Aparentemente este tema no se relaciona de manera directa con el orientalismo, sin embargo la fuerza que empuja a los escritores a un mundo lejano y desconocido fue la circunstancia sociopolítica que ellos abominaban. El archiconocido lema, “el arte por el arte” fue un manifiesto de la libertad del arte, sometido a la exigencia utilitarista. En consecuencia, la fuerte repulsión del mundo real conduce a buscar la válvula de escape en el extremo Oriente, en muchas ocasiones, imaginario e inventado. Nuestro poeta estaba en el epicentro de este período convulso108 y fue uno de los bohemios y orientalistas más reconocidos en el ámbito español.
108 Véase España 1900 de Lily Litvak, Ed. Anthropos, Barcelona, 1990, p.15: “Existen, sin duda, rasgos comunes de actitudes tan diversas. Puede decirse, de manera muy general, que en esos años se expresa insatisfacción con el materialismo, con la cultura de masas, con el racionalismo y con la impersonalidad de la civilización burguesa”.
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Esta evasión, virtual, a Oriente es promovida desde la marginalidad en que se encuentran los poetas en el mundo burgués. Es el rechazo que experimentan ante la realidad cotidiana lo que les impulsa a sublevarse contra la sociedad, eligiendo como vía de insurrección la búsqueda de la belleza ideal. Su ruptura con la moral vigente pasará por destruir el tabú de la sexualidad, que condena el amor libertino, por perverso, y que sataniza el placer carnal. El lejano Oriente, libre de cualquier condicionamiento moral, les sirve como base sobre la que concebir su fabulación. De esta manera, no nos sorprende que los europeos asocien Oriente con el sexo:
Podemos reconocer también que en la Europa del siglo XIX, con su creciente "embourgeoisement", la sexualidad estaba institucionalizada hasta un grado considerable. Por un lado, la sexualidad en la sociedad implicaba un tejido de obligaciones legales, morales, políticas e incluso económicas que eran bastante meticulosas y ciertamente molestas.109
La transformación social que sufrió Europa durante el fin de siglo trajo consigo el aburguesamiento en los usos y costumbres, y en la normativa –engorrosa- que
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regulaba la convivencia. Todo ello incidió sobre el cariz de la relación de pareja, que se vio privada de su componente de misterio. Eso facilitó que el “embrujo” que comenzaba a ejercer, en alguna minoría, el voluptuoso y hechizado Oriente, convertido en un símbolo de la fecundidad y en una promesa de lujuria inagotable para la mentalidad de la época, se propagara rápidamente entre la comunidad artística. Lo oriental se puso de moda. Precisamente ese es el motivo por el que la mujer oriental, que nunca hasta entonces había gozado de la condición de dama amada o amante ideal, entrara en escena; y lo hacía destilando su frescura, requerida por la insistencia febril del hombre finisecular, para así convertirse en la protagonista de la trama de sus deseos más inconfesables. Respecto a la preferencia de los modernistas por la prostituta110, hay
que buscar su antecedente, como ya hemos apuntado, en la estética de Baudelaire y en su actitud de rebeldía contra la sociedad burguesa. La semejanza que existe entre la situación de marginalidad social que vive la prostituta y la que experimenta el poeta en esa época
110 Manuel Machado hermanaba "las hetairas y los poetas" como una manifestación de solidaridad.
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provoca un fenómeno de asimilación entre ambos tipos de vida.
En este contexto histórico, tal como hemos mencionado anteriormente, la empatía que las cortesanas despiertan en escritores no es otro sentimiento que el de la autocompasión que experimentan hacia ellos mismos debido a la degradación inesperada de su estatus social, atrapados en la penuria que padecen en su condición de marginados. Su identificación con las prostitutas incrementa aun más su adhesión emocional con ellas y con su oficio. Ambos no tenían otro remedio que vender lo más íntimo y lo más sagrado de su existencia, tal como lo hacían las “musas venales” sólo para sobrevivir. Veamos los versos de Villaespesa que ensalza el alma pura de las hetaras:
¡Sólo en el corazón de la ramera Florece el lirio del pudor divino!111
La obra, Las flores del mal fue dedicada a Teófilo Gautier, “maestro y amigo”112, en defensa de la forma culta y refinada sin propósito de rentabilizar su
111 “Soledades de Invierno”, El libro azul, P.C.II, p.1575
112Charles Baudelaire, Obras Selectas, Las Flores del Mal, op.cit., p57: La dedicatoria completa de Baudelaire: El poeta impecable, al perfecto mago de la lengua francesa, a mi muy quedrido y muy venerado maestro y amigo TEÓFILO GAUTIER, con los sentimientos de la más profunda humildad, dedico estas flores malsanas.
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producción literaria. La filiación y complicidad entre ambos queda evidente en el rechazo de Baudelaire hacia el utilitarismo113.
Las secuelas de la transición social hacia el mundo “moderno” –no modernista-, apoderado por el pragmatismo materialista de los “pequeños burgueses”, invaden inevitablemente el espacio vital de los literatos. Es decir, se ven privados del privilegio del que éstos gozaban hasta entonces bajo la tutela de los aristócratas. A medida que el materialismo capitalista empezaría sustituyendo el compromiso social de aquellos, la sociedad empieza a apreciar más la potencia del capital que la nobleza del linaje; y la pujanza de una nueva clase social –pequeños burgueses- lideraría el cambio hacia el modelo materialista, impregnado del “abyecto gusto” según la percepción de los artistas. Este término, “abyecto gusto”, se asentó como un cliché
113 Ibid, pp.22-23. La manifestación citada de Baudelaire proviene del Mi corazón al desnudo y otros papeles íntimos, Colección Visor de Poesía, Madrid, 1983, p.40: “Ser un hombre útil –escribe Baudelaire- me pareció siempre algo bastante odioso”. En el fondo de esta apreciación está el horror que inspira al dandi la posibilidad de servir de instrumento para los fines de otro y de que su actividad espiritual pueda ser retribuida materialmente. Ya veíamos antes que obtener beneficios económicos por su actividad literaria se le antojaba a Baudelaire una forma de prostitución, sentimiento que no estaría lejano del desprecio que experimentaba Platón hacia los sofistas, a quienes llamaba “mercaderes de golosinas del espíritu”.
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de los artistas para criticar los modales “mediocres” del mundo burgués, donde no se apreciaba el mecenazgo artístico de buen gusto, si éste no generaba algún lucro económico114.
Esta contingencia histórica propició la aparición de los artistas bohemios, obligados a ocultar su miseria al tiempo que recuperaban su dignidad bajo la máscara de la extravagancia vital y artística. El acto de escribir ya no corresponde a un privilegio social de la clase alta, sino a un oficio como cualquier otro trabajo que sustenta la vida diaria. En consecuencia surge una modalidad ocurrente entre los escritores modernos –no todos modernistas- de lucir la penuria con orgullo como una condecoración al lado de su pluma. Este hecho acelera aun más la automarginación como una reacción virulenta ante la sociedad que los excluye y convierte su apariencia y su modus vivendi en un espectáculo que tan sólo ellos mismos pueden “permitirse”115.
114 Véase Los proletarios del arte. Introducción a la bohemia de José Eteban, Anthony N. Zahareas, Celeste Ediciones, Madrid, 1998, p.87: La actitud bohemia es, pues, una clara vocación de inadaptación social, a la vez que una protesta individualista contra el capitalismo y la sociedad burguesa ya instalados en el poder.
115Véase la Introducción de Las Poesías Completas. La extravagancia de Villaespesa que vestía álquicel musulmán(p.XXX) o el testimonio
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Nuestro poeta almeriense es un estereotipo de aquellos bohemios modernistas, un fiel retrato de los escritores “modernos”. Como es bien sabido, este término, “los modernos”, fue empleado despectivamente por los críticos conservadores y clasicistas en aquel ámbito literario finisecular 116 . En este sentido, podemos considerar que los escritores llamados “modernos” se referían a menudo a los “bohemios”.
Villaespesa padeció una penuria extrema a pesar de su ascendencia pudiente y lució con orgullo sus credenciales de escritor como único medio de subsistencia. Se hizo asiduo al comportamiento extravagante. Su vasta obra y, en ocasiones reiterativa en su temática, obedece a su carencia económica durante el desarrollo de toda su trayectoria poética.
Un poema suyo titulado “Bohemia” (Luchas, 1899) es un vivo retrato de los bohemios de la época en donde él
de su penuria (“El hombre y el dinero”: p.LXV-LXX). Sobre todo, su vida literaria del poeta bohemio (p.XXVIII): “Y así tenemos El
alto de los bohemios revelándonos esta época en que Villaespesa
deambula noctámbulo por cafés y tertulias, calles y despoblados donde a veces duerme con Carrere bajo el relente de verano; la fundación de revistas como aquella vinícola –Redacción, una taberna; redactores, Rubén, Villaepsesa, Machado, Gómez Carrillo,(…); las colaboraciones en Blanco y Negro, Vida y Arte,
Germinal, Revista Ibérica, Cervantes; las anécdotas audaces de los
errantes bohemios;”. Recalcamos que la amistad estrecha con Gómez Carrillo nos revela una de sus fuentes del orientalismo.
116 Véase, Los proletarios del arte. Introducción a la bohemia de José Eteban, Anthony N. Zahareas, Celeste Ediciones, Madrid, 1998
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mismo acredita su identidad bohemia117. La unión o la
“mezcla de lupanar y de bohemia” era un fenómeno social y literario en el fin de siglo.
Al sacrificio del amor me apremia tu charla: obscenidad y picardía, mezcla de lupanar y de bohemia, con su sal y pimienta de poesía. (Organillo)118