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2.2 AR-Snow Sensitivity Experiments

2.2.3 Results

La acción económica, al igual que toda acción, es un elemento genuinamente humano. Como todo quehacer que lleva a cabo el ser humano, tiene sus posibilidades y sus limitaciones. La acción social descrita hasta aquí no se construye de modo intemporal, sino obviamente en la historia; está plenamente inserta dentro de unas coordenadas espacio-temporales concretas. Se encuentra abierta a cambios a través del tiempo.

Todos los actos internos (conocimientos, deseos, experiencia...) que ayudan a formar una intención son siempre relativos a un sujeto concreto, a un ser histórico. La acción humana descrita como acción intencional resalta, en efecto, el papel del sujeto histórico, de modo que éste no queda diluido en las estructuras: es él quien contribuye a hacerlas. El mundo histórico de los agentes humanos no está ya dado: lo configura el individuo en su interactuación con los otros. Otro tanto cabe, pues, decir de la experiencia económica inserta en este mundo histórico.

La coordenada histórica, que al individualizarse en cada ser humano toma formas distintas, no sólo afecta al objeto de la Ciencia Económica, sino que el propio método del Verstehen se ve involucrado. En ese enfoque los elementos desde los que se reflexiona son siempre relativos a la posición desde la cual se argumenta. De hecho, dentro de este planteamiento –como señala W. J. González– la “comprensión se engarza con la experiencia humana, que está mediada por el lenguaje –el acceso a lo real pasa por el dominio del lenguaje– y está bañada por la historicidad –toda experiencia está inserta en el decurso histórico–. La comprensión del sentido de las prácticas, normas y valores desarrollados por los individuos o por las instituciones se realiza entonces a través del estudio del lenguaje que condensa tales experiencias y teniendo en cuenta también la tradición incorporada por el lenguaje”39.

Así pues, uno de los problemas fundamentales de las Ciencias Humanas, y por tanto de la Economía, es lograr un conocimiento sobre la realidad cambiante, que sea suficientemente objetivo. Los factores de tipo psicológico y sociológico que rodean la actividad económica no deben ponerla en la tesitura de escoger el subjetivismo (motivado, por ejemplo, por razones ideológicas) o el sociologismo (donde los elementos intersubjetivos dan razón de todo).

39GONZALEZ., W. J., “Caracterización del objeto de la Ciencia de la Historia y bases de su configuración metodológica”, en GONZALEZ, W. J. (ed), Acción e Historia, pp. 25-116.

Los seres humanos no siempre actúan del mismo modo, pues con frecuencia modifican su modo habitual de obrar. Esta variación que hace posible el cambio social dificulta el estudio científico de la realidad económica. La sociedad cuenta con un fuerte componente de cambio, motivado por la alteración en los objetivos marcados por ella misma. Así, la acción económica, está mediada por la historicidad del sujeto humano y de la sociedad en la que se inserta. Entonces parece razonable sostener que las regularidades que se puedan obtener en Economía se encuentran restringidas a grupos históricos concretos. Este es otro obstáculo para el establecimiento de “leyes generales en las Ciencias Sociales y está estrechamente relacionado con la dificultad (...) del carácter históricamente condicionado o culturalmente determinado de los fenómenos sociales”40.

La estrecha relación existente entre el sujeto histórico –que es el agente económico– y su propia actividad hace que la actividad económica posea un carácter histórico o, por lo menos, temporal. Se encuentra temporalmente condicionada, ya que está unida a un individuo inmerso en una sociedad concreta. La actividad económica tiene como eje central al sujeto humano, al agente tanto individual como social; y éste es siempre histórico. Este aspecto afecta directamente a los objetivos económicos. Los fines y las metas económicas a plantear dependen del contexto socio-histórico concreto del que en una sociedad se parte, del desarrollo real que ha logrado. Los objetivos a obtener se encuentran estrechamente ligados al sistema de valores imperante.

Así se ve que el contenido de toda actividad económica se encuentra afectado por la temporalidad. Es de suyo cambiante y se encuentra engarzado dentro de una sociedad concreta. Pero no se puede olvidar que toda acción económica tiene, además del contenido, una estructura: un modo de surgir y desarrollarse que –en sí mismo– no se encuentra afectado por el factor temporal. La estructura de la acción humana es básicamente la misma en cualquier época, ya que no depende de la sociedad, sino de la propia estructura del ser humano. Se ve así que la actividad humana, además de ser histórica, tiene una estructura estable.

Buscar la objetividad nos lleva a considerar la estructura de la acción humana, su vertiente interna y externa, y entender claramente que interpretar o caracterizar correctamente una acción implica una consideracion pausada acerca de las razones y causas que la han originado de hecho, y este conocimiento es accesible al ser humano tal y como ya se ha mostrado.

Por otro lado, parece obvio que el mundo –también el mundo social– es, en cuanto tal, independiente de nuestros esquemas mentales acerca del mismo, de los fines, valores y condiciones cambiantes que postulamos acerca de él. Y aunque se ha insistido bastante en el condicionamiento histórico de nuestros esquemas económicos, sin embargo no todas las teorías son igualmente válidas: ¿cuál de ellas está mejor construida? Un criterio a adoptar podría ser la consideración del éxito efectivo de cada una de ellas. Por “éxito efectivo” se entiende la consecución real de los objetivos a lograr en cada teoría concreta. Por ejemplo, el grado en el que la teoría contribuye al bienestar de los individuos (aumentar la renta familiar disponible); o al bienestar de la sociedad en su conjunto, al acortar distancias entre la renta nacional española y la renta media de la Unión Europea. En cualquier caso se está reclamando una conexión real entre la Ciencia Económica y el mundo que nos rodea. 40NAGEL, E., The Structure of Science, Harcourt, Brace and World, N. York, 1961. Vers. cast. de N. Míguez: La estructura de la Ciencia, Paidós, Buenos Aires, 1978, pp. 414-415.

La búsqueda del éxito real nos impide entender la realidad y la verdad como relativa exclusivamente a los grupos sociales y sus intereses. La efectividad de una teoría remite a un elemento extramental, que el ser humano –en función de su conocimiento del mundo– intenta desarrollar. El éxito de una tesis sobre la relación entre aumento salarial y la inflación, o sobre el desarrollo sostenible, radica en el grado de consecución real de sus objetivos y para ello debe estar dirigida en lo posible al mundo exterior. Ilkka Niiniluoto plantea que “es posible hacer una defensa sistemática de la teoría realista del progreso que sostenga que la Ciencia hace progresos en la medida en que consigue obtener la verdad o una información altamente verosímil”41. Se compatibiliza así la idea de un esquema cognoscitivo construido con un realismo que mantenga que el mundo exterior, incluyendo el mundo social, existe con independencia de nuestro conocimiento.

El conocimiento económico que se posee de la realidad es así autocorrector42, tal vez no se pueda considerar como definitivo lo logrado en un momento puntual. Pero ajustarnos a un método que responda al elemento básico de la actividad económica, a la acción humana, nos permite un conocimiento cada vez más exhaustivo de la realidad.

La acción humana que se sitúa en la base de la investigación económica es una realidad material objetiva. Partir desde el análisis de su estructura favorece la posibilidad de adquirir un conocimiento objetivo en Economía. Cabe, pues, una descripción objetiva de la actividad económica en la medida en que hay una realidad básica que como tal no puede cambiar: la acción.

También las predicciones sobre acciones futuras quedan estrechamente ligadas al análisis de la estructura de la acción. Es importante reflexionar sobre su origen para ver las posibilidades y las limitaciones de tales predicciones. En esta línea argumental se podría decir que la Economía tiene una expresión sistemática adecuada en la medida en que exponga de modo correcto la relación existente ente las “razones de una acción” y la “ejecución material” observable.

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