Entre los montes centrales y la frontera con las provincias vecinas, el País Vasco presen- ta una zona predominantemente llana, si la comparamos con la del norte, aunque existan im- portantes islotes montañosos —como la sierra de Cantabria, en Alava que no permitan ha- blar de una uniformidad total en el paisaje.
Dentro de esta amplia región existen diferencias, por lo que es preciso establecer una serie de subdivisiones. Así, en Alava tenemos la zona central de la provincia o Llanada Ala- vesa y la zona sur o Rioja Alavesa. En Navarra, la zona media y la Ribera.
La Llanada Alavesa o región del Zadorra es la continuación del valle navarro de Burun- da. Puede decirse que las cuencas del Arga, en Navarra y la del Zadorra, en Alava, se dan la mano sin ningún tropiezo. Estas dos regiones naturales encierran en su seno la cubeta geo- gráfica por excelencia del País Vasco. En ella están Vitoria y Pamplona (Iruñea) y se ha desa- rrollado casi toda la historia y el arte del país. La Llanada engloba docenas de pueblos, des- de Araya y Salvatierra hasta Vitoria, muchos de ellos atrapados ya por los tentáculos renova- dores de la industria»436:
(434) Baroja, Cura, pp. 7-8. (436) Baroja, Cura, p. 93. (436) Sollube, I, pp. 13-14.
«Se va casi dos leguas por montes y por collados con malos pasos, siguiendo el cur- so del Zadorra, y se baja luego a una gran llanura rodeada de montañas como un an- fiteatro, en cuyo centro esta Vittoria, situada en un collado, y a su alrededor y en las
faldas de los montes se ven por todas partes, lugarejos, aldeas y caseríos que for- man muy agradable vista, y dicen en Vittoria q. hay tantos como días tiene el año, es- to es, trescientos sesenta y seis; otros dicen que hay más, pero lo cierto es que el país es bellísimo; toda esta región se llama Tierra de Alava, y tendrá poco más de ocho leguas de largo y cuatro o cinco de ancho; no llega al mar; a la derecha confina con Navarra, y a la izquierda con Vizcaya; tiene enfrente a Guipuzcoa, y detrás Rioja. ... Cada uno de los lugares que se ven desde Vittoria tiene su monte de encinas, que es común a todos los vecinos, y cortan la leña con medida para que cada cual tenga lo que le toca y no más; los arboles son muy iguales porque todos están plantados al mismo tiempo, y cuando se cortan las leñas se hace por orden del lugar, y si se pue- de en un solo día, por lo que no hay un árbol más alto que otro, y parecen, no enci- nas, sino naranjos cultivados en un jardín, lo cual además de ser útil hace que el país sea bellísimo, y no parezca lleno de bosque, sino de jardines»437
En 1707, Juan Alvarez de Colmenar estuvo en esta región. La describe haciendo refe- rencia principalmente a la fertilidad de su tierra y a sus cultivos:
«Algo mas allá de Salvatierra se encuentra una región que es tan fértil a un lado co- mo estéril al otro: se atraviesa un gran número de pueblos y algo más adelante apa- recen unos cerros pequeños, y a continuación un valle largo y hermoso como el ante- rior, cubierto de pueblos, aldeas y villas. El terreno es fértil en trigo y uva; pero no se ven arboles frutales; bien es verdad que no impiden así la vista de Vittoria, que apa- rece cuando aún se esta a dos leguas de distancia»438.
Una de las localidades mas importantes de la región del Zadorra es Salvatierra, cerca del límite con Navarra. A principios de Febrero de 1502 estuvieron allí Juana la Loca y Felipe el Hermoso439. El Conde de Salvatierra luchó en el movimiento comunero contra Carlos V, co- mo señala Andrea Navaggiero:
«Salvatierra es un buen lugar para el sitio donde está; era del Conde de Salvatierra; pero porque fue comunero y muy contrario al Cesar, éste le quitó el señorío... En Sal- vatierra acostumbran comer los ajos porros440.
Otro lugar con importancia histórica es el castillo de Guevara, situado cerca de Galarreta: «Galarreta es un pueblo situado al pie de la montaña. Cerca de allí se encuentra el alto castillo de Guevara, que pertenece al conde de Oñate, y dice un proverbio: «An- tes condes en Guevara que no reyes en Castilla», a causa de la antigüedad de esta casa. Toda la región es muy buena y llena de pueblos muy próximos unos a otros»441. «Cerca de esta capital hay un pueblo llamado Guevara, donde puede verse un viejo castillo, que fue magnífico y que aún lo sería si se tuviera cuidado de mantenerlo en buen estado; pero nadie lo habita ahora, a causa de un duende que se ha apodera-
(437) Andrea Navaggiero, op. cit. Vid. Santoyo, pp. 39-40.
(438) Juan Alvarez de Colmenar, Les Delices de I’Espagne et du Portugal,, Leiden, 1707, Vid. Santoyo, p. 132.
(439) Lalaing, op. cit. Vid. Santoyo, p. 29.
(440) Andrea Navaggiero, op. cit. Vid. Santoyo, p. 70.
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do de él, según dicen, y que asusta a todos los que allí acuden. Tiene una gran torre, y por encima sobresale otro torreón de aspecto atractivo. Todos los apartamentos es- tan amueblados. Sólo en el gran salón se encuentra aún un viejo tapiz que representa personajes importantes»442.
El Castillo de Guevara fue origen de los Condes de Oñate, de prelados, escritores y grandes dignatarios. La Casa de Guevara, apoyando a los reyes de Navarra y como cabeza de bando gamboíno, sostuvo luchas con los Mendozas, oñacinos y partidarios de Castilla, hasta el siglo XIII.
Fue este castillo último reducto de las fuerzas carlistas, aún después del «Abrazo de Vergara» y de la partida de Don Carlos. Tras de tal valerosa defensa, la vieja fortaleza fue vo- lada y reducida a ruinas:
«El castillo de Guevara, construido en el siglo XV, tomando como modelo el de Sant Angelo, de Roja, era para los carlistas una posición importante porque dominaba la Llanada de Vitoria y defendía el paso de los desfiladeros de la Burunda, por si los li- berales pretendían entrar en Guipuzcoa, que constituía el baluarte del carlismo. Este castillo servía a los carlistas de vigía para averiguar los movimientos militares de Vitoria. En dos ventanas altas de la fortaleza se habían colocado dos grandes ca- talejos: uno, apuntando a una buhardilla de la capital alavesa; el otro, en dirección de la carretera de Elgorriaga.
Desde la buhardilla se hacían señas convenidas, con luces, y los carlistas de Gueva- ra sabían si iba a salir con fuerzas Zurbano o algún otro jefe y por dónde.
Generalmente, la salida hacia la montaña era por la carretera de Elgorriaga y se po- día señalar —si no con exactitud, al menos muy aproximadamente— el número de enemigos o algún otro jefe, y por dónde»443.
La Condesa de Aulnoy describe brevemente el interior del castillo tal y como ella lo vio en su viaje de 1679:
«No había muebles, si se exceptúa un tapiz muy antiguo en una sala grande, que re- presentaba los amores del rey Don Pedro el Cruel y de doña María de Padilla. En un lugar se la veía sentada como una reina en medio de sus damas, y el rey le estaba colocando una corona de flores en la cabeza... Subimos después a una torre, sobre la que se alza un torreón, que resultó ser la morada del duende; pero aquel día debía estar de paseo, porque no vimos ni oímos nada que se relacionara con él»444. También el Marqués de Santillana estuvo en esta región. Según Vicente García de Diego su visita tuvo lugar en 1440, llegando hasta la frontera de Navarra a acompañar a D.ª Blanca cuando esta vino a desposarse con el príncipe Don Enrique445. Como memoria literaria de es- te viaje ha quedado esta Serranilla:
«De Vytoria me partia un día desta semana, por me passar a Alegría, do ví moca lepuzcana.
(442) Juan Alvarez de Colmenar, op. cit. Vid. Santoyo, p. 133. (443) Portilla, p. 84. Baroja, Vidas, pp. 323-324.
(444) Marie Catherine de Jumel de Barneville, op. cit. Vid. Santoyo, p. 118. (445) Marqués de Santillana. p. 240.
I
Entre Gaona e Salvatierra en esse valle arbolado donde s’aparta la sierra, la vi guardando ganado, tal como el alvor del día, en un hargante de grana, qual tod’ome la querría, non vos digo por hermana.
ll
Yo loé las de Moncayo e sus gestos e colores de lo qual non me retrayo, e la moçuela de Ores; pero tal fisonomía en toda la su montana çierto non se fallaría, nin fue tan hermosa Yllana.
III
De la moca de Beamar, a fablarnos çiertamente, raçón ove de loar
su grand e buen continente; mas tampoco negaría, la verdat, que tan loçana, apres la señora mia, non vi doña nin serrana»446.
Asentada en el centro de la Llanada, a orillas del Zadorra, se encuentra Vitoria. En el tra- zado de la ciudad se aprecian claramente tres momentos de impulso y de vida:
Vitoria gótica. La fundación de la villa data de 1181, por obra de Sancho el Sabio de Na- varra. Eligió un lugar estratégico: el cabezo de la aldea de Gasteiz, de fácil defensa en sus espolones por las dos fortalezas que levantó en el lugar de la actual Catedral y en lo que hoy es iglesia de San Vicente.
Paso de trajinantes y peregrinos jacobeos; población famosa por sus mercados; sede de dos renombrados conventos erigidos, según tradición, por los propios patriarcas Francis- co de Asís y Domingo de Guzmán; asiento de una rica judería ubicada en la actual calle de Nueva Fuera; ciudad gótica de famosos templos ojivales, enriquecida más tarde con pala- cios renacientes; cuna del Canciller Ayala (1332-1407), alcalde de la ciudad e importantísimo autor medieval447; conjunto evocador, que Victor Hugo comparaba con la Nüremberg medie- val; calles apretadas, ricas en arte y en recuerdos448:
(446) Marqués de Santillana, pp. 240-241. (447) Enciclopedia, Dic., I, p. 396. (448) Portilla, p. 8.
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«Vittoria esta en una altura; no es muy grande, pero es hermosa y alegre y con bue- nas casas y calles, donde viven bastantes mercaderes»449.
En 1572 estuvo en Vitoria Giovanni Battista Venturino, uno de los componentes del sé- quito oficial que acompañó al legado papal y al Patriarca de Alejandría en el viaje que éstos hicieron a Lisboa con el fin de asistir a la boda del rey don Sebastián. Ya de vuelta, cruzaron la ciudad en enero de 1572.
«Esta ciudad esta situada en un fugar muy elevado y es de forma casi alargada; a la entrada tiene una espaciosa plaza de mercado y un hermoso hospital. Tiene diez mil hogares, sus calles están adoquinadas, y la ciudad es hermosa, limpia y llena de ar- tesanos; tiene una muy buena armería pública con muchos hombres, en la que se trabajan buenos coseletes de Placencia, villa vizcaina que se encuentra cerca, a ocho leguas; todavía usa artillería para guardia de las cárceles.
Tiene bellísimas mujeres, que no se pintan como en otras partes de España... En la iglesia de Santa María puede verse una gran cruz de plata, excelentemente trabaja- da, que tiene casi la altura de un hombre; hay en su interior una imagen de madera de nuestra Señora, que goza de grandísima devoción. La primera dignidad de este templo es el Chantre, con 300 ducados, seguido del Arcediano con 180, el Tesorero también con 180, un párroco que es del número de los canónigos (de los que hay 18 con 250 ducados) y 22 beneficiados con 150»450.
También de la Vitoria antigua, de sus murallas y de sus conventos, de sus plazas y de sus calles da noticias Albert Jouvin, tal y como la vió en 1672:
«Vitoria es una ciudad mayor, mas hermosa y más rica que San Sebastián, y una de las mas mercantiles de España, situada en terreno llano a orillas de un río que va al río sobre el que esta la villa de Bilbao, buen puerto de mar de Vizcaya, donde se en- cuentran dos pequeñas provincias, que son Guipuzcoa y Alava.
Vitoria es la capital de esta última, rodeada por una vieja muralla, y después por una segunda de mayor circuito, que esta sin ninguna fortificación, a donde primero se Ile- ga y se entra en la Plaza Mayor, adornada con un gran estanque con su fuente en el medio, y rodeada por la Casa Consistorial, su reloj, los conventos de San Francisco y Santo Domingo, la cárcel de la ciudad y varias hermosas casas; a esta plaza van a dar tres o cuatro de las calles mas grandes de la ciudad nueva, porque la vieja se encuentra un poco mas en alto.
Ocupa una plataforma en la que hay algunos jardines y algunas plazas casi inhabita- das, y en varias de sus calles crece la hierba; allí, sin embargo, esta la iglesia mayor de Nuestra Señora, colegiata adornada con una alta torre cuadrada y un reloj en lo alto. La ciudad nueva está más baja que la vieja y hay en ella cinco grandes calles todas llenas de ricos comercios, que trafican con los países extranjeros por medio de los cercanos puertos de mar de Bilbao y San Sebastián, desde donde lo que les viene por mar lo envían ellos a Madrid, a Zaragoza y a toda España, principalmente el hie- rro de Vizcaya, como las herraduras, que vienen a buscar de Andalucía, de Granada, de Extremadura y de las demás regiones de esta nación»451.
(449) Andrea Navaggiero, op. cit. Vid. Santoyo, p. 40.
1450) Giovani Battista Venturino. Codex Barberini. lat. 5250 de la Bibl. Vat. Vid. Santovo, pp. 53-54. (451) Albert Jouvin,
En el siglo XVIII la Vitoria gótica se desborda desde el espolón del Sur hacia el Camino Real, que pasaba bajo la colina. Los Arquillos solucionan el «salto» del cabezo al llano y la Plaza Nueva engarzará la Vitoria vieja y la ciudad moderna, extendida al Mediodía de la ciu- dad medieval:
«Es la ciudad más importante y la capital de la Provincia.. Está situada en el extremo de un hermoso valle. Tiene un doble recinto de murallas, unas antiguas, otras moder- nas. Aparte de esto no tiene fortificación alguna. La plaza principal esta circundada por el Ayuntamiento, dos conventos y muchas casas bastante bien edificadas: su centro esta adornado con una fuente muy hermosa. Lo que hace por demás agrada- ble esta ciudad son los hermosos arboles que bordean sus grandes calles; para que el calor no los dañe se tiene cuidado de conservar en buen estado unos arroyuelos de agua viva que los defienden con su agradable frescor de los ardores del sol. La ciudad está dividida en dos partes: la ciudad nueva y la vieja. Todo el mundo deja esta última para ir a vivir a la primera. Hay comerciantes muy ricos. Su comercio se efectúa en Bilbao o en San Sebastián... Hay en esta ciudad gente muy elegante; por- que además del gran número de comerciantes que residen en ella por motivos de comercio, la situación agradable y la belleza del lugar atraen también a mucha no- bleza, aun la mas encopetada, que acude a pasar la vida en un retiro tan hermoso»452.
Entre estos visitantes destaca la reina María Luisa de Saboya, que se retiró a esta ciu- dad con sus hijos cuando el archiduque Carlos se dirigió a Madrid tras la batalla de Zarago- za y obligó al rey Felipe a salir de España, según testimonio de Carl Ludwig von Föllnitz, que escribe ademas (1725):
«Vitoria es una ciudad comercial: está situada en una llanura muy fértil y llena de al- deas. Sus calles son muy estrechas; y las casas, edificadas todas en madera, se pro- yectan de tal manera sobre la calle que casi pueden darse la mano de una casa a otra; esto hace que las calles sean muy sombrías.
... Nos alojamos en la Posta, donde estuvimos mucho mejor atendidos que en cual- quier otro lugar de España»453.
Jean François Peyron disiente de la buena impresión que la ciudad causó a los viajeros del siglo XVII. Concretamente rebate las opiniones de Colmenar, vistas anteriormente454. Su testimonio data de 1778:
«Nada notable hay en Vitoria, si no es su gran plaza, que parece estar situada fuera de la ciudad; ni su regularidad ni los hermosos edificios que la rodean la hacen esti- mable, sino mas bien dos iglesias que se alzan en anfiteatro y algunas galerías ador- nadas con columnas al gusto antiguo. Las otras casas que la bordean están bastante mal edificadas; las calles de la ciudad, estrechas y obscuras, vienen casi todas a dar a esta plaza; están cerradas por unas puertas que les dan el aspecto sombrío de una prisión. No se encuentran ya «esas calles grandes» de que habla Colmenar, ni «esos grandes árboles que forman una sombra amena», ni «esos arroyos de agua viva que
(452) Juan Alvarez de Colmenar, op. cit. Vid. Santoyo, pp. 132-133. (453) Carl Lùdwig von Pöllnitz,
A m s t e r - dam, 1737. Vid. Santoyo, p. 137.
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las defienden del ardor del sol con su frescor agradable». Ignoro dónde ha visto o de dónde ha tomado todo esto. Esta ciudad no está habitada. Yo he recorrido calles en- teras sin encontrar una sola persona»455.
La Catedral de Santa María y la parroquia de San Miguel son otros dos templos que han tenido y todavía tienen renombre, en el panorama monumental de la ciudad.
La primera data del siglo XIV; fue elevada a Colegiata por traslado de la de Armentia en 1496, y erigida en Catedral en 1862, a raíz de la creación de la diócesis vasca, con sede en Vitoria; fue sustituída por la Nueva, neogótica, posteriormente. El exterior conserva recio sa- bor de fortaleza, sobre todo en el ábside y en su macizo costado Norte. Presenta planta de cruz latina, con tres naves, girola y triforio.
La parroquia de San Miguel fue levantada a fines del siglo XIV en la ladera sur de la coli- na de la primitiva Vitoria. Ocupa, seguramente, el mismo lugar de la iglesia juradera dedica- da también a San Miguel. Ante la entrada principal, abierta al Sur del templo, se edificó en el siglo XVI el pórtico actual, cubierto por una bóveda gótica tardía. En este templo se venera la imagen de la Virgen Blanca, del gótico avanzado, patrona de la ciudad456.
«La iglesia principal es muy antigua, edificada en el buen estilo gótico; tiene forma de Cruz, y el coro no impide que la vista goce de toda su extensión, ya que está si- tuado encima de la puerta de entrada; se ven muchos sepulcros. El altar mayor, cuya decoración se eleva hasta la bóveda, es un conjunto de esculturas en madera que representan la vida de jesucristo, y las diversas escenas están muy bien ejecutadas; aún así no se pueden comparar a las de la iglesia de San Miguel, una de las que dan a la plaza grande de la ciudad; las figuras, de tamaño natural, están agrupadas en esta última con mucho arte y forman un conjunto digno de visitarse. El peristilo de la iglesia principal es tan audaz como ligero. Las tres puertas que sirven de entrada al