Elías Castro Blanco*
Universidad Libre Bogotá
Presentación
A partir de las tres últimas décadas, el multiculturalismo ha irrumpido en el ámbito de las discusiones humanistas contemporáneas. Éste “alude a la posibilidad de conciliar en un marco político democrático la pluralidad de identidades, valores y adscripciones culturales a la que las sociedades complejas parecen irremisiblemente abocadas”1. Al interior de esta propuesta se debaten
situaciones como identidades colectivas, derechos de minorías, diálogos interculturales, entre otros; si bien, la coexistencia de varios grupos al interior de un país no constituye en sentido estricto algo novedoso, sí forma parte del
* Filósofo de la Universidad Nacional de Colombia, Especialista en Filosofía del Derecho y Teoría
jurídica, Master en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Universidad Libre de Colombia, Candidato a Doctor en Estudios Políticos y Relaciones Internacionales, en la Universidad Externado de Colombia. Director del Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía de la Universidad Libre.
mismo, el haber sido abordado como objeto de estudio por parte de algunas disciplinas humanas. Esta posibilidad política permite más que reconocer una facticidad social, establecer la posibilidad de un diálogo intercultural sustentado en un proyecto ético-político y sociológico.
El término comunitarismo, relativamente nuevo, surge en el contexto de las críticas emprendidas contra el liberalismo político. Un factor asociado a este término está relacionado con la idea de creer que los valores que predominan en una comunidad determinada son los más justos y equitativos. Los comunitaristas, herederos de la tradición aristotélico-hegeliana, reprochan a los liberales la imposibilidad de dar una justificación ética a su programa, en tanto preocupados meramente por la garantía de la justicia, pregonaban una neutralidad valorativa. Frente a esta primacía de la justicia que presupone una sociedad puesta al servicio de la satisfacción de los intereses de individuos racionales y libres para elegir sus fines –lo cual derivaría según los radicales, en el bien común– el comunitarismo destaca la necesidad de revitalizar el concepto de lo bueno, enmarcado dentro de una comunidad concreta.
El debate entre liberales y comunitaristas surge a raíz de la publicación de
Teoría de la Justicia (1971) en la que Rawls pretendía dar cuenta del desgarramiento
de la sociedad liberal. También como respuesta, los autores denominados comunitaristas intentan responder, por una parte al liberalismo que nunca pudo construir un verdadero sentido de justicia y libertad, y de otro lado, hallar el sentido de una sociedad más equilibrada, apelando a concepciones como alteridad, reconocimiento de la diferencia, respeto por el otro, autodeterminación de las culturas minoritarias, pluralismo jurídico y político, entre otros.
Los comunitaristas provienen de distintas vertientes: una proviene de Aristóteles, en tanto que otra reivindica a Hegel como su inspirador. La línea radical se conoce como Aristotelismo o comunitarismo premoderno, a diferencia de la otra denominada neoaristotelismo o comunitarismo postilustrado, muy cerca en la línea del liberalismo. También el comunitarismo tiene sus precursores modernos quienes derivan de una vertiente conservadora, representada por autores como Alasdair Mackintyre, De Maestre, Carl Schmitt, Leo Strauss, Christopher Lasch y Roberto Hunger, entre otros.
Los debates entre liberales y comunitaristas surgen, debido en parte al agotamiento del marxismo y el poco interés que han suscitado las filosofías de la historia, como modelo de interpretación teórica para establecer la dinámica y ritmo de las sociedades. Si bien el marxismo ha conservado su vigencia en algunos órdenes como teoría económica, historiográfica y sociológica, no ha sido tan eficiente cuando centró sus interpretaciones de la dialéctica de la sociedad basada en la lucha de clases en el que están inmersos las culturas minoritarias, puesto que no todas la reivindican como un problema de primer orden, sino ante todo el derecho a ser respetadas como minoría, con sus visiones de mundo y prácticas sociales que las diferencian de los demás pueblos; de manera análoga ha sido una constante tomar cierta distancia –por no decir que sospechar de la filosofía de la historia– como es apenas lógico, por afirmar que las sociedades obedecen a estructuras rígidas como lo establecieron en su momento Comte y Hegel, entre los más importantes teóricos.
Canadá fue uno de los países donde por primera vez surgieron las discusiones en torno al multiculturalismo, dada su composición nacional y étnica en el que tuvieron que acomodarse diversos grupos étnicos, situación que propició uno de los debates teóricos más importantes de las últimas tres décadas. Allí han surgido una de las voces más autorizadas en asuntos de tanta trascendencia como el debate entre liberales y comunitaristas, así como los defensores de los nacionalismos y federalismos, tanto que ha llegado a identificarse bajo unas características propias que lo distinguen de las vertientes británica y americana.
De otro lado, España y la antigua República de Yugoslavia han sido ejemplos muy dicientes donde la fragmentación política ha estado ligada al no reconocimiento de pueblos, de donde justamente ha surgido el federalismo como expresión del pluralismo cultural.
Si en algo coinciden los comunitaristas, es en el hecho de afirmar que el concepto de justicia debe ser repensado desde la óptica de la modernidad y replantear su discurso, amparado en que es justo aquello que una mayoría
considere como tal, en una cultura o espacio geográfico determinado. Aseveran además, que el ejercicio de toda actividad política, debe estar orientada a promover y fomentar estilos de vida propios elegidos por los miembros de la comunidad política, mediante una relación dialógica dada entre iguales. Este constructo social exige la participación política, democrática (en términos de deliberación) que hagan posible y ennoblezcan el sentido mismo de la vida comunitaria, así como también, la obligación moral de promover estilos de vida organizada en torno a la idea del bien común. Si existe un común denominador que vincule a los comunitaristas, este ha sido la convivencia de varias culturas, de donde se deriva la necesidad de proteger la coexistencia social y la participación de todos sus miembros en un marco de respeto y tolerancia, unidos por un mismo origen y destino común.
Si existe un tema universal que ha sido objeto de estudio en las últimas décadas, y que haya gozado además de una gran difusión y preocupación intelectual en la actualidad, es sin duda alguna la globalización uno de ellos. Para nadie es un secreto que estas megatendencias no solamente en el campo económico, sino político y cultural, están orientadas a desarrollar patrones homogéneos, que afectan como es bien sabido a las culturas minoritarias. Estas políticas van en detrimento de sus economías, visiones de mundo, tradiciones, entorno cultural y prácticas chamánicas, entre otras, con la pretensión de reglar la sociedad en patrones universales. Estas tendencias avasallantes e inhumanas –a quienes no pocos le achacan el gran malestar de la sociedad actual– han generado una serie de reflexiones en varios órdenes entre las que podemos citar la economía, la sociología y la filosofía política, entre otras disciplinas. Desde su aparición ha sido una constante quizá, como es apenas notorio, sospechar que tanto sus más grandes defensores han provenido de la economía, como sus más lúcidos detractores. No es nuestro interés entrar a polemizar en estos asuntos, sobre los cuales existen enjundiosos tratados, puesto que la pretensión de este ensayo gira torno a la filosofía política, en el que se aspira a confrontar de un lado, el liberalismo político y su desgarramiento al tratar de conciliar la libertad y la igualdad; de otro lado, la crítica de John Rawls vista a lo largo de sus dos obras, Teoría de la Justicia y Liberalismo Político, que en buena medida son objeto de críticas
por parte de reconocidos comunitaristas como Charles Taylor, Michael Walzer, WillKymlicka y MacIntyre, entre otros.