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Desde la antigüedad se ha sabido que los seres humanos aspiran al bienestar y la satisfacción, así mismo, ha existido la preocupación por saber qué es una buena vida, qué elementos la constituyen y de qué depende, sin embargo, no hay respuestas concluyentes. No obstante, estos temas han sido abordados desde diversas disciplinas que hacen parte de las

Ciencias Sociales, entre ellas la Psicología, desde las cuales se ha intentado reflexionar y postular principios de diversa índole que permitan una mejor comprensión de estas cuestiones,

El estudio del bienestar ha sido un tema complejo debido al poco acuerdo hallado entre las aproximaciones realizadas. En lo que respecta a su delimitación conceptual es posible afirmar que el principal desacuerdo radica entre otras razones, por la complejidad de su estudio, debido a su naturaleza pluri-determinada relacionada con categorías psico-sociológicas y sociológicas, tales como calidad de vida, desarrollo económico y nivel de vida, condiciones de vida, modo de vida y estilo de vida y en el cual adicionalmente influyen factores objetivos y subjetivos. Es por ello que aunque siempre ha existido la emergencia de una diversidad de enfoques no ha sido posible establecer un consenso sobre su conceptualización y medición (García & González, 2000).

Montoya & Landero (2007) contemplan las investigaciones realizadas por Diener, Diener, Emmons, Larsen y Griffin (1985) y Argyle (1987), respecto al bienestar subjetivo para establecer que en ellas sehan diferenciado entre dos dimensiones, la afectiva y la cognitiva.

Mencionan que la primera se relaciona con los ―sentimientos (feliz,preocupado, aburrido‖

(p.118), mientras que la segunda se refiere a ―los juicios evaluativos de la satisfacción por la vida

en su conjunto‖.

Es por lo anterior, que la dimensión cognitiva según esos mismos autores,significa realizar una evaluación general de la calidad de vida sobrepasando el análisis y/o evaluación que se puede realizar por dominios, es decir, por ámbitos específicos como ―(familia, escuela,

amigos, uno mismo)‖ (p.119).

En este sentido establecen que analizar la satisfacción con la vida, requiere referirse al término de bienestar, el cual alude implícitamente a la experiencia personal. Definen al bienestar

como ―la valoración subjetiva que expresa la satisfacción de las personas y su grado de

complacencia con aspectos específicos o globales de su vida y en los que predominan los estados

de ánimo positivos‖ (Victoria & González, 2000, citados por Montoya & Landero 2007, p.119). Como se mencionó anteriormente el bienestar ha sido vinculado a la calidad de vida tal como se evidencia en la definición integradora de ésta que ofrece Ardila (2003 citado por (Moyano & Ramos, 2007):

"….un estado de satisfacción general, derivado de la realización de las potencialidades de la persona. Posee aspectos subjetivos y objetivos. Es una sensación subjetiva de bienestar físico, psicológico y social. Incluye como aspectos subjetivos la intimidad, la expresión emocional, la seguridad percibida, la productividad personal y la salud percibida. Como aspectos objetivos el

bienestar material, las relaciones armónicas con el ambiente físico, social y con la comunidad, y salud objetivamente percibida" (p.2).

La dimensión objetiva refiere a disponibilidad de bienes, servicios y condiciones materiales que producen bienestar en los miembros de una sociedad tales como las vías de acceso, los servicios públicos, los bienes materiales, entre otras. Ésta dimensión ha sido

propuesta por las conocidas teorías de perspectiva abajo-arriba (bottom-up) (Viviola, Villegas & Cruz, 2007).Mientras que la subjetiva, propuesta por las teorías de perspectiva arriba-abajo (top- down) considera que esas condiciones de vida son interpretadas por el individuo y que es ésta interpretación la que da lugar al bienestar subjetivo (Viviola, Villegas & Cruz, 2007).

En un análisis más profundo del componente cognitivo, Cummins, 1996; Cummins, McCabe, Romeo y Gullone (1994, citados por García, 2002) han propuesto el uso de diferentes dominios a la hora de descomponer los juicios que las personas realizan sobre sus vidas. Por ello, Cummins (1996 citado por García, 2002) después de revisar veintisiete definiciones relativas a calidad de vida, estableció los siguientes dominios o áreas relevantes en este proceso de

valoración: bienestar material, salud, productividad, intimidad, seguridad, comunidad y bienestar emocional.

Las indagaciones realizadas alrededor del tema del bienestar subjetivo han sido abordadas por diferentes teóricos, dentro de ellos, se destacan las realizadas por Diener (1984, citado por Atienza, Pons, Balaguer & García-Merita, 2000), quien establece que éste contiene tres

características primordiales, la dimensión subjetiva, que se relaciona con la experiencia propia de la persona; el carácter global que contiene la valoración o juicio que se puede hacer frente a los aspectos de la vida personal y la necesaria inclusión de medidas positivas, debido a que su naturaleza va más allá de la simple ausencia de factores negativos.

Esta definición señala que al realizar esta evaluación la persona examina los aspectos tangibles de su vida, sopesa lo bueno contra lo malo, lo compara con un estándar o criterio elegido por ella (Shin & Johnson, 1978, citados por Atienza, et al., 2000), y llega a un juicio sobre la satisfacción con su vida (Pavotet al., 1991; citados por Atienza et. al, 2000). Por tanto, los juicios sobre la satisfacción dependen de las comparaciones que el sujeto hace entre las circunstancias de su vida y un estándar que considera apropiado. Este último matiz es importante ya que no se trata de un estándar impuesto externamente sino que es un criterio autoimpuesto.

Según Diener (1984, citado por Atienza et. al, 2000) las investigaciones sobre la satisfacción con la vida se deben centrar en los juicios subjetivos que hace la persona sobre su propia vida. Por tanto, en lugar de sumar la satisfacción a través de dominios específicos para obtener una medida de la satisfacción general, es necesario preguntarle a la persona por una evaluación global sobre su vida (Diener, Emmons, Larsen, y Griffin, 1985; citados por Atienza et. al, 2000).

Por su parte, el componente afectivo se remite ―al marco de las emociones, es decir, el

afecto positivo y afecto negativo; constituyendo éstos últimos, el balance de los afectos, es decir, la preponderancia relativa de la experiencia emocional placentera sobre la no placentera o

desagradable (Diener & Griffin, 1984; Diener & Larsen, 1993, citados por López, 2007, p. 8). Los afectos placenteros se vinculan con ―disfrute, regocijo, contento, orgullo, afecto, felicidad y éxtasis‖ (p.69), y los afectos no placenteros con ―culpa, pena, tristeza, ansiedad, furia,

preocupación, estrés, depresión, envidia‖ (p.69). Arita (2005 citado por García & González, 2000) menciona que el aspecto afectivo refiere a la presencia de sentimiento positivos, lo que algunos autores denominan felicidad.

De acuerdo a los autores estos componentes se encuentran relacionados en cierta medida. Una persona que tenga experiencias emocionales placenteras es más probable que perciba su vida como deseable y positiva. Así mismo, los sujetos que tienen un mayor bienestar subjetivo son aquellos en los que predomina esta valoración positiva de sus circunstancias y eventos

vitales; mientras que los ―infelices‖ serían los que valoran la mayor parte de estos

acontecimientos como perjudiciales (Moyano & Ramos, 2007).

En esta misma línea otros autores, como Cuadra &Florenzano (2003) indican que el bienestar subjetivo alude ―a lo que las personas piensan y sienten acerca de sus vidas y a las

conclusiones cognitivas y afectivas que ellos alcanzan cuando evalúan su existencia‖ (p.85).

Continúan mencionando que

―el bienestar tendría una dimensión básica y general que es subjetiva… el bienestar

estaría compuesto por dos facetas básicas: una centrada en los aspectos afectivos-emocionales (referidos a los estados de ánimo del sujeto) y otra centrada en los aspectos cognoscitivos- valorativos (referido a la evaluación de satisfacción que hace el sujeto de su propia vida)‖

Esta perspectiva compartida y analizada por Veenhoven (1984, citado por Montoya & Landero 2007) quien define el bienestar subjetivo como el grado en que una persona juzga de un modo general o global su vida en términos positivos, es decir, en qué medida la persona está a gusto con la vida que lleva. Según el autor, las personas realizan este juicio mediante dos componentes, sus pensamientos (cognitivo) y sus afectos (emocional).

El componente cognitivo, llamado satisfacción con la vida, ha sido definido como la valoración positiva que la persona realiza de su vida de forma global o por dominios específicos de ésta como familia, estudios, trabajo, salud, amigos, siendo los dominios más cercanos a la persona lo que tendrían mayor influencia en el bienestar subjetivo (Aparicio, 2011). En otras palabras, representa la discrepancia percibida entre sus aspiraciones y sus logros, cuyo amplio rango evaluativo va desde la sensación de realización personal hasta la experiencia vital de fracaso o frustración.

Desde otra línea de investigación, Allardt (1976, citado por Ossa, González, Rebelo & Pamplona, 2005) establece que el bienestar depende de la satisfacción de tres categorías de necesidades del ser humano. Estas son el tener, el relacionarse (remitiendo al amor y a la amistad) y el ser referente a la auto-realización. El tener, corresponde a las posesiones

materiales, el relacionarse alude a situaciones afectivas (es decir, se da únicamente por el afecto), como por ejemplo, en marcos de relaciones de apoyo tanto a nivel de pareja, de familia y de amistad. Por su parte, la auto-realización puede efectuarse por las acciones del individuo mediante la adquisición y ejercicio de rasgos y/o habilidades.

Frente al tener, se encuentra el estudio realizado por Solberg y col. (2002, citado por

Martínez, 2004), el cual determinó ―la relación entre satisfacción económica y deseos, para

predecir la satisfacción‖ (p.19). Los resultados indicaron que las personas estaban satisfechas

cuando sus deseos materiales estaban cubiertos. Por ello, las personas con deseos más realistas se percibían más satisfechas con relación a las personas en donde sus deseos estaban fuera de su alcance.

Otros estudios, (Hirschman & Holbrook (1982); Unger & Kernan (1983); Featherstone, (1991); Belk, Wallendorf & Sherry (1989); Arnould & Price (1993); Celsi, Rose & Leigh (1993); Hopkinson & Pujari (1999); O’Shaughnessy & O’Shaughnessy (2002, citados por Muñoz, 2004),

indican que el tema de las experiencias de consumo hedonistas están estrechamente relacionadas

relativos a la satisfacción y al valor que los consumidores le otorgan a los componentes que la integran, pues esa significación comporta en sí un peso más emocional que cognitivo, pero finalmente son las cogniciones las que dan cuenta del grado de significación‖ (p.62).

La psicología, se ha interesado en estudiar el tema del hedonismo, y desde los postulados

de O’Shaughnessy & O’Shaughnessy (2002, citado por Muñoz, 2004) consideran que el hedonismo ―promueve el placer como el único objeto del deseo; además, observa que, en general, las motivaciones se basan en la búsqueda incesante de la autogratificación y en el

beneficio de la dimensión egoísta del ser humano‖ (p.54). Autores de dicha corriente psicológica denominada como Behavioral ―promueve la idea de que el materialismo es, por definición,

hedonista, dada la creciente tendencia a la preferencia de bienes materiales‖ (p.54).

Dentro del consumo, la relación de éste con el hedonismo se estableció a partir de

―estudios motivacionales que veían en el simbolismo de los productos, diferentes formas de

distinción social y de expresión subjetiva asociada al estilo de vida‖, esta noción se vincula con

que las personas no compran productos solo por la función utilitaria del mismo, sino por lo que ellos significan (Muñoz, 2004).

Ante el inminente carácter social de las personas Keyes (2005) y Blanco & Díaz (2005) citados por Macías, Blanco, Madariaga &Abello (2008), sugieren la imposibilidad de que éstas puedan ser felices en un vacío, es decir, en la ausencia de una comunidad en la cual pueda referenciarse, ya que las personas no pueden aislarse o dejar de lado el contexto social en el cual se desarrolla. Por ello es importante tener en cuenta la influencia e impacto del núcleo social y las diversas formas de relaciones que se desarrollan en éste.

Teniendo en cuenta lo anterior la satisfacción es un estado psicológico que surge de una transacción entre la persona y su entorno micro social (estado civil, familia, participación social, satisfacción laboral, apoyo social) y macrosocial (ingresos, posesiones, cultura) donde se

incluyen las condiciones objetivas materiales y sociales, que ofrecen a las personas oportunidades para la realización personal (García & González, 2000).

Por su parte, Ossa et al., (2005), establecen que la satisfacción con la vida, ―incluye

apreciaciones mentales sobre estados socio-emocionales y psicológicos y no reposa únicamente en la mera satisfacción de necesidades básicas‖ (p.43). Entendiendo la satisfacción con la vida

como estado mental, ―supondría, en el mejor de los casos, la existencia de apreciaciones

que la valoración debe hacerse de manera global y no a partir de un conjunto o pocas cualidades que la caractericen.

De acuerdo a las aproximaciones y estudios expuestos por Allardt (1976, citado por Ossa et al., 2005) se pone en evidencia la falta de consenso en la conceptualización y medición del bienestar subjetivo y la dificultad que se presenta al tratar de reducir un concepto tan complejo y multifacético como éste.

Sin embargo, en un intento de concreción teniendo en cuenta elementos comunes en los diversos estudios realizados a lo largo de la historia es posible concluir que se pueden identificar dos grandes componentes del bienestar subjetivo el cognitivo y el afectivo. Definiéndose

entonces el bienestar subjetivo como el resultado de la valoración global mediante la cual, a través de la atención a elementos de naturaleza afectiva y cognitiva, el sujeto repara tanto en su estado anímico presente como en la congruencia entre los logros alcanzados y sus expectativas sobre una serie de dominios o áreas vitales así como, en conjunto, sobre la satisfacción con su vida (García, 2002).

Este planteamiento se encuentra en línea con Palomar (2004, citado por López de Ayala, 2004) quien establece que el bienestar subjetivo es un constructo multidimensional, en tanto contiene componentes de satisfacción del individuo en diferentes esferas u aspectos de la vida, dentro de ellos, se reconocen: los amigos, la vida social, la familia, las relaciones de pareja, las posesiones; entre otros.

Para finalizar, respecto la relación del bienestar subjetivo con las diferentes variables socio-demográficas Macías et al. (2008), mencionan a Ryff quién considera que éste varía según la edad, el sexo y la cultura. Respecto a la primera, Ryff, Keyes y Hughes (2003, citados por Macías et al., 2008), afirman que algunas dimensiones del bienestar subjetivo, como propósito en la vida y crecimiento personal, disminuyen a medida que aumenta la edad, mientras que las dimensiones del dominio del entorno y relaciones positivas aumentan con ésta.

Investigaciones realizadas por Cruz, Maganto, Montoya y González (2002, citados por Macías et al., 2008), encontraron que las puntuaciones totales en las escalas de bienestar aplicadas a adolescentes españoles, disminuían en los que tenían menor edad y aumentaba en aquellos de mayor edad, esto les permitió concluir que el bienestar tiene un componente evolutivo.

En lo que refiere a la cultura, estudios transculturales realizados por Diener & Diener (1995, citados por Macías et al, 2008), muestran la influencia del contexto social y cultural en la evaluación de la propia satisfacción o bienestar, y especifican que las condiciones adversas no necesariamente alteran el juicio global de afecto positivo cuando éste es el predominante en el grupo social evaluado.

0.2.5 Adultez Emergente

Según Arnett & Galambos, 2003; Schlegel & Barry, 1991, citados por Arnett 2008, la adultez emergente no existe en todas las culturas. Estos autores establecen que cada cultura varía según la edad en la que se espera que los jóvenes entren a la adultez y que por tal asuman responsabilidades adultas. Es por ello que Arnett 2000, citado por Arnett (2008) contempla la existencia de la adultez emergente en las culturas en las que les permiten a los jóvenes posponer el inicio de dichas responsabilidades, como el matrimonio, la paternidad-maternidad, hasta los 25-26 años de edad.

De esta manera está presente más que todo en sociedades industrializadas como por

ejemplo, en ―Estados Unidos, Canadá, la mayor parte de Europa, Australia, Nueva Zelanda y

Japón‖ (Arnett, 2006; Bynner, 2005; Chisholm & Hurrelmann, 1995, citados por Arnett, 2008). Sin embargo, en diferentes partes del mundo a medida en la que se vuelven más industrializados se ha contemplado dicha transición como parte distintiva del ciclo de la vida.

Arnett (2008), indica que son cinco las características que diferencian a los adultos

emergentes de las demás etapas del ciclo de la vida. Por ello, indica que es ―la edad de las

exploraciones de la identidad, la edad de la inestabilidad, la edad de centrarse en uno mismo, la

edad de sentirse en el medio, la edad de las posibilidades‖ (p.13).

Establece que las exploraciones de identidad es una característica particular de esta etapa y que allí las personas exploran diversas posibilidades relacionadas con el amor y el trabajo mientras realizan elecciones más perdurables. Conforme se da ese proceso de exploración se

adquiere una identidad más determinante, es decir, más definida sobre ―el conocimiento de

quiénes son, cuáles son sus capacidades y limitaciones, cuáles son sus ideas y valores y qué lugar

ocupan en la sociedad‖ (p.14)

Las exploraciones evidenciadas en la adultez emergente, también ―la convierten en la edad de la inestabilidad‖ (p.14), al explorarse distintas posibilidades que giran en torno al trabajo y al amor, posicionan a ésta transición como un momento en el que las personas cambian

continuamente de vivienda por distintas razones, como por ejemplo, por independencia, por estudio, por trabajo, por relaciones amorosas, entre otras.

Además de ello, es una ―edad de centrarse en uno mismo‖ (Arnett, 2008, p.14) en tanto se

posponen algunas actividades que tradicionalmente se realizaban, como por ejemplo, el casarse y el tener hijos. Es por ello, que los adultos emergentes se encuentran en una línea media entre ―la

dependencia que tienen los adolescentes de sus padres y los compromisos de largo plazo en el

amor y el trabajo que tiene la mayoría de los adultos‖ (Arnett, 2008, p.14) y de esta manera se

centran en sí mismos mientras ―adquieren los conocimientos, habilidades y comprensión

personal que necesitarán para la vida adulta. Durante la adultez emergente aprenden a tomar

decisiones independientes acerca de todo… ‖ (Arnett, 2008, p.14).

Otra característica de la adultez emergente según este mismo autor es ―la edad de sentirse

en medio‖, esta característica se relaciona con que no se es adolescente, pero tampoco adulto por

completo, por ello es que se produce un sentimiento subjetivo de los adultos emergentes de

―estar en un periodo de transición de la vida, en el camino a la adultez pero sin haberla alcanzado aún‖ (p.14).

La última característica de los adultos emergentes se relaciona con el abanico de posibilidades relacionadas con futuros distintos, en la medida en la que ―es poco lo que se ha decidido con certeza acerca de la dirección de la vida de una persona‖ (Arnett, 2008, p.14). Por

lo general, durante estas edades empiezan a emerger grandes esperanzas y expectativas ya que muy pocos sueños que se tienen han sido llevados a la realidad. Es una edad de posibilidades en

tanto ―todavía no se han comprometido con una nueva red de relaciones y obligaciones‖ (p.15).

Teniendo en cuenta lo anterior, cabe resaltar los postulados de Marzana, Pérez-Acosta, Marta & González (2010) en tanto aluden a los planteamientos expuestos por Arnett (2004), para establecer cinco características desde la perspectiva social que se consideran determinantes para ser adultos. El primero de ellos es dejar la casa de los padres, el segundo es casarse o convivir, el tercero convertirse en padre y/o madre, el cuarto se refiere a completar la escolarización y el quinto alude a tener un trabajo de tiempo completo. Además de establecer dichas características externas, también conciben 3 características subjetivas consideradas como marcador fundamental para definirse como adulto, asunción de responsabilidades, capacidad para tomar decisiones autónomas e independencia económica.

Arnett (2008) establece que la educación en la adultez emergente (universidad) constituye un momento de exploración de diversas opciones educativas que permiten distintos futuros laborales. Este autor se refiere a países como Estados Unidos y Canadá para decir que allí

permiten la exploración de conocimientos que no están relacionadas con alguna opción futura, es decir, una persona que estudie la carrera de administración puede también inscribirse a materias que no estén directamente relacionadas con dicha carrera.

A su vez, en Colombia las universidades también permiten la exploración en distintos cursos. En

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