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et al., (2012), developed mouth dissolving tablet that disintegrated rapidly in mouth by using tasteless complex of Levocetirizine and

La historia ha sido testigo de cómo el avance exponencial de los sistemas de tipo neoliberal, se corresponde, de manera proporcional, con un incremento en las desigualdades sociales, en términos de posibilidades de acceso y participación igualitaria. Fruto de estas asimetrías, en algunos países se habla de estancamiento en el proceso de democratización, en otros es más que justo referirse a una regresión en el desarrollo social.

Ya se esbozaron, en los apartados anteriores, las principales falencias de los programas de Comunicación para el Desarrollo, a la hora de llevar a buen término la iniciativa de mejorar la calidad de vida y garantizar un ambiente de expresión e inclusión social. De acuerdo con Robert Hornik, profesor de comunicaciones de la Universidad de Pensilvania, son tres las categorías bajo las uales se puede e a a los e o es o etidos: fallas teó i as esulta tes de la suposi ió incorrecta de que un particular problema de desarrollo es solucionable a base de comunicación), fallas programáticas (resultantes de diseños inadecuados o de la mala ejecución de un proyecto) y fallas políticas (resultantes de la falta de reconocimiento de la influencia negativa de factores est u tu ales tales o o la o e t a ió de pode . Belt á , , p.23)

Una deconstrucción del desarrollo, mediada por una re construcción de la comunicación desde la decolonialidad, apuntará a trabajar en estos tres aspectos: epistemológicos, prácticos y políticos, con el fin de constituirse en una fuente discursiva divergente, libertaria si se quiere, contrapuesta a una lógica totalitaria, que da buena cuenta de un uso instrumental y hegemónico de la comunicación.

Pasar de un modelo centralizado, reduccionista y vertical, a una visión compleja, horizontal y multicéntrica de la comunicación, hace parte de la propuesta emancipadora de la decolonialidad, propia de la dinámica de resistencia, desde el conocimiento, de los movimientos sociales contemporáneos.

Dicha revolución de la comunicación debe enfocar sus esfuerzos en tres puntos en particular: 1. Control centralizado de los flujos de información, viciados por la lógica colonial, que

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2. Falta de una plataforma epistemológica endógena y fuerte, que abra la posibilidad a una producción y una lectura localizada, como fuentes de poder y control sobre la realidad social.

3. Con base a esas epistemologías locales, repensar, desde el discurso, la modernidad y sus corolarios: desarrollo, globalización imperial, capitalismo, logocentrismo, etc.

Conocimiento localizado

Tradicionalmente, los programas de desarrollo y comunicación se han articulado, desde su concepción hasta la puesta en marcha, de acuerdo a los conceptos capitalistas de producción, consumo, medio ambiente, progreso, conocimiento, etc. Sin embargo, una vez esos discursos son reprocesados – como debe ser – por el marco de las culturas locales, las disparidades entre las necesidades de los pueblos denominados subdesarrollados, y las ambiciones fijadas desde el autoerigido primer mundo, se hacen más que evidentes.

Se puede decir, de manera general, que en los programas de Comunicación Para el Desarrollo no hay una carencia en la construcción de significado simbólico y práctico, por parte de quienes deberían ser los beneficiarios de la ayuda. En la medida en que no se cuenta con la posibilidad autónoma de participación, el proceso de apropiación he incorporación de los contenidos al universo propio, con el fin de otorgarles un significado, no se efectúa de manera satisfactoria. Mie t as ot as so iedades a edie o a la ode idad so e la ase de la pala a es ita su correlato en la educación universal y obligatoria, en América Latina estamos incorporándonos a ella conjugando imágenes electrónicas con analfabetismo; escuela incompleta y atrasada si ultá ea e te o u a i te sa i te a io aliza ió del u do si óli o de asas Alfa o, 1993)

Se debe partir, entonces, del presupuesto tan lógico, pero ignorado por el modelo instrumental y hegemónico de la comunicación, de que los individuos son agentes de su propio entendimiento y practicantes de su propio saber, en otras palabras, respetar la autonomía de cada comunidad de definir su realidad (Escobar, 2002). Sin embargo, el cómo se describa la realidad, estará determinado, en gran medida, por las herramientas de tipo discursivo y epistemológico con las que se cuente para construir dicha descripción. De ahí, un primer indicio para gestar un movimiento de resistencia, desde el conocimiento, que permita convertir a los individuos de la diferencia colonial, en practicantes y hacedores de su propio saber.

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La conceptualización clásica del desarrollo se contrapone, por tanto, a esta edificación autónoma de la diferencia, razón por la cual una primera aproximación a la deconstrucción de la noción de desarrollo moderno, debe apuntar a un esquema donde más que dictarse reglas de cómo actuar e la ealidad, pe ita pe sa la ealidad desde sus su jeti idades. Esa es la ta ea ás he osa del diseño, la planificación puede ser eso: construir con la gente sistemas de investigación sobre la

ealidad. Es o a ,

Una forma de resistirle a la modernidad desde la localidad, bien sea subvirtiéndola o negociando. Encontrar en los movimientos sociales, alimentados de prácticas discursivas decoloniales, como el ecológico, alternativas al desarrollo, espacios de construcción y defensa de conocimiento locales, en un ejercicio constante de construcción y reconstrucción del espacio social. Un escenario crítico, que permita repensar el mundo totalitario y único de la modernidad, hacia mundos otros, múltiples y socio-naturales.

De manera protagónica en esta lucha decolonial, se encuentra el lugar, como escenario de trasformación y creación desde la diferencia. Localizar la conversación del desarrollo, en las necesidades enunciadas desde sus protagonistas – El Tercer Mundo –, abre la posibilidad a que sean ellos mismos quienes, apoyados con los recursos, el capital y los conocimientos, provenientes del exterior, articulen prácticas y discursos de apropiación y creación, en vías de transformar su entorno. Un proceso de comunicación asociada a un desarrollo nacional democrático, sin olvidar la pluralidad que la nacionalidad misma implica, conjugando el componente económico y cultural inmerso en esta problemática.

Re-conceptualizar la noción de desarrollo, para desligarla del proceso de imitación del modelo neoliberal, implica abocar por una transformación de las estructuras epistemológicas locales, que a su vez permita un epla tea ie to de la e o o ía políti a hege ó i a de la e dad: La transformación de quién conoce, de quienes son los conocimientos que se consideran i po ta tes, ó o i ula el o o i ie to, ó o i ula el dis u so, ó o el dis u so ea pode . (Escobar, 2002) Acciones de comunicación que apoyen a la formación de poderes autónomos y democráticos, a la vez que soberanos frente al autoritarismo global.

Una soberanía política, que conlleve a la configuración de otro mundo posible, y por tanto a la materialización de otro tipo de desarrollo. Un desarrollo visto como posibilidad autónoma de mejora y transformación participativa de los contextos locales, aún cuando, en concordancia con

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la realidad del escenario global e interdependiente, sea necesario tomar de esa globalidad los aportes necesarios para fortalecer y garantizar lo local.

Convertir a la comunicación institucional y no institucional, en una herramienta de educación, pero de educación soberana, consecuente con la simultaneidad epistémica de la realidad social. Es decir, genera modelos de creación de conocimiento que subviertan el orden tradicional. Modelos horizontales tanto de producción como de emisión de contenidos, que den cuenta del carácter democrático, multicultural y heterogéneo del cual se compone el universo significante.

El potencial liberador de las prácticas discursivas decoloniales, reside en la capacidad de otorgar al individuo, a través de las configuraciones lingüísticas y epistemológicas a partir de las cuales construye su realidad social, la determinación autónoma de cómo se incorpora al mundo y por tanto, de cómo lo define. Proceso dentro del cual recobrar importancia la comunicación interpersonal, ya que es finalmente es esas interacciones, donde, de cara a la realidad, se pone en circulación y se da origen al capital simbólico local.

El lugar como espacio transformador de lo global

Sin embargo, a pesar de la exaltación necesaria, hecha hasta este punto, de los contextos socioculturales endógenos, es imposible desligar a estos escenarios locales, del proceso de globalización, al cual el mundo entero se encuentra expuesto. Para decirlo de alguna manera, no hay un movimiento estrictamente local, y no puede haberlo, pues tanto lo global necesita de lo local, como este último requiere de la red de interconexiones del mundo globalizado para garantizar su permanencia y su difusión.

Se empieza a perfilar, entonces, una suerte de sincretismo entre dos realidades que parecerían de alguna forma excluyentes: romper la hegemonía cultural, a través de una re-concepción de grupos sociales, en articulaciones locales/globales.

Si bien el énfasis de las iniciativas decoloniales, sientan el peso de sus propuestas en formas de resistencia locales, de enunciación por y desde la diferencia, de manera general, se constituye como un proyecto de universalización de la diversidad. En esta medida, subyace al proyecto decolonial de emancipación, la necesidad de organizar a las pequeñas células, disgregadas a lo largo de los focos de la diferencia colonial, para actuar de forma unificada, no homogénea, sino conjunta.

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De no llevar a cabo esta suerte de configuración en red de los movimientos sociales de resistencia, su gi ía p egu tas o o: ¿Pod á llega a te e i pa to susta ial e la so iedad o o u todo? Por otra parte, si la democratización incluye solamente a los pequeños medios de comunicación de nivel local que, frecuentemente, carecen de nexo entre sí, ¿de qué manera podría producirse u a io e el á ito de isi o de los g a des edios? Belt á , , p.

Aún cuando por un lado se haba del desarrollo de una estructura que garantice la posibilidad de realizar una comunicación por sí y para sí, el inminente y necesario contacto que se tiene con capitales simbólicos procedentes de múltiples lugares – y su efecto en las construcciones locales –, así como la necesidad de unión y visualización de las acciones de comunicación alternativa de sectores pequeños y marginales como campesinos, obreros, indígenas, etc., conlleva a pensar en la necesidad de establecer una relación alternativa con la globalización, una suerte de pliegue moderno embebido en la localidad.

Ante la imposibilidad de salir, de manera inmediata, del paradigma moderno/colonial, bajo su reconfiguración contemporánea, la globalización, se contrapone la posibilidad de construir un afuera desde adentro – pensamiento de frontera –, y en esa mediad pensar en modernidades alternativas y en alternativas a la modernidad.

Modernidades alternativas

De los encuentros constantes entre la modernidad y la tradición, se desprende una transformación, innegable, del proceso colonial. Negar la capacidad tanto unificadora como fragmentaria de la globalización, es omitir una de las características más sobresalientes del proceso moderno contemporáneo.

Un proceso de globalización que contiene en potencia tanto la capacidad homogenizadora y totalizante del pensamiento colonial, como la posibilidad de propagación e interconexión de mundos heterogéneos, múltiples, diversos, y socionaturales. Alternativas a la modernidad, que en último término son alternativas al desarrollo predador: abocar a una modernidad hibrida y, un poco más ambicioso, a una salida más allá de la modernidad, trae como resultado apuntar, de igual manera, a un nuevo tipo desarrollo.

Una noción divergente de crecimiento económico, ceñido a prácticas ecológicas, y sometida a una racionalidad ambiental. Un desarrollo, que determinado por la necesidad imperante de garantizar

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una mejor calidad de vida a los sectores más deprimidos y marginales del plante, garantice un e te di ie to disti to de la atu aleza, de las ela io es hu a as, del go e, de la e o o ía, de la ecología. Y que al mismo tiempo también se propende por alternativas a la modernidad, en la medida en que continúan prácticas de diferencia —que llamo prácticas ecológicas, económicas y culturales de diferencia—. Es o a ,

Sin embargo, aunque el ataque al modelo económico anti ambientalista y excluyente del capitalismo, erigido desde el discurso de resistencia ecológico, resulta innegociable, no se trata de anular la diferencia, a toda luz evidente, entre países con poder económico y aquellos que carecen de este. El ideal es llegar a un punto de intercambio, donde a pesar de dicha diferencia se pueda establecer un dialogo, mutuamente propositivo, dinámico y participativo.

El objetivo no es llegar a un punto de simetría absoluta, de equivalencias, pues esto sería una vez más anular la diferencia. Sin embargo, entender aquello que constituye ese tejido común que nos permite relacionarnos – es decir, sabernos todos como agentes de nuestro propio entendimiento, como practicantes de nuestro propio saber –, y esos puntos de inflexión que constituyen las diferencias – particularidades de la realidad política, económica, cultural –, es un paso fundamental en la consolidación de un dialogo participativo, creativo y mutuamente propositivo.

Cua do se log a o st ui ela io es de e a ía, go e, edi ilidad o fia za, ue o a ula el reconocimiento de las diferencias, se ha logrado una base indispensable para el intercambio edu ati o. Es o a ,

La satanización, de cualquier tipo de conocimiento es algo que se escapa a esta propuesta. Por el contrario, tal y como lo delatan los múltiples encuentros entre modernidad y localidad, la combinación entre conocimientos endógenos y conocimientos modernos, ha sido la forma de apropiación más efectiva de los movimientos sociales. Por ejemplo, los programas de protección a la biodiversidad del pacífico norte, abanderados por miembros de las comunidades negras de los territorios implicados, alimentados tanto por métodos de conservación caseros, pero también por los recursos y conocimientos de algunos organismos externos – modernos –.

No hay, por tanto, un camino verdadero y comprobado hacia el desarrollo. Existe un camino, pero entendido como proceso dialéctico, sometido a los cambios y a las transformaciones propias de un escenario multicéntrico y heterogéneo. La posibilidad que existan tantas formas de desarrollo y de modernidad, como configuraciones geopolíticas, siempre que unos y otros, dentro de su

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desarrollo autónomo, se encuentran relacionados de manera interdependiente, pues hablamos de un mismo entorno medio ambiental, de una misma plataforma natural de extracción, producción y desecho, y de un sin número de conexiones de tipo político, económico y cultural.

Desde cualquier óptica, la misión es gestar el escenario propicio para que cobren vida proceso de comunicación críticos, concientizadores y movilizadores, dirigidos a cambiar el imaginario paternalista, de un centro omnipotente y omnisapiente y un beneficiario sumiso e ignorante. Por tal razón gran parte de la solución la encontramos en la educación, en la formación de un individuo consciente de su entorno, armado de las herramientas epistemológicas necesarias para enfrentarse y para proponerle a la modernidad. La comunicación se como una puesta en relación, mediada por un dialogo creativo, incluyente, multicéntrico y horizontal, implicará necesariamente una experiencia de aprendizaje: o aprendo en la reafirmación de mi existencia, o derivo un aprendizaje de mi contacto con la alteridad, de las diferencias.

Como producto sociocultural, la comunicación no es un ejercicio discriminador en sí mismo, es el resultado de las relaciones sociales imperantes en el escenario desde donde cobra vida, y actúa, por tanto, de igual forma, como reproductor y propagador de dichas dinámicas sociales.

Así como tan extensamente se ha denunciado el poder de los medios masivos para difundir el proyecto de homogenización del pensamiento moderno, es necesario anotar que es por estos mismos canales por donde deberían llegar a circular las ideas y los discursos de los movimientos sociales contra hegemónicos. Tanto los procesos de comunicación mediáticos, como los procesos de comunicación interpersonal, son en esta lucha de resistencia desde el conocimiento, un mecanismo poderoso y vital de legitimación y propagación.

El papel de los medios y de las tecnologías de la información, dentro del proceso de transformación de la modernidad y del desarrollo, es innegable. Por tal razón, la importancia de hacer énfasis en los usos y en las formas de apropiación, y no en los medios en sí mismos. De lo contrario, sería una forma más de caer en el instrumentalismo.

Una participación plena y activa en los procesos de comunicación, da cuenta del acceso de los sectores subalternos y marginales en el direccionamiento de la sociedad. Modos endógenos de ser político, que responden a una reconceptualización relacional de la comunicación, hacia el diálogo y

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el debate; que abre la posibilidad de crear, en ese intercambio, tanto la propia realidad, como la relación social en sí misma.

Al margen de lo anterior, es fundamental llamar la atención sobre la necesidad de que exista una coherencia entre los programas de comunicación y los demás escenarios, fundamentalmente el económico. Las prácticas comunicativas serán tan sólo una de las ramas, de la estructura social, necesarias para construir un nuevo ideal de desarrollo, para genera modernidades alternativas. La acción y organización política, económica, cultural, actúan de manera conjunta e indisoluble, imbricándose una sobre otra en una mismo accionar. Por tanto, el individuo decolonial debe ser un evangelista de la diversidad desde su posición de estudiante, de padre, de profesional, de votante, de político, etc., con el fin de Llegar a trascender el status quo de la modernidad, a través de una revolución epistemológica que trascienda en una alteración del orden sociopolítico y socioeconómico.

Finalmente, se trata de crear las condiciones que hagan posible pensar en soluciones después del desarrollo, que permitan superar la estigmatización de tercer mundo, y responder afirmativamente a la pregunta: ¿existen formas de ordenamiento efectivas y alternativas a la modernidad? Si se habla de desarrollo, se debe hablar de manera indisoluble, de participación, de reconocimiento y de diferencia.

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Conclusiones

1. Se entiende por pensamiento moderno/colonial, a la lógica propia de las potencias occidentales capitalistas, fundamentada en una noción de conocimiento objetivo, y por tanto verdadero, a partir del cual se desprenden formas únicas y hegemónicas de ser en el ámbito político, económico y cultural. El individuo moderno, por definición, es un varón heterosexual, blanco, de ascendencia europea, capitalista, seguidor fiel de la ciencia y la tecnología.

2. Las formas divergentes de ser social – indígenas, mujeres, homosexuales, ecologistas, etc. – son marginadas hacia el silencio epistemológico. Caracterizadas como entidades incapaces y no legitimas de generación de conocimientos. El sistema moderno/colonial es incapaz de concebir, de manera simultánea, en un mismo espacio/tiempo, modos otros de saber, poder y ser.

3. El discurso decolonial se presenta como una denuncia ante las ideas y las prácticas discriminatorias totalizantes de la lógica moderno/colonial, a su vez que propone un ejercicio de resistencia localizado, tendente a generar una reconfiguración de las estructuras epistemológicas, a partir de las cuales se desarrolla el proceso de creación, apropiación y circulación de conocimiento. Otorgar legitimad de creación y enunciación a los saberes divergentes, hijos de la alteridad.

4. En el ejercicio de contraposición a la estructura de pensamiento hegemónica, la decolonialidad se configura como una forma de resistencia fronteriza; un afuera, construido en las entrañas mismas del sistema moderno. La fuerza que se resiste y lucha por formas otras de saber, poder y ser, se encuentra alojada como potencia, en las grietas abiertas por la misma lógica totalizante colonial.

5. Tanto la creación, implementación y apropiación de conocimientos, como la producción y recepción de contenidos, son fenómenos geopolíticamente determinados, enraizados espacial y temporalmente en contextos de carácter político, económico y cultural, y por tanto,

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determinados a esas condiciones subjetivas que dan origen a universos simbólicos múltiples y heterogéneos.

6. La globalidad imperial, entendida como una articulación de interese económicos, ideológicos y