5. A test of the Commitment Cost Theory using a Real Choice Experiment Approach 103
5.4 Discussion and conclusion 121
A los ciclos anuales de las condiciones atmosféricas se superponen otras fluctuaciones irregulares que abarcan un rango amplio de escalas (inter-estacionales, interanuales e inter-
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década) las que pueden ser vinculadas con unos pocos modelos globales como la Oscilación Meridional-El Niño (ENSO), la Oscilación Decadal del Pacífico (PDO, por sus siglas en inglés) y la Oscilación del Antártico (AAO, por sus siglas en inglés). (Strahler y Strahler, 1994; Lowe y Walker, 2015; Garreaud et al., 2008). Se conocen además para el Holoceno otras anomalías y tendencias climáticas de alcance global (incluidos eventos paleo ENSO) que abarcaron en algunos casos intervalos de varios siglos como la Anomalía Climática Medieval (ACM) o la Pequeña Edad de Hielo (PEH), y cuyas señales han sido reconocidas a través de diversos proxies en diferentes regiones del subcontinente, mostrando gran variabilidad en alcance y efectos sobre el ambiente y los grupos humanos, según sea el caso.
Anomalía Climática Medieval(ACM)
Registros paleoclimáticos procedentes de distintas partes del mundo, muestran condiciones anómalas para el clima durante los cinco siglos comprendidos entre ca. 1200-700 años AP (900-1300 d. C.) Aunque algunos autores habían señalado ya la existencia de importantes anomalías en el clima del continente europeo para el período medieval (Le Roy Ladurie, 1983) corresponde al trabajo de Lamb (1982) la primera designación del mismo como “Período Cálido Medieval” (PCM) (Fagan, 2007). Posteriormente Stine (1994), propone denominar “Anomalía Climática Medieval” (ACM) a la constelación de cambios observados en el clima en distintas partes del mundo para este período (aún se encuentra en discusión si es correcto hablar de alcance global). Con esta nueva denominación busca evitar asociar la Anomalía únicamente con manifestaciones cálidas, e incluir así un abanico más amplio de señales (no necesariamente cálidas) documentadas para distintas regiones, e igualmente vinculadas a ella en ese intervalo temporal.
Resulta difícil establecer cuándo una anomalía climática inferida de una región fue estrictamente sincrónica con otra inferida de alguna otra región. La diversidad de técnicas y proxies utilizados en los estudios paleoclimáticos de diferentes sitios (registros dendroclimatológicos, relictos de árboles sumergidos, estudios de suelo, polen, glaciares, isótopos, etc.), tornan complejas las comparaciones de los tiempos de inicio y culminación de los intervalos de estas anomalías. No obstante, de acuerdo a Stine (1998), las condiciones de anomalías climáticas que caracterizaron gran parte del Periodo Medieval si no fueron estrictamente sincrónicas, al menos se acercaron mucho. Si bien no pueden realizarse extrapolaciones directas entre los registros paleoclimáticos de una región a otra, los mismos marcan tendencias que pueden observarse a nivel global y que se asocian a cambios en el sistema de circulación planetaria oceánica-atmosférica.
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En el continente Americano, al igual que en otras partes la ACM, se habría manifestado de diferente manera de acuerdo a la región, aunque en líneas generales se habría caracterizado por prolongados períodos de sequedad y un aumento en la temperatura promedio -entre 1 a 1,5° C, pudiendo alcanzar valores de hasta 3° C durante algunos períodos- (Stine, 1998; Sayago et al., 2003; Fagan 2007 y 2009a). A diferencia de lo que sucedió en Europa, donde la Anomalía se ha asociado a un momento favorable en las condiciones generales que estimularon la agricultura, los viajes de exploración, la construcción de ciudades y el aumento de la población, en América, por el contrario, sus efectos trajeron aparejadas sequías prolongadas y severas que se extendieron en algunos caso por décadas e inclusive durante siglos, ocasionando hambrunas, el aumento de la mortalidad y el desplazamiento y migración de poblaciones enteras hacia regiones menos afectadas. De acuerdo a las evidencias arqueológicas, sus efectos fueron más acentuados en las regiones tropicales y subtropicales del continente que en latitudes templadas y frías.
Pequeña Edad de Hielo (PEH)
Inicialmente se caracterizó a la Pequeña Edad de Hielo como un período de disminución de la temperatura en el hemisferio norte, en el lapso comprendido entre 1300- 1850 d.C. [700-150 años AP]. Estudios posteriores, basados en diferentes proxies (isótopos, polen, diatomeas, morrenas, etc.) corroboraron su impacto en los registros paleoambientales en el hemisferio sur (Villalba et al., 1990; Aniya, 1996; Kaniewski et al., 2011; Liu et al.; 2005; Polar et al., 2006 entre otros citados en Oxman et al.; 2013).
Se ha señalado como probable causa de esta anomalía climática a una disminución de la actividad solar, que alcanzó su punto más bajo durante el período 1645-1715 d.C., conocido como Mínimo de Maunder, y en coincidencia con un período de inusual frecuencia en la actividad volcánica (Fagan, 2009b). Dependiendo de la región y el intervalo considerado, sus características pudieron alternar entre condiciones frío-húmedas o frío-secas.
Oscilación Meridional-El Niño (ENSO)
La Oscilación Meridional-El Niño8 (El Niño-Southern Oscillation o ENSO por sus siglas en inglés), es un fenómeno de inversión en el sistema de presión barométrico para la zona ecuatorial y subtropical del Pacífico. Se caracteriza por fluctuaciones irregulares entre fases cálidas (El Niño) y frías (La Niña) con una periodicidad de ocurrencia promedio de entre 2 a 7 años; la intensidad de cada episodio es variable. Normalmente sus efectos se extienden durante más de un año, generando anormalidad en clima y una alta intempestividad en el
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tiempo en diversas regiones del globo, tal como pueden ser sequías, lluvias intensas, periodos de calor o de frío, o una alta incidencia en el número de tormentas y huracanes9 (Lowe y Walker, 2015; Garreaud, 2008). "La interacción entre las fluctuaciones en las condiciones oceanográficas expresadas por El Niño y las condiciones atmosféricas expresadas en la Oscilación del Sur (o Meridional) ha sido designada como la mayor fuente de variabilidad climática interanual a una escala global” (Diaz y Markgraff, 1992:1 en Meggers, 2000). Los eventos ENSO explican al menos dos tercios de la variabilidad interanual de precipitación y temperatura (Moy et al., 2002). Aunque las sequías e inundaciones asociadas a eventos de este tipo son generalmente breves, su frecuencia, periodicidad errática, aparición súbita e impacto severo las hacen potencialmente devastadoras para la biota de las regiones afectadas y para las poblaciones humanas dependientes de ella (Meggers, 2000). “En el catálogo de cambios climáticos más breves del planeta, los sucesos de la Oscilación del Sur-El Niño -ENSO- ejercen una influencia que solo es superada por el transcurrir de las estaciones” (Fagan, 2007:248)
En Sudamérica los episodios correspondientes a la fase de El Niño se asocian con precipitaciones por encima de lo normal en la porción sudeste del continente y en Chile central, y con temperaturas más cálidas, también por encima de lo normal, en latitudes tropicales y sub tropicales. Anomalías opuestas en precipitaciones y temperaturas se observan durante los episodios tipo Niña (Garreaud et al., 2008; Sayago y Collantes, 2009).
Es importante tener presente que las anomalías relacionadas con ENSO pueden presentar cambios significativos cuando se analizan a escalas de tiempo largas (especialmente en cuanto al aumento/disminución de las precipitaciones a escala regional); otros factores en juego interactuando con éstas pueden enmascarar su señal o producir modificaciones en el comportamiento, como se ha podido observar a partir de estudios de correlaciones para regímenes de precipitación y coeficientes vinculados a la Oscilación Meridional en registros que abarcan más de un siglo (por ejemplo ver PDO en los párrafos siguientes). Esta situación pone de manifiesto la incertidumbre y el riesgo existente en extrapolar la relación entre variabilidad climática interanual y ENSO actual hacia el pasado (Moy et al., 2002; Garreaud et al., 2008:1028-30).
Oscilación Decadal del Pacífico (PDO)
Los registros de precipitación sobre Sudamérica exhiben variabilidad durante las décadas como así también entre décadas, si bien las primeras poseen amplitudes que por lo general no exceden el 10% de promedio entre año y año. La Oscilación Decadal del Pacífico
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(PDO), en cambio, es responsable de fluctuaciones y variabilidad climática de mayor amplitud entre décadas, principalmente de las precipitaciones. Por lo general se ha descripto a la PDO como una fluctuación/oscilación tipo ENSO, ya que sus huellas climáticas a nivel espacial de sus fases cálida y fría presentan gran parecido con los eventos tipo El Niño y La Niña respectivamente (Garreaud et. al, 2008). Estudios han documentado incrementos significativos en las precipitaciones y el caudal de los ríos entre décadas al oriente del Andes y al sur de la Amazonía, junto a una disminución al norte de la última (ej. entre las décadas previas a los 70s y los 80/90s respectivamente). Esta inversión climática es consistente con el cambio en la polaridad de la PDO (de fría a cálida) a mediados de los 70s; sin embargo esta inversión no puede ser atribuida exclusivamente a ella y eventos como El Niño pueden explicarla también - los eventos tipo ENSO se volvieron más frecuentes e intensos a partir de los 80s, comparados con las décadas anteriores-. Es interesante señalar que algunos autores, en un enfoque alternativo, consideran a la PDO como un modulador de baja frecuencia de la variabilidad atribuida a ENSO y encuentran una “interferencia constructiva”. Así las anomalías en precipitaciones El Niño (La Niña) tienden a ser más fuertes en aquellos episodios que ocurren durante una fase cálida (fría) de la PDO (Andreoli y Kayano, 2005 citado en Garreaud et al., 2008:1029).
Oscilación del Antártico (AAO)
Finalmente, y con poco o nulo impacto directo en las condiciones climáticas para nuestra área de trabajo en particular, se encuentra la Oscilación del Antártico (AAO, por sus siglas en inglés). La misma se caracteriza por anomalías de presión, de diferente signo, unas localizadas sobre la Antártida, y las opuestas en una banda circum-global entre los 40-50°S. Su fase positiva se asociado con una disminución (incremento) de la presión superficial y elevaciones geopotenciales sobre la Antártida y un adelgazamiento y en dirección al polo de los westerlies en el hemisferio Sur. El calentamiento del aire durante su fase cálida produce anomalías en los regímenes de precipitación en el sur de Chile (40°S) y en la costa este subtropical del continente (Garreaud et al., 2008:1030).