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Interactivity/Social element

TABLE 4.1 HEDONIC EXPERIENCE IN THE CONTEX OF TECHNOLOGY

4.4.1.2. Interactivity/Social element

LA PESTE DEL SIGLO

XXI

¡T

Ú NO

,

JODER

!

I

ban a darle la gran respuesta: si se iba a morir o iba a seguir viva. Estaba masticando chicle. Suspiró y miró a su jefa adustamente. Se oía jugar a unos niños chillones en la calle.

– ¡Me cago en la puta, me cago en la puta!, ¡Mierdaaaa! ¡Tú no, jodeerr!

Silvia esperaba los resultados de su vida en ese momento. Casual- mente, su jefa Nuria era amiga de la doctora que hacía los análisis. Así que había llamado delante de ella a la Dra. Ollé.

– Recuerdo estar delante de Nuria, mi jefa, y la miraba fija- mente –rememora Silvia–. Miraba su rostro expectante, espe- rando que hiciera una mueca, un gesto de alivio, una sonrisa, pero en vez de eso se levantó de la silla, la tiró de una patada y soltó la terrible frase de arriba.”

– ¡Tú no jodeeer!

En 1989 se pensaba que el sida era igual a muerte, así que eso significaba que estaba condenada a muerte con sólo... 21 años. Tem- blé, y me llevé las manos a la cara.

Luego me cabreé con ella:

– Joder Nuria, no bromees con esto que no tiene ninguna gracia. Éramos las dos de un humor similar, y ella solía gastarlas duras. Juro que en ese momento estaba totalmente convencida de que me

II

EN1989 SE

PENSABA QUE EL SIDA ERA IGUAL A MUERTE,ASÍ QUE ESO SIGNIFICABA QUE ESTABA CONDENADA A MUERTE CON SÓLO...

La macroestafa del SIDA

estaba tomando el pelo. Pero cuando dejó el teléfono y vi su rostro fruncido y las lágrimas que se mantenían en equilibrio al borde de sus párpados, ya no tuve dudas sobre lo que realmente estaba pasando. No fui capaz de decir nada más. Salí del despacho, y sé que Nuria me seguía y no paraba de hacerme preguntas. Para mí sus palabras quedaban en la lejanía ya. Casi era imperceptible el sonido de su voz, aun teniéndola a pocos centímetros de mí. Sólo recuerdo que dijo:

– ¿Qué vas a hacer? ¿Adónde vas? Y sólo supe contestar:

– Me voy a casa. Me tomo el día libre.

Sudaba y sentía escalofríos. El mundo se me venía encima. SIDA, los telediarios empezaban a bombardear con este nuevo proyectil mediático, pero en realidad no sabíamos nada de él. Bueno, que te

morías sin más. Y eso era lo que pasaba entonces por mi cabeza.

La muerte..., me iba a morir. De la oficina al metro sé que tardé mucho. Se hizo largo, eterno, pero no podría especificar cuánto tardé en lle- gar. A veces estaba a punto de desplomarme en el suelo. Me pare- cía que la gente me miraba y señalaba, como si fuera una apestada. Obviamente, todo era aprehensión mía. La cabeza me daba vuel- tas, y me parecía oler a la muerte o a algo que yo a asociaba a incienso o humo de crematorio. Perdí la noción del tiempo durante el resto de ese día. En realidad, era un trayecto corto, quizás de 10 minu- tos a lo sumo.

Tengo lagunas de ese día. Recuerdo salir de la oficina, pero no recuerdo nada más hasta verme sentada en el andén de Plaza de España, donde normalmente hacía trasbordo. Sé que pasaban los vagones frente a mí, con un sonido ensordecedor, como fieras enfu- recidas en manada corriendo en una sabana polvorienta, pero yo no era capaz de levantarme para subirme. Tampoco podría precisar el tiempo que me quedé allí, en ese banco, en ese andén, con la mente paralizada y las piernas temblando como si tuvieran vida propia o fueran de otra persona. A mí, desde luego, no me respondían.

Enfrente tenía un póster de publicidad de Coca–Cola. Dos chicas en bikini, acompañadas de dos cachitas bronceados, bebían relajada- mente, con el fondo de una isla del Caribe, tumbadas en una hamaca.

C

OCA

-C

OLA

,

LA CHISPA DE LA VIDA

“S

on felices, están vivas”, pensaba, “y disfrutan de la vida”. Yo estaba allí, inmóvil, con el ruido mundano del gentío en los asfixian- tes sótanos del mundo. Pensando que, entre toda esa multitud, la chispa de la vida iba a dejar de existir para mí. Estaba condenada a muerte. Iba a desaparecer para siempre, enterrada o ahogada en un pequeño nicho. Entre tanta gente, solitaria, perdida en el bullicio, temblorosa, sentía que no era nada en el Universo. Un puntito insignificante, una

Me diagnos- ticaron de Sida, –nos cuenta Sil- via–, me iba a morir. Los telediarios empezaban a bom- bardear con este nuevo proyectil mediático.

muerta. Sólo era una pequeña burbuja a punto de explotar en el vacío y desaparecer en el limbo del olvido. Era una sensación terrible. Me ahogaba de dolor.

Esa noche no pude dormir. Tenía pesadillas. Veía cadáveres y cala- veras persiguiéndome. Visualizaba mi nombre en tumbas donde los gusanos me comían, mientras yo intentaba escaparme a la playa para- disiaca del anuncio de Coca–Cola.

Cuando amaneció, hojeé de nuevo mi fría sentencia de muerte, mientras escuchaba en la radio alegres anuncios del último modelo de Volswagen Golf :

Dra. Ángela Ollé Parrot ANÁLISIS CLÍNICOS

SERVICIO MEDICO ASISTENCIAL LENOX Rambla Cataluña 66, 2º PLANTA, TEL 215 96 82,

08007–Barcelona Silvia. L.

VALORACIÓN DE ANTICUERPOS ANTI–HIV (1 y 2) EN SUERO

RESULTADO POSITIVO

fdo. Angela Ollé, Barcelona 16 de febrero de 1989

Una sentencia de muerte, una fría sentencia de muerte. Sólo dos palabras, como dos venablos venenosos, junto a datos irrelevantes como una dirección y una fecha aciaga que se perderá en el fuego de los tiempos, la fecha de mi condena a muerte.

Entonces no sabíamos casi nada del sida, ni su historia, ni su ori- gen.

Desde ese día empecé a leer libros y a consultar información con mi médico homeópata, el Dr. Marín, y otras fuentes oficiales y no con- vencionales. Ni siquiera caí en la cuenta, al principio, de que tener anticuerpos significaba estar protegida contra una enfermedad, algo que nunca me habían dicho los médicos que me trataban. Era tan de cajón que empecé a dudar y a descubrir montones de contradiccio- nes en todo lo que nos contaban del sida. Advertí ciencia–ficción a raudales, que me hizo vislumbrar un poco de luz al final de aquel oscuro y terrible túnel.

V

IRUS GAY

,

VERSUS VIRUS DE LABORATORIO

T

oda la historia del sida empezó el 5 de junio de 1981 cuando se detectaron 5 homosexuales en California, y posteriormente otros en Nueva York, que mostraban casos aparentemente anómalos de neu- monía (PCP, Pneumicistis Carinii Pneumonia) y un cáncer de piel cono-

La oscura hipótesis de un condenado por fraude científico, peste del siglo XXI

Silvia, con 21 años fue sentenciada a muerte por HIV en 1989. Hace de esto 20 años.

La macroestafa del SIDA

cido como sarcoma de Kaposi, unidos a problemas de inmunodeficien- cia y a otros trastornos.

Se dice (erróneamente) que un azafato de vuelo gay canadiense, extremadamente promiscuo, Gaëtan Dugas, el denominado “paciente cero”, había extendido la enfermedad por todo el mundo, con más de 1.000 contactos sexuales reconocidos. Pero este dato es una especu- lación tampoco demostrada. Significativamente, en 1981 el sida equi- valía a una enfermedad asociada a los homosexuales llamada GRID (Gay–Related Inmune Deficiency, Inmunodeficiencia Relacionada a Gays). En realidad no sabe el origen del virus y su propagación al ser humano. La Dra. Hahn (del laboratorio de Gallo) especula que pro- viene de los chimpancés. La teoría más común dice que se transmitió a través de la caza de monos. (2)

Nada de lo que se dice de Dugas está demostrado ni de los pri- meros pacientes de sida. El aumento de inmunodeficiencia de esa época se debía al abuso de drogas recreativas, nada que ver con el VIH, como nos cuentan. El CDC sacó sus conclusiones por entrevistas personales, iniciando la presunción del contagio sexual. Un libro del gay Randy Shilts And the band played on contribuyó a exagerar el mito. Se creyó que fue el primer norteamericano con sida. Era consu- midor de poppers y otras drogas.Klaus Nomi fue la primera celebri- dad en Nueva York, que se dice que murió de sida en el 83, antes de que la enfermedad fueradefinida. Era un cantante gay extravagante,

El supuesto “paciente cero” Gaëtan Dugas, “culpable” de la extensión de la enfermedad.

El Sida era GRID, enfermedad de Gays