De acuerdo con lo expuesto anteriormente, China atravesó un proceso paulatino pero continuo de reincorporación al sistema internacional y a los organismos multilaterales preexistentes, que se constituyó como una primera fase de inserción externa. Recobró su
asiento permanente en algunas organizaciones y accedió por primera vez a otras. A través de los discursos de sus líderes políticos a favor de la participación en la diplomacia multilateral, fue adquiriendo un rol cada vez más activo. De hecho, su participación en organismos multilaterales como la ONU, el FMI, el BM, la OMC, etc. se mantiene y sigue intensificándose.
En la década de los noventa resurgió un nuevo tipo de multilateralismo, ligado a la diplomacia de cumbres. Si bien con anterioridad se habían celebrado las cumbres temáticas en el marco de la ONU y las del Grupo Río, por ejemplo, en los noventa volvieron a emerger. Esta vez, vinculadas estrechamente a las negociaciones comerciales en torno a la firma de acuerdos de libre comercio o temas más globales como el medio ambiente (Botto 2010).
Las instancias en que estos grupos de países se reúnen presentan bajo grado de formalización y abordan temáticas de la agenda internacional que les preocupan en conjunto. En general, esas cumbres reflejan una percepción de insuficiencia por parte de los organismos internacionales tradicionales para responder a las demandas de los países en desarrollo. La intención de estos grupos de países es poder incidir en los mecanismos formales de participación que se llevan a cabo en esos organismos internacionales, o bien crear nuevas organizaciones (Peña 2011).
Así, la diplomacia de cumbres se diferencia del multilateralismo tradicional que imperó durante el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial y se materializó a través de las instituciones que se mencionaron precedentemente (ONU, BM y FMI). Las mismas comenzaron a demostrar signos de debilidad. En casos como el de la ONU, el principal obstáculo se relaciona con hacer vinculantes sus decisiones, mientras en los casos del FMI y el BM la debilidad es su estructura de representación.
Ante estas circunstancias y aunque China ha mantenido su participación en las organizaciones multilaterales tradicionales, también ha mostrado gran interés por ser parte de la diplomacia de cumbres. Esto forma parte de una segunda fase de inserción externa, caracterizada por la creación o participación en nuevas instancias de cooperación. Esta fase es posterior a la de reincorporación al sistema internacional y a los organismos multilaterales creados en Bretton Woods. Tal como señala Qingmin (2010), las cumbres son para China una vía para solucionar problemas relevantes con otros países y de índole global, como también una importante fuerza impulsora de las relaciones bilaterales. Estas instancias de cooperación representan un ámbito alternativo
de acción externa donde China expone sus intereses y, por lo tanto, difieren de su papel en los organismos multilaterales tradicionales.
Asimismo, puede identificarse una tercera fase de inserción externa china, que está vinculada con el rediseño institucional de los organismos internacionales que emergieron luego de la Segunda Guerra. China se ha pronunciado a favor la reforma de algunas de esas instituciones, adecuándolas a sus intereses. En efecto, en junio de 2005 publicó el Documento de la Posición de China sobre el Problema de la Reforma de las Naciones Unidas. El mismo expresó, por primera vez de forma oficial, la posición china sobre el desarrollo, la seguridad, el ejercicio del gobierno según la ley, los derechos humanos y el fortalecimiento de las Naciones Unidas. En ese documento, China enfatizó acerca de la necesidad de que la reforma de las Naciones Unidas responda a las demandas de toda la comunidad internacional. De hecho, se expresó a favor brindar prioridad al problema del desarrollo de los países en vías de desarrollo, en especial de los más pobres.
De igual manera, China mostró concordancia con Estados Unidos ante la frustrada reforma y ampliación del Consejo de Seguridad de la ONU propuesta en 2005. Ambos países, junto con Rusia, se pronunciaron en contra de propuestas relativas a la incorporación de Japón, India, Brasil y Alemania (G-4) como miembros permanentes. En realidad, frente a esa posible reforma, China se opuso firmemente a que Japón se convierta en miembro permanente, por la rivalidad histórica que existe entre ambos a partir de la invasión japonesa en territorio chino, iniciada en 1931.
Es menester destacar que China mantiene esa postura respecto a Japón, pero ha afirmado su apoyo a una ampliación del Consejo de Seguridad en varias ocasiones. Una de ellas fue la cumbre del grupo BRICS del 14 de abril de 2011 en la ciudad china de Sanya. De todos modos, sus declaraciones han sido más bien generales; ha afirmado que está a favor de una "reforma integral" de la ONU, incluido el Consejo de Seguridad, para dar más voz a los países en desarrollo. En este sentido, no ha emitido comunicados donde se explicite que apoya el ingreso de países como India, con el que entabló un enfrentamiento bélico en 1962 por disputas fronterizas iniciadas en 1953. Tampoco lo ha hecho explícitamente a favor del ingreso de Sudáfrica o Brasil.
En lo que respecta al vínculo de China con el BM, se trata de una relación amplia y profunda, que ha abarcado la mayor parte de los sectores de la economía china. Asimismo, el BM ha colaborado con China en temáticas de desarrollo social y regional, protección del medio ambiente y reformas de tipo macroeconómicas. China es el país
que más préstamos ha pedido al BM y fue uno de los mayores receptores de asistencia técnica durante la década de los noventa. Sin embargo, la economía de China fue creciendo y comenzó a atraer crecientes volúmenes de inversión, hasta el punto de ser el principal receptor de inversión extranjera del mundo desde 2002. De hecho, ha desplazado a Estados Unidos en esa posición. Por un lado, la dependencia de China de flujos provenientes del BM dejó de ser tan frecuente como era en el pasado (Bottelier 2007). Por otro, los aportes chinos al capital del BM aumentaron en virtud del crecimiento de su economía. Su poder de voto se incrementó en 2010; de hecho superó a Alemania, Gran Bretaña y Francia. Sólo ha quedado debajo de Japón y Estados Unidos.
En cuanto al FMI, China no ha hecho uso de ninguno de los tipos de préstamos que otorga. Su relación con el organismo se ha basado en consultas económicas y asistencia técnica para el desarrollo de instituciones macro-económicas, políticas y estadísticas. Aún así, China aportará la tercera mayor cuota al organismo en 2013 de acuerdo con la XIV Revisión General de Cuotas del FMI, celebrada en diciembre de 2010. Esto, como en el caso del BM, está estrechamente vinculado con el peso que ha adquirido China en la economía mundial durante los últimos años14.
Una vez señalados los vínculos actuales que China mantiene con la ONU, el BM y el FMI, resulta importante destacar cómo se relaciona con los foros de cooperación internacional. En efecto, la diplomacia de cumbres, que reúne a diferentes países con intereses comunes y cuyo protagonismo es creciente, está siendo acompañada por China. El BRICS y el G-20, que analizaremos a continuación, son ejemplos de la creciente participación de China en ese tipo de diplomacia.