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Land Value Capture

5.2 Development-Based Land Value Capture (DBLVC) Instruments

Leer y escribir son prácticas sociales que están intrínsecamente ligadas a cada cultura, las que se llevan a cabo en determinadas situaciones de comunicación dentro de los diversos ámbitos sociales. Las tecnologías digitales están modificando estas prácticas letradas permitiendo la construcción de narrativas renovadas. Lara (2012) sostiene que:

El lenguaje digital, con sus propiedades de hipertextualidad, interactividad y multimedialidad, combinadas con la conectividad y movilidad, permiten la construcción de narrativas antes inimaginables a través de la fragmentación de los contenidos, la actualización constante de información y la interacción entre múltiples actores del proceso comunicativo

( p. 10).

La comunicación en Internet implica nuevos modos de acceder a la información, de producir textos, de distribuirlos y de compartirlos, es decir, la participación en nuevas prácticas sociales que exigen el desarrollo de nuevas competencias comunicacionales e implican otras maneras de leer y escribir (Zayas, 2013). Por ello, los textos electrónicos no entrañan únicamente un cambio de soporte, sino que forman parte de nuevas formas de actividad verbal.

En esta misma línea, Enríquez (2013) “señala que en la actualidad se lee y se escribe, casi de modo excluyente, en el formato del hipertexto que se desarrolla en el gran espacio de la red en su conjunto” (p. 48). Y describe las características enunciadas por Lamarca Lapuente (2013): conectividad, multisecuencialidad, estructura en red, multimedialidad, gradualidad, interactividad, accesibilidad, dinamismo, reusabilidad y apertura.

Sin duda, el cambio más trascendental que se ha producido en las prácticas letradas es que “la lectura y la escritura se producen en línea [...] conectados a millones de recursos, que aprovechamos para construir significados de manera diferente y más sofisticada” (Cassany, 2012, p.50). En la red se interactúa con personas de todas partes del mundo de una manera participativa y comprometida, creando redes y rompiendo la unidireccionalidad de los medios. En este marco, se produce un incremento exponencial de interlocutores y documentos. El hecho de poder conectarse con personas de lugares remotos y culturas tan diversas provoca cambios trascendentales en las prácticas de lectura y escritura. Pasamos de interactuar con

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: INCIDENCIA DE LAS NUEV

AS TE CNOL OGÍAS EN L OS PR OCE SOS DE LE CTURA Y E SCRITURA . L OS LE CT ORE S Y E SCRIT ORE S NA TIV OS DIGIT ALE S

autores y lectores de comunidades próximas, culturalmente afines, a hacerlo con millones de lectores-autores de todo el planeta. Sin duda, se trata de una comunidad de interlocutores cuantitativamente muy superior y cualitativamente muy diversa (Cassany, 2009). Así se incrementan los intercambios interculturales entre personas de distinta procedencia (con etnias, religiones, hablas, culturas y entornos geográficos y sociales diferentes) que participan en el intercambio desde diferentes contextos cognitivos. Este tipo de intercambio y comunicación favorece el plurilingüismo y la multiculturalidad, dado que la red aumenta ostensiblemente las posibilidades de establecer contacto con interlocutores extranjeros, lo cual incrementa e incentiva el uso de segundas lenguas.

Leer y escribir en la red modifica también las prácticas letradas, Giammatteo y Albano (2009) sostienen que el ciberlenguaje propio de los géneros digitales interactivos es:

Un campo en constante ebullición, donde cualquier modificación es posible, nada es lo que parece y todo puede llegar a transformarse [...] la palabra se vuelve una unidad más flexible y difusa, cuyos límites pueden ser moldeados según los casos y las necesidades comunicativas

( p.15).

Se produce así, una diversificación de la escritura, difuminando la frontera entre la escritura formal y el habla espontánea, rompiéndose el monopolio que tenía hasta ahora la escritura normativa, la cual dispone hoy de un repertorio verbal tan diverso como el habla, por ello escribir en la actualidad exige dominar una gama variada de registros (Cassany, 2012).

En este contexto, surgen además nuevos géneros textuales, tales como: el chat, el texto ubicuo, el foro y el post. También se reformulan otros como la carta, el diario personal, convirtiéndolos en artefactos más dinámicos y versátiles: el correo electrónico, el blog personal y las wikis. Por otra parte, se ha roto la hegemonía que tenía la norma estándar en un espacio público. Hoy es fácil encontrar en la red formas coloquiales, incorrectas, vernáculas como los mensajes de texto o los diálogos simplificados del chat. Se dispone además de verificadores ortográficos y traductores automáticos, programas que ayudan a leer y escribir y que han transformado y mejorado los recursos ya existentes en papel (Cassany, 2012).

En el contexto de lenguas extranjeras de la enseñanza superior, los cambios suscitados en el escenario de la red requieren del desarrollo de competencias digitales y discursivas que permitan al estudiante interactuar este espacio comunicativo. La competencia discursiva es considerada como la capacidad de una persona para desenvolverse de manera eficaz y adecuada en una lengua, combinando formas gramaticales y significados para lograr un texto (oral o escrito), en diferentes situaciones de comunicación. Incluye el dominio de habilidades y estrategias que permiten a los interlocutores producir e interpretar textos, así como también el manejo de los distintos géneros discursivos de la comunidad de habla en que la persona se desenvuelve (Charaudeau, 2000; Kerbrat-Orecchioni, 1986).

La competencia discursiva se ha visto complejizada en la actualidad, dada la multiplicidad de “operaciones de contextualización que llevan a cabo los usuarios para interpretar los mensajes virtuales que reciben en su ordenador a través de la Red” (Yus Ramos, 2010). Esta situación supone el surgimiento de nuevos subgéneros discursivos que es preciso indagar y que implican nuevas formas de comunicar y gestionar el conocimiento.

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Estas innovaciones modifican el perfil del lector, que en numerosas ocasiones aborda la lectura de forma diferente y, también, del autor de textos escritos, cuyos principales modelos son estos nuevos subgéneros. Estos lectores, que prefieren “los entornos informacionales interactivos [...] al consumo pasivo de medios, valoran la inmediatez de la información en forma resumida en lugar de informes detallados [...] y desarrollan capacidades de multitar” (Vivancos, 2008, p.14). Están además más familiarizados con la multimodalidad textual, hasta el punto de que el texto escrito se concibe cada vez menos como un sistema que no sea multimodal. En misma línea coincidimos con Ferrere (2007) cuando alude a Castells (1996, p. 411), sostiene que debemos formar hablantes autoprogramables, cuya educación lingüística les permita seguir progresando en el dominio de la lengua y adaptarse a nuevos retos y necesidades.

Competencias digitales y discursivas de estudiantes de lenguas en formación