CHAPTER 2: The reproduction of architecture: mapping discipline and dialectic
2.3. Discipline: a description of the field and its illusions
Existe una enorme variedad de diseños de trampas cebadas utilizados en estudios sobre insectos necrófagos, con disparidad de resultados y
eficacia. En el caso de trabajos sobre dípteros necrófagos, es habitual
el uso de las trampas WOT (Wind Oriented Traps) (vogtet al., 1985)
y las trampas WA (Western Australian) (vogt & havenStein, 1974;
vogt & woodBurn, 1994) o de clásicas y sencillas trampas cilíndri- cas de tela o gasa que se colocan colgadas en árboles u otras superfi- cies (dodge & Seago, 1952; Macleod, 1956). Las primeras (trampas
WOT y trampas WA) han sido diseñadas y utilizadas frecuentemente en Australia, donde la elevada prevalencia de las miasis provocadas
en el ganado por parte de moscas del género Lucilia Robineau-Des- voidy, y la gran importancia económica que ello conlleva (Beck et
al., 1985), ha propiciado numerosos trabajos de investigación sobre este asunto en ese país. Por tanto, las trampas WOT y las trampas
WA resultan muy eficaces en la captura de dípteros de la familia Ca-
lliphoridae, con buenos resultados obtenidos también en nuestro país (Martínez-Sánchezet al., 2000a; 2000b). Sin embargo, como conse-
cuencia de estar ideadas para capturar un grupo de insectos muy con- creto, que acude a la carroña prácticamente en los primeros instantes tras la muerte (turner, 1991), estos tipos de trampas están ideadas
para permanecer operativas durante cortos periodos de tiempo. Al ser uno de los objetivos del proyecto en el que se encuadra este trabajo de investigación recolectar y conocer las comunidades de insectos sarcosaprófagos de la Comunidad de Madrid, incluidos aquellos que acuden a la carroña en distintos momentos del proceso de descom- posición, hubo que optar por un tipo de trampa más robusta y resis- tente, que pudiera permanecer instalada y operativa durante al menos una semana.
Tras valorar diferentes opciones, se fabricaron varias trampas para la captura de insectos necrófagos tomando como base el diseño de Morón & terrón (1984). Estas trampas consistieron en un re-
cipiente cilíndrico de PVC de 21 cm de altura y 10 cm de diámetro que se instaló semienterrado en el suelo, de forma que sobresaliera aproximadamente 10 cm y se interpusiera en el paso de otros insec- tos y otras especies de animales, evitando así su caída accidental. El borde de dicho recipiente se continuó con un embudo de plástico que desembocaba en un vaso colector que contenía el líquido conser- vante. El conjunto estuvo protegido por un plato invertido de plástico del que colgaba un pequeño bote perforado que contenía el cebo (ver
figura 2.6). Además de semienterrar las trampas en el campo, estas
quedaron protegidas de la acción de animales salvajes mediante una serie de grandes piedras colocadas sobre y alrededor de ellas (ver
figura 2.7).
A pesar de que, como se ha visto anteriormente, los da- tos climáticos de cada punto de muestreo se obtuvieron a partir de
ninyerola et al. (2005), se colocó junto a cada trampa un pequeño termómetro (ver figura 2.6) que registrara las temperaturas máxima
y mínima durante los siete días al mes que la trampa estuvo opera- tiva. De este modo, y puesto que la temperatura es siempre uno de
Figura 2.6. Esquema de la trampa utilizada en vista frontal (izquierda) y cenital
(derecha), tomado de Baz et al. (2007). A: plato invertido; B: Escuadras para la
sujeción del plato invertido al recipiente; C: recipiente semienterrado; D: vaso col- ector con solución de etilenglicol; E: embudo; F: bote con cebo.
composición de dípteros sobre la carroña (caMPoBaSSoet al., 2001),
pudieron registrarse las diferencias de temperatura que existieron dentro de cada punto de muestreo y que afectaron a cada una de las tres trampas, debidas principalmente al diferente grado de cobertu- ra vegetal considerado (zona boscosa, zona de matorral y zona de pradera). Estos datos se almacenaron como información adicional de
cara a futuros estudios sobre la influencia del grado de cobertura ve-
getal en la distribución de los insectos sarcosaprófagos.
Antes de comenzar con los muestreos de este trabajo se había
comprobado la eficacia de este tipo de trampas con capturas mensua- les, durante más de dos años, en una finca propiedad de la Universi- dad de Alcalá, cercana a la Facultad de Biología. Ese periodo sirvió
además para testar y comparar la eficacia de distintos tipos de cebos
y líquidos conservantes. Respecto a esto último, se optó por utilizar como conservante líquido anticongelante para automóviles, que no es más que solución de etilenglicol. El elevado punto de ebullición de este compuesto impidió su evaporación en los meses de muestreo más calurosos, algo que no ocurrió en las trampas en las que se utilizó alcohol etílico de 80º (gradación recomendada por adaMS & hall,
2003) como conservante, que aparecía evaporado por completo a los siete días en los meses de julio, agosto y septiembre en las trampas
colocadas en la finca de la Universidad de Alcalá.
En cuanto al cebo, multitud de trabajos sobre las miasis pro- vocadas por moscas del género Lucilia han estandarizado, desde hace
Figura 2.7. Algunas de las trampas utilizadas durante el muestreo. De izquierda a derecha y de arriba a aba- jo: trampa MEcB2, trampa MEyP1, trampa MEaB2, trampa MEaM3, trampa MEgM1, trampa SEgM2, trampa SRgB1, trampa SRgP2, trampa OPgB1 y trampa OPgM2. Los códigos corresponden a la no- menclatura utilizada en este capítulo.
años, el uso de hígado (generalmente de oveja, ternera o cerdo) y sulfuro de sodio hidratado como cebo útil para la captura de estos califóridos (Freney, 1932; Fuller, 1934; MorriS et al., 1998). Se
ha observado que al hidratar el sulfuro de sodio se forma sulfuro de hidrógeno, un producto gaseoso de la descomposición bacteriana de proteínas animales, que aumenta la atracción de los califóridos por la carroña (aShworth & wall, 1994; FiSheret al., 1998). En cuanto
a la utilización de hígado como cebo, existen trabajos recientes que muestran cómo el crecimiento de las larvas de califóridos es más lento y menor en este órgano que en otros como pulmón o corazón (kaneShrajah & turner, 2004; clarket al., 2005), aunque no exis-
ten datos sobre posibles diferencias en la atracción de los adultos por uno u otro. De cualquier modo, y de la misma forma que con el líquido conservante, se realizaron pruebas utilizando hígado de cerdo con sulfuro de sodio hidratado como cebo durante la primavera de 2006, comparando las capturas con las de otra trampa en la que se utilizó calamar. En el primer caso se capturó un elevado número de individuos de Lucilia sericata (Meigen), pero no de otras especies, mientras que en la trampa cebada con calamar se capturaron abun- dantes ejemplares tanto del orden Diptera como de otros órdenes de insectos (Coleoptera e Hymenoptera, fundamentalmente). Por este motivo, se decidió no utilizar hígado con sulfuro de sodio hidratado como cebo.
Se valoró también la posibilidad de utilizar otros cebos al- ternativos, aunque los resultados descritos en diferentes trabajos
parecían entrar en conflicto con los objetivos del proyecto en el que
se encuadra este trabajo. Por ejemplo, el uso de Lucilure®, un cebo sintético que contiene una mezcla de sulfuro de sodio, ácido butírico,
indol y etanotiol, ha sido desarrollado específicamente para la captu- ra, nuevamente, de moscas del género Lucilia causantes de miasis en Australia (MorriS, 2005). Sin embargo, en Europa ha sido probado
sin éxito (hallet al., 2003). Por otro lado, el uso de pequeños verteb-
rados (fundamentalmente ratones y pollos) ha dado lugar a resultados contradictorios y en ocasiones poco satisfactorios, a la luz de la bib- liografía consultada. davieS (1999), utilizando ratones como cebo,
no capturó ejemplares de Calliphora vomitoria (Linnaeus), especie necrófaga frecuente sin embargo en su zona de estudio; y PutMan
(1978), utilizando también ratones, no capturó ningún ejemplar de la familia Dermestidae (orden Coleoptera), que se cuenta sin embargo entre los insectos necrófagos con mayor importancia en el proceso de
descomposición de la carroña (SchäFer, 1998). avancini & linhareS
(1988), por su parte, desaconsejan el uso de roedores por no resultar atractivo para los machos (aun partiendo de la premisa de que su número siempre suele ser menor que el de las hembras, por ser estas las que acuden en mayor número a la carroña para ovopositar), pro- vocando un sesgo acusado en el sex-ratio. No existe acuerdo además sobre si los insectos necrófagos muestran o no preferencia por un tipo de carroña u otro en el caso de utilizar distintos tipos de pequeños vertebrados, aunque algunos resultados parecen apoyar la primera posibilidad (kuuSela & hanSki, 1982; Blackith & Blackith, 1990). Por todo ello, se optó finalmente por utilizar calamar como
cebo para la captura de insectos necrófagos. A pesar de que a priori pudiera parecer una opción inusitada por no ser obviamente un tipo de carroña que la fauna de esta región de estudio pudiera encontrar en condiciones naturales (frente al uso de otros animales, como aves o mamíferos de pequeño tamaño, o de sus órganos), newton & Peck (1975) ya resaltaron su eficacia frente al uso de pequeños vertebra- dos o de sus órganos. Además, ha sido utilizado con éxito en otros trabajos (rivera-cervanteS & garcía-real, 1998; Bazet al., 2007;
Baz & ciFrián, 2007). La eficacia del calamar como cebo reside en
que en las primeras fases de descomposición se licúa, manteniéndose en un estado de descomposición activa durante un periodo de tiempo mucho mayor que los otros cebos, atrayendo además a todos los gru- pos de insectos de importancia en una sucesión cadavérica, como
pudo comprobarse en las pruebas realizadas previamente en la finca
cercana a la Facultad de Biología de la Universidad de Alcalá. Cada trampa se cebó con aproximadamente 100 gramos de calamar, introducidos en el bote de plástico perforado a tal efecto
(ver figura 2.6), de modo que permitiera la salida del olor del cebo,
pero no la entrada de los insectos, que caían al vaso colector con el líquido conservante, situado en el fondo de la trampa. Se utilizaron calamares pequeños completos, sin trocear, asegurando así incluir también las vísceras del animal, y todas las trampas permanecieron operativas durante siete días cada mes, desde junio de 2006 a mayo de 2007, hasta completar un año completo. Se visitó cada punto de muestreo, por tanto, dos veces al mes, una para colocar el bote con el cebo y el vaso colector con el líquido conservante, y otra, al cabo de una semana, para retirar el cebo y el vaso colector con las cap- turas. En esa segunda visita, además, se llevaron siempre botes con cebo y vasos colectores con líquido conservante, así como trampas
de repuesto, de modo que si alguna trampa se había volcado o per- dido, pudiera restituirse en ese momento y retirarse otros siete días después. Finalmente, todos los meses los muestreos se organizaron en seis días, tres de ellos para poder cebar todas las trampas y otros tres para retirar las capturas. Así, los 21 puntos de muestreo queda- ron organizados en tres grandes zonas que pudieran ser recorridas en tres días: zona sureste de la Comunidad de Madrid (que incluyó los puntos MEc1, MEc2, MEc3, MEy1, MEy2 y MEy3), zona oeste y suroeste (puntos MEa1, MEa2, MEa3, MEg1, MEg2, MEg3 y SEg3) y zona norte (puntos SEg1, SEg2, SRg1, SRg2, SRg3, OPg1, OPg2
y OPg3) (ver figura 2.4).
Como incidencias, hay que resaltar el robo de las trampas en algunos puntos, así como el haberlas encontrado volcadas en alguna ocasión, seguramente debido a la acción de los animales silvestres (a pesar de las precauciones tomadas semienterrando las trampas y protegiéndolas con piedras). En todos los casos se repitieron dichos muestreos en ese mismo mes, reponiendo el cebo o la trampa com- pleta cuando fuera necesario y tomando nuevamente las muestras en las tres trampas de la localidad correspondiente. Por otro lado, y de- bido a las nevadas que se produjeron en invierno, no pudo accederse a los puntos OPg1, OPg2 y OPg3 en el mes de enero para retirar los cebos, continuando inaccesibles OPg1 y OPg3 en el mes de febrero. En cualquier caso, dichas trampas permanecieron cebadas durante todo el periodo en el que fueron inaccesibles, aunque prácticamente las capturas realizadas fueron mínimas.