• No results found

Pedro de la Sierra no sólo se inspiró en argumentos de otras obras, sino que también tomó expresiones de forma más o menos literal. Se trata normalmente de comparaciones o símiles especialmente brillantes que Sie- rra engasta en su texto.

En el Espejo de príncipes encontramos a Trebacio en lucha contra un temible grifo que lo ataca desde el aire (I, 11). Para la descripción de la contienda, Pedro de la Sierra no duda en tomar símiles de la traducción de

380 Sin embargo, incluso aquí reaparece el recuerdo de Silva, pues de igual forma que se menciona que el «infeliz» se queja con «lastimosos gritos sin un solo momento descan- sar», en el Florisel se habla de «los grandes gritos que las culebras hazían dar al jayán que a gran lastima le movieron».

Urrea, en concreto del canto X, en el que Rugero, montado en el hipogri-

fo, se enfrenta a un monstruo marino para rescatar a Angélica:

381 E. P. II, p. 51. 382 O. F., canto X, p. 101a. 383 E. P. II, pp. 51-52. 384 O. F., canto X, p. 101b. El cual empeçó de abaxar y al parecer con más temor que de primero, assí como haze el águila cuando sobre el áspera losa su vestidura la bívora despoja, que anda buscando modos como la hazer presa sin que le pueda con su ponçoñosa morde- dura empecer, assí andava el grifo rebolo- teando para ver por qué parte podría asir al emperador, sin tornar a recebir otro tanto daño como el passado.381

Como suele bajar águila cuando la bívora entre yervas se passea, o qu’está sobre losa el sol tomando, y su despojo de oro hermosea:

y no quiere emprendella por do echando anda ponzoña, y fiera la rodea

y por detrás entralla siempre acuerda porque no se le buelva y no le muerda.382

En este caso, el autor aragonés ha tomado el símil del Orlando para una situación diferente. La única coincidencia es que aparece un animal mitológico (el hipogrifo en el Orlando / un grifo en el Espejo). Pero, mien- tras que en la obra italiana el símil del águila y la víbora se relaciona con un monstruo marino (la víbora) contra el que lucha Rugero, montado en el hipogrifo (el águila), en la obra del aragonés se trata de un grifo (el águi- la) que ataca a Trebacio (la víbora). Es decir, víbora y águila, términos figu- rados de la comparación, se relacionan con el protagonista y el antagonis- ta de forma inversa en cada obra.

El segundo caso de imitación de un símil ariostesco lo encontramos en el mismo capítulo del Espejo:

De la suerte que el assestado mastín en el polvoroso agosto se ha con la molesta mosca, cuando a vezes en el hozico, cuando a vezes en la cola y otras en el costado le pica, házele batir el diente a todas partes, pero cuando la alcança de una vez le paga todas las molestias que le ha dado, assí se avía el emperador con el temeroso grifo; rebolviendo a una y otra parte su espada, procura aguardar tiempo para que de una vez le pague lo que le haze cansar.383

La mosca da batalla semejante assí al mastín en polvoroso agosto, o en mes que va tras él o va delante, d’espiga el uno lleno, otro de mosto. Quien los ojos y hocico muy costante le pica y torna en torno a tal regosto, batir le hace el diente en fiero modo, pero a un golpe que llega paga todo.384

Aquí también se produce la misma inversión de atribución del térmi- no figurado al protagonista y al antagonista. El elemento volador (el hipo- grifo que Rugero cabalga / el grifo) se compara con la mosca que molesta al mastín (el monstruo marino / Trebacio).

La última de las comparaciones que el autor aragonés toma directa- mente del Orlando no viene, sin embargo, del canto X, sino del canto II,

en el que se narra como el mago Atlante, también montado en el hipogri- fo, se enfrenta a varios caballeros. Si bien la situación no es la misma, vol- vemos a encontrarnos con el hipogrifo ariostesco frente al grifo del Espejo:

385 E. P. II, p. 51. 386 O. F., canto II, p. 21a. 387 E. P. II, p. 2.

Ningún águila con tanta furia sube a las nuves como él lo hizo; y cuando le pare- ció desciende con una brava punta, cual suele hazer el falcón mañero cuando vee salir la garça del lago.385

Cuando bien le parece, bravo y fiero baxa con violencia el fuerte mago como de alto cae halcón mañero, cuando la garza vee salir del lago.386

Lo que se comprueba al estudiar estas copias casi literales del Orlan-

do es que Pedro de la Sierra las toma para una única situación: la lucha de

Trebacio contra el grifo. Para ello imita las comparaciones que Ariosto uti- lizó con su hipogrifo, principalmente la contienda de Rugero y el mons- truo marino, aunque no duda en tomar también otras del canto II, tam-

bién referidas al mítico animal. El autor aragonés no sólo toma casi de forma literal estas expresiones del canto X, sino que también lo hace en el

mismo orden. No se puede hablar de una inspiración en el plano argu- mental, ya que las situaciones son distintas. Lo único que inspira al autor español es el animal mitológico (grifo / hipogrifo) y la lucha, pero el con- tenido de los episodios es diferente.

Pedro de la Sierra vuelve recurrir a las imágenes que leyó en el Orlando

Furioso cuando narra como Bramarante huye enfurecido por no poder vencer

a Alfebo; el enfurecido guerrero se dedica en su camino a arrancar árboles:

Con ravia luciferina se lançó el endiablado moro por las selvas de Gre- cia, bramando contra sus dioses como hambriento tigre. Por la parte que de la selva caminava, con la furia de su braço iva cortando robres, destroçando pinos como si fueran delgadas cañas.387

La imagen procede del momento en que Roldán, al enterarse de que Angélica ama a Medoro, enloquece y comienza a arrancar árboles:

Aquí dio prueva immensa el Paladino que del primer tirón arrancó un pino Otros arranca así, que le semeja ser juncos o hinojo, heneldo o caña: de robre haze assí o d’enzina vieja, de haya, frexno, azebo, con gran saña.388

En ambos casos los pinos y robles son arrancados como si fueran sim- ples cañas. A pesar de las diferencias (la lista de árboles que arranca Rol- dán es más extensa que la del Espejo), la similitud no ofrece lugar a dudas de la inspiración del autor aragonés.

Un caso particular de la influencia de la expresión del Orlando

Furioso la encontramos al final del capítulo VIIdel primer libro, cuando

el autor justifica el uso del entrelazamiento narrativo con las siguientes palabras:

Por los muchos acaescimientos que en esta historia se cuentan, me con- viene hazer como el buen músico, que, para agradar a todos los oyentes, muda mucho los sones; dexaremos al presente a los tres cavalleros y bolveremos al emperador y a las cosas que acaecieron en su corte.389

En el canto VIII del Orlando Furioso podemos leer las siguientes pa-

labras:

Conviéneme hazer en mis canciones como el buen tañedor diestro y agudo, que muda presto cuerda y varia sones, buscando ora lo grave ora lo agudo.390

En este caso Pedro de la Sierra utiliza prácticamente las mismas palabras no para comentar una situación narrada análoga a la del texto italiano, sino para introducir la alternancia, técnica propia de la literatu- ra caballeresca y que se encuentra tanto en el texto italiano como en el español.

388 O. F., canto XXIII, p. 271b. 389 E. P. II, p. 35.

Pero Sierra también imitó la traducción que de La Eneida realizó Gre- gorio Hernández de Velasco. En dos ocasiones el autor toma casi de forma literal comparaciones de la traducción castellana de la obra latina:

391 E. P. II, p. 150.

392 Virgilio, La Eneida, libro X, p. 376. 393 E. P. II, pp. 132-133.

394 Virgilio, La Eneida, libro XII, p. 426. Como hambriento león que muchas vezes rodea y escudriña las majadas, aquexado de la raviosa hambre, y vee la saltadora cabra o ligero ciervo, que dende lexos devisa los cuernos, con soberano gozo eriza el cuello y no para hasta ahino- jarse en las abiertas entrañas con desseo de hartar su canina hambre […].391

Cual hambriento león que muchas veces rodea y escudriña las majadas,

como el hambre insana le espolea, si por ventura ve ligera cabra o corpulento ciervo de altos cuernos, no cabe en sí de gozo, el crudo, vuela para la presa, eriza el cerro y pelo, ahinoja sobre ella y las entrañas con rabia le abre, muerde y despedaza, tiñendo en negra sangre el fiero rostro,392

de la suerte que el león haze en las mon- tañas de Libia, cuyo pecho abierto con el agudo venablo del caçador astuto, viendo rociar la yerva con su sangre, sin ningún temor le expele de sí haziendo pieças el venablo causador de su daño, dando orí- sonos bramidos con su ensangrentada boca, erizando su bedijudo cabello; con semejante furia el valiente pagano hiende por entre la gente que allí estava […]393

Cual el feroz león en las campañas de Libia, cuyo pecho abrió el venablo del diestro cazador con grave llaga, el cual viendo su sangre se arma de ira, eriza y juega el vedijoso cuello y ufano con pensar que ha de vengarse hace sin miedo rajas el venablo que le hincó el montero y da bramidos con la sangrienta boca corajosos, no de otra suerte la violencia y furia del hervoroso Turno crece y se alza.394

La comparación no ofrece lugar a dudas. Sierra retoma la imagen vir- giliana para expresar la furia de un guerrero.

Virgilio y Ariosto son dos autores considerados dignos de imitación en la época en que escribe Pedro de la Sierra. Por ello no ha de extrañar que el autor tome versos de estos autores y los introduzca en su texto, pues, de acuerdo con la práctica poética de la imitatio, su obra ganaba así prestigio.

De nuevo en una comparación de un guerrero con un león volvemos a encontrar rastros de esta traducción: