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What are the differences between sharing on camera phones and digital cameras?

INEFICIENTE,

EL

SIDA QUEDA EN

NADA:

EN UNA ENFERMEDAD

MINORITARIA DE

INMUNODEFICIENCIA.

O

RGASMO CON

VIH

“C

on simples roces –recuerda Silvia el día ominoso en el que se “supone” que se contagió del sida– mi cuerpo obedece a todas sus peticiones sin palabras. Me siento en la cama y me quita los zapatos. Segundos más tarde, arrodillados sobre el colchón uno frente al otro, nos miramos. Voy a decir algo, pero me calla con un beso húmedo e intruso, estoy temblando. Sus manos acarician mi pelo, y se deslizan suavemente hasta mis pechos. Lentamente des- abrocha los botones de mi camisa mientras su boca encuentra mi cuello, sus labios y su lengua despiertan mi piel erizada, y mis pezo- nes, adivinando el contorno de sus manos, se han vuelto roca.

Su mano sigue descendiendo pausadamente, electrificando todos mis poros hasta meterse entre mis piernas. Noto sus dedos inquie- tos presionando la costura de mis pantalones. Estoy completa-

mente mojada. Y todo ocurre como en un sueño, a media luz, y

lento, muy lento. Juraría que llevamos cien lunas así, arrodillados frente a frente, concentrándonos exhaustivamente en cada beso, en cada caricia, en cada gemido...”.

Dicen que el VIH se transmite por el sexo, pero lo cierto es que es harto difícil de demostrar que el VIH se contraiga así. Se dice que se transmite, “pero muy difícilmente”, algo que no pasa con ninguna enfermedad de transmisión sexual: ni fácil ni difícilmente: sencilla- mente se transmiten. En realidad, el VIH ni siquiera se puede ver en fluidos sexuales por el microscopio electrónico:

“Es que el VIH en fluido sexual no se puede ver –nos explica en exclusiva el destacado investigador del sida del Instituto Irsiscaixa Dr. Javier Martínez Picado–. El fluido

III

“El Vih en fluido sexual no se puede ver, al no contener células ni nada físico”, nos dice el Dr. Javier Martínez, del Instituto Irsiscaixa.

La macroestafa del SIDA

no contiene células ni nada físico. Es un líquido, y un líquido no se puede observar al microscopio, necesitas algún tipo de partícula, porque de hecho no la hay. Sí, se puede detectar en fluido sexual”.

Se detecta haciendo juegos malabares en el laboratorio (por téc- nicas PCR), pero el virus nunca se ve directamente. Le hacemos la misma pregunta al director de la Fundación Irsi Caixa Dr. Bonaven- tura Clotet:

–Sí, se puede fotografiar, claro.

Pero el Dr. Robert Khurth, Director del Instituto Robert Koch, el centro responsable de la investigación del sida en Alemania, nos añade otros datos sorprendentes y contradictorios: “Los retrovirus endógenos y exógenos se distinguen simplemente por el hecho de que los retrovirus endógenos han entrado en la línea de gérmenes de los animales, y por lo tanto, se heredan verticalmente de las madres a las crías. El VIH es claramente un retrovirus exógeno (nota nuestra: no es cierto, puede ser perfectamente endógeno (Ver apén- dice III) o ambas cosas que no ha infectado las células de los

ovarios y las células del esperma”.

Cuando alguien da positivo en el VIH y no es drogadicto ni hemo- fílico ni ha hecho prácticas de riesgo, sólo queda una casilla, en la que se supone que te has contagiado por vía sexual. Sólo por entre- vistas suponen que te infectas por sexo, no por pruebas científicas que lo demuestren. En EE.UU. sólo te dan 6 casillas a rellenar. Si no encajas en 5, te has contagiado por sexo. El 6% de los estadouni- denses que han adquirido sida lo han hecho por sexo. Sin embargo, tras una exhaustiva investigación, se constató que del 60 al 99% habían tomado drogas inyectables o tenido relaciones homosexua- les, lo cual sí puede provocar inmunodeficiencia a larga (1).

Silvia nunca olvidará el día de su contagio. Ella asociaba ese día a la felicidad de conseguir un objetivo amoroso. Había pensado muchas veces en ese momento en el que iba a recibir su “condena a muerte”:

“Hace meses que me recreo con tu fantasía. Hace meses que te deseo y que tú, simplemente, juegas a acercarte sin tocarme. La espera, el deseo, el sabor amargo de la sole- dad y el olor de mi sexo me provocan una sensación de ansie- dad corrompida, y no se deshacerme de ella. El fantasma del miedo me visita a menudo. La cordura me abandona silen- ciosamente, deslizándose por las estanterías de mi habita- ción y desapareciendo tras el quicio de la puerta. Y apare- cen invadiendo el suelo de mi vida, negras sebáceas y bri- llantes, las cucarachas asesinas que intentan comerse mi auto- estima.

Nunca hemos hecho el amor, pero lo he imaginado tan- tas veces que juraría poder adivinar cada movimiento de tu cuerpo. Seguramente, me resultaría tan familiar que acaba-

Cuando pedi- mos fotos del virus en un fluido sexual, el Dr. Picado nos dice que es imposible foto- grafiarlo. Su director y jefe Clotet, dice que sí.

ría por disgustarme por la falta de novedad en el acto. Aun así, sigo esperando que ocurra.

Toco mi pelo, mis párpados cerrados, mis pómulos, sin- tiendo todos los poros, uno a uno; repostando en mi boca, recreándome, jugando con mi lengua, mojando las yemas de mis dedos para facilitar el recorrido hasta mis pechos altivos, conteniendo la respiración..., y nada. Las serpientes del deseo recorren mi cuerpo, sisean entre mis piernas, se enroscan en mi cintura, pero acaban por estrangularme las ganas, y vuelvo a rendirme una vez más. Si sólo pudiera saciar esa ansie- dad, posiblemente dejaría de morderme las uñas, posible- mente dejaría de necesitarte tanto...”.

Silvia no sabía que la transmisión sexual es tan poco eficiente porque “no existe virus libre sin neutralizar. En ninguna parte de las personas con anticuerpos, y en concreto no en el semen” (Duesberg,

Pharmac. Therm., 1992). En un estudio ya clásico y fundamental con

25 varones seropositivos, sólo se pudo encontrar un único pro-

virus (virus inofensivos fueron descubiertos precisamente por la Nobel, disidente del sida, Barbara MacClintock) de VIH entre más de un millón de células de semen de ese hombre, Y EN LOS OTROS 24 NO SE HALLÓ VIRUS CON VIH

(Van Voorhis et al, –Fertil. Steril., 1991) (2). Alguien dejó un comen-

tario en mi blog donde contó que en un hospital de Madrid el comen- taron al ir a urgencias que el VIH no se trasmitía por sexo, pero que no se podía decir públicamente.

Anderson demostró en 1992 que sólo se pudo aislar o reactivar VIH en las eyaculaciones de 9 de entre 95 seropositivos, usando para ello cocultivo en laboratorio de dos millones de leucocitos acti- vos con una sustancia llamada fitoaglutinina. Es decir, que siempre hay que hacer complejas operaciones para captar el VIH, y ni aun así, apenas se detecta. Otra contradicción es que un virus que se transmite en uno de mil contactos tendría su supervivencia difícil- mente garantizada: le sería altamente complicado sobrevivir (3).

Shacker (1996) sólo encontró la presunción de contagio por cues- tionarios de únicamente 4 casos de sexo oral de riesgo entre 46, mien- tras que Keet (1992) encontró 9 de 102. Fauci & Longo citan un expe- rimento hecho con 239 varones de parejas contagiadas, en el que ninguno se contagio con sexo oral receptivo (Harrison,2005, p. 1200). Antes de recibir el VIH Silvia está curiosamente petrificada, como si presintiera lo que se le venía encima. Su pareja consume drogas habitualmente, y se supone que así adquirió el VIH. Silvia está a punto de recibir el mensaje de la muerte. Sin embargo, ella goza y goza sin parar:

“...Sus manos parecen haberse multiplicado, mil caricias derramadas en mi piel, siento sus dedos extraviados entre mis labios inflamados, mojados de miel y sedientos de su sexo, y su lengua ya ha llegado, confundiéndose con sus dedos. Mil besos perdidos entre mis nalgas, mis piernas han perdido el rumbo, y como toda yo también tiemblan. Su boca

Si la transmisión del Sida es inefciente el Sida se queda en nada

En un famoso estudio de Van Voorhis (arriba) con el semen de 25 hombres con Vih, sólo se encontró un virus. inofensivo en uno de ellos.

La macroestafa del SIDA

parece despertar de un profundo sueño, boca violenta, sus dientes arrancan mi deseo hasta perder el sentido, y mis cuer- das vocales se desgarran con sonidos guturales, melodías de pasión, acordes de sexo.»

Silvia recibe con un orgasmo el VIH, el virus mortal del fin de siglo, el regalo letal que le aguardaba en su vida:

“Y ha llegado el momento de la penetración, y para

mi sorpresa mi segundo orgasmo es casi instantáneo. Son tan dulces, tan suaves y tan exageradamente lentos sus movimien- tos que parece irreal. Mis manos, arañando su espalda, han llegado hasta sus nalgas, aferrándose a ellas y empujando, empujan hasta que me traspasa. Sin embargo, sumida como estoy en un profundo letargo, cubierta en cuerpo y alma por pétalos de amor, siento miedo. No he hecho nada, él me ha hecho feliz dos veces, y yo no he sido capaz de amarle del mismo modo. Sacudida por una violenta ola de terror me con- vierto en escorpión suicida. Me clavó el aguijón del miedo al verme rodeada por el fuego de la pasión. Irónicamente, ese fuego que tantos meses he esperado me ha autodestruido...”