5. A test of the Commitment Cost Theory using a Real Choice Experiment Approach 103
5.1 Introduction 103
El estudio de las características del clima actual y de su variabilidad a escala continental y regional, particularmente de fluctuaciones interanuales de temperatura y precipitación, constituyen el marco de referencia necesario donde situar las interpretaciones en el análisis del paleoclima, y por ende de los paleoambientes; adicionalmente, su estudio proporciona registros de alta resolución (a través de diferentes proxies) que permiten visualizar cambios, ciclos y/o la recurrencia de anomalías a lo largo del tiempo.
El subcontinente sudamericano exhibe diversos patrones de clima y tiempo, que incluyen rasgos tropicales, subtropicales y extra-tropicales. La cordillera de los Andes, que recorre Sudamérica en sentido longitudinal, recostada sobre el flanco occidental del continente, constituye un obstáculo importante para el flujo troposférico y resulta determinante en la configuración climática a esta escala. De acuerdo a Garreaud et al. (2008) los Andes no solo actúan como una barrera climática que define condiciones secas al occidente
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y condiciones húmedas al este a latitudes tropicales y sub tropicales (el patrón se invierte a latitudes medias), sino que también promueve interacciones tropicales-extra tropicales especialmente a lo largo de su vertiente oriental.
La variabilidad del clima sudamericano (cambios interanuales o inter-década) resulta de la superposición de múltiples fenómenos a gran escala. Por ejemplo La Oscilación Meridional-El Niño (ENSO) que tiene su origen en el sistema oceánico-atmosférico del océano Pacífico tropical, y ejerce un fuerte efecto directo sobre las costas de Ecuador, Perú y norte de Chile y efectos indirectos (a través de tele-conexiones atmosféricas) sobre la mayor parte de la región subtropical sudamericana extendiéndose inclusive hasta altas latitudes. De la misma manera, el Gradiente Meridional de Temperatura de la Superficie del Mar (SST, por sus siglas en inglés) sobre el Atlántico tropical posee un gran impacto en el clima y tiempo del este de Sudamérica. Sequías en la Amazonía y en el noreste de Brasil han sido vinculadas a aguas superficiales anormalmente cálidas en el norte del Atlántico tropical. Forzantes de altas latitudes como la Oscilación Nor-Atlántica (NAO, por sus siglas en inglés) parecerían también jugar un rol en la variabilidad climática sobre Sudamérica (Garreaud et al., 2008).
La caída de lluvia en la región tropical y subtropical del continente presenta un marcado ciclo estacional. Durante el invierno austral, el máximo de precipitaciones a nivel continental se localiza al norte del ecuador, casi alineado con la Zona de Convergencia Inter Tropical oceánica (ITZC, por sus siglas en inglés)7 -la que se desplaza hacia el sur durante los eventos tipos ENSO- (Huag et al., 2001; Lowe y Walker, 2015; Fagan, 2007), mientras que la parte central del continente transita su estación seca. Hacia fines del mes de Octubre, se produce un rápido cambio de la convección en dirección sur, por lo que durante el verano austral una extensa área de intensas precipitaciones se extiende entre la mitad sur de la cuenca Amazónica y el norte de la Argentina. Durante esta estación, sobre la región del Chaco (aproximadamente a los 25° lat. S) se establece un marcado sistema de baja presión que fuerza a los vientos del este que atraviesan la cuenca amazónica a cambiar de rumbo en dirección sur, quedando constreñidos entre la vertiente oriental de los Andes y el macizo brasileño. Es interesante poner de relieve la importancia en términos biogeográficos de este fenómeno, que posibilita por ejemplo el desarrollo de comunidades vegetales como el bosque chaqueño (con gran riqueza biológica y cultural) en espacios que por sus características geográficas presentarían de otro modo una fisonomía diferente, con condiciones climáticas más extremas -más secas y calientes- que las hoy presentes (Sayago, 2017 comunicación personal). Durante el otoño austral, el máximo de precipitación retorna gradualmente al norte de Sudamérica.
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Esta migración ha llevado a muchos climatólogos a describir el clima de la parte centro y norte del continente como de tipo monzónico. No obstante, el clima no es completamente monzónico, debido a que los vientos de niveles bajos nunca cambian su dirección (desde el Atlántico hacia el continente).
Fuera de las latitudes tropicales, el clima sudamericano muestra una marcada asimetría zonal, con condiciones de marcada humedad al oeste de la cordillera de los Andes, y de sequedad extrema al este sobre la región de la Patagonia. En el extremo sur, las precipitaciones responden a sistemas frontales asociados con actividad ciclónica migratoria; los frentes, ubicados alrededor de los 40° de latitud Sur durante el verano, se mueven durante el invierno por el oeste en dirección norte hasta alcanzar los 30° de latitud sobre Chile central. Durante el pasado, este desplazamiento habría alcanzado latitudes más septentrionales, probablemente hasta los 25-30° de latitud Sur (Hastenrath, 1991, ver cap. 7). En combinación con la actividad de los frentes, el ascenso orográfico en la ladera occidental de los Andes, produce lluvias orográficas; la subsidencia forzada en la vertiente oriental, por el contrario, produce condiciones de marcada aridez sobre la Patagonia Argentina.
Precipitaciones originadas en sistemas frontales reaparecen cerca del litoral Atlántico, y constituyen la mayor fuente de precipitaciones invernales hasta tan lejos como el sur de Brasil. Sobre el Atlántico, los sistemas frontales y las convergencias de nivel bajo conforman una banda diagonal de precipitaciones máximas conocida como la Zona de Convergencia del Atlántico Sur o SACZ (por sus siglas en inglés). La actividad de la SACZ es normalmente mayor durante el verano cuando produce abundantes precipitaciones sobre gran parte del este de Sudamérica. Los períodos de aumento de la actividad de la SACZ se han asociado con exceso de precipitaciones en su zona núcleo y la costa sur del Brasil, y con condiciones anormalmente secas sobre el norte de argentina, Paraguay y Uruguay. Condiciones igualmente marcadas pero opuestas, se presentan durante los períodos de actividad débil de la SACZ (Lowe y Walker, 2015; Garreaud et al., 2008).
Por último, el campo de temperatura del aire (de bajo nivel) sobre Sudamérica está dominado por el gradiente termal Ecuador-Polo, aunque sobreimpuesta a esta tendencia principal los campos de temperatura muestran también asimetrías este-oeste y otras de carácter regional/local (Garreaud et al., 2008: 1016-1032).