Como ya dijimos al hablar de los episodios de carácter mágico o sobrenatural, los tormentos de Meridián proceden de la Cuarta parte de
Florisel de Niquea, de Feliciano de Silva, donde el héroe encuentra al
gigante Basdagarel en una situación muy parecida:
376 Vid. nuestros comentarios en el capítulo dedicado a los fragmentos poéticos del libro.
Cuarta parte de Florisel de Niquea
[…] porque vieron al gigante Basdagarel, desnudo y las manos tendidas a dos ramas de un alcornoque, atadas por las muñecas, con dos ñudos que de dos cule- bras algo gruessas se hazían y enrroscadas por los braços le ivan cada una d’ell[a]s a travar por los peçones de los pechos, con otras dos que semejantemente venían enroscadas de los pies hasta subir a los pechos donde las otras estavan, y trava- van de los pechos por donde podían. […] A los pies cabe el jayán estava una
Segunda parte de Espejo de príncipes y caballeros
[…] avía dos árboles muy altos, poco apartados el uno del otro; entre medias de entrambos estava colgado un hombre, cada braço atado de un árbol por las muñecas; de ligadura servían dos largas y delgadas serpientes, las cuales no sólo atavan las muñecas, pero davan buelta con las cabeças a la garganta, alcançando a morder en su pecho de suerte que se le horadavan; los pies también los tenía ata- dos a cada árbol el suyo, con otras dos serpientes. […] Al tronco de los árboles
Las semejanzas entre ambas situaciones son evidentes: en ambos casos un personaje, desnudo, se encuentra atado por serpientes a uno o dos árboles; en las dos obras estas serpientes lo torturan mordiéndole el pecho; y, por último, en ambos textos una temible sierpe actúa de «guarda» del atormentado, esto es, intenta impedir que nadie lo libere.
Sabemos que en ambos casos los personajes están desnudos; Silva lo menciona explícitamente en la descripción que hemos copiado más arri- ba y, luego, se intenta cubrir al personaje («la primera cosa que hizo fue quebrar dos ramas de los alcornoques y cubrille con ellas, que desnudo estava», f. 90r b); por su parte, Sierra afirma que el «griego príncipe pro- curó cubrir el desnudo cuerpo de alguna hoja que de los árboles cortó» (p. 218). Por otra parte, no deja de resultar curioso que en ambos textos aparezca la distancia de treinta pasos, si bien en situaciones distintas.379
Estas semejanzas declaran el origen del episodio de Sierra, pero el ara- gonés no dudó en transformar su modelo. Así, Silva vincula el tormento de Basdagarel con el mito de Laocoonte:
Durará la pena del segundo Laocoon, hasta tanto que’l bravo y más fuer- te león sojuzgue la espantable y feroz serpiente, guarda del espantable espe- táculo […] (f. 89v a).
Por su parte, como ya dijimos, Sierra parece querer vincular a su per- sonaje con el mito de Prometeo, como indica el buitre que horada las entrañas al torturado:
377 Feliciano de Silva, Cuarta parte de Florisel de Niquea, Zaragoza, Pierres de la Flo- resta, 1568, cap. XLVIII, f. 89. Vid. José Julio Martín Romero, Guía de lectura de la Cuarta
Parte de Florisel de Niquea (libro II) de Feliciano de Silva, Alcalá de Henares, Centro de
Estudios Cervantinos, 2005. 378 E. P. II, p. 216.
379 En Sierra puede leerse: «Bien treinta passos d’ella estava un cavallero armado, de muy buena dispusición y apostura» (p. 216), distancia que puede ser recuerdo de «La gran princesa no le pudo hablar más con gran osadía puesta una flecha en el arco llegó con él hasta treinta passos del espetáculo» (f. 89v).
serpiente echada la más grande y fiera que se oyó, la cual en aquellas breñas se avía criado, y el sabio con sus artes la hizo ponerse ahí por guarda de el espetáculo […].377
estava una fiera y alada sierpe en guarda del atormentado hombre […].378
De rato en rato baxava un buitre que sobre los árboles estava sentado [y] con su duro y agudo pico le abría hasta las entrañas, de las cuales se apacenta- va, dando el infeliz lastimosos gritos sin un solo momento descansar (p. 216).380
Por otra parte, la escena tampoco resulta completamente idéntica, ya que, mientras Basdagarel está atado a un único árbol, Meridián, en la obra de Sierra, lo está a dos; por otra parte, las serpientes («algo gruessas», en Silva; «largas y delgadas», en el aragonés) se enroscan de distinta forma: en la Segunda parte de Espejo rodean la garganta hasta llegar al pecho del atormentado, mientras que en su modelo lo hacen a través de los brazos. Sin embargo, estas diferencias no logran hacer dudar del origen del episodio del aragonés, que sigue a su modelo incluso en su desarrollo pos- terior: el héroe, como era de esperar, vence todas las dificultades hasta libe- rar al atormentado, pero lo relevante es que en ambos casos se dedica a estrangular con sus manos una a una a todas las serpientes que atan al per- sonaje («con fuerça y maña de Ércules», en Silva; «con su hercúlea mano», en el aragonés).
Todo esto demuestra que el modelo de este episodio de Sierra es el que aparece en la Cuarta parte de Florisel de Niquea, si bien tamizado por otras referencias mitológicas y quizá otras fuentes iconográficas.