2.2 AR-Snow Sensitivity Experiments
2.2.4 Discussion
La predecibilidad de las acciones humanas arranca en su inicio de varios factores: se encuentra íntimamente unida al binomio causas-razones, esto es, a aquello que figura como origen de la acción intencional. Se recordará que solamente es posible hablar de “causas” en el sentido de origen, sin implicar una causalidad como la existente en el ámbito de las Ciencias de la Naturaleza. En el origen de la acción humana también hay un conjunto de actitudes, deseos, creencias y opiniones: de razones, que dependen de un factor cognoscitivo (de información), y se encuentran siempre mediatizadas por la libertad del agente.
En función de la actuación del agente, según razones o causas (en sentido débil), resulta ciertamente compleja la tarea de predecir acciones futuras. Este cometido dependerá de la importancia que pueda concederse a los factores más objetivos del actuar humano. Las causas, entendidas como origen de la conducta, propician la posibilidad 41NIINILUOTO, I., Is Science Progressive?, Reidel, Dordrecht, 1984, p. 76.
42 N. Rescher sostiene que la Ciencia es autocorrectora. Cfr. RESCHER, N., Scientific Realism. A Critical Reappraisal, Reidel, Dordrecht, 1987.
de predecir sucesos futuros; mientras que la intención, como algo mental previo a la acción propiamente dicha, es incognoscible mediante observación, de ahí que dificulte enormemente la tarea predictiva.
El aspecto cognoscitivo es de crucial importancia, tanto si se lo considera como un elemento que ayuda a formular determinadas acciones, como para la tarea de predecir acciones futuras o para formular leyes probabilísticas. Entendido en el primer aspecto es decisivo para cualquier Teoría de la Decisión que se elija. El conocimiento es un elemento determinado histórica y culturalmente: perfeccionable, pero puede ser objetivo. Además, para predecir es necesario observar los hechos y conocer el propio marco teórico en el que el sujeto se mueve.
La racionalidad perfecta o total es imposible en un sujeto limitado como es el ser humano. Por ello, un grupo de economistas –entre ellos H. Simon– hablan de una racionalidad limitada43, que es adecuada a los objetivos que se pretenden. Una racionalidad que responde a un intento de lograr la mayor información posible en cada situación, planteando un equilibrio entre información y dedicación temporal. La acción humana es, de hecho, imperfectamente racional, en la medida en que en ella influye no sólo el conocimiento teórico, sino otros aspectos como las expectativas, las motivaciones y las cualidades cognitivas de cada cual. Hay una diferencia entre el “medio ambiente en el que se sitúa el actor económico realmente, y el medio subjetivo que él percibe y al que responde”44.
Hay un nexo entre racionalidad económica y predicción. La racionalidad es un tema amplio que en Economía se estudia desde cuatro perspectivas: i) se orienta a “describir y explicar los modos en que diversos procesos no racionales (motivaciones, emociones y semejantes) influyen en los procesos racionales (principalmente en el foco de atención y la definición de la situación); ii) intentan determinar, a través de métodos empíricos, cómo varía la naturaleza de los valores con el tiempo y las experiencias personales; iii) tratan de determinar los procesos –individuales y sociales– para seleccionar aspectos de la realidad que han de ser observados y postularlos como las bases factuales para el razonamiento acerca de la conducta humana; y, iv) buscan establecer las estrategias computacionales que se usan al razonar, de manera que las capacidades de procesar información, muy limitadas, puedan enfrentarse a realidades complejas”45.
Predecir con éxito es el resultado de un buen conocimiento de la realidad tanto social como humana. Tener información concreta de las condiciones contextuales socio- económicas y políticas; y además conocer bien los elementos que estructuran la acción humana: los gustos, creencias y deseos que llevarán a formar determinadas intenciones. En la medida en que en el origen de la acción encontramos tanto razones como causas, es importante recurrir a la explicación causal y también al método propuesto como alternativo: el silogismo, recogido en el plan conductor de la acción.
43 Para un análisis en profundidad véase SIMON, H., “Rational Decision Making in Business Organizations”, American Economic Review, v. 69, n. 4, (1979), pp. 493-513. Compilado en SIMON, H., Models of Bounded Rationality, vol. 2, MIT Press, Cambridge, 1982, pp. 474-494.
44SIMON, H., “Economics and Psychology”, en KOCH, S. (ed), Psychology: A Study of a Science, v. 6, McGraw Hill, N. York, pp. 715-752. Compilado en SIMON, H., Models of Bounded Rationality, vol. 2, MIT Press, Cambridge, 1982, p. 342.
45 GONZALEZ, W. J., “Racionalidad y Predicción en Economía”, Ponencia presentada en II Workshop on Philosophy of Economics sobre “Rationality in Modern Economics”; Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad del País Vasco, Bilbao, 9-10 de octubre de 2000.
Fundamentado en el enfoque del Verstehen, se desarrolla el silogismo práctico. En el plan conductor de la acción económica la meta debe estar clara. Se requiere poseer con nitidez el objetivo a lograr con la acción concreta, ya que bajo esta meta quedan englobados todos los agentes participantes. En la acción conjunta, basada en un acuerdo (explícito o implícito), no es posible que los agentes desconozcan este plan, ya que entonces no se produciría la acción. Éste crea unos lazos entre ellos que los obliga a actuar conjuntamente. Esta es la parte creativa de todas la acciones humanas. La comprensión de la acción permite captarla en su singularidad irrepetible.
Es un hecho de experiencia incontestable que podemos observar una cierta regularidad en las acciones. De hecho, si suben los salarios exageradamente, aumenta el consumo y, por tanto, se produce un aumento en los precios (más inflación). Esto es debido a la existencia de causas en nuestro actuar. Esto es, unos elementos de los que el sujeto actuante no es consciente –o, por lo menos, no siempre de modo claro– que modulan su acción. Son elementos que contribuyen al origen de la acción con relativa independencia de la voluntad o, incluso, al margen del conocimiento del agente. Un ejemplo de los mismos son los motivos, que no dependen de la voluntad del sujeto e impelen a actuar (entre ellos se podría destacar la asociación de ocio con consumo); o –como señala R. Tuomela– ciertos estados disposicionales (los deseos) que se manifiestan como causas potenciales del comportamiento: por ejemplo el afán más o menos claro de poseer bienes materiales.
Estas aproximaciones causales en la explicación de la acción económica no se adecúan a patrones de explicación propuestos por la teoría neopositivista de la subsunción46. El objeto estudiado por la Economía no puede ser entendido como dotado de una causalidad en sentido fuerte, (o nomológico-deductivo), ya que la intencionalidad como rasgo distintivo de la acción económica hace difícil que pueda ser deducida de leyes de índole general. Sin embargo, desde la perspectiva propuesta al inicio de estas páginas, sí es posible hablar de regularidades en la acción suficientes, de modo que explicarían un cierto grado de predicción en Economía.
El problema de la historicidad de la Economía y de la predecibilidad conecta con el asunto de la existencia de leyes. ¿Hay leyes que puedan caracterizar el objeto de la Economía? M. Blaug afirma claramente que “si por ley entendemos aquellas relaciones bien corroboradas y universales postuladas entre acontecimientos o clases de acontecimientos y que han sido deducidas a partir de unas condiciones iniciales contrastadas de forma independiente, pocos economistas actuales sostendrían que la Economía haya producido hasta ahora más de una o dos de estas leyes”47.
Vista desde la perspectiva de la acción, lo que se descubre son regularidades en las actuaciones humanas. En este sentido, se podría hablar de “ritmos” dentro de la Ciencia Económica. Las leyes en Economía no pueden tener como función principal conectar los hechos económicos con unas pautas causales, al modo como se hace normalmente en las Ciencias de la Naturaleza. Las leyes o las hipótesis en Economía no pretenden afirmar la existencia de una regularidad tal que sea posible sostener que “en todos los casos en donde un hecho de una clase específica Cocurre en un cierto lugar y tiempo, otro 46 Esta cuestión ha motivado una amplia controversia, cfr. MANNINEN, J. y TUOMELA, R. (eds), Essays on Explanation and Understanding, Reidel, Dordrecht, 1976.
hecho de una clase específica E ocurrirá en un lugar y tiempo relacionados de un modo específico con el lugar y el tiempo de ocurrencia del primer suceso”48. En esta línea, Hausman señala que las leyes económicas no son generalizaciones universales: “son suficientes las generalizaciones con universalidad restringida aproximada. Pero, incluso si se acepta un modelo causal de explicación (...), se requiere todavía la universalidad restringida aproximada”49.
En otros términos, puede plantearse que si la explicación científica se entiende, como defiende C. G. Hempel, según las siguientes características: “1) hay un conjunto de enunciados que afirman la ocurrencia de ciertos hechos C1....Cn en ciertos lugares y momentos; 2) existe un conjunto de hipótesis universales, según las cuales a) los enunciados de ambos grupos se encuentran razonablemente bien confirmados por pruebas específicas; y b) de ambos grupos de enunciados puede deducirse lógicamente la oración que afirma que se da el hecho E”50.
Si ése es el modo de entender el enfoque del Erklären, entonces resulta claro que esta postura no se puede aplicar en Economía. Las generalizaciones económicas no son leyes universales, dado que las leyes económicas, además de ser estadísticas (por lo que implican un cierto grado de incertidumbre), están siempre en relación a un contexto determinado. La generalización de causas sólo nos lleva a generalizaciones o predicciones con mayor o menor capacidad de acierto, pero no a leyes universales. En este sentido, es clara la dificultad para predecir con precisión el aumento de la inflación en un país determinado.
Debido a que la acción económica es un tipo de acción humana, hay serias dificultades para admitir la existencia en Economía de leyes universales. No se dan pautas rígidas que determinen la evolución histórica de un campo acotado relativo al obrar y a los intereses humanos. Resulta difícil entonces adentrarse en el campo de la predicción, porque la acción no se explica sólo en función de causas, sino atendiendo también a las razones lo que implica abrir una puerta a la creatividad y libertad humana.
Sin embargo, los hechos económicos no ocurren al azar, la explicación económica quiere ofrecer una anticipación científica racional fundada en el conocimiento empírico de la realidad circundante y en el conocimiento de la acción humana. De modo que un sistema explicativo en Economía debe abarcar todos los antecedentes de la acción humana: los actos mentales, tanto las razones como las causas. Los aspectos mentales y físicos de la actividad humana quedan conectados entre sí en la medida en que se explica lo que el agente ha realizado, el porqué lo ha hecho y el fin que con su actuación quiere lograr. Se trata, entre otras cosas, de poner la ejecución material (o su ausencia) bajo la descripción que la hace intencional. A este respecto, Tuomela afirma que por explicación de la acción se entiende aquella en la cual “los factores explicativos son los factores mentales, tales como las intenciones y creencias de los agentes, desde los cuales surge, en mayor o menor medida, la acción misma”51. Así, la acción humana puede ser vista como el resultado de desplegar la actividad del sujeto o de los sujetos desde los actos mentales que le dan origen.
48HEMPEL, C. G., Aspects of Scientific Explanation and other Essays in the Philosophy of Science, The Free Press, N. York, 1965. Vers. cast. de M. Frassineti, N. Míguez, I. Ruiz, y C. Seibert,: La explicación científica, Paidós, Barcelona, 1979, p. 233.
49HAUSMAN, D. M., “¿Necesita leyes la Economía?”, p. 136. 50HEMPEL, C. G., La explicación científica, p. 234. 51TUOMELA, R., A Theory of Social Action, p. 351.
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Josefa López Martín
Dos de los aspectos que han centrado habitualmente la atención de los economistas son el individualismo metodológico y el estudio de la conducta humana en el ámbito de las transacciones económicas. John Stuart Mill y Herbert Simon abordan esta cuestión desde órbitas diferentes: el primero representa un ejemplo egregio de la Economía clásica, mientras que el segundo se ha erigido durante años en crítico de la Economía neoclásica. Aquí se analizan sus posturas sobre el tema y, cuando se consideran insatisfactorias, se ofrece una alternativa.
John Stuart Mill ofrece un individualismo metodológico propio de un positivista que se apoya en una concepción psicológica que destaca el self-interest y la libertad, que son dos rasgos constitutivos de la Economía clásica. Concibe la sociedad en cuanto agrupación de individuos con un cierto fin: lograr al máximo los intereses de cada individuo. Su enfoque a este respecto se aplica, en sentido estricto, a la Microeconomía, aunque por analogía, se aplica también a la Macroeconomía, entendiendo que las naciones tienen una cierta entidad como seres sociales. El individualismo de J. Stuart Mill está situado en el plano metodológico de la Erklären, distante del campo de la Verstehen1; y se enmarca en
un programa de tipo naturalista (especialmente en la Metodología), bien distinto de un enfoque hermenéutico. No busca el sentido y la finalidad del obrar humano en el tiempo, sino su regularidad al obrar, lo que podría propiciar la predecibilidad.
Por su parte, H. A. Simon –Premio Nobel de Economía de 1978– trata de explorar la posible conexión entre la Economía y la Psicología: el ámbito de la Microeconomía descriptiva. Su enfoque se sitúa frente a la tendencia neoclásica en Teoría Económica, que ha puesto el énfasis de forma excesiva en la motivación, principalmente en la consistencia de las preferencias de los humanos y en su preocupación preferente por el beneficio monetario. En su lugar, con su alternativa a los neoclásicos, prefiere centrar su atención en el estudio psicológico de los límites cognitivos de los humanos en sus capacidades para la elección racional, considerados como organismos de aprendizaje y de procesamiento de información.
A partir del análisis de estos planteamientos, se trata de ver qué semejanzas y diferencias hay entre Stuart Mill y H. Simon en torno a la cuestión fundamental del individualismo metodológico y de la caracterización de la conducta económica. Si bien se aprecian diferencias en su forma de entender la racionalidad, ambos autores presentan puntos en común: en ellos prevalece la idea de “temporalidad” más que la noción de “historicidad”; y ponen el acento en la idea de “conducta” en vez de en el concepto de “actividad”, que recoge mejor la realidad del quehacer económico en cuanto proceso dinámico.
1Cfr. G
ONZALEZ, W. J., “From Erklären-Verstehen to Prediction-Understanding: the Methodological Framework
in Economics”, en SINTONEN, M., YLIKOSKI, P. y MILLER, K. (eds), Realism in Action: Essays in the Philosophy