2.4 Simulation Study
2.4.1 DIR-RT Models Simulation
EL BONO DEMOGRÁFICO En los estudios sobre el tema, el período
de descenso de la relación de dependencia demográfica se ha denominado “bono demográfico”. Este “bono” está acotado en el tiempo, ya que la menor fecundidad y el incremento de la longevidad acrecientan la importancia de las personas mayores y, en consecuencia, la tasa de dependencia se elevará nuevamente y se generarán otras demandas de atención de salud y seguridad económica. En el gráfico siguiente se muestran los valores de la relación de dependencia demográfica en el año 2005, así como las estimaciones relativas al año en que vuelve a producirse un aumento de esta y en que el bono
demográfico alcanza su nivel máximo en 20 países de América Latina.
El año en que el bono alcanza su nivel máximo está vinculado a la fase de transición demográfica en que se encuentran los países. En América Latina, la mayoría está en la etapa avanzada, en que las tasas de natalidad y mortalidad son poco significativas y la relación de dependencia demográfica es inferior al 62%; en algunos —como Argentina y Uruguay— se ha mantenido un bajo nivel de fecundidad y mortalidad durante un largo período. Siete países se encuentran en la fase de transición plena, con tasas más altas de natalidad,
aunque descendentes, y una relación de dependencia demográfica del 64% al 78%. Cuba ya ha alcanzado una baja tasa de dependencia y se estima que su bono demográfico terminará en 2010. En el extremo opuesto, Guatemala se sitúa en la etapa moderada, con una fecundidad que todavía es significativa —aunque está disminuyendo gradualmente— y una alta relación de dependencia demográfica (90%), cuyo descenso debería extenderse hasta 2050. Ningún país latinoamericano se encuentra en la etapa incipiente, en que la mortalidad y la natalidad son muy elevadas.
AMÉRICA LATINA (20 PAÍSES): AÑOS EN QUE EL BONO DEMOGRÁFICO ALCANZA SU NIVEL MÁXIMO Y RELACIÓN DE
DEPENDENCIA DEMOGRÁFICA EN 2005, SEGÚN ETAPA DE TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA, 2005-2010 ab
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), sobre la base de estimaciones y proyecciones de población del
Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE)-División de Población de la CEPAL.
a La relación de dependencia demográfica es igual a: [(población de 0 a14 años de edad + población de 65 años y más) / población de 15 a 64 años] x 100.
b Los países se agruparon de la siguiente manera: transición moderada: tasa de natalidad del 32 al 42 por 1.000; transición plena: tasa de natalidad del 22 al 32 por 1.000; transición avanzada: tasa de natalidad del 22 al 12 por 1.000.
Para estimar el año en que el bono demográfico alcanza su nivel máximo se tomaron en cuenta los períodos de descenso continuo de la relación de dependencia demográfica. Sin embargo, puede haber excepciones —que se explican por la trayectoria de la transición demográfica o la dinámica de la migración internacional— tales como un breve incremento durante el período del bono demográfico. En Chile, por ejemplo, en 1995 la relación de dependencia demográfica fue levemente superior a la de 1990, aunque volvió a bajar en todos los años sucesivos y debería hacerlo hasta 2015. Asimismo, cuando se estima la magnitud de un fenómeno en un plazo de 40 o 50 años, cabe tener en cuenta que en todo tipo de proyecciones existe cierto grado de incertidumbre. Por lo tanto, los años en que el bono demográfico alcanza su nivel máximo deben considerarse indicativos.
A fin de que los dividendos del bono puedan extenderse más allá de los límites puramente demográficos, se requiere que un número creciente de personas en edad activa participe de la actividad económica. Pero esto exige la conjugación de una serie de factores más inciertos relacionados con: i) la capacidad de las economías de la región de crear empleos cuyas remuneraciones representen un incentivo para incorporarse al mercado de trabajo, ii) la voluntad de las personas de satisfacer sus necesidades de ingreso mediante una mayor oferta de horas de trabajo y iii) una cultura del cuidado familiar que permita superar las limitaciones que enfrentan las mujeres para destinar más horas al trabajo remunerado.
Por lo tanto, para aprovechar y extender los beneficios del bono demográfico es preciso examinar las condiciones de empleo a las cuales accede
la mayor oferta laboral de una población activa creciente. En general, para mejorar las condiciones de productividad de quienes accederán a la fuerza de trabajo en períodos futuros es necesario realizar una inversión significativa en innovación. Los efectos del bono demográfico en la pobreza y la inclusión social implican que es posible disminuir la inseguridad, la precariedad y la informalidad típicas de los mercados laborales de la región, lo que demandará importantes esfuerzos en materia de educación y capacitación de los jóvenes, creación de oportunidades de empleo y desarrollo de esquemas amplios de protección social. De lo contrario, el bono se convierte en una carga adicional para los países, expresada en fuertes presiones de la población que busca empleo en un contexto de escaso incremento de las posibilidades de trabajo.
Fuente: Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Se buscan buenos empleos. Los mercados laborales de América Latina, Washington, D.C.,
2003; Simone Cecchini y Andras Uthoff, “Reducción de la pobreza, tendencias demográficas, familias y mercados de trabajo en América Latina”, serie Políticas sociales, N° 136, Santiago de Chile, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), 2007. Publicación de las Naciones Unidas, N° de venta: S.OX.II.G.110; Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Panorama social de América Latina 2004 (LC/G.2220-P/E), Santiago de Chile, 2005. Publicación de las Naciones Unidas, N° de venta: S.04.II.G.148 y G. Standing, Labour Force Preparation and Development, Ginebra, Organización Internacional del Trabajo (OIT), 1982.
Año en que el bono demográfico alcanza su nivel máximo Relación de dependencia demográfica
43,5 48,9 51,2 51,7 54,8 57,559,2 56,4 57,0 57,0 59,561,657,4 63,9 64,769,3 71,8 78,3 73,7 90,1 68,2 1990 2000 2010 2020 2030 2040 2050
Cuba Chile Brasi
l
Costa Ric
a
Colombia México Uruguay
América Latina
Panam
á
Venezuela (Rep. Bol. de)
Perú Ecuador Argentina Rep. Dominicana El Salvador Hait í
Nicaragua Honduras Bolivia Paraguay Guatemala
Año 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100
Relación de dependencia demográfica (2005)
Avanzada Plena Moderada
Fase de la transición demográfica (2005-2010)
con decrecimiento
poblacional con crecimiento poblacional Recuadro I.5 (conclusión)
Asimismo, en los quintiles más pobres se concentra la mayoría de las familias que se encuentran en las etapas inicial, de expansión y de consolidación del ciclo de vida familiar, en que existe una fuerte presión sobre los recursos debido a su mayor tamaño y a que los hijos
están en edad de ser dependientes. En cambio, quienes viven solos, las parejas jóvenes sin hijos, las familias en etapa de salida y las parejas mayores sin hijos se ubican principalmente en los quintiles más adinerados (véase el gráfico I.5).
Gráfico I.5
AMÉRICA LATINA (18 PAÍSES):
DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL DE HOGARES Y FAMILIAS EN DISTINTAS ETAPAS DEL CICLO DE VIDA FAMILIAR, SEGÚN
QUINTILES DE INGRESO, ÁREAS URBANAS, ALREDEDOR DE 2005
(Promedio simple)
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL),
sobre la base de las encuestas de hogares de los respectivos países.
Nota: Quintil 1: más pobre; quintil 5: más adinerado. La suma de las
barras relativas a los quintiles 1 a 5 de cada tipología de hogar y familia es igual al 100%.
Hogar no familiar: hogares unipersonales (integrados por una sola persona) y hogares en que no existe un núcleo conyugal —una relación padre/madre e hijo/hija—, aunque puede haber otros lazos familiares. Etapas del ciclo de vida familiar: i) pareja joven: pareja que no ha tenido hijos, en que la mujer tiene menos de 40 años de edad; ii) etapa inicial: familias que tienen uno o más hijos de 5 años de edad o menos; iii) etapa de expansión: familias cuyos hijos mayores tienen entre 6 y 12 años de edad, independientemente de la edad del hijo menor; iv) etapa de consolidación: familias cuyos hijos tienen entre 13 y 18 años de edad o en que la diferencia de edad entre los hijos mayores y menores es generalmente de 12 a 15 años; en esta etapa se concentra la mayor proporción de familias reconstituidas, ya que la gran diferencia de edad entre los hijos mayores y menores se debe, en algunos casos, a la existencia de nuevas uniones con hijos pequeños; v) etapa de salida: familias cuyos hijos menores tienen 19 años de edad o más, y vi) pareja mayor: pareja sin hijos en que la mujer tiene más de 40 años de edad.
Quintiles de la distribución del ingreso
Porcentaje de hogares y familias en cada quintil de ingres
o 0 5 10 15 20 25 30 35 40 1 2 3 4 5 1 2 3 4 5 1 2 3 4 5 1 2 3 4 5 1 2 3 4 5 1 2 3 4 5 1 2 3 4 5 Hogar no familiar Pareja joven sin hijos Etapa
inicial de expansiónEtapa consolidaciónEtapa de salidaEtapa Pareja mayor sin hijos
Etapas del ciclo de vida familiar
También debe considerarse la incidencia de factores culturales relacionados con la división del trabajo en los hogares, que se traducen en importantes restricciones a la participación de la mujer en la actividad económica. Alrededor de 2005, en América Latina la tasa del decil más pobre alcanzó un 37%, en comparación con el 61% de las mujeres de mayores recursos. En cambio, entre los hombres la diferencia fue mínima, ya que la tasa de participación en la actividad económica de los más pobres fue del 76% y la de los pertenecientes al decil más adinerado, un 80% (véase el gráfico I.8). A lo anterior se agrega la reducida cobertura de la economía del cuidado, que en el caso de las mujeres ha impedido compatibilizar el cuidado de niños y ancianos y las labores del hogar con el trabajo remunerado.
En todo caso, no solo el bajo nivel de ocupación y la alta tasa de dependencia influyen en la reproducción de la pobreza. El bajo ingreso de las familias pobres se debe al escaso capital humano de sus miembros activos, lo cual a su vez se remite a las opciones educacionales y a las decisiones sobre la permanencia de los hijos en el sistema escolar. Esto explica, al menos parcialmente, las restringidas oportunidades de empleo y plantea otro círculo vicioso que reproduce la pobreza: por una parte, quienes viven en hogares pobres tienen una formación deficiente para el trabajo y acceden a empleos precarios; por otra, los niños y jóvenes de este tipo de hogares tienen pocas oportunidades de educarse y capacitarse con calidad y, como carecen de un adecuado capital social, cuando ingresan al mercado de trabajo acceden a ocupaciones de
baja productividad.11 Entre los pobres se da con mayor
frecuencia el desempleo y quienes logran emplearse por lo general no lo hacen como asalariados en empleos formales (véase el gráfico I.7).12
11 Véase el capítulo III sobre calidad de la educación.
12 Según OIT (2005), en 2005 la tasa de desempleo de la población pobre en la región fue en promedio 2,9 veces más alta que la tasa de la población
Gráfico I.6
AMÉRICA LATINA (18 PAÍSES): POBLACIÓN EN EDAD DE TRABAJAR Y TASA DE PARTICIPACIÓN EN LA ACTIVIDAD ECONÓMICA, SEGÚN DECILES DE INGRESO, TOTAL NACIONAL,
ALREDEDOR DE 2005 a b
(Promedio simple)
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL),
sobre la base de las encuestas de hogares de los respectivos países.
Nota: PET = población en edad de trabajar; PEA = población
económicamente activa; N = población total.
a Los datos de Argentina, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay se refieren solamente a la población urbana y no al total nacional.
b La población en edad de trabajar se refiere a las personas de 15 a 64
años de edad. 47,9 51,8 55,5 58,2 60,3 63,7 65,5 68,4 73,5 61,5 70,7 68,6 58,0 61,3 63,4 65,5 67,5 69,1 70,9 73,0 74,8 75,5 45 50 55 60 65 70 75 80 Total Decil I (más pobre)
Decil II Decil III Decil IV Decil V Decil VI Decil VII Decil VIII Decil IX Decil X (más rico)
PET
como porcentaje de la población tota
l
PEA
como porcentaje de la población en edad de trabajar
Población en edad de trabajar (PET/N) Tasa de participación (PEA/PET)
Gráfico I.7
AMÉRICA LATINA (18 PAÍSES): TASA DE DESEMPLEO, TASA DE OCUPACIÓN Y PORCENTAJE DE TRABAJADORES DEL SECTOR FORMAL DE LA ECONOMÍA RESPECTO DEL TOTAL DE
OCUPADOS, SEGÚN DECILES DE INGRESO, TOTAL NACIONAL,
ALREDEDOR DE 2005 a b
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL),
sobre la base de las encuestas de hogares de los respectivos países. a Los datos de Argentina, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay se
refieren solamente a la población urbana y no al total nacional.
b La tasa de ocupación se refiere al número de ocupados dividido por la
población en edad de trabajar (tasa de ocupación “bruta”). 8,9 22,2 13,6 12,2 10,9 9,6 8,4 7,6 6,2 5,0 3,8 48,0 20,0 29,6 36,1 39,6 43,5 47,4 50,6 54,1 66,4 60,6 62,5 45,5 53,1 55,8 58,4 60,9 63,3 65,5 68,4 71,0 72,6 0 10 20 30 40 50 60 70 80 Total Decil I (más pobre)
Decil II Decil III Decil IV Decil V Decil VI Decil VII Decil VIII Decil IX Decil X (más rico)
Porcentaje
Tasa de desempleo
Trabajadores en el sector formal Tasa de ocupación
Gráfico I.8
AMÉRICA LATINA (18 PAÍSES): TASA DE PARTICIPACIÓN EN LA ACTIVIDAD ECONÓMICA DE MUJERES Y HOMBRES,
SEGÚN DECILES DE INGRESO, TOTAL NACIONAL,
ALREDEDOR DE 2005 a (Promedio simple) 36,5 40,2 42,5 44,8 47,2 49,7 51,8 56,1 59,0 61,1 79,9 76,3 78,7 80,1 81,0 80,3 80,3 80,0 80,5 80,6 79,7 49,8 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 Total Decil (más pobre)
Decil II Decil III Decil IV Decil V Decil VI Decil VII Decil VIII Decil IX Decil X (más rico)
Porcentaje sobre la población del mismo sexo en edad de trabaja
r
Mujeres Hombres
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL),
sobre la base de las encuestas de hogares de los respectivos países. a Los datos de Argentina, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay se
refieren solamente a la población urbana y no al total nacional.
En síntesis, la información estadística muestra un eslabonamiento perverso que conduce a reproducir y perpetuar la pobreza y en que las dinámicas del trabajo y la familia contribuyen a reforzar la escasez de ingresos de los hogares pobres. Mientras, por una parte, los pobres ocupados tienden a emplearse en trabajos de baja productividad y a tener un mayor riesgo de quedar sin empleo, por otra viven en hogares y constituyen familias con un mayor número de hijos pequeños y económicamente dependientes. A su vez, la tasa de participación en la actividad económica de las mujeres pobres es menor que la de las mujeres de los sectores de más altos ingresos. Esto significa que los pobres no solo perciben un menor ingreso laboral, sino que este debe utilizarse para la supervivencia de un número mayor de personas. La alta dependencia demográfica, la baja participación en la actividad económica, la baja productividad y los episodios frecuentes de desempleo contribuyen a multiplicar los eslabones de la escasez en un mismo hogar que vive bajo la línea de pobreza.
2.
La reducción de la pobreza entre
1990 y 2005: factores vinculados
Como ya se señaló, el análisis de algunos factoresvinculados a la reducción de la pobreza en América Latina y el Caribe se basa en un esquema de descomposición del ingreso per cápita de los hogares situados bajo la línea de pobreza que considera la proporción de ocupados, el ingreso laboral por ocupado y el ingreso de fuentes no
laborales (véase el recuadro I.6).13 Según esta lógica, los
efectos del incremento del capital humano y del aumento de la productividad se manifiestan en el componente de
ingreso laboral por ocupado, mientras que la influencia de los cambios demográficos y familiares se expresa en el componente que identifica el porcentaje de ocupados en relación con la población total. A su vez, las decisiones de las familias sobre la participación de sus integrantes en el mercado de trabajo dependen del atractivo de los nuevos empleos creados en el mercado de trabajo y de las restricciones que impone la economía del cuidado en los diferentes países.
13 Para los efectos del análisis de la evolución de la pobreza, es importante lo que ocurre —tanto en términos de tendencias del ingreso laboral
por ocupado como de la tasa de ocupación global y el ingreso no laboral per cápita— en los hogares que viven alrededor o por debajo de la línea de pobreza. El aumento de los ingresos medios podría esconder situaciones que no son pro pobreza, tales como una mejora en los deciles más adinerados y una baja en los más pobres.