 4 y 13, “vivientes” es el plural de la misma palabra). Por supuesto, el salmista pudo haber usado un poema ya existente para elaborar este Salmo.
1. Una declaración de confianza, v. 1
¡Qué afirmación fuerte de confianza en Dios, basada en una relación personal con él que provee una triple defensa: mi luz, mi salvación, fortaleza de mi vida! La luz disipa la oscuridad; salvación o victoria enfatiza la habilidad de Dios de dar la victo- ria a pesar de las fuerzas en contra; refugio o fortaleza es un lugar de seguridad.
2. Confianza frente a los peligros, vv. 2, 3
Los salmistas constantemente hablan de sus adversarios y sus peligros. Devorar
mis carnes es la imagen de fieras que devoran su presa; aquí se refiere a los que ca-
lumnian.
Semillero homilético Libres del temor 27:1–4
Introducción: La palabra temer, del griego phobeomai, abar-
ca dos clases de temor:
Temor frente a peligros como la muerte, el mal y el juicio de Dios.
Temor como sentimiento de reverencia ante Dios, que se transforma en adoración y confianza filial. Es adorar, honrar y
venerar. Tipos de temor. El temor al fracaso. El temor al peligro. El temor al futuro. El temor a la enfermedad. El temor a la muerte. Resultados del temor. Debilita la salud. Paraliza la voluntad. Quita el sueño. Entorpece la mente.
Produce el fracaso espiritual. . Desarraigando el temor. Regresar a Dios. Renunciar al temor. Examinar la vida. Profundizar en la Palabra. Practicar la oración.
Conclusión: El cristiano debe vencer el temor: “No temas”.
[página 135]
Verdades prácticas 27:1–14
La confianza en el Señor vence el miedo: Jehovah es la
fortaleza de mi vida, v. 1.
La fe en el Señor, echa fuera el temor: Mi corazón no temerá, v. 3.
La salvación libra de la destrucción: Me pondrá en alto sobre
una roca, v. 5.
La fortaleza en el Señor, vence a los enemigos: Sobre mis
enemigos que me rodean, v. 6.
La dependencia en el Señor, evita el desamparo: Tú has sido
mi ayuda, v. 9.
La sabiduría en el Señor, ilumina el camino: Guíame por
sendas de rectitud, v. 11.
La seguridad en el Señor, alienta el corazón: ¡Sí, espera en
Pablo dijo que todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús van a su- frir persecuciones. Estas persecuciones pueden ser externas, de otras personas, o internas, de la naturaleza vieja o del diablo. Efesios 6:12 dice que nuestra lucha es
contra principados, contra autoridades, contra los gobernadores de estas tinieblas, contra espíritus de maldad… El salmista habla de enemigos físicos, pero el NT aplica
este lenguaje de batalla también a la lucha espiritual. Venga de donde venga la opo- sición, el mensaje es claro, bajo la protección de Dios mi corazón no temerá.
3. Confianza en la comunión, vv. 4–6
Una cosa… indica una declaración de propósito muy definida. La Biblia constan-
temente enfatiza que el creyente debe buscar a Dios y su reino, debe permanecer en comunión con Cristo. Morar en la casa de Jehovah se refiere a vivir permanente en la presencia de Dios; tal vida incluía visitas regulares al templo.
El v. 4 indica dos resultados de esta prioridad: 1) experimentar (contemplar) la belleza y la gloria de Dios (su santidad, su misericordia, su gracia, su verdad, su jus- ticia su amor y la armonía de todas estas cualidades); y 2) disfrutar la dirección de Dios. El salmista sabe que si tiene tal comunión con Dios, el Señor le va a proteger y darle lugar firme (v. 5). Le va a dar la victoria (v. 6, “levantar la cabeza” es señal de triunfo).
4. Confianza en la oración, vv. 7–9
El movimiento es de lo general a lo particular; culmina en las dos peticiones espe- cíficas de los vv. 11 y 12. En heb. “mi rostro” causa dificultades. Las variaciones de las versiones antiguas pueden indicar un problema textual. Aunque a veces parecie- ra que Dios esconde su rostro, el salmista determina buscar su presencia.
5. Confianza en el sostén de Dios, vv. 10–13
Aunque… me dejen. Aun los más cercanos pueden fallarle, pero Dios lo recoge.
[página 136] La tela de araña
Roberto Bruce, uno de lo grandes líderes de la Reforma es- cocesa, se vio frecuentemente perseguido a causa de su fe. Un día, cuando estaba huyendo de sus perseguidores y parecía que iba a ser atrapado, se refugió en una cueva. Bruce elevó su oración a Dios, pidiendo que su protectora mano le guardara. Desde la oscuridad de la cueva, pudo ver cómo una gruesa araña tejía su tela, casi a la misma entrada de la cueva. Cuan- do llegaron sus enemigos y vieron la tela de araña intacta, pensaron que nadie había penetrado en aquel lugar, y así fue preservada la vida del servidor de Dios. Más tarde cuando Ro- berto Bruce daba testimonio de este hecho, solía decir: “Con Dios una tela de araña es como un muro; pero sin Dios un muro es como una tela de araña.”
Las dos peticiones específicias son: 1) la dirección de Dios. ¡Qué privilegio es tener a Dios por guía! y 2) liberación de los enemigos. Parece que aquí tiene que ver con calumnias porque habla de “falsos testigos”. Sólo Dios puede dar esta liberación.
¡Oh, si yo no creyese…! Algunos escribas cuestionaban la primera palabra (lule
539, que indica una cláusula hipotética; así diría: “Yo creo que veré la bondad…” En
ambos casos enseña que debemos creer en Dios para su acción definida y palpable en la situatión de peligro.
6. Invitación a la confianza, v. 14
El salmista concluye con una nueva declaración de confianza. Esta confianza en que Dios oye y actuará también da aliento al creyente. El Salmo es un ejemplo, en el AT de lo que dice Romanos 8:31: Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
Guíame por sendas de rectitud (27:11)
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SALMO 28: SUPLICA INDIVIDUAL Y ALABANZA POR LA
RESPUESTA
Este Salmo es el último del grupo de tres (26–28) que demuestran varios parale- los. Pueden haber surgido de la misma experiencia; algunos piensan que su origen fue la rebelión de Absalón, otros creen que fue una enfermedad. Se notan ecos de este Salmo en Isaías y Jeremías.
A ti, el salmista clama a un Dios personal que se interesa personalmente en su
vida. Es una tremenda verdad bíblica que el Dios que creó todo el universo escucha personalmente la oración de cada uno que clama a él.
Semillero homilético El poder de la oración 28:1–9
Oración de acción de gracias (vv. 1–5).
La plegaria espontánea: A ti clamaré, oh Jehovah, v. 1. La apelación contrita: Escucha la voz de mis ruegos, v. 2. La censura merecida: Porque no atendieron a los hechos de
Jehovah, v. 5.
Alabanza por la oración escuchada (vv. 6–9).
La dimensión esencial: Jehovah es mi fuerza y mi escudo, v. 7.
La alianza restablecida: La fortaleza de salvación para su
ungido, v. 8.
La esperanza eterna: Salva a tu pueblo y bendice tu heredad, v. 9.
Roca mía significa una base firme de confianza. Es claro que el salmista ya ha te-
nido una relación establecida con Dios. Pero el silencio de Dios le preocupa. Teme perecer con el mismo juicio que vendrá sobre los malos. También teme que si Dios no contesta pronto, él caerá en los errores de los malos. Es la respuesta de Dios a sus clamores la que mantiene a los creyentes en el camino.
Alzo mis manos (v. 2), puede indicar varias actitudes en la oración. Aquí es la sú-
plica o clamor. El clamor incluye las emociones y la manifestación de ellas.
2. Clamor por justicia, vv. 3–5
A menudo, en los salmos, se mezcla la petición con la imprecación. De nuevo el salmista pide que él no caiga bajo el juicio que merecen los impíos. Hablan de paz,
pero…, la médula de su maldad es su corazón engañoso.
Dales… dales… ¡dales…! (v. 4). El salmista pide que Dios haga justicia a los ene-
migos. El v. 5 indica que son enemigos de Dios. Nótese quiénes son los enemigos de Dios: los que no toman en serio su responsabilidad con Dios. La raíz de su maldad es sencillamente hacer caso omiso de Dios.