5.5 Solution Approaches
5.5.3 Direct versus Indirect Methods
«Mantenerse en el lugar de lo imposible equivale a mantenerse allí donde el hombre se mantiene en su límite; el de su violencia y su muerte: en ese límite, se derrumba o se expone, y de una manera u otra se pierde necesariamente. Por eso ese lugar no puede ser más que un lugar de vértigo o de escándalo, el lugar de lo intolerable al mismo tiempo que de lo imposible. Esa violenta paradoja no se puede disolver, es el lugar de una separación tan íntima como irreductible: «No me toques».» (NANCY 2006: 84)
La incomodidad extraña lo acostumbrado. Pero como ya se ha anticipado, el bienestar en la cultura no es sinónimo de confort, del mismo modo que la necesidad de protección no debe confundirse con la comodidad, aunque todos ellos pueden verse involucrados, confundidos o compensados de algún modo. El bienestar es ambiental, se produce en los flujos que recorren las atmósferas y que son canalizados por el cuerpo. El extrañamiento provoca nuevas situaciones superponiendo temporalidades erráticas, enfrentando espacialidades inconexas, manifestando historias in- aprehendidas; los memoriales lo expresan de forma bastante explícita ya que estos son los componentes de su funcionalidad, aunque hay otra dimensión más disfuncional para estos extrañamientos en el ámbito de lo cotidiano.
El extrañamiento puede desafiar a la rutina mediante la introducción de factores y elementos sorpresivos que provoquen sensaciones de inquietud y perplejidad, o de fascinación, que remitan a una nueva experiencia perceptiva y, en última instancia, a una sentimentalidad de los espacios, la cual se tratará en la última de las líneas temáticas. También las sensaciones de miedo y desconcierto proceden del extrañamiento hacia un territorio de lo desconocido, en el cual se requiere una indagación del yo para enfrentar situaciones y cosas que no han sido nombradas ni comprendidas. Asimismo, esta perturbación remite al momento que muere tras de sí. El miedo, en
última instancia, siempre es miedo a la muerte, frente al carpe diem que otorga valor al instante vivido en sí mismo, como forma de goce próximo al otorgado por la inmersión.
Si bien la «extranjería –en último extremo, espacio ignoto-, retrocede constantemente con la cultura»3 (BOLLNOW 1969: 12), «como apunta
Simmel, el significado de «extraño» cambia con la llegada de la modernidad» (GIDDENS 1993: 81). A esto podríamos añadir que, implícitamente, en cierto modo, cada uno pasaría a convertirse en extraño o extranjero respecto a la cultura moderna. El forastero y el anónimo adquieren la capacidad de convertirse en sujetos afines o, al menos, le son reconocidos el respeto y la confianza a su extrañeza, digamos en teoría. Estas aperturas, no exentas de complejidad y condicionalidades hacia lo otro, son planteadas desde la modernidad junto a una demanda de varios requerimientos hacia el sujeto: la auto-indagación personal de carácter reflexivo y reafirmante, y el repliegue subjetivo enfocado a afianzar la confianza en el yo; condiciones que pueden ser transgredidas desde la interioridad que aquí se reconoce.
«Lo propio se nos da como lo que viene de otro.
El otro revela lo propio y revela eso: que no llegamos a nosotros mismos cuando nos encaminamos hacia nosotros:
el camino hasta la propia identidad es el de la alteridad acogida. [...]
El que entrando nos habita, yéndose, sustrayéndose,
nos nace otros» (MÚJICA 2002: 131,133)
Estos modos de extrañamientos que reconocemos desde la cultura, registran asimismo la incertidumbre que comporta el otro, que es también la incertidumbre hacia uno mismo, la limitación de la propia percepción, aquello que no se percibe o no es reconocido, lo que de ajeno contiene lo propio. Abrirse a ello significa ponerse en su lugar abandonando posiciones establecidas, fijadas y acotadas. En torno a estos mecanismos de incursión de lo otro, Mújica ofrece un planteamiento que recurre a la hospitalidad del ser.
La trasposición espacial, temporal y vital, entendida en términos de individualidad subjetiva, también se manifiesta en el acto de cuidar al otro, actividad estructuradora de lo cotidiano en numerosas circunstancias, a la que se le otorga un reconocimiento escaso a nivel social y prácticamente nulo en el sentido económico, llegando a ser invisibilizada4. El cuidado
superpone tiempos y conflictos y representa realidades presentes que han sido marginalizadas. Estas marginalidades que subyacen en los comportamientos y que surgen del espacio de la ocultación también llegan a reconocerse en el presente de forma extraña. Así, este acogimiento remite a una transposición del ser, pero al mismo tiempo debe aspirar a ocupar un espacio de representatividad.
Como complemento de esta hospitalidad del ser, existen otras experiencias que exploran la hospitalidad del cuerpo, mediante la trasposición y el vaciamiento. La liberación del cuerpo de su objeto significante crea unas condiciones pertinentes para que se produzca la emancipación respecto a la propia conciencia. Desde el cuerpo masoquista hasta el cuerpo drogado, descritos por Deleuze y Guattari como experiencias para hacerse un cuerpo sin órganos (DELEUZE Y GUATTARI 1988: 160-ss), hasta el cuerpo prostituido de
4 Sobre el cuidado en la generación soporte. “Territorios, desarrollo y sostenibilidad social”,
conferencia impartida por Luis Camarero (Uned). 2º Congreso internacional de actividades socioespaciales. UNIA. Noviembre 2009.
Roberte5; muchos y diversos han sido los métodos detectados para la
provocación de situaciones de extrañamiento respecto al propio cuerpo, en el reconocimiento de este como un elemento ajeno. Estas experiencias tienen en común la consecución de un cuerpo recorrido por intensidades que vengan de lo ajeno a uno mismo; que superen lo conocido y lo consciente. El masoquista a través de la doma se somete a la voluntad del otro (amo) transformando su cuerpo en cuerpo animal, el cuerpo de Roberte quiere ser representación de la hospitalidad en el acogimiento de los otros a través de la voluntad de Pierre, y el cuerpo drogado es búsqueda del vacío a través de sensaciones extremas. Otro posibilidad de contener lo otro viene de estados como la locura, la cual no se ha entendido como una posibilidad de conocimiento posible, válida o alternativa, sino como un comportamiento desviado que hay que controlar y reducir.
Además, las acciones conscientes sobre el cuerpo propio, como las transgresiones artísticas de lo cotidiano desarrolladas por el accionismo vienés (SOLANS 2000), consistentes en infringir dolor, someter a excesos, pintar, atar, drogar, mutilar u operar, son liberaciones de cualquier subjetividad que llevan al cuerpo a su condición de carne. También el earth body art explora una relación más directa del cuerpo con la tierra, que puede identificarse con ese extrañamiento capaz de revertir la separación primera de la que hablábamos al comiendo de esta temática.
«En todas ellas persiste, sin embargo la soberanía del sujeto, como si éste, privado de casi todos sus poderes efectivos, pero no desposeído de lo que en otro tiempo se creyó la potencia sustancial e inalienable de una cosa que piensa, hiciera valer sus derechos, no ya en tanto que existencia indigente, sino como esa existencia disminuida hasta ausentarse de sí en la que la subjetividad hallaría al fin su verdad escondida.» (CUESTA 2006: 101)
La cita anterior, que alude a las criaturas de Beckett, describe a unos semiseres en los que no se da la conciencia de haber nacido, bien por sus características físicas, bien por sus condiciones mentales, de forma que más que una búsqueda se da una imposibilidad. Aunque la ausencia no sea un estado perseguido o deseado en estos casos, el resultado es un ensimismamiento más profundo si cabe, ya que el abismo interior, es lo único que existiría y habría existido siempre. Estos personajes representan la invención del yo como forma de vida, el paradigma de la creación llevado al sujeto. El exterior sería una parte del interior que no afectaría al mismo; el hecho de no nacer lleva implícita esta liberación. Pero el sujeto casi nunca se da de forma aislada y la involuntariedad, en muchas ocasiones, es fruto de una causalidad externa.
En resumen, factores espaciales como lo incómodo y lo sorpresivo, sociales como el cuidado y la hospitalidad, marginales como el masoquismo y la locura, y extremos como ciertas prácticas artísticas, provocan situaciones de extrañamiento y auto-extrañamiento respecto a la cultura dominante. De este modo, extrañar y des-extrañar visiones que comiencen por el propio ser humano, y des-territorializar para establecer nuevas territorialidades que desvelen la complejidad presente, se proponen como la base de cualquier sostenibilidad. En este sentido, quizá el arte pueda ayudar a comprender los mecanismos que operan en estos procesos.