El referente empírico seleccionado se compone de instituciones comunitarias con población juvenil, ubicadas en las ciudades de La Plata y Berisso. Esta selección se realizó en función del posiciona- miento teórico conductor de la investigación, basado en la pregunta acerca de la complejidad que los cambios sociales comportan para la conformación de la subjetividad juvenil. También se consideró que las instituciones actuaran con jóvenes de sectores pauperizados, ya que entendemos –como lo hemos señalado– que los “jóvenes” no conforman una categoría homogénea sino que la diferente inserción
social de cada uno de ellos genera una coniguración de signiicaciones,
diferenciadas por los campos de acción desiguales que constituyen su escenario cotidiano.
Al analizar crónicas e informes de las prácticas de formación de
los estudiantes, dos interrogantes centrales nos acuciaron: ¿de qué
experiencia existencial se derivaba el “no tener expectativas”, en el momento etario en que se supone que los sujetos están descubriendo
el mundo? y ¿qué experiencias de subjetivación posibilitaban un “ser
sin mañana”?
Para orientar nuestras respuestas, decidimos utilizar dos técnicas paralelas. Por una parte, entrevistas en profundidad a los actores de los diferentes grupos etarios de las instituciones incorporadas que consideramos de interés para nuestro planteo, los jóvenes y los adul- tos referentes: técnicos deportivos, coordinadores de taller. Por otra,
observaciones institucionales a in de vislumbrar los discursos sub- yacentes en las prácticas cotidianas que aludieran a la conformación de los vínculos.
Las primeras entrevistas grupales se evaluaron rediseñando los ejes temáticos en busca de nuevos interrogantes al corroborar que las res-
puestas previas no nos satisfacían; para esto fue necesario redeinir los
destinatarios así como la nueva serie de entrevistas. Al efectuar estas
últimas –en un espacio especíico, con el equipo técnico y directivo,
y habiendo pasado un año a partir del primer encuentro– notamos una profunda diferencia respecto de las anteriores. Apareció aquí uno de los pocos discursos que partía de las posibilidades del “hacer con otros” y de una lectura problematizadora de la realidad, permitiendo conocer los límites de las propias acciones y sus responsabilidades concretas.
El 70% de los jóvenes entrevistados pertenecía a familias con
necesidades básicas insatisfechas (NBI). En la mitad de los casos su
condición económica era la misma que la de la generación anterior. En su mayoría provenían de familias urbanas o periurbanas en segunda generación, ya que sus abuelos vivían en provincias del norte o en zonas agrarias.
De los datos colectados surgió que los mayores porcentajes corres- pondían a familias cuyo proveedor percibía planes sociales –Barrios Bonaerenses, Jefes y Jefas de Hogar– o realizaba trabajos en negro,
por lo que carecía de jubilación y obra social. Un 45% no correspon-
día a la deinición clásica de familia nuclear y un 25% convivía con
personas que no eran sus progenitores.
En cuanto al acceso a la salud, solo un 15% recibía un control de
solo en casos de emergencia, la mayoría en el Hospital Zonal General de Agudos Dr. Mario V. Larrain o en el Hospital Interzonal General de Agudos General José de San Martín, y otros en las unidades sani- tarias barriales.
Un 45% de los jóvenes trabajaba en ocupaciones esporádicas,
algunos obtenían sus ingresos de cuidar coches y otros tienían una antigüedad de casi un año en el mismo empleo, pero inseguro y con
baja remuneración, como desarme de ediicios, carga de camiones o
temporarios en el puerto.
Para la mayoría de los que ingresaba a la secundaria, el primer año resultaba una valla infranqueable, aun repitiéndolo y en instituciones
escolares diversas. Estos jóvenes eran la conirmación de una educa- ción fragmentaria, de la existencia de escuelas pobres para pobres a quienes la ley abrió las puertas de ese nivel educativo, pero a quienes las escuelas, pensadas para la clase media, no estaban preparadas para recibir.
Si un alumno de clase media no comprende una materia porque le faltan nociones básicas, el docente o el equipo de orientación esco- lar aconseja la atención particularizada de un maestro de apoyo, en cambio, a un joven de clase obrera se lo envía a una escuela menos
exigente, en su barrio. Esto trae como consecuencia una diicultosa
inscripción en la educación superior, la cual ofrecería herramientas que le permitieran mayores oportunidades de acceso a un empleo más estable, mejor remunerado y con derecho a la protección social. Algunos consumían habitualmente alcohol, a veces con el agregado de otros productos tóxicos, lo que ponía en riesgo su propia integridad y la de otros. Entre ellos, la forma de relacionarse, incluso dentro del grupo de pares más próximo y aun cuando no hubieran consumido, partía de la violencia. Esta ha suplantado al lenguaje y al abrazo.
Vemos, pues, que al pasar la barrera de los trece años los jóvenes sufren un proceso de desvinculación social y que las instituciones, en general, no están preparadas para hacerse cargo de su contención; les temen y les exigen patrones de “normalidad”.
El desarrollo de esta investigación –al mostrar las distintas di- mensiones de lo institucional y lo juvenil, y las relaciones de mutua imbricación existentes dentro de la crisis contemporánea– nos per- mitió pensar la realidad de los jóvenes pobres y los problemas que enfrentan día a día, buscando evitar el análisis lineal y, por lo tanto,
articular distintas categorías analíticas que aclaren la complejidad de la situación.
Inscribir una lectura problematizadora requirió la construcción de un encuadre metodológico en el que la teoría, al decir de Bleichmar (2008), fuera considerada “como resguardo de inmediatez”, posibili-
tando rupturas con aquellos enfoques simpliicadores y con aquellas
cristalizaciones de sentido que inscribieran la existencia de los jóvenes en un ámbito interpretativo prejuicioso y estigmatizante.
Teniendo en cuenta estas premisas, intentamos puntualizar y pro- fundizar el estudio de los procesos de subjetivación de los jóvenes desde una perspectiva relacional que incluyera las categorías de género, clase social e institución, detectando los elementos característicos y
signiicativos de estos grupos.
Asimismo, hemos pretendido especiicar y relexionar sobre las
diferentes prácticas y rituales de interacción social que efectúan en
los lugares donde se expresan y el signiicado subjetivo de pertene-
cer a diferentes grupos con ainidades particulares, y registramos el
surgimiento de adscripciones identitarias masculinas y femeninas compatibles o antagónicas a las socialmente hegemónicas.