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3. The development of quick, robust, quantitative phenotypic assays for

3.3. Discussion

taremos; así haremos que la obra se suspenda”.

Sus enemigos hacían todo lo posible para que no reconstruyeran el muro. Les ridiculizaron, les criticaron, y por fin les amenazaron. Y los ju- díos se desanimaron porque tenían miedo a que les hicieran daño o que perdiesen la vida. Versí- culo 12 dice: “Los van a atacar por todos lados”. El miedo hace con que las personas se desani- men.

¿Cuáles son tus miedos actuales? ¿Fracaso? ¿Rechazo? ¿Problemas de salud? ¿Criticas? El miedo ciertamente causa sentimientos de des- ánimo en la vida. Cuando estás desanimado por algún miedo en tu vida quieres empacar las ma- letas y marcharte. Lo malo es que cuando te vas, el miedo y el desánimo irán contigo.

Por lo tanto, en la historia de Nehemías, vemos 4 cosas que pueden causarnos el des- ánimo: Cansancio, Frustración, Fracaso y Miedo. Si hoy te sientes desanimado, puedes asegurarte de que una de esas 4 cosas es la causa principal de ello.

En la narrativa de la reconstrucción del muro de Jerusalén, vimos muchas causas del des- ánimo. Veamos ahora algunas soluciones a ese problema.

a) Descanso físico– Al leer todo el capitulo 4, vemos que Nehemías les da a sus voluntarios al- gunos días libres para las fiestas judaicas. Les da tiempo libre para descanso y diversión. Eso no es pecado hacerlo, por cuanto no se trata de pereza.

Jesucristo con frecuencia buscaba lugares aisla- dos, apartados de la gente para el descanso ne- cesario. En nuestra vida agitada, ponemos por excusas que no tenemos tiempo para el des- canso. Si no encontramos tiempo para el des- canso ahora, más adelante descansaremos en una cama de hospital. Salmo 127:2 dice así: “En vano madrugan ustedes, y se acuestan muy tarde, para comer un pan de fatigas, porque Dios concede el sueño a sus amados”. Dios creó el cuerpo para trabajar pero también lo creó para el descanso necesario para llevar a cabo la labor que se requiere. El descanso es de suma impor- tancia para Dios porque al escribir los 10 Manda- mientos, el 7º lo dedicó al descanso.

b) Re-organizar la vida– V. 13 dice así: “Así que puse a la gente por familias, con sus espadas, arcos y lanzas, detrás de las murallas, en los lu- gares más vulnerables y desguarnecidos”.

Nehemías no desistió de la meta; solo re-or- ganizó a las personas y las puso en sus lugares apropiados. Cuando estamos desanimados no significa que lo que hacemos esté mal; puede que estés haciendo algo bueno pero de manera equi- vocada. Dios no pide que desistas de tus metas, sino que las hagas de otra manera. Si tienes deu- das, debes re-organizarte y vivir según tu presu- puesto. Si quieres bajar de peso, re-organiza lo que comes. Si tienes muchos compromisos, re- organiza tu tiempo. Para enfrentarse al desánimo no es necesario desistir de todo; simplemente or- ganizar las cosas de manera diferente.

Nota que Nehemías les agrupó en familias. Necesitamos unos de los otros tanto en el hogar como en la iglesia. En toda la Biblia, encontramos la expresión: “Unos a otros”. Dios sabe que nece- sitamos unos de otros para no desanimarnos. Dice la Biblia que nos “amemos unos a otros”, nos “animemos unos a otros”, nos “sirvamos unos a otros”, “oremos unos por otros”. Necesitamos el apoyo de nuestras familias en casa y también en la iglesia para no desanimarnos. Si hoy te sientes desanimado, entonces re-organiza tu vida; haz al- gunos cambios y busca apoyo de tu familia en casa y en la iglesia.

c) Acordarse de Dios– V. 14 dice así: “¡No les ten- gan miedo! Acuérdense del Señor, que es grande y temible, y peleen por sus hermanos, por sus hijos e hijas, y por sus esposas y sus hogares”.

Al sentirte desanimado y agotado, debes re- conectarte con Dios para recargar tus baterías es- pirituales. Cuando reparaba calculadoras, siempre preguntaba a las personas, antes de ir a reparar a las maquinas, si las tenían conectadas a la corriente eléctrica. Al sentirnos desanimados,

debemos conectarnos a la “corriente eléctrica” (de Dios). Típicamente cuando nos sentimos des- animados, enfocamos más en el problema que en buscar auxilio en Dios. Hay que ir a la fuerza y re-conectarse con Dios.

Recordar la fidelidad de Dios a nosotros en •

el pasado,

Recordar el acercamiento de Dios en el pre- •

sente,

Recordar el poder de Dios hacia el futuro. •

Al sentirte desanimado, debes quitar la mente del problema y enfocarla en el Señor, re- cordando quién es Él y todo el bien que te hace. La mejor manera de llevar eso a cabo es dedicar un tiempo durante el día a la oración y la medi- tación de Su Palabra. Dijo David en el Salmo 119:25: “Postrado estoy en el polvo; dame vida conforme a tu palabra”.

d) Resistir al desanimo– En el verso 14 Nehemías les dice que luchen por su familia y su hogar. No desanimar, no tirar la toalla, sino luchar por lo que es importante para ti. Resistir al desánimo. Un predicador del pasado escribió: “Jamás supe de que Dios utilizara a una persona desanimada”. Mantenernos desanimados es una de las armas más poderosas de Satanás. La Biblia nos recuerda que no estamos luchando contra cosas palpables sino contra fuerzas espirituales. Satanás sabe que si estamos desanimados, ha ganado la batalla. Consecuentemente no tendremos ganas de hacer nada para Dios.

Hoy mismo, al terminar esta lectura, debes fijarte en la causa de tu desánimo. Será el can- sancio, o la frustración, fallas o miedo? Una vez que determinas lo que es, debes tomar la deci- sión de solucionar el problema. Descansar, re-or- ganizarte, re-conectarte con Dios, resistir al desanimo (“Resistan al diablo, y él huirá de uste- des – Stgo. 4:7).

Quizás lo más importante al sentirte desani- mado es orar. El rey David se sentía desanimado y a través de todos los Salmos confiesa a Dios lo que siente. ¿Cuándo fue la ultima vez que confe- saste a Dios tu desánimo? Dios está esperando a que abras tu corazón a él. A él no le importa si estás enfadado o deprimido, frustrado o preocu- pado. Él quiere que te comuniques con él.

¿Andas desanimado? Quizás sea hora de re- conectarte con Dios. R

Sagrada Familia, Rembrand

Querida Ima:

Me dirijo a ti, María, en estos términos –"ima", mamá en arameo– porque así mis palabras te repicarán a gloria como cuando las escuchabas de labios de tu hijo Jesús cuando era niño. Y también porque me la repican igualmente a mí desde que él pronunció las suyas nombrándome coheredero de su postrero legado: "mujer, aquí tienes a tu hijo", y a Juan: "aquí tienes a tu madre".

Quisiera referirme hoy en ésta, a algunos asuntos que la doctrina de la Iglesia oficial llama dogmas. Dogmas que como católico me obliga a mantener, y que considerados desde el sentido común –¿también aquí "el menos común de los sentidos"?– me tienen espiritualmente flipado: y nada que ver todo esto con aquello de "la religión, opio del pueblo". ¿O quizás sí? Con la declaración de tu Inmaculada Concepción para preservarte de un pecado original mal entendido siento que me han alejado de ti, creatura humana como yo, para elevarte a una gracia que todos –la calcita, la rosa, el salmón, la lagartija, el ruiseñor, el oso panda– nos ha sido dada por amorosa creación divina. Pienso que nada añade a ello el saludo de Gabriel en tu Anunciación, las calurosas palabras de tu prima Isabel, o la supuesta revelación de tu identidad a Bernardette Soubirous. Lo de tu Virginidad perpetua antes, durante y después del parto –aunque en mi calidad de hombre varón me afecta menos– sí que me repele un tanto más. En el dogma anterior la ofensa era al espíritu, en éste es a la carne.

Inteligible sería que los Santos Padres, tan devotos tuyos, y el concilio de Letrán de 649, tan eco de sus doctrinas, llegara a declararlas de fe. Pero incomprensible, que en nuestros días se siga defendiendo, como si el conocimiento de la Historia de las Religiones estuviera vetado en el foro de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en otros tiempos llamada Inquisición: Attis, Buda, Dinisio, Heracles, Krishna, Mitras, Osiris, Zoroastro, y tantos otros, te han precedido en la virginidad de sus respectivas madres según dicha Historia.

Estoy convencido que la primera en desaprobarlo fuiste tú, judía convencida, en cuya cultura la virginidad no era en absoluto un timbre de gloria. (Casi como hoy, aunque por razones muy diferentes). Y estoy seguro también que te hizo mucha gracia aquello de "como el rayo de

sol por el cristal, sin romperlo ni mancharlo", que escribió en su catecismo el Padre Ripalda.

Un tercer dogma –y en éste sí que siento que

te arrancan de mi naturaleza más humana– es el de haber sido "asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial". Y esto, "divinamente revelado" en pleno siglo XX, en el que las comunicaciones no tienen ya fronteras, salvo en el Vaticano.

Es cierto que la tradición así lo afirma, pero la tradición no puede estar ajena a la inexorable ley de la evolución natural de las creencias –como de todas las cosas–, sujetas siempre al rigor de una exégesis iluminada no sólo por la fe sino también por la razón que, al menos en mi opinión, también me la dio Dios.

Sobre el primer dogma –el de tu Maternidad Divina– proclamado en Éfeso, y según el cual "si alguno no confesare que el Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios, y que por tanto, la Santísima Virgen es Madre de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema", poco más hay que añadir a lo anteriormente dicho. Cirilo salvó los muebles de Roma sobornando a las autoridades imperiales y derrotando la propuesta de Nestorio en la que se defendía que tú habías dado luz a un hombre en el que la divinidad había ido a habitar. (¿Como en ti y en mí, en principio, y en la intensidad y fuerza con que cada uno somos capaces de descubrirla y desarrollarla?)

Pero lo más grave para mí, y ofensivo para ti –"Madre de todos los hombres"–, es que todas estas entelequias dogmáticas separan a los católicos de todos los que no lo son. ¿No crees que algo gordo está fallando aquí, querida Ima?

Yo sé que tu vida estuvo siempre al margen de todas estas disquisiciones teológicas, incluso de las mías. Lo que te importó fue vivir. Y como luego hizo Jesús, del que tu fuiste crisol, descubrir en lo más profundo de tu ser el fulgor divino que también tu hijo supo, gracias a tu ejemplo, revelar en él.

En cualquier caso te admiro y te quiero, más por lo cielo que has sido en la tierra y sigues siendo, que por el cielo en que dicen que te encuentras.

Tuyo de siempre y para siempre, Vicente. R

CARTA ABIERTA