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How might courtesy stigma effect self-esteem?

El fin de la Guerra Fría constituyó un cambio estructural que abrió el camino para que las relaciones en la región se modificaran. La amenaza comunista, desde la perspectiva de la ASEAN, había sido neutralizada. Mientras tanto, desde la visión china, la finalización del conflicto y la retirada soviética de la región dejaron un vacío de poder que a China le permitiría modificar su imagen en el ámbito regional. Así, podría recuperar el vínculo interrumpido con aquellos Estados que tenían mayor relación con la URSS. También le sería posible acercar a aquellos países del Sudeste Asiático afines a Estados Unidos durante la Guerra Fría con aquellos pertenecientes al bloque soviético.

Poco a poco, China fue modificando la manera en que se relacionaba con los países vecinos. En agosto de 1990, normalizó sus relaciones con Indonesia y en noviembre de 1991 hizo lo mismo con Vietnam. En cuanto a Singapur, un bastión anticomunista con el que no existía un vínculo anterior, estableció relaciones diplomáticas en octubre de 1990 (Rubiolo 2010).

En 1991, el entonces ministro de Relaciones Exteriores de la RPC, Qian Qichen, asistió a la Reunión Ministerial de ASEAN. Así, demostró el interés de China por complementar el vínculo bilateral ya establecido con los países miembros de la asociación con relaciones en la esfera regional. Una delegación china también estuvo presente en las reuniones ministeriales que se llevaron a cabo en 1992 y 1993. De hecho, en la que se llevó a cabo en septiembre de 1993, se redactó el primer documento formal en conjunto entre China y ASEAN. La Declaración Conjunta allí emitida establecía una relación consultiva entre ambas partes a través del Comité Conjunto de Cooperación Económica y Comercial,

como también por medio del Comité Conjunto de Cooperación Científica y Tecnológica. En esa declaración quedó explícito que el desarrollo de vínculos en el ámbito de ASEAN no perjudicaba las relaciones bilaterales que China mantenía independientemente con los miembros del bloque (Rubiolo 2010). Al mismo tiempo, se sentaron las bases para la relación de China y ASEAN en el ámbito regional.

Cabe aclarar que el auge y fortalecimiento de los procesos de integración regional fue una característica del sistema internacional en general durante los años noventa. En América del Norte se estableció el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Canadá, México y Estados Unidos, mientras en América del Sur se dio nacimiento al Mercado Común del Sur. En Europa, la Unión Europea estableció el mercado único, se amplió a más países y sobre el fin de la década instauró el euro como moneda única para once de sus países, entre otros hechos importantes. Por su parte, el bloque ASEAN se esforzó porque China se comprometiera y participara en las instancias de cooperación regional. En efecto, China adoptó una política exterior abierta a la cooperación internacional y regional como complemento de su tradicional estrategia bilateral (Rubiolo 2010).

Fue así que, a lo largo de los años noventa, China mostró un evidente interés por ser partícipe de los ámbitos de cooperación regional en la esfera económica. Entre los tres hitos más importantes de su apertura a la integración con la región puede mencionarse su participación en APEC. Este Foro nació en 1989. Frente al temor de la exclusión por la firma entre Estados Unidos y Canadá del acuerdo de libre comercio, el Primer Ministro de Australia (el laborista Bob Hawke) promovió la idea de mayor cooperación entre los países de la Cuenca del Pacífico. Así, ese mismo año se reunieron en Canberra los doce países26 que crearon APEC. China, Hong Kong y Taiwán se sumaron en 1991, México y Papúa Nueva Guinea en 1993, Chile lo hizo en 1994 y en 1998 se unieron el resto de los países que componen actualmente el foro: Rusia, Vietnam y Perú (Secretaría de APEC 2011).

Los otros dos hechos relevantes de apertura por parte de China a la integración con la región fueron su rol asumido en el marco de APT, donde el bloque coopera económicamente con China, Japón y Corea del Sur, y el establecimiento de una Zona de Libre Comercio (ZLC) con ASEAN (ACFTA, por sus siglas en inglés). De todos modos, aunque la atención de China estuvo principalmente focalizada en los lazos económicos, también ingresó al Foro Regional de ASEAN (ARF, por sus siglas en inglés) en 1994.

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Australia, Brunei, Canadá, Indonesia, Japón, República de Corea, Malasia, Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Tailandia y Estados Unidos.

Este foro constituye una estrategia de diálogo regional que nació en la Reunión Anual de Ministros Exteriores en Singapur en 1993. Sus objetivos están dirigidos a fomentar el diálogo y la consulta en temas políticos y de seguridad para contribuir a la diplomacia preventiva en Asia-Pacífico (Rubiolo 2010). La cooperación entre China y los países de la región abarca áreas como finanzas, seguridad, economía, comercio, desarrollo de recursos humanos y salud, entre otras (Wong 2007).

Resulta importante destacar que la ayuda económica que prestó China a los países del Sudeste Asiático en la crisis desatada en la región en 1997 fue un elemento crucial en el aumento la confianza mutua. Así, tanto China como los países de la región unieron esfuerzos para lograr mayor integración y cooperación entre sí. La crisis también sirvió como ejemplo para que China pudiera dejarle en claro a los países vecinos que su crecimiento económico no debía ser percibido como una amenaza sino más bien como una oportunidad para todos (Cheng 1999 y Wong 2007).

Los llamados Tigres Asiáticos habían sido ejemplo de crecimiento económico hasta ese momento y se diferenciaban de otras regiones del mundo, como América Latina, por la estabilidad y la previsibilidad económica. Sin embargo, la expansión de las exportaciones del Sudeste Asiático hasta mediados de 1996 había sido muy elevada. Esto condujo a que los países de la región solicitaran importantes flujos de dinero provenientes de préstamos que, en vez de destinarse a los sectores productivos, fueron colocados en inversiones especulativas, principalmente en el sector inmobiliario. Así, cuando en 1996 las exportaciones de los países del Sudeste Asiático comenzaron a descender, en gran medida debido al posicionamiento cada vez más competitivo de China en los mercados internacionales, la fragilidad de las economías regionales se hizo presente. Para recuperar la competitividad perdida, se recurrió a la devaluación de las monedas locales. Sin embargo, eso generó huida de capitales, posterior cesación de crédito internacional y recesión económica (Paredes Rodríguez 1999; Bustelo 2000). Si bien la crisis se inició a partir de la devaluación de la moneda tailandesa, a la misma le sucedieron las devaluaciones de las monedas de Malasia, Indonesia y Filipinas; situación que tuvo repercusiones sobre la economía de Taiwán, Corea del Sur, Hong Kong y Singapur. Ante la crisis, la APEC brindó escaso apoyo27 y Estados Unidos se negó a respaldar la iniciativa japonesa de dar nacimiento a un Fondo Monetario Asiático como respuesta a la reducida ayuda recibida por parte del FMI. Muchos países de Europa Occidental así

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En la reunión de APEC llevada a cabo en noviembre de 1997 en Vancouver, la crisis asiática no estaba en la lista de temas prioritarios a discutir, como tampoco se esbozó allí un compromiso político por resolverla.

como el FMI también se opusieron a la iniciativa de Japón. Tanto el FMI como el BM les solicitaron a los países de la ASEAN que aplicaran un programa de ajuste estructural (que implicaba liberalización del comercio, desregulación y privatización) pues, desde su perspectiva, las economías que conformaban el bloque no habían sido completamente liberalizadas y eso había colaborado con la irrupción de la crisis. De los países de la ASEAN, sólo Indonesia siguió esos lineamientos al pie de la letra. Los demás países comenzaron a buscar alternativas, especialmente porque creían que, a diferencia de lo que enunciaba el FMI, la principal causa de la crisis había sido la liberalización del mercado financiero, que facilitó la penetración de inversiones especulativas (Wibowo 2009).

En cuanto a China, este país emergió de la crisis relativamente ileso. Una de las explicaciones a esta situación tuvo que ver con que no había aplicado la liberalización financiera tal como sugería el FMI. La ausencia de liberalización en sus finanzas salvó a China de la inserción de fondos especulativos en su economía. Aunque China sintió las repercusiones de la crisis, estuvo lejos de verse perjudicada de la forma que lo hicieron sus vecinos (Wibowo 2009).

En efecto, China se esforzó por evitar que la crisis asiática se profundizara aún más. Aunque este país colaboró con la irrupción de la misma por su alto crecimiento, sus exportaciones y la recepción de inversión extranjera disminuyeron a lo largo de la turbulencia económica en la región. Fue así que China detectó la interdependencia de su economía con las de sus vecinos y, para evitar el contagio regional, brindó ayuda financiera a Tailandia, Indonesia y Corea del Sur. China también mantuvo el valor de su moneda en aras de mostrar a sus vecinos que no incurriría en devaluaciones competitivas y no sacaría provecho de la crisis económica. Además, contribuyó con los préstamos del FMI en apoyo al Sudeste Asiático. En efecto, el entonces presidente chino Jiang Zemin se comprometió a entregar más de 4 mil millones de dólares para Tailandia, Indonesia y Corea del Sur. Esa ayuda se concretó a través del programa del FMI de soporte al Sudeste Asiático como también por medio de préstamos bilaterales. A su vez, China ofreció a esos mismos países el acceso a créditos de exportación y medicina gratuita ante situaciones de emergencia (Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China 2000; Cheng 2001). Todas esas iniciativas colaboraron para que China fuera percibida como un vecino cooperativo y responsable que otorgaba ayuda alternativa frente a la falta de respaldo económico por parte de los socios tradicionales durante la crisis (Cheng 1999 y Zhang 2006).

III.3 Fines de los años noventa y años 2000: consolidación de las relaciones China-